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(Que no desafine. Foto: Andina)

Pocas veces, los discursos de Fiestas Patrias entusiasman. Incluso en las sesiones inaugurales de varias presidencias, el ánimo de ilusión era escaso. Más bien, durante los últimos años - y gobiernos -, hemos estado acostumbrados a meras enunciaciones de obras y los lugares donde las mismas se realizaron. Simbólicamente, era importante para un lugar recóndito del país estar, aunque sea por un segundo, en la atención nacional. Sin embargo, esta preferencia por lo micro hacía que se perdiera la esencia de un discurso integrador de la nación. A fin de cuentas, el Presidente de la República habla obligatoriamente ante el Congreso y ante al país en el día que celebramos la Independencia del Perú.

Sin ser una proclama extraordinaria, el mensaje inaugural de Pedro Pablo Kuczynski rompió con este moroso sentido común, tanto en forma como en fondo.

Fue breve pero, sobre todo, sencillo, sin perder elegancia retórica. Se trataba de un discurso que podía ser entendido por el ciudadano común y corriente y ello se agradece. Estábamos, sin duda, ante la narración de un relato sobre lo que quería que fuera el Perú.

Y ello me lleva al fondo de lo enunciado. PPK planteó dos cuestiones claras. De un lado, atemperar los caldeados ánimos políticos de esta semana, exacerbados en las ceremonias oficiales celebradas en el Congreso de la República. Sin dejar de plantear criticas al contenido de lo dicho ayer, el Frente Amplio entendió el mensaje y también expresó sus coincidencias con lo expresado por el Presidente de la República. Pero el fujimorismo no entendió el mensaje y más bien dio el suyo: sin aplausos, con algunos atisbos de barra brava en las galerías y con mezquindad en la apreciación sobre el discurso. La pregunta es: ¿hasta cuando seguirán en esta actitud?

El segundo objetivo fue presentar una visión de país. La modernidad según PPK no es, a contrario de lo que muchos de sus detractores presagiaban, un mero cúmulo de buenas cifras macroecónomicas. Su punto de vista toma mucho del liberalismo y de la socialdemocracia. De allí que dedicara la mayor parte de lo dicho a hablar de lucha contra la corrupción, desigualdad, igualdad de derechos entre hombres y mujeres, salud, educación, discriminación y agua para todos. Son en esos campos donde concentrará su atención en estos años. No es un Estado de bienestar, pero si se conecta con aquellas áreas en las que el Estado debe concentrar su atención.  Fue significativo que las palabras cultura, deporte y educación cívica fueran pronunciadas como parte de la visión educativa que tiene para el país, así como el reconocimiento de reparar a las víctimas de todas las violencias en el Perú. No estamos ante una visión chata del liberalismo, a la que algunos columnistas y analistas se aferran.

En el camino, quedan algunas cosas por definir. En primer lugar, el financiamiento de las políticas que va a implementar. En segundo término, la letra pequeña de lo que enunció que haría. En ello, el punto clave será el programa ambicioso de formalización económica que PPK desea plantear. Estas tareas han sido encomendadas a Fernando Zavala. Queda claro que Kuczynski entiende que el gobierno es una labor de orquesta y no solo de un solista.

Sin embargo, si nos extrañó que fuera de su visión de la modernidad quedaran dos temas. De un lado, lo ambiental. Si bien es cierto que PPK se atrevió a decir que él mismo iría a explicar los proyectos mineros más complicados, una visión de país moderno no solo puede quedarse atrapada en los conflictos sociales, sino también presentar que es lo que una nación como la nuestra puede hacer para mejorar las condiciones globales frente al cambio climático y como enfrentaremos este fenómeno. Sobre todo, siendo el primer país de la región que ha ratificado el Acuerdo de Paris sobre esta materia. De otro lado, la política exterior. No se puede ser moderno si es que no se mira al Perú dentro del contexto internacional. Y salvo la alusión a la OCDE - en lo que fue el único gesto estrictamente economicista -, no hubo nada en torno a ello, a pesar que ante la prensa extranjera residente en el país se habían adelantado algunas coordenadas. Son ausencias que, esperamos, Zavala pueda suplir en algunas semanas.

PPK le puso tranquilidad a ánimos caldeados. Mi impresión es que, en el juego de tres pistas que comprende Congreso, la calle y la inversión, ha sacado ventaja y ha ganado tiempo. Queda por ver, empero, lo que ocurrirá ante la primera crisis fuerte. Buena suerte. No desafine, Presidente.

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Comienzo esta vez por el final. No fue el peor gobierno de la historia. Pero su medianía política hizo que sus logros se opacaran.

Ciertamente, Ollanta Humala tiene varios éxitos que mostrar. El cierre del juicio ante la Corte Internacional de Justicia para definir el límite marítimo con Chile, en un fallo que nos favoreció parcialmente. El inicio de una política educativa con varios visos de reforma - carrera magisterial, régimen de las universidades y de los institutos superiores - y dos liderazgos importantes en el sector. Mantener un crecimiento importante en comparación con el resto de la región. Los innegables éxitos en la lucha contra los remanentes de Sendero Luminoso en el Alto Huallaga y, luego de algunas vacilaciones, en el VRAEM. La aprobación del nuevo Plan contra la Violencia de Género. Los primeros pasos para una política de búsqueda de personas desaparecidas. La implementación de la Ley de Consulta Previa. La consolidación del tratamiento técnico de los programas sociales a través de un Ministerio profesional dedicado a esta materia. El inicio de un Plan de Diversificación Productiva.  La negativa del indulto a Alberto Fujimori, al no existir razones para su otorgamiento. Y esto es, como manifestó Juan Carlos Tafur, mucho más de lo hecho por Alan García en su segundo mandato.

