Archivo de 27 Diciembre 2009

Para terminar el año, un programa final de esta temporada, con los hechos más importantes del 2009: juicio a Fujimori, Bagua, petroaudios, espionaje chileno, escándalos paralamentarios, desastres en Interior y defensa, Castañeda Lossio, Museo de la Memoria, crisis internacional y varios esfuerzos individuales que merecen destacarse.

Además, un comentario sobre la encuesta de momentos 2.0 de 2009 del Utero de Marita y los blogs que más me gustaron este año.

El programa vuelve el primer domingo de febrero de 2010, siempre a las 7 pm.

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10. 20 AÑOS SIN MURO

Conmemoración histórica. Todo el mundo reflexionó sobre lo que implicó la caida del comunismo en Europa del Este y, con ello, el fin de los llamados “socialismos reales”. Además de los efectos perniciosos del comunismo en el mundo, también se observó porque la afirmación de Fukuyama sobre “el fin de la historia” está lejos de ser una realidad.

9. SUDAMERICA Y EL ARMAMENTISMO

Ha sido el tema más frecuente en la discusión en la región: militares estadounidenses en bases colombianas para apoyar la lucha contra las FARC, tensiones fronterizas, compra de armas desmedida en algunos países de la región (especialmente, Venezuela). Unasur ha discutido el tema, pero hasta ahora no se llega a un acuerdo. Perú ha liderado iniciativas para limitar la compra de armas, pero veremos si queda descolocado con las nuevas compras militares que hará.

8. BERLUSCONI SIN VERGUENZA

Han sido más los escándalos mediáticos alrededor de su vida privada los que lo han puesto en el candelero, pero Berlusconi es quizás el líder europeo más polémico de la actualidad: control de medios de comunicación, normas que le dan inmunidad casi absoluta, conexiones con la mafia, restricciones migratorias, entre otras perlas, ponen en la palestra a un autócrata con ropaje democrático y que no sabe separar la política de los negocios.

7. POLEMICAS ELECCIONES EN IRAN

Dos estilos: de un lado, Mahmud Ahmadineyad, centrado en medidas asistencialistas, en el negacionismo del holocausto y en un programa nuclear que ha merecido la preocupación de Occidente; del otro, Hosein Musaví, dispuesto a una mejor relación con el resto del mundo y a mejorar derechos sociales y libertades. Se confirmó el triunfo del primero, luego de encuestas que favorecían al segundo. La teocracia iraní terminó apoyando al controvertido Ahmadineyad, quien luego ha estado de visita por América Latina.

6. ELECCIONES EN LA REGION

Además de la elección hondureña (ver más adelante), en cuatro países de Latinoamérica se han celebrado elecciones para la elección de Presidente de la República. El Salvador y Uruguay optaron por dar a candidatos de organizaciones que otrora abrazaron las armas el poder: en el país centroamericano, salió elegido Mauricio Funes, joven cara del Frente Farabundo Martí, mientras que en el río de la Plata fue electo José Mujica, un veterano Tupamaro, que ahora forma parte del gobernante Frente Amplio. Ambas son alternativas más cercanas a la socialdemocracia.

En Bolivia, Evo Morales fue reelegido bajo una nueva Constitución y con mayoría parlamentaria. Se teme que el gobierno se radicalice más contra los opositores. En Chile, a pesar que se va a segunda vuelta, parece casi seguro el triunfo del derechista Sebastián Piñera. En todos los países nombrados, por cierto, queda claro que los resultados se deben cada vez más a dinámicas internas de su política interna que a ingerencias extranjeras, sea de Washington o de Caracas.

5. GOLPE EN HONDURAS

¿Qué nos demostró el golpe de Estado en Honduras? Varias fallas en el sistema democrático: un presidente que quería forzar una consulta popular pero cuyo mandato se debía respetar, una oposición abiertamente autocrática que lo desalojó del poder, una OEA que demostró nuevamente que no sirve para nada (salvo para temas de derechos humanos en esas islas de eficiencia llamadas Comisión y Corte Interamericana), autócratas hablando de restaurar la democracia (Chávez, Raúl Castro), demócratas que no daban el paso seguro para reconocer a un gobierno legítimo (García, Uribe) y pantomimas de negociación. Todo se ha cerrado con una elección que no devolverá al presidente legítimo.

