Archivo de 11 Noviembre 2009

Casi todas las semanas, los medios de comunicación denuncian o reportan denuncias sobre Congresistas de la República, en particular, sobre procesos judiciales sentenciados en el pasado, casos de corrupción, conflictos de intereses y falsedades en sus hojas de vida. Sobre ello, creo que cabe hacer una reflexión mayor.

1. Es necesario comenzar por lo obvio: todos estos casos deben ser investigados y sancionados en las instancias correspondientes. Buena parte de la mala imagen del Congreso tiene que ver no tanto con los casos, sino que los mismos se dejen sin sanción.

2. Es necesario el rigor en las denuncias que se lancen por dos razones. La primera, es la presunción de inocencia y el derecho al honor de cada persona; la segunda, la necesaria verificación que no solo permita comprobar la veracidad de los datos entregados - muchas veces, en sobre cerrado - sino también para impedir que la investigación o denuncia se tiña con la intencionalidad de quien proporcionó la información. El método aquí no solo sirve para la certeza informativa, sino también para mantener la necesaria distancia con la fuente y sus intenciones.

3. No noto en estas denuncias un afán por generar un clima activo para “un nuevo 5 de abril” o para “ocultar temas o investigaciones”.  De un lado, tratar temas complejos como los que solicita un sector del público que se trate - el Petrogate o la concesión de Paita - requiere conocimiento, trabajo y, sobre todo, aterrizar los datos a tierra, en lenguaje legible. Pero de otro lado, también es cierto que muchos ciudadanos andan suspicaces frente a sus autoridades y también frente a los periodistas, en parte por sus conductas actuales, en parte por el pernicioso legado de corrupción y desconfianza que nos legó el fujimorismo. De allí la necesidad que los directores de medios puedan hacer, en sus columnas editoriales, deslindes necesarios y aclaraciones pertinentes que impidan la formación de rumores o malas impresiones sobre los medios.

4. Dado lo desinstitucionalizado que es el Perú, se la atribuye a la prensa un mayor poder del que tiene realmente y se piensa que una denuncia periodística parará automáticamente la comisión de abusos y de actos de corrupción. Ciértamente, en muchos casos lo hace, pero no en todos los casos se logra ese objetivo. De allí que haya que tener mucho cuidado en pensar que los periodistas pueden resolver todos los problemas, como un sector de la población puede percibir.

5. Del lado del Congreso, estas denuncias implican reformas. No han faltado quienes plantean la necesidad de colocar mayores requisitos académicos para acceder al Congreso. A raíz del caso de la parlamentaria Hilaria Supa, Martín Tanaka hizo una reflexión válida y pertinente para responder a este tipo de propuestas:

Creo que hay muchos malos entendidos en las maneras en las que se suelen abordar estas cuestiones. ¿Qué es un buen congresista? A mi juicio, simplificando, uno que expresa, defiende, promueve, bien las propuestas de su bancada. En las campañas electorales los partidos presentan listas de candidatos, con un programa político nacional general y con programas regionales específicos. Cualquier congresista individual llegará con algunas capacidades y conocimientos para algunas cosas, y con una gran ignorancia e incapacidad en otras. Un congresista puede ser bueno en derecho penal, pero saber nada de políticas de salud; bueno para la técnica legislativa, pero malo para las tareas de representación, de relación con los electores; otros serán muy buenos explicando, difundiendo, canalizando y dando forma a las demandas y necesidades de los ciudadanos, concertando con otros grupos legislativos, pero serán malos en conocimientos profesionales, etc.

¿Cómo se superan estas limitaciones? No individualmente. El congresista llega como parte de una bancada que presentó un programa, que elaboró un partido con la ayuda de expertos en consulta con mucha gente, y que propuso en la campaña. La calidad del trabajo congresal dependerá de una buena conducción política y de una buena y profesional asesoría parlamentaria del grupo político. En este marco, puedes perfectamente ser analfabeto y un buen congresista. Al mismo tiempo, puedes tener todos los títulos profesionales posibles, y ser un pésimo congresista.

¿Qué es para mí un buen congresista? Uno que es fiel al programa político del partido gracias al cual fue electo, que defiende, promueve, con criterio las propuestas que dieron lugar a los votos que lo eligieron. Que actúa con sentido colectivo dentro de su bancada y aporta desde sus competencias particulares; que es capaz de relacionarse con los ciudadanos de su circunscripcíón, y con congresistas de otros grupos, de manera constructiva. ¿Qué sería un mal congresista? Uno que llega al Congreso, y se olvida del programa político del partido lo llevó allí; que actúa individualista, personalistamente, que busca cámara, atención personal, por encima de las propuestas de su grupo; que usa su cargo para intereses personales; esos hacen mucho daño. Hay otros malos, pero menos dañinos, digamos: los que cobran y no hacen nada.

Finalmente; como decía, viendo las cosas así, ser analfabeto o no manejar bien el español no predice que serás un mal congresista; como ser un académico de la lengua española y un profesional con mil pergaminos no predice que serás bueno. ¿Es necesario poner requisitos? Yo creo que sí, pero para mí el requisito es la trayectoria política. Me parece muy mal que una persona desconocida, oportunista, improvisada en asuntos políticos, de pronto llegue a altos cargos de representación (los peores congresistas son casi siempre de ese tipo). Llegar al congreso debería ser la culminación una carrera política o trayectoria pública, donde previamente demostraste tus méritos y capacidades siendo regidor, alcalde, ministro, funcionario, líder sindical o de opinión, dirigente social, etc., etc. Los congresistas serán mejores en tanto sepamos quienes son, y los elijamos siendo concientes de a quienes estamos eligiendo, serán peores en tanto sean desconocidos e imprevisibles. Para esto algunos filtros son p.e. elecciones internas en los partidos, que a su vez pueden tener requisitos, como años de militancia, experiencia política o pública, etc. De otro lado, todo aquello que apunte a fortalecer a las bancadas y a combatir el transfuguismo y el individualismo me parece muy bien.

6. Entonces, ¿por dónde deben ir las reformas? De un lado, en el sentido expresado por Tanaka: un fortalecimiento de las bancadas parlamentarias. Ello implica no solo que los proyectos se presenten con el apoyo de la bancada, sino que la agenda legislativa sea canalizada a través de ellos, que los asesores parlamentarios sean contratados por la bancada y no directamente por el congresista y que el parlamentario pierda su curul cuando renuncie a su agrupación política.

Del otro lado, el cumplimiento y modificación de la Ley de Partidos Políticos. Como dijo Fernando Tuesta en una entrevista de hace unos meses, es imposible que en el Perú existan 30 partidos políticos que cumplan con los requisitos señalados en la norma. Ello requiere que el Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE cuenten con los recursos necesarios para fiscalizar y sancionar a los partidos y, por qué no, quitarles la inscripción si no cumplen con los requisitos. También será necesario eliminar la inscripción de partidos un año antes de la elección, el absurdo requisito de las firmas y, exigir, como señala Tanaka, que la postulación para las primarias en ciertos cargos públicos tengan requisitos como años de militancia y ocupar puestos públicos anteriores.

Finalmente, se requieren cambios urgentes en las reglas electorales. Para comenzar, que la fecha de elección del Congreso no sea la misma que la de las elecciones presidenciales, para evitar que todos los reflectores se concentren en esta elección. Del mismo modo, sería indispensable la eliminación del voto preferencial y distritos electorales más pequeños en el caso de Lima.

Más allá de los escándalos, es necesario apostar por reformas de fondo.

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