Alan García: Termina un semestre complicado y le espera un mes de movilizaciones sociales. Ha acentuado sus rasgos intolerantes frente a cualquier tipo de crítica, lo que evita que los mecanismos de diálogo y concertación tengan algún tipo de éxito. No tener oposición consistente le permite gobernar sin mas contratiempos que las críticas de la prensa. El paquete de normas emitido esta semana termina siendo su reforma más importante de los dos años, pero sin consolidación institucional que exhibir, podría terminar en lo mismo que los noventa, claro, sin autoritarismo, pero con debilidad estatal.
Luis Gonzales Posada: Una de las Presidencias más grises que recuerde el Congreso en su historia. La demora en el caso Tula Benites y el papelón de la reforma constitucional frustrada han marcado a un Congreso sin agenda clara y que delegó en el Poder Ejecutivo las normas más importantes. A pesar de ello, gracias a la debilidad opositora, Javier Velásquez Quesquén tiene aun grandes opciones de ser Presidente del Congreso.
Ollanta Humala: Viene procurando conseguir la formación de un frente de izquierda que consolide su candidatura al 2011 y marcando un perfil opositor en el plano económico. El problema es que no aparece encabezando las movilizaciones sociales y, en provincias, las bases del PNP piensan más en las elecciones regionales. Por default, sigue ocupando el lugar de “cuco” de la derecha.
Lourdes Flores: Intenta volver a la escena pública con un discurso más social y menos de derecha que García. Sin embargo, su ausencia y el matrimonio tirante con Solidaridad Nacional, además de las disputas internas en el PPC, han impedido que sea este discurso el que se consolide. Mayor presencia pública en el segundo semestre podrían hacerla encabezar la oposición, pero la táctica que viene privilegiando UN es un corset demasiado grande para ello.
Luis Castañeda Lossio: Las encuestas lo siguen favoreciendo, pero viene quedando más en claro que su gestión tiene severos límites, reflejados ya no solo en una clamorosa ausencia de visión de ciudad, sino en las limitaciones de sus obras, que todos los limeños padecemos. Al igual que Alan, no se aprovecha más sus errores para capitalizar un movimiento ciudadano que procure una mejor administración municipal.
Alejandro Toledo: Entre viajes de ida y venida, no ha perdido presencia política. Busca ser el representante del sector de centro, por lo que sus críticas a AGP se han acentuado en los últimos meses. La carencia de un partido sólido sigue siendo su principal lastre.
Alberto Fujimori: Con menos margen de maniobra que hace meses. Si bien sus partidarios políticos y mediáticos lucen envalentonados y siguen blandiendo encuestas, lo cierto es que su futuro se juega en un tribunal y no en las calles o en una confrontación con el gobierno, del que se vienen desmarcando. La intención de la amnistía revela cierta resignación ante lo que puede ser un fallo judicial adverso.
El peligro: Que Alan se crea cosas como esta (ver a partir del minuto 0:40):
Y no, no es un chiste que le quita seriedad a este análisis. Todo lo contrario, refleja algo bastante peligroso para un país como este: un presidente que se crea monarca sin controles.
Por ello, la conclusión seria: necesitamos una oposición de verdad, urgente.
No se que pasa en la redacción de Correo. Si el escándalo del plagio a Henry Spencer ha causado indignación, pues conocer que las prácticas de este tipo vienen de antes en EPENSA les va a resultar aún peor.
Alberto de Belaúnde es el administrador del blog Real Politik, una bitácora que ha comentado temas vinculados a la política nacional, medio ambiente y derecho y, más recientemente, sobre política internacional.
Hace un par de años, con motivo del pase de Carlos Tapia a las filas del Humalismo, Alberto escribió un post recordando las frases del veterano hombre de izquierda sobre el Capitán Carlos y su familia. Eso fue el 22 de abril de 2006.
Pero el diario de los Agois - ya dirigido por Aldo Mariátegui en ese entonces - hizo, el 1 de junio de 2006, tres días antes de la segunda vuelta, un artículo en que copió 5 de las 9 frases recopiladas por De Belaúnde en su celebrado post, sin, por supuesto, citar a quien se dio el trabajito de buscar los greatest hits del vocero de Ollanta Humala.
Hoy Alberto ha denunciado el hecho y no puedo hacer más que solidarizarme con él. Y recordarle a los amigos de Correo que el plagio es un delito y que cualquier persona que se sienta afectada por el mismo puede hacer la denuncia correspondiente. Y claro, siempre queda el camino del Consejo de la Prensa Peruana para la interposición de la queja de rigor.
Este tipo de conductas dicen mucho de los redactores de un medio de comunicación. Parece que en algunos medios están acostumbrados a sacar las noticias de internet, sin citar la fuente, y no reconocen el crédito de las personas que se mataron elaborando la información para compartirla con el público. Esta suerte de “flojera de redacción” es inaceptable para un medio que pretende tener credibilidad como Correo, o al menos, es lo que su director y sus periodistas nos pretenden hacer creer.
