Archivo de 14 Diciembre 2009

Es la pregunta que me hago luego de ver durante el fin de semana dos hechos que me llamaron la atención.

El primero es el que ha reunido mayor atención mediática: el indulto a José Enrique Crousillat. A esta altura, si bien la potestad legal de dar el indulto no está en cuestión, si lo están las razones que lo motivaron.  No con poca razón, varias personas (ver post de Sheput al respecto) se han preguntado si es que los centenares de presos que padecen de enfermedades terminales no merecerían el mismo derecho. Quizás la clave de este tema está en lo que menciona Fernando Rospigliosi:

Las inolvidables imágenes de Montesinos poniendo los fajos de billetes sobre la mesa ante la ávida mirada de los Crousillat, padre e hijo, son ahora un recordatorio que en el Perú de Alan García el crimen si paga.

La enseñanza que reciben los peruanos es que un delincuente se apropia de decenas de millones de soles del erario público que todos financiamos con nuestros impuestos, y cuando por fin la justicia lo atrapa y sentencia en un juicio ejemplar, se pasa un par de años en una clínica y luego es salvado por otro gobierno tan corrupto como el de Fujimori.

El mensaje es: Delinco, luego me indultan, si soy amigo del Presidente o mi hija es asesora de la presidencia del canal estatal y condecorada por su labor en una Teletón Presidencial. Lindo ejemplo de igualdad ante la Ley.

Otra lección de “civismo” que nos da este gobierno es lo que viene pasando con la Comisión Investigadora de los sucesos de Bagua. Una de las miembros de la Comisión, la hermana Maricarmen Gómez ha indicado varios problemas que existen en el grupo de trabajo:

“En estos momentos, tengo clara mi posición, he presentado las razones por las cuales yo no puedo firmar este documento y no puedo adelantar cuál es la posición de los demás miembros. (…) Las razones por las cuales no puedo firmar este documento son, en primer lugar, el gran vacío de este aspecto central del esclarecimiento del 5 de junio y si la comisión no logra realmente hacer este esclarecimiento, es muy peligroso”, señaló en el programa “No Hay Derecho” de Ideeleradio.

“Es muy peligroso porque volvemos a fojas cero, al principio, a la observación que hace el informe de las Naciones Unidas, donde dice que la posición del gobierno sobre los hechos es una y lo que se desprende de los testimonios de las entrevistas de los pueblos indígenas es otra; o sea que hay una polarización respecto de las versiones”, agregó.

Señaló que por lo menos hasta el 9 de diciembre, el documento que evacuó la comisión no respondía al esclarecimiento de los hechos del 5 de junio, porque no estaban adecuadamente recogidos los testimonios y los documentos que recibió ese grupo de trabajo.

“(…) Y lo peor del caso, es que la comisión no tuvo tiempo para tener un análisis conjunto del material valiosísimo que hemos conseguido, porque desde el 7 de octubre hasta el 29 de noviembre, nos hemos dedicado a recoger entrevistas y documentación. No hubo tiempo de hacer una reflexión conjunta y en el informe no aparece la centralidad de los sucesos. Vamos a ver el documento y ojalá que en estos días cambie. (…) Esperamos que en estos cuatro días se pueda mejorar”, expresó.

Dijo que si el informe final no aclara lo que aconteció en la Curva del Diablo y la Estación 6, se defraudará a las comunidades indígenas que han demostrado confianza a la comisión y no se aportará a la reconciliación. No obstante, aseguró que continuará integrando ese grupo de trabajo y que evalúa la posibilidad de presentar un informe alterno.

“Yo no sé cual será la posición general, estos días los miembros de la comisión tomarán una decisión. (…) Yo me mantengo y voy a trabajar en la comisión todo el tiempo que la comisión trabaje, pero si realmente no consigo en la comisión lo que nuestros hermanos awajún huambis han confiado en mí, yo voy a ver todas las posibilidades y una de ellas es la del informe alternativo”, adelantó.