Por supuesto, hubo errores graves. Sin duda, el principal, no haber podido consolidar una política de seguridad ciudadana, a pesar que liquidó el régimen pernicioso 24 x 24, lo que le pasa factura en su aprobación y en su percepción de liderazgo. El pobre manejo de los conflictos sociales, con varias decenas de muertos y proyectos mineros cuya concreción nunca pudo asegurarse. La poca iniciativa que tuvo para reformas como la electoral o los ajustes necesarios para la descentralización. No logró destrabar algunos proyectos importantes de inversión. Nombró, con algunas excepciones, a ministros realmente malos en las áreas de seguridad. Fue pusilánime para dar una posición clara - sea a favor o en contra - de la Unión Civil para parejas del mismo sexo. Hizo un Plan Nacional de Derechos Humanos a media caña. Nunca pudo desprenderse de la desconfianza sobre si, en algún momento, daría el zarpazo autoritario o estatista.

Pero, sin duda, los yerros centrales estuvieron en la política. Su desconfianza lo hizo que su núcleo de confianza se redujera a una sola persona, que cayó en serios errores de frivolidad y, por cierto, en una serie de mentiras alrededor de sus ingresos y agendas que le han costado caro. Nunca explicó los motivos de su giro - y de su falta de ideología -, lo que le valió dilapidar cualquier capital político obtenido y, por supuesto, el quiebre de su propio proto partido. Es el primer gobierno desde la primera gestión de Belaúnde que se va con un gabinete censurado. Acentuó los rasgos de secretismo en materia castrense, lo que tejió serias sospechas sobre la actuación de los servicios de inteligencia. No supo acumular fuerzas políticas para enfrentar varios escenarios de pelea con sus rivales. Y, fundamentalmente, vio la política como guerra.

Al abandonar Palacio de Gobierno, Ollanta Humala se alejará pensando en que su legado será mejor visto con el tiempo. Y, probablemente, sea así. Pero, hasta el momento, no se ha percatado que el principal responsable de la mala percepción con la que se aleja del poder es él mismo. Y sí, como anunció el lunes, desea proseguir en política, será necesario, además de la necesaria distancia de los reflectores, una seria reflexión al respecto.

A fin de cuentas, los pragmáticos como él terminan siendo, como el vals, nubes grises.

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A enero de 2016, Fuerza Popular tenía apenas 4169 militantes inscritos a nivel nacional. De hecho, la mayor parte de sus congresistas electos no pertenece formalmente a la agrupación liderada por Keiko Fujimori. ¿Cuál es la razón de su éxito? Aquí algunas respuestas.

El fujimorismo obtuvo 73 parlamentarios en la reciente elección general, lo que le permite obtener, en principio, la mayoría en las votaciones en el Congreso de la República. De acuerdo a las cifras publicadas por la Asociación Civil Transparencia, apenas 11 congresistas se encuentran inscritos en Fuerza Popular, el partido liderado por Keiko Fujimori.

Ello se condice con la cifra mencionada al inicio de este artículo. Con poco más de cuatro mil militantes, la agrupación obtuvo la mayor parte de congresistas y parlamentarios andinos, así como serias posibilidades de acceder a la Presidencia de la República. Además de las reglas electorales – que premian a la agrupación que obtuvo la primera votación en cada circunscripción -, ¿qué factores le han permitido al fujimorismo este éxito?

Un primer factor a analizar tiene que ver con la forma de organización del fujimorismo. Como ya ha comentado la politóloga Adriana Urrutia, no se puede hablar de una militancia orgánica. Ella señala que “Tienes un planeta central, que es el Comité Ejecutivo Nacional, y alrededor gravitan un conjunto de organizaciones que se distinguen por dos cosas. Tienes organizaciones de jóvenes, de mujeres. Y hay un segundo tipo de organización que son las organizaciones más territoriales, que operan a nivel regional y local”.

En las primeras encontraríamos a Factor K, la agrupación de jóvenes que ha venido organizando concursos de hip hop y bicicleteadas como forma de acercamiento a este sector de electores. Entre las segundas, están los comités en cada distrito o provincia que, según comenta el politólogo Paolo Sosa en el libro Anticandidatos, se asocian con los ciudadanos a través de la proporción de diversos servicios que van desde la oferta de menús hasta la transmisión de partidos de fútbol.

Una segunda cuestión se vincula con el reclutamiento de figuras conocidas tanto a nivel nacional como local para integrar la lista parlamentaria. En el primer caso contemplamos a aquellas personas que postulan en Lima, como los reelectos congresistas Lourdes Alcorta y Luis Galarreta – provenientes de las canteras del Partido Popular Cristiano -, la campeona mundial de motonáutica Paloma Noceda o el cantante lirico Francesco Petrozzi.

El segundo caso merecería más estudio. Fuerza Popular incorporó como candidatos en provincias a personas que han ejercido cargos de elección popular anteriormente, como a quienes no obtuvieron los resultados esperados en las elecciones regionales y municipales de 2014. Entre los primeros se encuentran el exvicepresidente regional del Callao Víctor Albrecht, el exalcalde provincial Juan Carlos del Águila o el exalcalde distrital Miki Dipas. Entre los segundos, el nombre más notorio es el de Osías Ramírez, parlamentario electo por Cajamarca y que reemplazará a su hermano, Joaquín, actual secretario general de Fuerza Popular e investigado por lavado de activos.

Esta experiencia de reclutamiento de candidatos resulta bastante parecida a la que tuvo, en su momento, Vamos Vecino, el intento más orgánico que tuvo el fujimorismo para forjar un partido en la década de 1990, con miras a las elecciones municipales de 1998. Figuras independientes o que habían renegado de sus anteriores partidos engrosaron las filas de candidatos del partido que tenía como símbolo a un tractor. Pero existe una diferencia sustancial: el espacio subnacional durante los años del postfujimorismo cobró crucial importancia, lo que lo vuelve más importante para el trabajo nacional.