Un comentario final. Hoy Correo comete otro error más que involucra a los de Belaúnde. El papá de Alberto, el reconocido abogado Javier de Belaúnde, dio ayer una entrevista a La República sobre la polémica norma del tercio superior para la contratación de maestros. Y hoy el director de Correo saca una de sus frases fuera de contexto para sustentar la posición contraria a la expuesta por el constitucionalista.
Amigos de las facultades de Comunicaciones. Se requiere dictado del curso de Deontología Profesional en la redacción de Correo. Voluntarios, acudir a Jorge Salazar Araoz 171, Santa Catalina. Supongo que los Agois pagarán. Por algo piden que dejen su currículo en su página web.
Ollanta Humala parece haber sumado otra disyuntiva a las que ya tiene en términos políticos – y que Mirko Lauer ha resumido en outsider, desaparecido o demócrata converso –: su situación judicial. Una acusación fiscal por los sucesos de Andahuaylas, en los que participó directamente su hermano Antauro, le abre otro flanco a uno de los personajes más controvertidos de la política peruana.
¿Por qué se abre una nueva disyuntiva?
Para comenzar, por que si hay signos evidentes de su, por lo menos, complacencia con una rebelión contra un gobierno cuyas credenciales democráticas – a pesar de sus errores – fueron impecables, como el de Alejandro Toledo. Declaraciones dadas a RPP el primer día del 2005 fueron más que claras, aunque luego haya querido desdecirse de las mismas. Antauro Humala amenaza con documentos incriminatorios y el delirante abogado Edmundo Inga Garay – involucrado en la cortina de humo de la presunta violación de Alejandro Toledo – señala que el líder nacionalista no debe temerle a la cárcel. Caín y Abel van a parecer niños de 5 años jugando en un nido frente a lo que va a ser un careo judicial bastante caldeado.
Un segundo tema para Humala es contemplar con qué actitud toma el proceso judicial. Por lo pronto, utiliza el viejo truco que le ha servido en su aún corta carrera política: la víctimización y echar la culpa a los demás de las acusaciones en su contra. Con el caso Madre Mía le sirvió, a pesar de las evidencias. Hoy, que ya no está en campaña y su perfil de opositor radical parece morigerarse, el cuento de la persecución política – ya desgastado hasta la saciedad por el fujimorismo – parece ser más difícil de sostener en el tiempo, pues comienza a sonar a no me quiero presentar en el juicio. A su favor juega el hecho de que, junto a la pena de 15 años por rebelión, se pida la expatriación del ex candidato presidencial, sanción que ya no es permitida por nuestra actual Constitución.
Y una tercera cuestión tiene que ver con sus relaciones internacionales. El fin de semana lo volvieron a defender desde Caracas, lo que ha desagradado a la clase política peruana, incluyendo hasta a parlamentarios del PN. La búsqueda de un perfil propio para Humala, sin el padrinazgo chavista, se complejiza, dado que: 1. Chávez quiere meter sus narices en un país que le es hostil a su proyecto y/o 2. Humala no quiere o no puede salir de dicha relación de compadrazgo bolivariano. No me defiendas compadre parece ser una frase que no saldrá de la boca de Ollanta.
Lo que si tiene que tener en cuenta Humala es que lo que tiene por delante es un proceso judicial, no una persecusión. Pero también tiene la oportunidad de zanjar con un pasado poco compatible con la democracia y, en buena parte, allí se juega su verdadero futuro político y un perfil propio que, hasta el momento, parece bastante difuso.
MAS SOBRE EL TEMA: Hugo Guerra: Memoria y no alharaca Juan Paredes Castro: Las tres pinzas que Humala debe separar muy bien Daniel Abugattas: Testimonio de Antauro contra Ollanta no sirve
Una de las especulaciones más comunes que se hace desde el análisis político es la posibilidad de tener un outsider (radical) ganador de las elecciones de 2011. De hecho, - con la excepción de 1995 - desde 1990, cada elección presidencial nos ha deparado un candidato que corre por fuera del sistema relativamente establecido y lo sacude. Fue el caso de Fujimori en 1990, Toledo en 2000, Alan García en 2001 y Ollanta Humala en 2006.
¿Quién es el próximo outsider? Pues parece que varios se la siguen jugando por Antauro Humala, la misma persona a la cual le acaban de ampliar el plazo de detención a 36 meses más por la asonada de Andahuaylas y a quien dos parlamentarios pretenden amnistiar, cuando lo que cometió no fue un delito político, sino un delito común.
¿Qué elementos pueden existir a favor de la hipótesis?
En primer lugar, un nacionalismo que muchos sectores pretenden exacerbar. Algo de ello hay en la inmunda campaña contra Allan Wagner que Mirko Lauer reseñó ayer. El odio a Chile que proclaman medios como La Razón no es más que la expresión caricaturesca de una desconfianza que se ha plasmado hasta en asuntos menores como la compra de Wong por un consorcio chileno. Los Humala - ambos - pusieron el nacionalismo como una de sus principales banderas y les resultó en la elección anterior. Y es que culpar al otro de los males ajenos es uno de los más efectivos recursos de la política desde que el mundo es mundo.