4. GRIPE GLOBAL

Más de 11,000 personas fallecidas en todo el mundo en lo que supuso la pandemia más importante del siglo. Una variante de la gripe A generó cierre de aeropuertos, clausura de clases, alarmas frente a viajes, cambios en los comportamientos frente a la higiene personal y preocupación en todo el mundo.  Una vacuna será distribuida en todo el mundo a partir del próximo año.

3. LA CRISIS ECONOMICA INTERNACIONAL

No fue la Gran Depresión, pero tampoco pasó piola para nadie. Todos los países se vieron afectados por una fuerte caída de la economía, cuyas causas se encuentran en los otorgamientos de créditos a personas que, en circunstancias normales y con una mejor regulación, no debían ser sujetos de entrega de préstamos. La reacción en cadena que ello causó generó cierres de bancos de inversión y bancos regulares, despidos, recesión e incluso idas a la cárcel por estafas. La mayor parte del mundo comienza a recuperarse, aunque en Estados Unidos, el país más afectado por la recesión y España, el país más afectado por el desempleo, sean necesarias medidas más fuertes.

2. COPENHAGUE SIN CONSENSO

La cumbre sobre el cambio climático trajo varias expectativas sobre lo que se podía conseguir en cuanto a consensos globales en relación con límites para la emisión de sustancias contaminantes. Al final, la cumbre terminó con una participación reducida de ong’s, potencias que no se pusieron de acuerdo para un texto vinculante y finalmente, un consenso sobre mínimos que deja a cada país en libertad sobre lo que pueden establecer como límites. En suma, un monumental fracaso, cuando el planeta espera soluciones y responsabilidad frente a este tema.

1.  EL PRIMER AÑO DE OBAMA

Michael Shifter ha resumido los retos que ha tenido el presidente norteamericano en su primer año de mandato:

A pesar de los predecibles lamentos de que luego de un año de gobierno de Obama nada ha cambiado —las expectativas tenían poca relación con la realidad—, dos importantes logros sobresalen. El primero, como constantemente confirman las encuestas, el mundo aprueba a los Estados Unidos más de lo que lo hizo durante los ocho años previos. Obama es muy popular donde quiera que vaya (en América Latina el cambio es dramático). Proyecta una imagen amigable y ha puesto en práctica un nuevo y bienvenido tono. Su discurso para el mundo musulmán desde El Cairo el pasado junio es particularmente notable; sería difícil imaginar a George W. Bush pronunciando las mismas palabras. Obama no se ha disculpado ante el resto del mundo, como muchos de sus críticos reclaman; solamente ha reconocido errores del pasado —incluyendo en política latinoamericana Cuba y drogas, por ejemplo— y se ha comprometido a hacerlo mejor. Quizá no sustantivamente diferente, pero Obama ha preparado el terreno para un compromiso más productivo de los Estados Unidos con el resto del mundo.

El segundo logro que tampoco puede ser ignorado es que la segunda Gran Depresión y colapso financiero, que eran muy temidos, simplemente nunca ocurrieron. Las políticas económicas llevadas a cabo por Obama y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, han sido exitosas en evitar los catastróficos escenarios que habían pronosticado muchos prestigiosos economistas. Por supuesto eran los mismos economistas que no percibieron que venía la crisis, los que con tanta seguridad en sí mismos anunciaron que venían desastres, también en Latinoamérica, región que, con la excepción de México (debido a sus profundos vínculos con los Estados Unidos), soportó las tormentas de la crisis del 2009 razonablemente bien.

No queda duda de que la economía estadounidense está aún profundamente afectada, lo que se refleja en que el porcentaje de desempleo esté por encima del 10%, el más alto en más de 25 años, y haya a la vez muy bajos niveles de gasto de los hogares. El crecimiento económico ha regresado, las bolsas se han recuperado, pero muchos estadounidenses todavía sufren mucho. Algunos, muchísimo. Ello porque, además de la crisis, la reforma de la salud —la principal prioridad política para Obama— ha encontrado considerables dificultades y ha sido criticada, desde la derecha y desde la izquierda. Ha habido una notable ausencia de voluntad de llegar a acuerdos, tanto entre los congresistas republicanos como entre los demócratas, lo que pone en riesgo la ambiciosa agenda de Obama, que incluye cambios fundamentales en educación, energía e inmigración.

