Archivo de 22 Marzo 2009

Cartel Lanssiers - Gabriel Rodriguez

Se que buena parte de los lectores - y amigos - de este blogger escucha la palabra “sacerdote” y opta por dos cosas: 1. cambiar de canal (o de blog, en este caso) o 2. remarcar el estereotipo que muchos tuvieron en el colegio: cura conservador, sobre todo en el tema sexualidad, encerrado en la oración y poco cercano a las necesidades cotidianas de la gente.

Y la verdad es que, viendo hacia atrás, debo decir que tuve algo de suerte. Estuve en un colegio religioso donde la religión se vivía en la práctica y no solo en la oración, en donde no nos obligaban a ir a misa y donde entendíamos, al culminar nuestra estancia en las aulas, que tener una creencia es un tema de libertad y de no de imposición y que esa fe no podía quedarse encerrada en un templo.

Entre las personas que me ayudaron en ese aprendizaje vital estuvo un sacerdote belga que no era precisamente el estereotipo de un sacerdote tal como lo vemos: hacia misa pero no buscaba hacer un tratado de teología a la hora de la prédica, se iba como capellán a las cárceles pero hablaba menos de Dios y escuchaba más a las personas que se encontraban allí, hablaba sobre los derechos humanos de todos y no dudaba en acercarse tanto a un niño de 6 años que veía con curiosidad el jardín japonés que instaló en el colegio como a un sentenciado a cadena perpetua por terrorismo y hablarles a ambos con la misma naturalidad. No dudaba en mandarte un carajo bien dado cuando te lo merecías y, a las dos horas, estabas en su oficina, siempre oliendo a sus eternos cigarros Inca, conversando de las posibilidades que tenía este país de ser otro, o, simplemente de literatura, cine o filosofía.

Por ello, cuando alguna vez le preguntaron que esperaba de sus alumnos de La Recoleta - que, como dice un sacerdote amigo, es Recoleta y no Recolecta - Hubert se mandó con estas palabras:

La Recoleta nunca tuvo como meta primordial el fabricar minicerebros lo bastante chatos como para poder deslizarse cómodamente por la grita de las respuestas “correctas” que dan acceso a las universidades amputadas de lo “universal”; mentes de opción única, homúnculos anémicos, víctimas de un sistema que termina por convertir al joven, no en hombre (o mujer), sino en cosa, en artefacto eficiente henchido de conocimientos de los cuales el factor humano ha sido eliminado.

Esta mañana celebramos su encuentro con el Papá Grande. Y quizás el sintomático hecho de que allí se encontraran el actual Presidente del Consejo de Ministros como algunos de los críticos de este gobierno daba una idea de que la huella que nos dejó una persona como Lanssiers fue bastante fuerte. Y como le recordó el sacerdote celebrante esta mañana a Yehude Simon: “déjalo todo y sígueme” es una frase que debería estar presente en el Congreso y en Palacio de Gobierno. Tal vez, y digo, solo tal vez, se cometerían menos barbaridades en nombre del Estado Peruano si es que realmente lo aplican. Probablemente, Hubert no hubiera dudado en decirlo tampoco.

No es fácil terminar un post como éste, sobre todo, cuando se recuerda a alguien que dejó una huella tan fuerte. Tal vez sea mejor dejar lugar a una canción que le gustaba cantar, sobre todo, con las chicas de Santa Mónica:

El Colegio tendría que ser este espacio donde sopla el espíritu. Actualmente un alumno de primer año de ingeniería sabe más de física que Leonardo Da Vinci o Pascal, pero… ¿Sabrá pensar como ellos?

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