Claro, ello olvida que ideas como las antes mencionadas agravan los conflictos sociales latentes en nuestra sociedad. al procurar la construcción de la sociedad sobre la base de la discriminación y al señalar que todo lo foráneo es malo y que lo “nacional” (¿alguien me puede decir como se define en abstracto un elemento que está en constante redefinición en todos los países?) es lo único bueno.
En segundo lugar, el caldo de cultivo que generó a Ollanta Humala está vivito y coleando.
Una de las interpretaciones más novedosas que he leido recientemente es la de Alberto Vergara en su libro Ni Amnésicos, ni Irracionales. Más que hablar de tradiciones autoritarias o democráticas, Vergara insiste en tres ideas básicas: a) La convivencia en el país de distintos tiempos en el avance ciudadano: desde personas a las que no se reconoce siquiera - en la práctica - los derechos que los liberales propugnaron en el siglo XVIII, hasta quienes están plenamente integrados al país y que miran con interés el paradigma globalizador; b) Esta convivencia configura las relaciones políticas del país y, si no se operan cambios, la distancia entre ambos Perús - o los múltiples Perús - será más amplia; c) Es necesario ahondar en una democracia el bienestar de los ciudadanos, lo que implica hacer políticas sostenidas para mejorar los problemas básicos de la población.
Y, como sabemos, de manera infortunada, este gobierno viene haciendo todo lo posible por hacer poco caso a este diagnóstico.
Sin embargo, a pesar que estos dos elementos podrían configurar, en principio, una alternativa radical con posibilidades de ganar, no creo que la misma esté encabezada por Antauro Humala y mucho menos por Ollanta Humala.
En el caso del primero, como sabemos, pesa la acusación por sedición y la muerte de 4 policías, que le puede acarrear, por lo menos, 20 años de prisión. Siendo estos delitos comunes y que, en el caso del asesinato de los policías, son violaciones de los derechos humanos, la incompatibilidad de una ley de amnistía con el derecho internacional es clamorosa, así como políticamente inviable.
En el caso del segundo, como lo mencionamos hace algunos meses, Humala sigue sin ser un creyente en la democracia, pero su bancada no ha protagonizado incidentes mayores, y él mismo no se ha insubordinado a las reglas constitucionales, aunque sigue haciendo bravatas de vez en cuando. Parece integrado al sistema, aunque con los dilemas de la izquierda radical de los 80: participan en el sistema, pero quisieran patear el tablero.
Ello no implica, sin embargo, que la posibilidad de un radical disputando entrar a Palacio no esté subyacente. De hecho, los elementos antes indicados vienen configurando un escenario que va hacia ese sentido. Sin embargo, aun se está a tiempo de no llegar a esa posibilidad. En la cancha de los políticos está hacer algo por modificar las condiciones que generan este tipo de posibilidades. En la de los ciudadanos está no dejarnos sorprender por opciones que nos prometen un cambio radical y, al final, terminemos peor de lo que estábamos.
De todos depende que, como dijo Basadre hace muchos años, el Perú no se pierda por la obra o la inanición de los peruanos.
MAS SOBRE EL TEMA: Augusto Alvarez Rodrich: 36 meses Menoscanas: ¿Se sienten pasos?
Hace casi 20 años falleció Ramiro Prialé, considerado como uno de los líderes máximos del APRA. Prialé, en vida, fue el encargado de hacer los más extraños acomodos del partido de Haya de la Torre, tanto con Manuel Prado como con Manuel Odría, acomodos que hasta ahora los apristas no pueden explicar salvo con un argumento: sobrevivencia política.
¿Y para qué se han reunido? Pues no han querido soltar prenda. Y en el propio toledismo el espíritu de contradicción sigue viviendo. Mientras David Waismann repetía la máxima de Prialé, Juan Sheput se mandaba con lo siguiente en su blog:
¿A qué le tiene miedo el Premier? Pareciera que no quisiera que se conforme un bloque opositor, que fiscalice y haga una crítica de lo que marcha mal y brinde alternativas.
Tener un bloque opositor no es mala idea, por el contrario, es necesario en un país poco institucionalizado. Y al margen de si esa es la mira real, termino coincidiendo en algo con Alvarez Rodrich cuando señala que:
Un síntoma saludable de toda democracia es que sus actores principales tengan contactos en los que puedan exponer, en privado, sin los condicionamientos que imponen los actos públicos, sus puntos de vista e, incluso, airear sus diferencias.
La pregunta que gira es en torno a la consistencia de un posible entendimiento.
Por un lado, Toledo tiene una estrategia clara hacia el 2011. Mirko Lauer ya ha señalado que el ex presidente quiere aparecer como la “alternativa de centro” frente a un chavismo reloaded y a una derecha conservadora. Claro, con las limitaciones que supone vivir fuera y, además, con un montón de gente que no guarda un buen recuerdo de su gobierno.