De hecho, a pesar de las nobles intenciones de Obama y sus mejores esfuerzos, un área en la que virtualmente no ha logrado ningún avance es en la de construir un Washington menos partidista. El ambiente en la capital de la nación es tan venenoso entre los dos grandes partidos, como lo fue durante la Administración de Bush. Algunos dicen que incluso más. Los casi 800 mil millones de la Ley de Estímulo Fiscal, por ejemplo, consiguieron solo tres votos republicanos en el Congreso el pasado febrero. Obama viene luchando para asegurar apoyo republicano para la reforma de salud. No es precisamente lo ideal embarcarse en cambios legislativos tan profundos, sin un amplio consenso político en el país para hacerlos.

El partidismo ha hecho evidente su desagradable rostro también en la política hacia Latinoamérica, ¡en Honduras por encima de cualquier otro caso! Los demócratas y los republicanos han estado profundamente divididos en cómo responder al golpe del 28 de junio, y una vez más (como lo hicieron durante la Guerra Fría) han convertido a un país pobre de América Central en el escenario de sus batallas políticas. Las peleas sobre Honduras han sido costosas; la confirmación de Arturo Valenzuela, el más alto funcionario del Departamento de Estado para América Latina, fue dejada “en suspenso” hasta noviembre.

En otros temas —inmigración, antinarcóticos y comercio, por ejemplo— la Administración de Obama virtualmente no se ha movido, dado el potencial de estos temas para enfrentamientos partidistas y la urgencia de otras prioridades. Las relaciones entre Washington y Brasilia se han enturbiado un poco debido a diferencias sobre Honduras, el pacto de cooperación de los Estados Unidos con Colombia y la visita del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a Brasil en noviembre. En cambio, ha sido en la largamente congelada política frente a Cuba donde ha habido espacio para cambios y pequeños pero incrementales pasos hacia una mejor relación (a pesar de que el levantamiento del embargo no va a ocurrir en el corto plazo).

Aun cuando Obama se ha visto inundado por una enorme agenda de política exterior, ningún tema ha sido tan angustiante y complicado como Afganistán (ya, a estas alturas, la más larga guerra de los Estados Unidos). Obama no tiene buenas opciones. Parafraseando el mensaje de Woody Allen a los egresados de una universidad tres décadas atrás: “Más que en ningún otro momento en la historia, la humanidad hace frente a encrucijadas. Un camino lleva a la desesperación y a una profunda desesperanza, el otro a una total extinción. Recemos para que tengamos la sabiduría para escoger correctamente”. La decisión de Obama de enviar otros 30 mil soldados a Afganistán refleja su inclinación para colocarse en el medio, aun cuando la propuesta es muy probable que genere mucha resistencia, especialmente en su propio partido. La posibilidad de que Obama pudiese terminar como Lyndon Johnson —otro presidente demócrata ávido de desarrollar una ambiciosa agenda interna, pero que fue destruido por la tragedia de Vietnam— flota en el ambiente.

Obama ya ha perdido considerable apoyo entre los votantes independientes que lo respaldaron en el 2008. A fines de noviembre su nivel de aprobación cayó a 49% (del 68% que tuvo el día de su inauguración), por debajo de la simbólica e importante barrera del 50%. Una razón para explicarlo es el preocupante panorama laboral que, pronto, se va a convertir en la prioridad principal para la Administración de Obama en busca de recuperar el apoyo público. El dilema para Obama es cómo activar la economía para generar empleo, pero manteniendo el déficit fiscal bajo control. Otro factor es que su fortaleza —frialdad y aplomo— está probando ser a la vez una debilidad. Su distancia afectiva le hace difícil conectarse con la gente. Sus razonamientos, aun cuando intelectualmente matizados, a veces carecen de la dimensión humana y la pasión que son cruciales para el éxito político.

El año culmina algo mejor para Obama, con la reforma de salud aprobada. Pero el controvertido Premio Nobel que ganó lo deja descolocado en torno a temas de pacificación, sobre todo, luego del penoso discurso que dio en Oslo. Parte del destino del mundo está en sus manos.

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