De hecho, Keiko Fujimori hizo buena parte de su tarea en provincias. Constitución de comités distritales y provinciales, observación de líderes regionales para sus listas, incorporación de clanes familiares – los Elías en Ica, los Ramírez en Ica – y figuras ya conocidas en sus regiones – como Patricia Donayre en Loreto – han sido parte de su trabajo fuera de Lima. Y ello explica también el éxito obtenido.

Sin embargo, quedan aún serias interrogantes respecto del vínculo con los ciudadanos. ¿Qué mueve al votante fujimorista: recuerdo paterno, empatía con Keiko, clientelismo o representación de necesidades puntuales en cada región? Preguntas que ameritan estudios más prolongados y un análisis más fino, sobre todo, luego de la segunda vuelta electoral.

(Artículo publicado en la Revista Ideele N° 260. Resulta pertinente a la luz de los primeros pasos de la bancada fujimorista en el Congreso de la República)

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(Humala ante la última decisión histórica de su gobierno. Foto: Perú.21)

Ayer, en este espacio, señalamos las razones jurídicas y factuales por las que una solicitud de indulto - sea comun o humanitario - a Alberto Fujimori, no debería prosperar. Hoy me referiré a los temas estrictamente políticos.

Los partidarios del otorgamiento del indulto han mencionado dos argumentos centrales. El primero de ellos es una cuestión de supuesta “real politik”, en la que mataría dos pájaros de un solo tiro: le allanaría “el terreno de la gobernabilidad” a su sucesor, Pedro Pablo Kuczynski y él (junto a su esposa) estarían a salvo de posibles comisiones investigadoras en el Congreso de la República.

El problema es que esta hipótesis es insostenible por dos razones.

La primera, es que una posible salida de la cárcel de Alberto Fujimori supondría, en la práctica, un empoderamiento del exgobernante dentro de Fuerza Popular. En resumidas cuentas, el partido tendría el liderazgo nítido de su fundador, con lo que Keiko quedaría desplazada. Y ello, más bien, alentaría una línea dura contra todo lo que no sea ellos. Y ello incluye a Kuczynski, representante de una centro derecha democrática con la que el fujimorismo no simpatiza.

La segunda, es la poca fiabilidad del fujimorismo para una alianza política. Los representantes del gobierno que empezó con “el bacalao” como excusa para no asistir a un debate y que terminó en una renuncia enviada por fax cuando su líder máximo se fugó del país no son, precisamente, la gente más confiable para cualquier trato. En criollo: son capaces de hacerle el avión a Humala, investigándolo a pesar de que ya tienen a su líder en libertad.

De hecho, en términos estrictamente legales, no es necesaria una comisión investigadora para involucrar a Humala en temas que ameriten la apertura de un proceso de antejuicio político. Solo se requiere de una denuncia constitucional para iniciar este procedimiento. Asimismo, sus familiares no están protegidos por este beneficio, por lo que las investigaciones contra Nadine Heredia deberán seguir su curso en el Ministerio Público. Lo mismo con el “miembro de su familia” que habría recibido una coima de Odebrecht, como se sugiere desde Brasil respecto de la posible delación premiada que prestaría el encarcelado propietario de la constructora.

El segundo argumento sugerido es “la reconciliación nacional”. Es decir, que el indulto a Fujimori supondría un paso para la unión entre peruanos. Y aquí existen dos problemas.

Para comenzar, cuando se habla de reconciliación, se entiende que la misma se focaliza en la relación del Estado y la sociedad con las víctimas, no con los perpetradores de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante el periodo de violencia que vivimos entre 1980 y 2000. De hecho, este es el argumento que se ha esgrimido durante años para no otorgar - acertadamente - una amnistía a los miembros de Sendero Luminoso.

De hecho, la Comisión de la Verdad y Reconciliación fue bastante explícita en señalar que cualquier mecanismo de impunidad no es compatible con ese objetivo: “ni la amnistía, el canje o la impunidad son mecanismos o instrumentos válidos para estabilizar y fortalecer la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho”.

En la misma línea, la CVR se mostró en contra de la “amnistía general” propuesta por el MOVADEF para liberar a los sentenciados por terrorismo que pertenecieron a Sendero Luminoso: ” Nadie está por encima de la justicia y nadie tiene licencia para torturar o asesinar a aquél que está en situación de indefensión. La reconciliación exige, en este caso concreto, que el senderismo pague por sus crímenes”.

Asi, un indulto a Fujimori no tomaría en cuenta los derechos de las víctimas. Las mismas que no han sido reparadas en su integridad, tanto con el pago de la indemnización que debe el expresidente, como por el hecho que los restos de algunas de las personas a las que asesinó el Destacamento Colina - en particular, en el caso La Cantuta - aún no han sido restituidos a sus deudos.

Y el segundo punto por el que el argumento de la “reconciliación” se cae tiene que ver con lo que significa el hecho en términos políticos. Es claro que la principal división existente en la política peruana tiene que ver con el fujimorismo y el legado de la década de 1990. Clivaje manifestado claramente en la última elección presidencial, donde, por estrecho margen, Pedro Pablo Kuczynski ganó la Presidencia de la República, gracias a - entre otros factores - la desconfianza existente sobre las credenciales democráticas de Fuerza Popular y sus líderes. Indultar al autócrata condenado por serios casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos ahondaría dicha confrontación.