En cuanto a Humala, su estrategia es indefinida. Aunque no cree del todo en la democracia y sigue muy cercano a Chávez, su chúcara bancada no ha llamado a la rebelión, no se ha insubordinado a las reglas constitucionales, aunque sigue haciendo bravatas de vez en cuando. En suma, una incógnita no despejada y que bien puede suscitar la pregunta: ¿qué hacemos con los grupos no democráticos: los sacamos del sistema o los incorporamos? La idea es que se cumpla la segunda alternativa, pero lo difícil sigue siendo el como, más aún cuando el discurso humalista me recuerda a la izquierda radical de los 80: participan en el sistema, pero quisieran patear el tablero.
Lo que si parece lamentable es la reacción del gobierno. Achacar esta reunión a un afan desestabilizador es too much. Las censuras e interpelaciones a los ministros son ejercicios normales de una democracia - de hecho, como lo recuerda Perú.21, fue uno de los ejercicios favoritos del APRA durante los gobiernos pasados - y olvidar sus conversaciones y entendimientos con el fujimorismo - que podrían ser tranquilamente equivalentes a sus tratativas entre Toledo y Humala - es de un cinismo realmente grande.
En este blog y en el de Marco Sifuentes, se ha desatado un debate acerca de las detenciones de los dirigentes del SUTEP y del ex parlamentario Javier Diez Canseco. El debate no solo ha comprendido el hecho de las detenciones en sí - a esta hora, varios de los ayer retenidos, incluyendo a Diez Canseco, han recuperado su libertad - sino también sobre las protestas sociales, las posiciones de izquierda y derecha, Ollanta Humala y las posiciones frente al gobierno de Alan García.
Por ello, creo que es necesario aclarar algunos puntos sobre mi posición personal sobre todos estos temas.
Sobre el tema coyuntural que motivó el comentario de ayer, luego de ver las imágenes en los dos programas de las 11 de la noche, debo señalar algunas cosas.
Por un lado, la marcha de ayer no era autorizada y, por tanto, se tenía el perfecto derecho de impedir el desorden del tránsito en la ciudad. Ello no implica que apruebe los golpes y patadas que miembros de la Policía dieron a los dirigentes del SUTEP. El respeto a la ley y a los derechos de los demás, que las fuerzas del orden deben garantizar, no implica que la autoridad tenga carta blanca para abusar de su poder.
Por otro lado, en el caso de Javier Diez Canseco, no se ha podido ver una agresión de su parte, pero si un forcejeo en que teníamos a 10 policías rodeándolo. Ratifico mi opinión de ayer, en que creo que su detención fue arbitraria.
Creo en el legítimo derecho que tiene la gente a protestar por aquello que le parece injusto. Pero ese derecho, como todos, tiene un límite claro: los derechos de los demás. Los bloqueos de carreteras son una modalidad penalizada por la ley y, por tanto, aquellos que los practiquen o los azuzen como medio de protesta deben ser sancionados. Es un mínimo de orden que un país civilizado, como el que pretendemos construir, debe mantener para canalizar lo que, en muchos casos, son demandas plenamente justificadas.
En el caso particular de la huelga magisterial, hay que separar dos cosas. Por un lado, una Ley de Carrera Pública Magisterial que, luego de revisarla exhaustivamente, resulta ser adecuada para dos objetivos claros: mejorar la calidad de vida de los profesores - quienes se encuentran mal pagados y con condiciones de trabajo que francamente son inaceptables - y tener reglas claras en el ingreso y salida de los profesores, estableciendo criterios claros de evaluación. Quizás hay aspectos de la Ley que puedan mejorarse, pero la norma, en términos generales resulta siendo adecuada.
Por otro lado, el gobierno erró tremendamente al vender una norma solo como una ley de despidos, haciendo eco de lo que los aúlicos de una derecha cavernaria quieren conseguir: que cualquier resquicio de izquierda o afectación de lo que consideran sus intereses particulares desaparezca. Basta leer los editoriales de Expreso o las columnas de Aldo Mariátegui para notar el odio que destilan frente a todo aquel que piensa distinto a ellos.
Lamentablemente, eso también pasa en el lado zurdo más radical y varios de los comentarios a los blogs antes mencionados van en esa línea. Como se mencionó como réplica a estos comentarios, ocurre la siguiente ecuación: Zurdos: JDC = bueno todo lo que él critica = malo Derecha extremis: JDC = malo arrestarlo = bueno Opositores a Alan: el gobierno = malo todo lo que se oponga a él = bueno Esto, en todas partes del mundo, se llama maniqueismo y, como análisis político resulta siendo realmente pobre, pues no permite ver que los procesos políticos, sociales y económicos, como todo en la vida, son mucho más complejos de lo que el simple blanco - negro nos hace aparecer.
Con respecto a la izquierda, recuerdo un post que hice en plena campaña electoral llamado Esquizofrenia Zurda. En él analizaba como los tres grupos políticos que se presentaban con banderas de izquierda tenían diferentes banderas y signos. Los radicales que seguían teniendo un programa al estilo Oxigeno (es decir, full década de los 80’s), los democráticos y modernos que habían comprendido las bondades de la democracia y el mercado pero que seguían aspirando al cambio social y a la consolidación de los derechos humanos (lo que yo llamo, más bien, liberales de izquierda) y aquellos, como Javier Diez Canseco, que eran los que padecían realmente de esquizofrenia, pues no sabían si seguir cantando “Hasta Siempre Comandante”, aplaudir a Chavez y auparse a Humala, o si ir por el camino que la izquierda chilena - incluso la más radical - u otros países en la región han seguido.
