Archivo de 17 Noviembre 2009

Ayer me ha llovido fuego graneado en los comentarios del blog, luego de considerar como una “aberración” cultivar sentimientos antichilenos o ver a Chile como un enemigo. En dicho concepto me ratifico, como en los demás vertidos ayer. También he sostenido un interesante debate con Heduardo (ver aquí, aquí y aquí) sobre lo que implican los legítimos actos de protesta frente a lo que es un acto agraviante y condenable por donde se le mire.

Hoy es necesario ir más allá y dejar claros algunos conceptos, a fin que no se presten a malas interpretaciones.

Lo primero por decir es que comparto el sentimiento de indignación que todos los peruanos tenemos frente a lo que es un acto de intromisión inaceptable, indignación que se incrementa por la torpe respuesta que ha tenido el gobierno chileno frente a este tema. Sin duda, el Gobierno de Chile no solo nos debe una explicación y una disculpa pública por este hecho, sino que también debe explicarnos, de modo no vacilante y sin dar vueltas, por qué compra tantas armas, si es que dice que no tiene ninguna hipótesis de conflicto armado con algún país límitrofe.

(Nota: Farid Kahhat tiene una explicación sobre el armamentismo, basada en el poder político que mantienen las Fuerzas Armadas chilenas).

Lo que no comparto es este ánimo de involucrar a todos los chilenos, a las inversiones chilenas y de embarcarnos en una carrera armamentista frente a un supuesto enemigo.

Comienzo por este último punto. soy de los que creo que debemos tener Fuerzas Armadas disuasivas, no ofensivas y suficientemente preparadas. Pero para ello, antes que comprar armas, hay algunos puntos que atender.  El primero de ellos es saber para que comprar, es decir, tener claro cuales son nuestras amenazas reales. Y digo reales, más allá de fantasmas. El país tiene un Libro Blanco de la Defensa que requiere una actualización y adecuación permanente, pues es nuestra política sobre el tema. Lo segundo, es obviamente, tener un Ministro que de la talla y que conozca estos temas. Rafael Rey no lo es y su perfil bajo en esta crisis - luego que se ha paseado por otros sectores pontificando - muestra que anda en Defensa más perdido que Adán en el día de la madre. Lo tercero, es que se debe comprar lo justo y necesario para tener una flota moderna, no más, no menos. Un país que requiere derivar sus gastos sociales hacia otros rubros debe tener un gasto en Defensa acorde con sus ingresos y sus necesidades. Pero lo principal y lo que hace realmente importante a unas Fuerzas Armadas es contar con preparación profesional y ética, siendo este campo en el que la Defensa Nacional debe invertir más.

Los voceros fujimoristas del sector más recalcitrante del antichilenismo, como el diario La Razón, bregan por una carrera armamentista, por mantener a un enemigo exterior y descalifican a todo aquel que diga que las compras deben hacerse con prudencia y basado en políticas de Estado. Yo me pregunto con que autoridad moral los defensores mediáticos del gobierno que convirtió a buena parte de la cúpula militar en comparsa de un proyecto autoritario y corrupto pueden hablar de defensa de los militares, cuando llevaron al desprestigio a las Fuerzas Armadas y, por cierto, también a una derrota militar en 1995.

El tema de las inversiones es más delicado. Se ha considerado que el gobierno gobierna para los chilenos, que deberíamos proteger nuestra economía y que deberíamos deshacernos de las inversiones chilenas. El tema con las inversiones de Chile en el Perú no es su cantidad ni mucho menos, sino que, al igual que con todos los empresarios - sin importar las nacionalidades -, el Estado peruano no cumple con su rol regulador ni promotor.  Y sobre el hecho de la nacionalidad del inversionista, comentan en Economía de los Mil Demonios:

Según las cifras oficiales, la inversión extranjera directa en el Perú en general (es decir, de todos los países que les dé la gana invertir en el país) ha ido en franco aumento desde el 96. Esto es consecuencia de que el país hasta antes de eso era pésima opción para la inversión extranjera.  Recuerden que antes de eso teníamos terrorismo que odiaba la presencia de extranjeros en el país, así como presidentes anteriores que se surraban en los compromisos financieros internacionales (¿alguien recuerda a otro presidente que tuvimos también llamado Alan García que anunció públicamente que no pagaría la deuda externa? ¿alguien recuerda lo que pasó al día siguiente de ese anuncio?).  (…)

Como podrán ver, si se trata de preocupación por la dominación sobre Perú por medio de las inversiones, Chile sería el último de nuestros problemas.  Antes tendríamos que preocuparnos por España, que para un paranóico de los que ahora están saltando, es responsable por ni más ni menos que casi un cuarto de las inversiones extranjeras en el Perú.  Y el Cachaco Juancho me diría que España no es problema, porque nuestra historia bélica es con Chile y no compartimos fronteras con España.  Pero aguanta. ¿Qué España no nos invadió antes de Chile y mantuvo dominio sobre el Perú por mucho más tiempo? De hecho, hay dos periodos de la historia del Perú que tienen nombres relacionados a ello: la Colonia y el Virreynato.