En las visitas y las asambleas he visto con muchísima satisfacción de los pueblos awajún y huambis de mantenerse en el diálogo. Espero que haya un segundo momento de esta comisión, espero que el grupo de diálogo, el grupo nacional, cuando vea el documento pueda tomar una decisión y ver si responde o no, si tiene que volver a la comisión con las observaciones correspondientes, otra posibilidad es también un informe alternativo”, remarcó.

Dijo que si no hay una explicación de los sucesos, se quedarán intactas las dos versiones y cada una de las partes presentará siempre ante el país su versión en torno a la muerte de policías y nativos.

Y este es un hecho que no debe quedar sin claridad meridiana. Hasta el momento hay sectores que siguen pensando que en Bagua existió un genocidio, cuando técnicamente este no es el término para lo que ocurrió. Queda también por esclarecer la muerte de un policía y si es que realmente hubieron más muertes de nativos. Pero para que la comisión tenga credibilidad, debe tener como centro los hechos que siguen siendo materia de controversias para muchos.

Jorge Bruce consiguió acceso a un borrador de informe de los sucesos de Bagua. Aquí, lo adelantado en su columna de ayer domingo:

De la lectura del mismo no se desprenden conclusiones  acerca de los graves hechos ocurridos. En cambio, hay una gran cantidad de afirmaciones nebulosas acerca de la “realidad” de los pueblos indígenas, que los occidentales no comprendemos. Si fuera un ensayo de uno de mis alumnos en la universidad, el comentario sería: tienes que trabajarlo mucho y ser más específico, menos tendencioso y generalizador.

Un botón de muestra: “Pizango no representaba a toda la Amazonía. Fueron los antropólogos, los asesores, las ONG, los periodistas, el Estado y el Congreso quienes dieron autoridad a Pizango, pues necesitaban de un interlocutor cercano para relacionarse con él y solucionar los problemas de la selva. Pero no era así, pues el sistema indígena es horizontal y no vertical. No obstante lo hicieron funcionar aunque ficticiamente. El mismo Pizango en varias oportunidades dijo que él no podía solucionar el problema, sino las bases. Pero Pizango no era conocido ni nunca visitó la selva como jefe absoluto. Si hubiera sido realmente jefe hubiera permanecido en Perú hasta la cárcel y la muerte, pero huyó a la embajada de Nicaragua. Con esto revelaba dos cosas: Que no era líder absoluto ni dominaba el movimiento. Se hizo manifiesto que ha tenido asesores externos que no eran buenos asesores.”

¿De dónde sale la conclusión que “Si fuera realmente jefe hubiera permanecido en el Perú hasta la cárcel y la muerte”? Parece extraída de una pésima novela o película sobre el comportamiento de los “indios”. El borrador, en muchos pasajes como éste, confirma lo que pretende denunciar: una ideología impregnada de visiones estereotipadas sobre una cultura que se desconoce y que se presta, admirablemente, para construcciones fantasmáticas como la citada.

En muchos sentidos, recuerda al informe de Uchuraccay y, en los mismos, se aleja del de la CVR. En el primero, un grupo con excelentes intenciones pero entrampado en una mirada colonial, cayó en el fantasma de la “nación cercada” (Juan Carlos Ubilluz). Ya la CVR había criticado esa visión restrictiva del Otro, que no es  tan otro como parece. Lo propio sucede aquí. Al dar una visión “antropológica” apresurada, se eluden las causas inmediatas de la matanza.

Con ello, se dejan de lado las respuestas a las preguntas sobre cómo se desencadenó la muerte de los policías y como se produjeron las muertes de los nativos. También se deja de lado el desdén del Estado en la modificación de los controvertidos decretos y de la falta de un mecanismo de consulta congruente con normas internacionales. No niego que Pizango tiene un nivel de responsabilidad en los hechos, pero seguir hablando a estas alturas de manipulación de los pueblos amazónicos es, curiosamente, otra forma de manipulación.

¿Son iguales los familiares de los policías y de los nativos fallecidos, que reclaman desde hace meses esclarecer como fueron victimados, al broadcaster corrupto indultado y que quiere hacer telenovelas en Argentina segun su abogado? En el Perú de Alan García, todo indica que no.

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