Lo que critico en personas como Diez Canseco no es su trayectoria moral, tanto en lo público como en lo privado, sino que terminen aplaudiendo a dictadores como Fidel Castro, Hugo Chávez o a aprendices de tiranos como Ollanta Humala. Y es que, como lo conversaba con varias personas en estas horas, esta parte de la izquierda peruana construyó una utopía sobre la transformación social que era muy valiosa en muchos casos, dada la pobreza y la marginalidad subsistentes en nuestro país, pero que olvidaba que sin democracia y sin legalidad cualquier cambio es efímero, pues dura lo que el voluntarismo del gobierno de turno propone y puede terminarse vulnerando las libertades en nombre de una supuesta utopía igualitaria.
Y sobre Humala, me remito a un comentario previo a la segunda vuelta electoral:
Como toda persona que desconoce que la separación de poderes y funciones es consustancial a la democracia y a cualquier Estado que pretenda funcionar de manera adecuada, Humala nos vende la idea de que él y sólo él podrá encabezar una “gran transformación”, que con su mera voluntad se bajarán los combustibles al 30%, que por su mera imposición cambiará las reglas de juego, tanto las de la Constitución como los de los contratos de concesión, que por ser él quien lo decrete “nacionalizará” actividades económicas, sin precisarnos aún que es lo que ese vocablo, que tanto nos evoca a Juan Velasco Alvarado, significa.
Su impronta militar y su formación familiar hacen que Ollanta sea poco proclive a consensos y entendimientos, lo que es pernicioso para cualquier sistema democrático, en la que la voz de las minorías debe respetarse y en la que los acuerdos políticos – ojo, no las componendas – deben primar en los temas importantes.
No puedo votar por Humala, en suma, porque veo en él, nuevamente, la perversión de la política y la economía, aplicando una receta económica ya fracasada y con una vocación por la impunidad.
Ciertamente, el gobierno de Alan García ha cometido serios errores, sobre todo, en lo que respecta al campo de la institucionalidad, los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la impunidad. Y ha sido incapaz de generar consensos e improductivo para atender a los sectores que no votaron por él, aunque debe reconocerse que ha sabido mantener la estabilidad económica y tener algunas medidas puntuales que considero acertadas. La encuesta nacional de la PUCP, realizada a un año de mandato, confirma un bajón significativo en la popularidad del mandatario, que ya había sido registrado por la Universidad de Lima.
Pero a pesar de los errores, groserías, exhuabruptos y tensiones con el Presidente y las abiertas discrepancias que este espacio mantiene con su persona, no estamos a favor de cualquier interrupción del mandato constitucional o de intentos claros de sacarlo del poder. Eso sí, este blog seguirá estando alerta sobre aquellos actos que merezcan nuestra atención sobre la conducta del Gobierno en general, lo que no quiere decir que la oposición no deba ser criticada, tan o más que quien está en Palacio de Gobierno.
Hoy, el diario La Primera ha sufrido otro de los varios cambios que ha tenido durante su corta existencia.
UN DIARIO DE AZAROSA EXISTENCIA
Como recuerdan, el diario comenzó siendo dirigido por Juan Carlos Tafur, quien se llevó a buena parte de los columnistas que lo acompañaron durante su estancia en Correo, desde Rosa María Palacios hasta Javier Diez Canseco. El diario también dio cabida a personajes como Luis Giampietri y Lourdes Alcorta y mostraba, digamos, pluralidad en sus columnistas.
Luego de la campaña electoral, el diario, que pertenecía al empresario chakano José Lolas Miani, pasó a ser propiedad del pirotécnico Ricardo Wong, ex candidato presidencial y luego amigo del Presidente García. En ese tránsito, ingresó César Hildebrandt a tener una columna diaria y salió Tafur del diario, siendo el nuevo director el periodista Carlos Quiroga, bastante cercano a las filas apristas.
Como sabrán, luego vino el affaireFederico Dantón, revelado por Hildebrandt en su columna y los despidos del columnista y de Quiroga. Entró luego Juan de la Puente, que se retiró por motivos de trabajo y, posteriormente, Enrique Sánchez Hernani. Y, en nuevo desbarajuste con Wong, en enero de este año, Sánchez Hernani y 10 periodistas más renunciaron al medio. A los pocos días, Hildebrandt también se fue.
Ocupó la dirección el militar en retiro Juan Sebastían Verástegui Marchena, ex editor de Actualidad Militar, la revista oficial del Ejército Peruano. Resulta más curioso que Ricardo Wong haya contratado a alguien que ponía su Curriculum en Neurona.com antes de ser director de un medio. El medio se vino en picada, perdió credibilidad, contrató como columnistas a Javier Espinoza (¿se acuerdan?, el candidato de los guantes blancos), el general aprista Germán Parra Herrera y, glup, Luz Salgado Rubianes.