Finalmente, hay un tema que Humala deberá sopesar: el juicio histórico sobre su gobierno. Como ya han mencionado personas de líneas distintas como Juan Carlos Tafur, Gustavo Gorriti y Martín Tanaka, en términos de políticas públicas, este gobierno no se va mal, pero su manejo político ha sido desastroso. Precisamente, uno de los temas que se encuentra dentro de sus aspectos positivos, se encuentra la negativa del indulto humanitario, tanto por la decisión del fondo, como por la forma en que la misma fue presentada al país. Por ello, en este tema, deberá controlar su tanática vocación por el autosabotaje.

Y precisamente, es la historia quien lo juzgará por esta última decisión de su gobierno.

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(Insiste con el indulto. Foto: El Comercio)

El viernes por la noche, la periodista y abogada Rosa María Palacios señalaba la existencia de versiones sobre la presentación de una solicitud de indulto por parte de Alberto Fujimori. Aquel mismo día, algunos cientos de personas - varias de ellas, movilizadas en buses - asistieron a una movilización convocada por bases fujimoristas para reclamar por la liberación de su líder.

Dichos rumores se confirmaron ayer al mediodía cuando, mediante un tuit, el presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, confirmó que el exgobernante presentó dicho pedido y que el mismo será resuelto de acuerdo “a la Constitución y a la Ley”.

Según pudo conocer este blog a través de diversas fuentes, el mismo viernes 22 hubo una primera reunión de ministros para conversar sobre este tema. Se seguirá con el procedimiento regular, es decir, que el tema pasará a la Comisión de Gracias Presidenciales, instancia técnica del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos que evalúa la solicitud. Según El Comercio, mañana se hará una primera evaluación para ver si el pedido cumple con los requisitos formales para su tramitación.  Tanto EC como La República coinciden en señalar que el autócrata no especificó en su solicitud si pide un indulto común o humanitario.

(Los objetivos de la presión fujimorista. Foto: Trome)

Con esta movida, Fujimori busca presionar a dos gobiernos en Fiestas Patrias. Al saliente, encabezado por Ollanta Humala, para que otorgue la gracia presidencial en los cuatro días que le quedan de mandato. Al entrante, que será liderado por Pedro Pablo Kuczynski desde el jueves, para que introduzca el tema en agenda. Los argumentos se parecen mucho a algunos juramentos de la bancada fujimorista del viernes: “gobernabilidad” y “reconciliación”.

Las cuestiones sobre a quien presionan con el indulto se dividen. Palacios, en su columna, estima que es a Humala, dado que el actual presidente sería chantajeado con la posibilidad de darle un mayor trato en las investigaciones que se le vendrán en el siguiente Congreso. El subdirector de El Comercio, Enrique Pasquel, señala que es a PPK, con el argumento de las facilidades a sus iniciativas en un Congreso que hoy dominan políticamente.

Ya PPK ha señalado, en varias ocasiones, que no indultará a Fujimori, pero que si podría firmar una Ley que contemple el arresto domiciliario para reos mayores de determinada edad. Una norma que tendría que ser, a la vez, genérica para no tener nombre propia y contar con candados para evitar la salida de presos cuyo repudio es compartido por toda la población, como es el caso de Abimael Guzmán.

Nuestra posición es clara: el señor Alberto Fujimori debe cumplir con el íntegro de la pena establecida por la justicia peruana y no existen razones para indultarlo.

Un indulto común no procedería en el caso de Fujimori. Como calificación complementaria a su condena por asesinato, secuestro agravado y lesiones graves, se estableció que los casos La Cantuta y Barrios Altos constituían crímenes de lesa humanidad. De acuerdo al Derecho Internacional de los Derechos Humanos, esto tiene consecuencias importantes para evitar que se establezca algún mecanismo para que un condenado por estos hechos sea sustraido de la acción de la justicia. En corto: se impiden amnistías o indultos para este tipo de casos. El abogado de Fujimori ha buscado quitar esta calificación en varias instancias judiciales, sin éxito.

Asimismo, la Ley N° 26478 impide el otorgamiento del indulto a los condenados por secuestro y sus distintas modalidades agravadas. Ello coloca un segundo candado a este tipo de casos.

En cuanto al indulto humanitario, hasta donde se tiene conocimiento, el señor Fujimori no ha tenido un deterioro sustancial de su salud durante los últimos tres años. Es decir, no se encuentra en una situación de gravedad terminal que amerite esta causa. Ya el gobierno actual, en mayo de 2013, rechazó una petición similar en esta línea, precisamente, porque no se cumplían los requisitos exigidos por el Reglamento de Gracias Presidenciales: a) una enfermedad terminal; b) una enfermedad grave no terminal en etapa avanzada, progresiva, degenerativa e incurable; y c) trastornos mentales crónicos, irreversibles y degenerativos. En estas dos últimas situaciones, la norma también exige que las condiciones carcelarias puedan colocar en grave riesgo la vida, salud e integridad del reo.

(El viernes, cientos de personas marcharon en el Centro pidiendo la liberación de Fujimori. La marcha no tuvo mucho rebote en prensa. Foto: Utero.pe)

A esto se suman razones políticas. Dudo mucho que el fujimorismo facilite la gobernabilidad del país a cambio de un indulto a su líder histórico. Por el contrario, ante lo que leerían como debilidad de cualquiera de los dos gobiernos a quien se dirige la solicitud, irían por más. Asimismo, ninguna decisión basada en la reconciliación puede olvidar que dicha palabra, en realidad, se dirige más hacia el compromiso que tiene el Estado para con las víctimas de graves delitos como los que han merecido la condena de Fujimori, antes que congraciarse con un delincuente comprobado.

Finalmente, si se otorgara un indulto a Fujimori a pesar de los elementos arriba anotados, el Perú se convertiría en el hazmerreir internacional, lo que ocasionaría graves consecuencias respecto de nuestra imagen como país, dado que se nos vería como poco serios en el cumplimiento de nuestros compromisos en materia de derechos humanos. Y ello, para quienes ven el mundo en términos estrictamente de negocios, sería perjudicial para nuestra credibilidad.

