Archive for November 30th, 2009

Todo aquel que haya visto alguna temporada de Los Simpsons sabe quien es el jefe GorgoryClancy Wiggum en el inglés original -. Se trata del torpe jefe de policía de Springfield, incapaz de detener a un simple asaltante de bancos y causante que delincuentes como Snake o Fat Tony sean personajes habituales de la serie.  Como dirían algunos, la incompetencia es su divisa.

Pero como siempre, la realidad es más poderosa que la ficción. Y en el Perú tenemos a alguien que le hace la competencia a Gorgory. Y no hablo de dimensiones físicas, sino de capacidades laborales en materia de seguridad ciudadana. Pero a diferencia de él, no ocupa la jefatura de policía de un pueblo situado en medio de Estados Unidos, sino que es Ministro del Interior de Alan García Pérez: Octavio Salazar.

Cuando se inició su gestión, Gustavo Gorriti le dio cierto beneficio de la duda:

Octavio Salazar fue un jefe exitoso de la 7.ª Región Policial y un director general fracasado de la Policía Nacional.

Como jefe de la región de Lima, su gestión estuvo marcada por el desalojo del mercado de Santa Anita; y como director general por el moqueguazo. Hubo muchas otras cosas y problemas, pero ambas acciones definieron cada gestión.

Era un jefe policial cuestionado cuando, según fuentes con conocimiento de causa, Alan García le pidió sugerencias para ministro del Interior a Julio Favre y éste le preguntó a su amigo Ketín Vidal, quien recomendó a Remigio Hernani.

Convertido en imprevisto ministro del Interior, Hernani se lanzó a llevar a cabo vendettas soñadas.

Pese a que, según varias versiones, García le habría hecho llegar el mensaje de mantener en su puesto a Octavio Salazar, Hernani se hizo el sordo en ese aspecto y lo botó malamente de la Dirección de la Policía, además de someterlo a varias investigaciones.

Salazar quedó entre el limbo y el retiro y nadie, ni siquiera los ex guardias republicanos que han vuelto a dominar la Policía, se hubiera atrevido a apostar por su retorno y mucho menos por su nombramiento.

¿Por qué lo nombró García? Todo indica que se trata de un desagravio personal al maltrato de Hernani y un mensaje de que sus sugerencias no se ignoran.

¿Es esa razón suficiente para un nombramiento de ministro? Para el resto del mundo, no; para García, sí.

¿Está predestinada al fracaso la gestión de Salazar? No necesariamente. Salazar pudiera haber aprendido de la experiencia. Tiempo para reflexionar, no le faltó. Quizá pensó que si la vida le diera de nuevo la oportunidad, haría una gestión transparente y dedicada, para salir él más pobre de lo que entró, pero dejando un sector reformado, robustecido y limpio. Si esa iluminación ocurrió o no, lo sabremos muy pronto.

Por lo pronto, sabemos que mucha iluminación no hubo. El ex jefe de la policía, Gustavo Carrión, anota varias de las cantinfladas de Salazar en este periodo como Ministro:

Ya Ministro, “dijo y no dijo” que Sendero no era un peligro. Planteó con gesto adusto que debería penalizarse el consumo de drogas, sin decir por supuesto, donde y como cumplirían sus penas la legión cada vez más grande de consumidores. Ideó la mágica respuesta de los policías de aproximación, colocados al costado de un panel y que supone serían los receptores de las demandas ciudadanas por atención policial. Todavía se ven por la ciudad, lo que no se ha reportado es el nivel de eficiencia y resultados de esta modalidad. Hemos escuchado al Ministro, curiosas explicaciones sobre la procedencia de banderas con la hoz y el martillo, decía que si estos símbolos no estaban bien dibujados y en el sentido correcto, entonces no se podían atribuir a Sendero Luminoso. De haberlo sabido en las épocas duras de la subversión, ¡cuánto esfuerzo de análisis y de inteligencia se hubiese economizado!

Pero el colmo de los colmos fue la historia de los pishtacos. Marco Sifuentes la diseccionó y demostró que en este caso era tan falsa como una moneda de 3 soles. Las últimas declaraciones dadas por la Policía del valle del Monzón indican que el operativo se montó desde Lima. Todo apunta a que este es un caso de muertes por narcotráfico o bandas armadas. Fernando Vivas señaló que Salazar ha venido incentivando o tolerando el figuretismo del jefe de la DINICRI  – el responsable de la aplicación de esta conocida leyenda rural en un caso de desapariciones – en cada caso policial que tiene elementos sórdidos (Abencia Meza o Miriam Fefer, por citar los dos más conocidos). ¿Y por qué?

Carlos Basombrío apuntó a un caso bastante serio, quizás la denuncia más importante sobre violaciones de derechos humanos de la década. Hace unas semanas, en la revista Poder, Ricardo Uceda publicó un reportaje con indicios sobre la posible existencia de un escuadrón de la muerte conformado por miembros de la Policía y pagado por empresarios de la zona para acabar con delincuentes extorsionadores. La actuación policial se habría visto amparada por el Decreto Legislativo 987, emitido en este gobierno, que permite a la Policia hacer uso de sus armas reglamentarias sin que puedan ser penalizados en caso de lesiones o muerte. Obviamente, con ello se tapa cualquier investigación por excesos que puedan cometerse en la actuación policial.

Nadie dice que para enfrentar al crimen organizado se tenga que ir con pañuelos y bandera blanca. Se debe ser enérgico, pero sin llegar a excesos. Por ello es que la Policía, hace pocos años, diseñó conjuntamente con el Comité Internacional de la Cruz Roja un Manual de Derechos Humanos aplicados a la Función Policial, que no solo decía cuestiones de principio, sino también daba procedimientos para poder operar con efectividad y garantizando derechos fundamentales.

De seguro no faltará algún sobreafiebrado columnista amante de meter bala y que solo suspira cuando tocan la “sacrosanta inversión privada” que dirá que esto es bullshit y que lo mejor es bajarse al delincuente.  El tema es que no solo por cuestiones de principio esta medida es inaceptable, sino que también es poco efectiva. Comenta Fernando Rospigliosi:

Muchas personas creen que asesinando extrajudicialmente a presuntos delincuentes se termina con la inseguridad. Y que la muerte, en el camino, de inocentes y de delincuentes menores no interesa, es un efecto colateral sin importancia.

Eso no solo es aberrante sino equivocado. Hay decenas de experiencias en América Latina que muestran que eso conduce inevitablemente a una expansión incontrolada de la violencia.

Lo que ocurre siempre es que al final quienes compran a sectores de la policía para asesinar rivales y competidores son los narcotraficantes. Y la violencia escapa a todo control y arrasa con policías, delincuentes y personas inocentes.

Salazar tiene responsabilidad directa en este tema. No solo por ser el Ministro del sector involucrado, sino también porque fue jefe de la policía de La Libertad pocos meses antes que comenzaran los extraños asesinatos en Trujillo.  Hasta el momento, el jefe Gorg…, digo, el Ministro no ha dicho nada y las pocas declaraciones que dio Javier Velásquez Quesquén sobre el tema – ver video de La Mula – son comparables a una gambeta de César Cueto.

Querido Papa Noel: Si por esas casualidades existes en un lugar que no sea la imaginación infantil, te pedimos para esta Navidad que el Perú tenga un Ministro del Interior. El señor que vive en Palacio hasta ahora no nos da uno que llegue a la categoría de tal.

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