EL NUEVO RUMBO DEL DIARIO
Pues bien, hoy La Primera sale con nueva diagramación, director y línea editorial.
El nuevo director es el conocido periodista de izquierda César Lévano. En su primera columna al frente del medio, ya va señalando por donde van a ir los tiros:
No hay primera sin segunda. Este diario inicia hoy una nueva etapa. Lo hace en momentos en que los factores de crisis se acumulan en la amplia rosa de los vientos del país.
A los gobernantes se les dijo, se les advirtió, se les demostró con abundantísimas razones. No hicieron caso.
Contra la sordera social y la miopía política, contra la claudicación nacional del neopierolismo pro chileno, surge ahora la nueva versión de LA PRIMERA. Será, pues, un diario de oposición.
Dejamos a otros el triste privilegio de callar cuando la corrupción se reinstala en las alturas, y el abuso y la sobreexplotación –así como las sobreutilidades— se enseñorean.
Y en otro párrafo, para que no nos quede duda de la filiación del diario:
“Estos principios conducen a definir este diario como agrarista, regionalista y amazónico, vinculado a la defensa de los obreros, los campesinos y los empresarios nacionales y nacionalistas”
Otras novedades: Hildebrandt vuelve como columnista fijo del diario, el polémico periodista (tambien zurdo y radical) Raúl Wiener será el jefe de investigación. Como pueden notar, este medio se coloca claramente a la izquierda de La República. Un giro de 180 grados con lo que han representado sus anteriores lineas editoriales.
De acuerdo con Pepitaspuntocom, el nombre de Lévano fue sugerido por Hildebrandt, con quien tiene una amistad de vieja data. Pero también la presencia de Wiener se debería a H., dado que fue columnista de Liberación, cuando ese diario estaba bajo la dirección del conocido periodista.
LOS HOMBRES DETRAS DE LA PRIMERA
La Primera ha cambiado de manos. Se ha vendido el nombre - no así el logo - y se ha formado una nueva empresa editora. Se sabía que Martín Belaúnde, personaje vinculado a Ollanta Humala, estaba detrás del diario. Sin embargo, aunque no se ha podido confirmar que Belaúnde es el verdadero dueño, aparecen otras personas como accionistas de este medio.
Por ello, resulta interesante conocer quienes están detrás del nuevo diario. Primero, veamos la partida electrónica de Las Rosas Editorial SAC, la nueva empresa detrás de La Primera.
Los accionistas son Gastón Cajina Barrera (Presidente del Directorio), Jorge Chang Soto (Director y Gerente General) y Francisco García Lozada. Resulta bastante variopinta esta mezcla, dado que Cajina es Secretario Nacional de Organización del PPC (ello explique quizás porque la primera entrevistada sea Lourdes Flores) y regidor en la Municipalidad de La Molina, mientras que Chang Soto ha sido Personero Legal del Partido Nacionalista Peruano.
Es decir, un propietario pepecista y otro humalista, un director marxista clásico, un columnista central que podría llamársele de simpatías zurdas y un radical de izquierda de jefe de investigaciones. La pregunta es: ¿qué saldrá de todo esto?
Esperemos que sean los intereses periodísticos, más allá de las tendencias particulares de las personas que se han arrejuntado en este proyecto, los que primen en esta nueva etapa de La Primera. Es saludable ver nuevas alternativas en el mercado periodístico, pero habrá que ver si esta termina de cuajar.
Por un lado, Humala sigue empeñado en la cantaleta de que un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es perjudicial per se y quiere hacer todo para que no se firme. La oposición parte de dos premisas básicas: a) una supuesta defensa de intereses nacionales (es decir, dale compensaciones a todos, al igual que los gringos se las dan a su productores) y b) un complejo de inferioridad frente a los Estados Unidos, reflejado en el hecho de pensar que, de todas maneras, todos perderemos con el Tratado.
Por el otro, voces como las de Cecilia Valenzuela, que defienden ardorosamente la firma del TLC “sí o sí” (curioso, cuando Toledo lo decía, varios lo cuestionaban y ahora lo repiten), señalan que la iniciativa de Humala es totalmente antipatriótica y lesiva a los intereses nacionales.
Particularmente, creo que ambos puntos de vista están equivocados.
Comienzo por el último punto de vista. Creo que Humala y sus muchachos nacionalistas pueden expresar su punto de vista si así lo desean. No veo problema en ello. Y no lo percibo así porque considero que la discusión central - y así lo debe haber percibido García en su gira por Washington - no toma en cuenta los puntos de vista de los peruanos, sino que se convierte en un pleito gringo. Como lo señala Silvio Rendón, la presencia de los nacionalistas termine por causar el efecto contrario, es decir, gringos asustados por tener un país más sumado al grupo de Chávez y terminen firmando el TLC. Esas bravatas al estilo “no toquen esto que nos va a ser daño” son contraproducentes, tanto por antidemocráticas como por levantar la imagen de alguien que está dando tumbos en la política peruana.