A fin de cuentas, el señor Fujimori ha terminado demostrando que su agenda es única: salir de prisión como sea. Y, en el camino, arrastra por los suelos la imagen del grupo político que hoy su hija lidera. Dada la asociación directa con el padre, esto será muy difícil de desprender como asociación. Y ello deja en mal pie a Fuerza Popular como supuesto actor a favor de la gobernabilidad nacional.

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Captación de jóvenes de clases altas y medias altas. Liderazgo de derecha ultramontana. Muchachos que eran convertidos en rehenes mentales. Abusos sexuales. Acercamiento a sectores políticos simpatizantes de violadores de derechos humanos. Adultos que, luego de varios años, se animaron a contar los horrores ocurridos en una organización vertical, cerrada y donde su dignidad fue vejada.

No estoy describiendo lo ocurrido en el Sodalicio de Vida Cristiana. En realidad, sí lo hago, pero no me refiero a la institución fundada por el hoy caído en desgracia Luis Fernando Figari. Nuestro vecino del sur también tiene un caso similar.

En 2010, james Hamilton, un médico chileno, se acercó a la periodista María Olivia Mönckeberg, amiga de sus padres, para revelarle un suceso atroz. El sacerdote Fernando Karadima, párroco de El Bosque - una de las sedes católicas más concurridas por los sectores más conservadores de la ciudad de Santiago - abusó sexualmente de él y lo manipuló psicológicamente durante varios años. Estos eventos hicieron fracasar su matrimonio y, ante el cierre de puertas en la Iglesia Católica, decidía revelar el caso.

Si bien la prensa internacional - a través de The New York Times - y la televisión chilena fueron quienes detonaron el escándalo (gracias a Juan Carlos Cruz, otro de los denunciantes, residente en Estados Unidos y con buenos contactos mediáticos), el libro de Mönckeberg explora a profundidad y con exhaustividad la psicología de un abusador serial y un manipulador. Karadima terminó siendo un personaje con fuerte poder en la Iglesia Católica chilena: formador de vocaciones (varios obispos actuales eran sus discípulos), varias propiedades a nombre de la parroquia, pagos irregulares a miembros de la misma, una vida opulenta, contactos directos con personajes del pinochetismo y de la derecha chilena. El sacerdote fue, hasta su caída, un personaje poderoso.

Los parecidos con Figari no son casuales. Así lo comenta el periodista Pedro Salinas, quien destapó - junto a su colega Paola Ugaz - el caso Sodalicio en nuestro país:

Un ex sodálite me contó que, durante un tiempo, en las denominadas “casas de formación” del Sodalitium ubicadas en San Bartolo se leía un librito de Marcial Maciel sobre la importancia del rigor, o algo así. Y otro ex sodálite me confirmó luego un dato más inquietante. Que Luis Fernando Figari (junto al actual superior general del Sodalicio, Alessandro Moroni) visitaron, por lo menos un par de veces, a Karadima en Santiago de Chile. El propósito de la reunión, según esta fuente, era que Figari tenía interés en conocer su política y estrategia para atraer a adolescentes de la clase alta. ¿Se imaginan la escena? Solamente faltaba Maciel para completar el trío de predadores sexuales latinoamericanos más conocidos de la región.

En instancias judiciales, el caso fue sobreseído por la prescripción de sus delitos. La Iglesia Católica lo encontró culpable de efebofilia y pedofilia, pero solo se le destinó a una “vida de oración y penitencia” en un convento, lo que cumple hasta el día de hoy. Un destino que, en lo eclesial, podría ser el final de Figari, aunque las cosas le son más complicadas en el terreno penal. Recientemente, el Ministerio Público amplió la investigación contra el exlíder del Sodalicio por cargos que no corren el riesgo de prescribir en el futuro cercano.

Para ver este modus operandi en toda su dimensión, lean el libro de Mönckeberg. Sobrecogedor en sus testimonios, fuerte en su relato, es un texto imprescindible para entender que lo ocurrido en Chile, Perú y México no fue casualidad. Se trató del mismo patrón.

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(Foto: La República)

VICTOR TICONA: El Presidente del Poder Judicial, por primera vez en año y medio, dejó el perfil bajo que ha caracterizado su gestión para impulsar una investigación a los magistrados que dieron las dos sentencias sobre violencia de género que han generado una fuerte reacción ciudadana. Queda en sus manos convocar a un pleno jurisprudencial para abordar los criterios con los que los jueces procesan esta materia.

CESAR ACUÑA: Busca jugar un rol equidistante del nuevo gobierno y de la oposición. La negativa para ser parte del nuevo gabinete apunta a ello. Tendrá que apagar dos incendios: el de la furia de Luis Iberico por quedar fuera del equipo ministerial - era bolo fijo en Defensa - y el suyo propio, al aceptar que no fue autor ni coautor del libro del docente Otoniel Alvarado.

JUAN LUIS CIPRIANI: Con perfil bastante bajo para sus estándares. Solo se pronunció sobre el proceso electoral en los tramos finales. No cabe duda que el año pasado - con sus propios plagios y las denuncias de abusos en el Sodalicio como principales cruces - fue su peor hora. Comenzando a hacer el cabildeo para tener a alguien afín como sucesor en el Arzobispado de Lima, que dejará por temas de edad en año y medio.

JULIO GUZMAN: Alternando las giras dentro y fuera del país, junto a la presentación de su libro testimonial sobre su frustrada candidatura presidencial, como puntas de lanza del Partido Morado. Futuro escrito en un gran signo de interrogación: puede ser alguien con opciones para el 2021, pero también convertirse en un postulante con pocas posibilidades.