¿Y el Reino Unido no les preocupa? ¿No han oído hablar de Las Malvinas? ¿Y que Estados Unidos sea el origen del 15.39% de las inversiones extranjeras directas en el Perú no los motiva a llamar a una carrera armamentista con Estados Unidos? Aquí les pongo un link sobre los fusiles de última generación que el ejército norteamericano está probando.  Por si son de los que creen que tiene sentido eso de comprar todo lo que el vecino tiene.

Pero ademas el amigo Rothgiesser pone un cuadro sobre las inversiones en “los sectores estratégicos”, aquellos que generalmente son pronunciados para decir que “los chilenos nos invaden”:

Hay otro punto por dilucidar y es el último de este post. ¿A que se debe la noica con la Guerra del Pacífico? De un lado y otro de la frontera se cuecen habas y es necesario conocer en que consisten esas habas para saber de que hablamos.

Recientemente, el historiador Daniel Parodi Revoredo publicó un interesante trabajo sobre los imaginarios que peruanos y chilenos tenemos a partir de la Guerra del Pacífico. (El trabajo completo lo pueden ver en: PARODI REVOREDO, Daniel. “Entre el “dolor de la amputación” y el “complejo de Adán”: imaginarios peruanos y chilenos de la Guerra del Pacífico”, en Claudia Rosas Lauro (editora). El odio y el perdón en el Perú. Siglos XVI a XXI. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2009, pp. 169-180).

Veamos unos extractos. Primero veamos lo que se piensa en el imaginario chileno:

El nervio central de la memoria chilena de la Guerra del Pacífico es aquel que difunde la imagen de un país victorioso y que estructura su discurso nacionalista en función de su superioridad frente al Perú y Bolivia, la que, económica y socialmente, fue obtenida tras su éxito militar en la mencionada contienda.

De cara al presente, esta postura se afirma a través de su posición diplomática tradicional que, frente a la demanda marítima boliviana, sostiene que no hay asuntos pendientes entre ambos países. Se añade además a esta postura, la afirmación de que la inestabilidad política en Bolivia, y las dificultades de su sociedad, complican el avance de las negociaciones en torno a la mencionada reivindicación. Además, desde los imaginarios chilenos también se vierte el discurso que sostiene que el reclamo peruano acerca de la frontera marítima persigue la finalidad de obstruir la posibilidad de un arreglo chileno-boliviano con el fin de dar salida al mar a este último país.

Pero también en el Perú tenemos nuestras propias noicas, cito a Parodi:

En términos más concretos, el discurso peruano principia con la mención al geoestratega chileno Diego Portales y sus planteamientos acerca de la necesidad de una expansión de Chile hacia el sur y de su liderazgo en el Pacífico Sudamericano. Este pensamiento, real durante el siglo XIX, se cree vigente hasta la actualidad y fomenta la desconfianza peruana.

Se deriva de esta premisa general, la amenaza de una agresión chilena, sustentada en planteamientos geoestratégicos vinculados al control de los recursos naturales con los que cuenta el Perú y que son escasos en Chile. (…)

Otro imaginario, muy difundido en el Perú, es el que sostiene que desde siempre Chile ha sido un país que obtiene ventajas indebidas de una serie de productos y recursos tradicionales peruanos. Así, el origen del Pisco y la chirimoya, así como el registro chileno de cierta variedad de papa y la comercialización de un tradicional postre limeño refuerzan la percepción peruana acerca del vecino como la de un país voraz, del que no se puede confiar.

En suma, el caso peruano no es solo el del exceso de pasado, sino también de memoria y de recuerdos, los que se retroalimentan con controversias del presente, las que algunos casos carecen de sustento real.

Sin duda, en este caso, sí tenemos un sustento real para estar enojados. Pero ello no ocurre en todos los casos y estos hallazgos históricos explican porque, incluso ante temas entre privados, sale el tema de antichilenos y antiperuanos en toda su dimensión. Y ello es lo que abona para que los políticos en Lima y en Santiago aprovechen cuando puedan el tema para consumo interno.

¿Qué hacer? Parodi propone, al final de su texto, reflexiones importantes que en La Moneda, Palacio de Gobierno y, en general, en ambos países deberíamos tener en cuenta.

Pero si ambas partes – en este caso los Estados y sus autoridades – llegasen a admitir la necesidad de superar la incidencia de estas negativas imágenes en sus respectivos colectivos, podrían comenzar preguntándose, cada cual a su turno, ¿en qué estoy mal yo?, ¿en qué debo mejorar?, ¿como me percibe el otro y por qué?; ¿qué espera el otro de mi?

Cautela sí, sanción a quienes traicionaron al país sí, un pedido de explicaciones a Chile y protestas diplomática sí, una buena política de defensa sí. Pero seguir apelando al odio, a la revancha, al armamentismo y a seguir acentuando diferencias con Chile (y sobre todo, mezclando a un gobierno que ha tenido avances en varios campos, menos en llevarse bien con nosotros, con un pueblo mayoritariamente pacifista) es, lo vuelvo a decir, una aberración. Quizás ahora entiendan mejor el porqué empleo este calificativo.

MAS SOBRE EL TEMA:

César Hildebrandt: García lo hizo bien

Augusto Álvarez Rodrich: La vida de los otros

Mirko Lauer: Chile - Perú ¿el espía dejará resaca?

Fritz Du Bois: Tambores de Guerra

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