Pero creo que Humala también está errado. Considero que no haría la misma bulla frente a este TLC si es que la contraparte fuera China, la Unión Europea u otro país (salvo Chile). Y creo que también exagera los efectos negativos del TLC - que existen, tampoco vendamos sebo de culebra a la gente - de la misma manera como desde la otra orilla exageran sus efectos positivos, como si el Tratado fuera el único instrumento de política económica que tenemos. Pienso, además, que el acuerdo comercial supone una gran oportunidad, no solo de aumentar nuestras exportaciones, sino también de elevar nuestra productividad y competitividad como nación.
Y es allí donde Humala debería enfocar sus baterías opositoras: ¿Qué hace el gobierno para reducir el impacto negativo de los sectores perdedores con el TLC? ¿Qué hace Hernando de Soto con el famoso “TLC hacia adentro” tan mentado? ¿Sacarán de la gaveta el Plan Nacional de Competitividad que nos permitirá aprovechar mejor las ventajas del libre comercio y no convertirnos en una economía de maquilas?
Soy de la opinión que el TLC es una importante herramienta para el desarrollo, pero también tiene varios problemas que afrontar. Que se termine de firmar dependerá de lo que pase en Washington las próximas semanas. Que lo aprovechemos dependerá de los peruanos y de las políticas que hagamos para ello. Desafortundamente, como en otras cosas, veo improvisación en Palacio de Gobierno sobre esta materia.
Uno a veces se pregunta si Alan García busca no tener oposición o se contenta con la que hay, por ser funcional a sus intereses personales.
Esa es la impresión que me dejó la reunión de ayer en Palacio sobre Reforma del Estado. Tal como lo preveía, más allá de la foto y el gesto político, poca sustancia, salvo la aprobación de la Ley del Poder Ejecutivo que puede ayudar a recomponer las cosas dentro del aparato estatal.
Para lo que ha servido esta reunión es para resucitar - es un decir - a Ollanta Humala como líder opositor.
El comandante ha estado durante los últimos seis meses más perdido que integrante de la Trinchera Norte en tribuna sur de Matute. Sus declaraciones, más allá de letánicas críticas al APRA por no aplicar el programa nacionalista, no han causado efecto y lo han desdibujado.
Peor aún, parece que sus alfiles Gonzalo García Nuñez y Carlos Tapia no logran controlarlo o lo han asesorado para que se radicalice. Y la jugada le viene rindiendo malos resultados.
Humala se ha empecinado en el tema de la vuelta a la Constitución de 1979 a través de una Asamblea Constituyente, que señala que es una bandera aprista. ¿Y que dice el Plan de Gobierno del APRA sobre la materia?:
“El Partido Aprista Peruano promoverá que se otorguen facultades constituyentes al nuevo Congreso para restituir la Constitución firmada por Víctor Raúl Haya de la Torre, actualizándola a las necesidades de un Estado promotor, regulador, descentralizado y democrático; que el pueblo peruano sienta que está a su servicio y participe en las decisiones y beneficios de sus políticas, programas y proyectos”.
Sin embargo, el APRA ha dejado esta bandera de campaña y creo que hace bien en dejarla.
Es cierto que la Constitución de 1979 tiene un valor simbólico mayor que la Constitución de 1993. La primera fue la resultante de una transición a la democracia y fue finalmente firmada por quien fue elegido como Presidente Constitucional en las elecciones de 1980. La segunda fue producto final de un golpe de Estado y de un régimen que no dudó en violarla cuando se le antojó.
Pero es también cierto que, autoritarismos y fraudes de origen al margen, bajo esta Constitución se logró vacar a Fujimori y permitir la formación del gobierno de transición encabezado por Valentín Paniagua. Y han pasado dos gobiernos democráticos en Palacio - incluyendo al actual - que han respetado esta norma con escrupulosidad. La práctica ha “legitimado” a la Constitución de 1993, pero ello no ha impedido que se hagan reformas parciales importantes, tales como: - La anulación de la reelección presidencial inmediata, el principal defecto de dicha Constitución. - La supresión de la firma de Fujimori, por su permanente incapacidad moral. - El cambio del capítulo sobre descentralización, que ha permitido el proceso que hoy, a trompicones, está en marcha. - El cierre del régimen de cédula viva para los pensionistas del Decreto Ley 20530. - La potestad tributaria de gobiernos regionales y locales. - El derecho a voto para militares y policías.
Asimismo, debe tenerse en cuenta el Proyecto de Constitución elaborado por la Comisión presidida por Henry Pease para este propósito. Este proyecto mantiene lo mejor de las Constituciones de 1979 y 1993 y hace la reforma con los mecanismos de esta última. Los trabajos de aprobación estaban bastante avanzados, como pueden verse aqui, e incluían un capítulo económico - el quid del asunto para Humala - elaborado bajo la supervisión de Jorge del Castillo y que es sustancialmente mejor que los de las cartas anteriores. Creo que es necesario culminar con este debate, explicando a la ciudadanía la conveniencia de hacer cambios parciales, fundamentalmente en 4 áreas centrales: - Administración de Justicia - Definir por una o dos cámaras en el Congreso. - Mejora de los derechos fundamentales contenidos en la Constitución. - Régimen Económico, sobre la base del proyecto Del Castillo.