MERCEDES ARAOZ: Fuera del gabinete por la decisión de PPK para no incorporar a congresistas de su partido. Con un perfil más activo en temas de género en comparación al rol que tuvo durante el segundo gobierno de Alan García. Queda por definir el rol que jugará en el nuevo gobierno, más allá de sus funciones parlamentarias. Bagua y las pensiones militares seguirán siendo sus flancos débiles, recordados desde la oposición.

MARISOL PEREZ TELLO: Como ministra de Justicia y Derechos Humanos está en la cancha que le es más afín (de hecho, le habían propuesto antes el Ministerio de Ambiente). Por el alto perfil político que tendrá, queda casi descartado que sea, como propuso Luis Bedoya Reyes, la nueva presidenta del PPC. Su partido queda en futuro incierto, dado el empate existente entre las fuerzas en pugna.

ALFREDO BARNECHEA: De vacaciones momentáneas de la política, mientras se acentúa la división en Acción Popular entre Mesías Guevara y Víctor Andrés García Belaúnde. La pregunta es si ejercerá un mayor liderazgo al interior de la agrupación.

ALAN GARCIA: Plan sabático. Se va a la Universidad Complutense de Madrid por temas académicos, lo que implica su mudanza, rumoreada desde abril. Solo volverá a Lima por cortas temporadas, debido a cuestiones familiares. En medio, dejará el cargo de Presidente del APRA, en tanto que Enrique Cornejo anda recorriendo el país para ser el nuevo secretario general del partido.

LUZ SALGADO: Con perfil más bajo hasta el momento de su elección como presidenta del Congreso, necesario luego de su entrevista llena de exabruptos en El Comercio. A pesar de la misma, sigue cosechando adhesiones inesperadas a su nuevo puesto, como la de Diego García - Sayán hoy en La República. Veremos cuál versión prima al final: la dureza de los noventa o la relativa serenidad del 2000.

MARTIN VIZCARRA: Convertido en uno de los hombres fuertes del flamante gobierno. Ocupa un ministerio, colocó a una persona de confianza en otro donde PPK tiene la mira puesta - por los temas de agua - y, sin duda, será el nexo con las regiones. A la espera de la creación del Ministerio de Apoyo a las Regiones.

ALFREDO THORNE: Poniendo paños fríos a las expectativas sobre su gestión y, al mismo tiempo, mandando mensajes respecto de la excesiva dependencia de la economía peruana de los precios internacionales. ¿Asumirá el Plan de Diversificación Productiva impulsado por Piero Ghezzi?

FERNANDO ZAVALA: Culminada su ronda de entrevistas con las bancadas, sabe mejor que terreno pisa. Con un perfil bastante prudente y componedor, ha buscado armar un equipo alineado con sus propias preferencias. Su rol estelar se iniciará en la quincena de agosto, cuando vaya al Congreso para presentar su política de gobierno.

VERONIKA MENDOZA: Lidiando con dos cuestiones al mismo tiempo. De un lado, consolidar una voz opositora de izquierda, donde sus congresistas serán sus principales voceros. De otro lado, hilar fino dentro de un conglomerado donde un solo partido tiene inscripción legal. Decisiones pospuestas en el Frente Amplio hasta septiembre, en lo que se refiere al estatus del resto de grupos zurdos.

KEIKO FUJIMORI: Por viajar a Estados Unidos de vacaciones y en plena mudanza de oficinas - para evitar cualquier nexo con Joaquín Ramírez -, la lideresa de Fuerza Popular está plenamente convencida que su derrota es culpa de otros (el Grupo El Comercio y el gobierno), pero no suya. Alienta los exabruptos de las últimas semanas en el entendido que ello fortalecerá la cohesión interna de su bancada. Sin planes de mediano plazo por ahora.

NADINE HEREDIA: Midiendo declaraciones y apariciones públicas. Comenzó el gobierno siendo uno de sus principales activas y el pésimo manejo político de sus temas judiciales la terminó convirtiendo en su peor pasivo. Confía en salir airosa en el terreno penal, pero el daño a su imagen está hecho.

OLLANTA HUMALA: Su torpeza política hace que lo bueno de su gobierno ni siquiera sea resaltado. El aislamiento político en que termina hace que solo figuras académicas o mediáticas salgan a remarcar los éxitos en varias políticas de Estado. Sin futuro conocido en términos políticos luego del 28 de julio, dado que lo que tenía como estructura partidaria, simple y llanamente, se rompió en mil pedazos.

PEDRO PABLO KUCZYNSKI: Dando muestras de un estilo. Campechano, relajado, pero a la vez, técnico y firme cuando haya que serlo. Por ahora, gozando de la luna de miel que no tendrá a partir de 28 de julio. Sin mayores errores en su etapa de presidente electo. Mucho control en adelante con algunas reacciones y declaraciones, cuestión que le jugó mal en su etapa como candidato.

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Las frases que te repiten como mantra en la infancia: “No llores como mujer”. “Los hombres no lloran”. “Aprende a defenderte como hombre”.

El psicólogo que se burla de las luchas feministas y que llama “Calla Loca” a un espectáculo que pone - aún más - en tela de juicio su ética profesional.

Los estúpidos rituales de hombres frente a varias botellas de cerveza, presumiendo de sus conquistas sexuales y las veces que le sacaron la vuelta a sus parejas.

El colegio donde el profesor que realiza tocamientos indebidos a sus alumnas es protegido. O donde se condena a la chica que sale embarazada.

El imbécil que cree que puede aprovechar un autobus lleno para dar rienda suelta a sus bajas pasiones. O aquel que se cree el muy macho por acosar a una mujer.

La radio noticiosa que cobija misoginia a todas horas, en sus conductores y productores, con preguntas que buscan colocar en ridículo la lucha de cientos de mujeres por sus derechos.

