Archivo de 10 Marzo 2009

Señor Cardenal (no me gustan esas huachafadas de Su Eminencia y demás):

Veo que las coincidencias con los dos señores que lo condecoraron a inicios de este año son cada vez mayores. Si, con el Presidente y el Canciller, con quienes no solo comparte una visión (conservadora) de la fe, sino también el rechazo al Museo de la Memoria.

Y en realidad, eso no sorprende, no en vano usted siempre estuvo en contra de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, sobre todo, cuando recordó algunas cosas como las que vienen a continuación:

- En la puerta del arzobispado de Ayacucho existía una pizarra que decía “No se aceptan reclamos sobre derechos humanos”. Tampoco protestó contra las masacres que hacía Sendero Luminoso ni acudió en auxilio de las víctimas.

- Cipriani participó en el Consejo de Coordinación para el desarrollo de Ayacucho, liderado por el jefe del Comando Político Militar, entidad que tenía mucho peso para el nombramiento de personas.

- En 1990 boicoteó el trabajo de la Oficina Arquidiocesana de Acción Social de Ayacucho (OOASA). Esta oficina realizaba labores de asistencia humanitaria y a las víctimas de la violencia y sus familiares. Cipriani quería una Iglesia centrada en el culto y la oración, en desmedro de la promoción social. Cabe mencionar que, luego de su cierre, los archivos de OOASA fueron quemados.

- Marzo de 1991: “Mientras no afirmemos con claridad que los derechos humanos no son unos valores absolutos intocables, sino que están permanentemente sometidos a los límites que les señalen unos deberes humanos, es imposible afrontar con eficiencia los males que padecemos, especialmente la inmoralidad en las funciones públicas y el terrorismo. Digámoslo de forma sintética: la mayoría de instituciones llamadas de “defensa de los derechos humanos” son tapaderas de rabo de movimientos políticos, casi siempre de tipo marxista y maoísta”.

- Agosto de 1991: “La Iglesia hace menos, y no más, por la paz, si abandona su propia esfera de fe, educación, consejo, oración y amor y se transforma en una organización política”.

- Mayo de 1992, a propósito de la venida de la misión de la OEA, a raíz del golpe de estado del 5 de abril: “aprecio y respeto la misión de la OEA en nuestro país. Sin embargo, debo afirmar que los problemas políticos del Perú los resuelven los peruanos”.

- Octubre de 1992, durante la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Santo Domingo, Cipriani se manifestó a favor de aplicar la pena de muerte a Abimael Guzmán. La Conferencia Episcopal Peruana, en marzo de 1993, respondió a estas declaraciones con el mensaje “Por una sociedad más justa y solidaria”, donde señala que toda violación a los Derechos Humanos contradice el Plan de Dios y es pecado y que, al proclamar el evangelio, se invoca la raíz profunda de los derechos humanos. Se insiste, además, en el tema de la defensa de la vida.

- 27 de julio de 1993: Cipriani señaló, sobre la inclusión de la pena de muerte en la Constitución de 1993: “No podemos permitir que por el miedo, temor y cobardía de unos cuantos el país no apruebe la pena de muerte. No podemos temblar de miedo. El mundo cambia día a día y no a favor de los cobardes”. El Cardenal Juan Landázuri respondió: “El señor dice: yo no quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva”.

- 10 de diciembre de 1993 – paradójicamente, Día Internacional de los Derechos Humanos -, sobre el caso La Cantuta: “El caso La Cantuta está siendo utilizado políticamente y bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos se está dando el último intento de atropellar la libertad del pueblo peruano”.

- 14 de abril de 1994. Entrevista en Caretas. Consignamos sus declaraciones: “En un contexto violento como el de Ayacucho, las muertes, desapariciones y abusos son parte de la guerra. Los defensores de los Derechos Humanos le llamarán guerra sucia. Yo creo que las Fuerzas Armadas tuvieron que utilizar estos mecanismos para conocer cómo y donde ocurrían estos asuntos. Y cuando se utilizaron estos medios, naturalmente hubo muertos de un lado y otro” “He salido al frente de los pobres y de los que han masacrado esta ciudad. Y durante ese trajín no he visto a los de la Coordinadora de Derechos Humanos, esa cojudez

- 18 de junio de 1995: Cipriani respaldó la ley de amnistía como una decisión política apropiada para lograr la paz interna “porque es necesario perdonar para alcanzar la reconciliación”.

- 11 de noviembre de 1997: Criticó a Mario Vargas Llosa por señalar que en el Perú se vivía una dictadura solapada, lo que daba una imagen “profundamente negativa” en el exterior.

Lo curioso es que todo el odio que usted, durante 5 años y medio, ha tenido hacia quienes trabajaron o apoyan a la CVR, es poco cristiano. Tan poco cristiano como lo fue su comportamiento en Ayacucho durante los años de la violencia, como lo acabo de reseñar, o como el hecho de utilizar un programa radial supuestamente de “religión” para convertirlo en su púlpito político.

Sabe, soy católico, a pesar de algunas discrepancias que tengo con la Iglesia. Mi fe se fundamenta en lo básico: Jesús fue hijo de Dios, murió y resucitó. Y tuvo una vida acorde con lo que predicó. Por ello, no tengo reparo alguno en suscribir lo dicho por un agnóstico:

Es hora de decirle a Cipriani cuán inaceptable resulta como personaje espiritual. Es hora de recordarle que si la Iglesia Católica sufre de anemia sacerdotal y crisis de feligresía es por gente como él. Es hora de decirle, en suma, que la maldición de los hipócritas es que no pueden ocultar su hipocresía.

Que Dios se apiade de su alma, señor Cardenal.

PS: Para quienes quieran seguir con el tema de la memoria, rescaté un viejo paper llamado Reconciliación como olvido, reconciliación como perdón: Reflexiones sobre algunos dilemas de la Justicia Transicional. Espero que sea un aporte al debate que Carlos Melendez, Jorge Valdez, Daniel Salas y Héctor Huerto han puesto sobre la mesa en estos dias.

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