Por lo demás, no es cierto que la Constitución “entregue” los recursos naturales a las empresas trasnacionales extranjeras, como lo dijo Humala ante la mirada de una perpleja Rosa María Palacios. El complejo de Adan que tienen los políticos peruanos los quiere hacer autores de la Constitución propia, sueño acariciado por todo aquel que tiene aspiraciones de trascendencia o por quien quiere convertir al Estado en su botín particular.
La Constitución de 1993 carece del consenso social para mantenerse tal como está, en eso estamos de acuerdo. Pero no creemos que cambiando la Constitución van a resolverse de manera automática - cual Harry Potter - los problemas del país, como lo intenta presentar Ollanta Humala. Es necesario fijar un marco de consensos básicos, pero mejor aún es pensar en políticas que nos saquen del marasmo en que estamos. En ello el líder nacionalista padece de una alarmante escasez de ideas.
Desde hace varios años, oigo hablar de la tan mentada Reforma del Estado.
Durante los años noventa, esta se pensó como la racionalización de recursos del Estado, destinado fundamentalmente a achicarlo, de acuerdo con una visión que comprendía que la burocracia estatal debía ser lo más reducida posible y concentrarse fundamentalmente en servicios básicos, como administración de justicia, defensa nacional, relaciones exteriores, educación, salud y seguridad ciudadana.
La tesis del Estado mínimo fue la que primó y, sobre esa base, se hicieron los tímidos intentos de racionalización administrativa que tuvieron éxito, pero también el despido de cientos de trabajadores estatales que pasaron a engrosr las filas del subempleo o del desempleo abierto.
Esta idea ya no es compartida ni por los académicos de varios sectores - aunque un grupo se mantiene irreductible en esta idea - y por un sector de la población.
El enfoque actual enlaza los mecanismos de modernización y simplificación administrativa con metas concretas e institucionalidad democrática. Así, hablar de reforma del Estado implica hacernos las preguntas previas: ¿cuáles son las metas que queremos cumplir? ¿cómo cumplirlas? ¿cómo organizamos al Estado para ello?
Generalmente, cuando se tratan estos temas, se quiere ver sólo una parte, la de la gestión administrativa. En ella es la que se ha concentrado el gobierno para lanzar su propuesta de fusión de organismos públicos descentralizados y su convocatoria para una reunión de Consejo de Ministros en la que los miembros de la oposición participarían planteando sus propuestas.
Frente a esa propuesta, se ha respondido de diversas maneras: Humala ha dicho que irá, pero que planteará como requisito previo la entrada en vigencia de la Constitución de 1979. Lourdes duda en ir o no. Otros han dicho que la convocatoria, sin una agenda y sin conocer los planes del gobierno, no es más que fuegos artificiales. Y hay quienes han sugerido que el Acuerdo Nacional sea el espacio de debate.
Lo que pienso es que debemos ver este tema de una manera integral: - ¿Hay que ver el tema constitucional? Si, pero no sobre la Constitución de 1979, gesto simbólico e inútil. Si ya hubo un trabajo de reforma constitucional trabajado en el Congreso anterior y ya bastante avanzado, ¿por qué no culminarlo? - ¿Cómo abordar la reforma de la administración pública? Poniendo metas sector por sector para saber cuáles deben ser las fusiones a realizarse. Y tener un sentido social: ciertamente esto, como lo ha dicho Jorge del Castillo, va a acarrear despidos, pero es necesario que se tenga planes para incorporar a estas personas a nuevos mercados de trabajo. - Completar esta visión sobre la base de reformas institucionales: justicia, seguridad ciudadana, defensa nacional, educación y sistema político. - Implementar mayores mecanismos de transparencia, fiscalización y participación ciudadana y mejorar los que ya se tienen.
En suma, lo que propongo es una visión más amplia del tema. Creo que sobre este base el trabajo se puede sostener. Lo de mañana pudo ser importante, pero creo que ni el gobierno ni la oposición tienen la agenda clara sobre este tema. Si van a hacer política, prepárense, no vayan con propuestas improvisadas.
Y a ustedes, los dejo con varios enlaces que tratan mejor de lo que lo he hecho este tema.
MAS SOBRE EL TEMA: Agenda Perú: La Reforma del Estado en el Perú. Pautas para reestructurar el Poder Ejecutivo (Estudio de Gustavo Guerra García). Juan Carlos Cortez: Reforma del Estado (Ponencia ante el Acuerdo Nacional). Rosa María Palacios: Reformar el Estado ¿Para lograr qué? Perú Político: Programas sociales y descentralización. Reformando al Estado. José Tavera: Reforma del Estado en el Perú. El punto de vista de un economista. Diego Luna: Instumentos y procedimientos para modernizar el Estado. Eduardo Hart: Reforma del Estado: ¿hay segunda sin primera?