El grupo de obreros que considera gracioso decir cosas lascivas a una mujer que se viste como le da la gana.

La pareja - o la ex pareja - que chantajea psicológicamente, pega, viola, mata.

Los jueces que buscan comunicados de respaldo para sentencias que solo se pueden leer con arcadas y lágrimas en los ojos.

La fiscal que, en un juicio por violaciones ocurridas hace 30 años, se le ocurre pedir una pericia médica y tiene poca empatía con las víctimas de tan terribles hechos.

Los hogares en los que padres, tíos, abuelos o conocidos vulneran la libertad sexual de las mujeres que allí viven. Y donde, ante el reclamo, sus miembros (varones o mujeres) no creen en lo que ellas dicen.

La comisaría donde, ante una denuncia de violencia doméstica o sexual, se escucha un “¿qué habrás hecho?” o “¿cómo te habrás vestido?”.

El año donde se han producido 54 feminicidios y 118 tentativas. Y apenas es 20 de julio.

La absurda norma que, hasta 1991, exceptuaba de responsabilidad al violador que se casara con su víctima.

Los políticos que aún creen que el feminicidio es innecesario como tipo penal. O aquellos que acosan sexualmente a sus colegas en el Congreso o la Municipalidad.

El idiota que hasta ahora no entiende que, cuando una mujer le dice que no, es no.

El país que ha sido indiferente a sus estructuras machistas, por varias décadas.

Por todo esto, marchemos el 13 de agosto.

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Poner a Becerrril y a Alcorta en un grupo de dialogo es como poner a Melcochita de animador en un velorio. Muy divertido, pero no corresponde”

Esta frase de Rosa María Palacios resume muy bien el ánimo actual existente en el fujimorismo.

Hasta la semana pasada, en ciertos sectores de nuestra derecha, existía el ánimo de sugerirle a Pedro Pablo Kuczynski que era conveniente la idea de tener una suerte de acuerdo con el fujimorismo. En los sectores más liberales, para emprender las “reformas de segunda generación” que el país necesita. Curiosa e ilusamente, le pedían juntarse a un movimiento populista de derecha para hacer reformas liberales. En los sectores más conservadores, su móvil es básico: atajar la posibilidad de un gobierno de izquierda o que personalidades de centro tuvieran un espacio en la nueva administración.

Salvo algunas excepciones que parecen haberse quedado en el 4 de junio de 2016, esa posibilidad parece estar liquidada. De hecho, PPK ha optado por la prudente distancia, conformar su equipo ministerial sin hacer guiños al fujimorismo y ha descartado la nueva arma de chantaje: pronunciarse sobre un posible indulto a Alberto Fujimori, un clásico contemporáneo de Fiestas Patrias.

En la misma línea, hasta hace días, se aplaudía casi unánimemente la selección de Luz Salgado como candidata fujimorista a la presidencia del Congreso de la República. Cierto es que ella le puso, sin mayores problemas, la banda presidencial a Valentín Paniagua, cuando el autócrata vacado por incapacidad moral se instaló en Tokio. Y que tuvo ciertos reconocimientos autocríticos sobre algunos aspectos del gobierno fujimorista (sobre todo, Montesinos y el intento de la segunda inconstitucional reelección del 2000).

Pero cualquier intento de vender a Salgado - una congresista de la vieja guardia - como un puente conciliador se fue por la borda el domingo. Una entrevista de Gerardo Caballero en El Comercio la mostró sin reacciones frente a las interrogantes sobre su asistencia a la tristemente célebre salita del SIN a tratar temas políticos con Vladimiro Montesinos. Y, sobre todo, soltó una frase infeliz sobre sus adversarios políticos:

Si fuéramos coherentes, tendríamos que recordar también la dictadura de Velasco Alvarado, la de Odría. Pero lo que hay contra el fujimorismo obedece a gente que fue metida a la cárcel, gente mezclada con Sendero y MRTA. Son gente a la que no le gustó que le rompiéramos un proyecto político.

Aunque Salgado, horas más tarde, buscó rectificar sus declaraciones, incendió la pradera por dos motivos. De un lado, porque motivó que el congresista Héctor Becerril, conocido por sus declaraciones destempladas, recurriera a cualquier recurso - incluso los vedados - para presentar a Verónika Mendoza como simpatizante de Sendero Luminoso, lo que podría costarle una querella de la parlamentaria saliente.

De otro lado, porque hasta personas más moderadas en sus posturas políticas han terminado dándole la espalda. El subdirector de El Comercio, Enrique Pasquel, quien en la segunda vuelta señalaba que PPK no debía confrontar con Fuerza Popular, lanzó una fuerte columna el domingo último, comentando las declaraciones de la probable presidenta del Congreso. Aquí lo más saltante:

Cuando Gerardo Caballero le pregunta sobre este tema, la candidata a la presidencia del Congreso explica de esta forma el fenómeno: “Lo que hay contra el fujimorismo obedece a gente que fue metida a la cárcel, gente mezclada con Sendero y MRTA. Son gente a la que no le gustó que le rompiéramos un proyecto político”. En otras palabras, para la congresista, hay que calificar como ‘proterrucos’ para oponerse a su partido. ¿No es esta una clara forma en la que el fujimorismo de hoy echa leña al fuego antifujimorista?

El hecho de que el partido naranja parezca incapaz de entender y reconocer las heridas que su gobierno causó a la sociedad peruana y la racional indignación que las mismas generan en distintos grupos, precisamente, refuerza el poderoso sentimiento en cuestión. Así las cosas, ¿cómo los ciudadanos pueden pasar la página y acercarse con confianza al fujimorismo? ¿Es acaso sensato confiar en quien es incapaz de reconocer completamente sus pecados?

Es claro que el fujimorismo perdería bastante confrontando todo el tiempo. Es decir, convirtiéndose en una oposición como la ejercida por el APRA y la Unión Nacional Odrísta durante la década de 1960. Sin embargo, sus voceros han preferido el lenguaje flamígero durante estos días, como hemos visto. ¿Por qué?

Una primera posible razón sea que Fuerza Popular aún no ha podido procesar del todo la derrota electoral. Sus modales para reconocer la victoria de Kuczynski no han sido precisamente moderados y, sin duda, los ataques al antifujimorismo denotan, antes que un adecuado procesamiento de la derrota, cólera y rabia. Y, por supuesto, aquello de lo que acusan a sus detractores: odio.

Una segunda razón, más plausible, se vincula con la posición opositora del Fujimorismo. Y allí Fuerza Popular ha advertido que tiene un rival claro en ese intento de ubicación. Al Frente Amplio le será más fácil ubicarse frente a PPK en temas económicos y sociales y, además, tiene capacidad de recoger ciertas demandas de la calle. Para un populismo de derechas, esto es una dura competencia en esa medida. De allí que la mayoría de dardos busquen denostar a la izquierda, sea como aliada del gobierno o como un grupo de “pro terroristas”.

Una tercera cuestión, tiene que ver con cómo enfrentar al antifujimorismo. Curiosamente, ha optado por el camino opuesto al adecuado: el de la moderación. Hace unas semanas, Steve Levitsky decía que la forma de vencer resistencias no iba por el concentrado de lodo que se ha visto en los últimos días:

El antifujimorismo sigue siendo un obstáculo electoral para Keiko. Si quiere ganar, será su responsabilidad, no la de sus rivales, combatirlo. Eso requiere una ruptura más creíble con el pasado —y posiblemente con su padre.

Pero los desafíos de Keiko van más allá de la mochila del viejo fujimorismo.  Keiko ya tiene su propia mochila —la de Ramírez, Chlimper, y otros nuevos fujimoristas cuyo comportamiento ha reforzado la imagen del fujimorismo como una mafia autoritaria.  En 2021, entonces, Keiko tendrá que distanciarse no solo del fujimorismo de 1990 sino también de varios fujimoristas de 2016.

El problema es que, como me hizo notar un periodista extranjero residente en el Perú, Keiko hizo el camino inverso al natural: se moderó al inicio de la campaña y se radicalizó al final. Hoy sigue en la misma línea. ¿El resultado? La performance pública de Keiko en el último mes ha sido más desaprobada que aprobada.

Finalmente, una explicación final tiene que ver con las divisiones al interior del fujimorismo. Es claro, público y notorio que Keiko Fujimori ha tenido que apagar incendios dentro de Fuerza Popular. Ha tenido que recurrir a una figura histórica para ser la presidenta del Congreso, a tránsfugas de otros partidos para ser voceros durante el primer año de mandato parlamentario y los congresistas reelectos pujan con los nuevos para repartirse las presidencias de comisiones. Al mismo tiempo, existen fuertes disputas por los puestos de trabajo a distribuir en los despachos de los parlamentarios electos y las comisiones que tendrán, así como los asesores de la bancada. En ese panorama, que genera muchas pugnas, se requiere un enemigo común para mantener la unidad. Y ello puede explicar mejor el tono rabioso de las últimas semanas.

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El primer equipo ministerial que acompaña a Pedro Pablo Kuczynski tiene una fuerte impronta tecno­crática. Pero, a diferencia de sus predecesores, el equipo es encabezado por dos economistas con vo­cación política. Esto le brinda solvencia profesional en la mayoría de carteras y coherencia a un gabinete de cen­tro derecha.

Ello no ha sido óbice para que se cuenten con voces ní­tidamente políticas en el gabinete. Allí destacan Carlos Basombrío (Interior), Marisol Pérez Tello (Justicia y De­rechos Humanos) y Jorge Nieto Montesinos (Cultura). No solo serán gestores de despachos complicados, sino que son quienes, a primera vista, aparecen como voceros cuan­do el fujimorismo y la izquierda arrecien con sus críticas, dependiendo de la materia.

En los sectores sociales, además de Jaime Saavedra, existen muchas expectativas frente a lo que pueda hacer Patricia García en Salud. La combinación de postgrado en salud pública con especiali­dad en una enfermedad tan sensible como el VIH puede marcar una impronta de me­jora de la calidad en la gestión con calidez humana, algo que se extraña en nuestros hos­pitales y clínicas.

Tres nombramientos son disonantes. Ana María Romero, en su anterior gestión en el Ministerio de la Mujer, obser­vó la Ley de Igualdad de Oportunidades y su visión sobre la familia es conservadora. Se tienen dudas sobre el com­promiso de Cayetana Aljovín con los programas sociales. Además de la paridad, debe aspirarse a contar con minis­tras involucradas en disminución de desigualdades. Mien­tras que el nombramiento apresurado de Mariano Gon­zález en Defensa revela la dejadez sobre el sector, donde las demandas urgentes están en bienestar del personal y la actualización de la política de seguridad.

En líneas generales, la calidad de los titulares de secto­res productivos es pareja. La interrogante está en Produc­ción. ¿Tendrá Bruno Giuffra las capacidades para ejecutar el Plan de Diversificación Productiva y lidiar con las pre­siones de empresarios pesqueros?

Finalmente, el nuevo Canciller marca desde ya sus te­mas prioritarios: Chile, relaciones vecinales y Alianza del Pacífico. Quedan dos preguntas: ¿Cuál será su posición sobre derechos humanos? ¿Podrá resolver los conflictos entre los diplomáticos y MINCETUR sobre competen­cias comerciales?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 17.07.2016)

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