CHAVEZ Y EL REY: PENSANDOLO MEJOR
Escrito por: jgodoymejia en España, Hugo Chávez, José Luis Rodríguez Zapatero, Juan Carlos I, Menoscanas, Venezuela, autocrítica, gestosHace algunos años, El Comercio sacó un libro compilatorio de algunos artículos de Mario Vargas Llosa, al que tituló El Lenguaje de la Pasión. Creo que el título no podía ser más acertado. Cuando una persona coge su lapicero - sea azul, negro y en algunos casos rojo - o se sienta frente a la computadora, no solo escribe procurando transmitir ideas, sino también sentimientos y sensaciones. La pasión nos empuja a decir lo que sentimos y lo que pensamos, pero, en ciertas ocasiones, también nos puede ocultar algunos desaciertos que, en el momento, consideramos que son buenos. Y a veces hace falta que personas que están en tu misma vereda te hagan notar que la pasión puede, en ocasiones, hacerte aplaudir cosas que no están del todo bien.
Creo que es conocido por todos que no siento ninguna simpatía por Hugo Chávez. Las razones las conocen de sobra: creo en las reformas en democracia antes que en las revoluciones violentas, creo que un nuevo Estado no se construye destruyendo todo lo que se opone a uno, creo en que la libertad y la justicia social no son cuestiones incompatibles y por ello es que las dictaduras, con sus horrores y represiones, sin importarme su signo, son de lo peor que nos legó el siglo XX.
Hace una semana, a raíz de los incidentes en la Cumbre Iberoamericana que ya todos conocen, escribí un post llamado El Complejo Escenario Regional, acerca de la actitud de los presidentes latinoamericanos frente a un personaje que ha hecho de la prepotencia y la desmesura verbal su gran legado para la historia latinoamericana de los dictadores. Y dicho post terminaba con la satisfacción frente al gesto del Rey Juan Carlos de España por haber “puesto en su sitio” al gobernante caribeño.
No comparto los comentarios que acusan de franquista y antidemocrático al Rey. Ataques ad hominem como los recibidos esta semana por el monarca español no hacen sino ver que los partidarios de Chávez, onubilados por lo que creen que es el “Socialismo del Siglo XXI” - y que no es otra cosa que repetir, muertos más, muertos menos, las dictaduras de Castro, Pinochet o Fujimori -, han pretendido llevar este tema al terreno de un supuesto enfrentamiento ideológico, cuando aquí el tema es más profundo: ¿pretendemos sacrificar las libertades democráticas y el derecho al disenso sobre la base de una supuesta ventaja económica asistencialista? Ojo, Fujimori hizo lo mismo con las privatizaciones y muchos de los que hoy aplauden a Chávez en ese momento hicieron un escándalo. Para mi, ideologías al margen, me parece exactamente lo mismo, pues los pueblos terminan renunciando a lo más importante para ellos: la libertad.
Pero dicho esto, quisiera introducir un matiz autocrítico sobre uno de los aspectos del artículo del domingo pasado: mis felicitaciones al Rey, motivado por un texto que leí el viernes y que motivó varias preguntas que quiero compartir con ustedes.
Deben haber notado que entre los blogs que más he recomendado en este último tramo del año se encuentra Menos Canas. Particularmente, es uno de los espacios que leo más frecuentemente por dos razones: la primera, es que en un país donde la política es antropocéntrica, también tiene género másculino, y ello hace valioso el esfuerzo de que alguien del género femenino pueda exponer sus ideas con vehemencia y, muchas veces, con más pasión de las que varios de sus congéneres hombres lo harían. La segunda, es que los textos están bien escritos y, dentro de la ironía que los caracteriza, siempre te dejan algo, sobre todo, muchas preguntas. Y cuando un texto de este tipo te deja preguntas o indignación realmente ha funcionado.
Pues es lo que me ha sucedido con el post titulado ¿Por qué no me callo?. Sosteniendo una posición igualmente crítica frente al chavismo, el texto se plantea una pregunta central: ¿No es que el Rey cometió un acto de intolerancia semejante al del dictador venezolano? Y creo que, meditándolo en frío, parece ser que sí. Chávez, con todo lo que dice o piensa, se merecía respeto, al igual que el Rey o cualquier otro ciudadano y cualquier reclamo podía hacerse en un tono menos destemplado. Peor aún, el tema le ha servido al veneco para hacerse pasar como víctima, cuestión que le queda de maravillas.
Con una actitud igualmente intolerante, Juan Carlos habría terminado cayendo en el mismo nivel de Chávez, lo que me plantea otra pregunta: ¿Cómo dar batalla a dictadores como quien dirige los destinos de Venezuela?
Quizás un inicio de respuesta sea diciendo que no cayendo en las mismas prepotencias en la que ellos caen. Y me acuerdo de la lección de civismo que la oposición a Fujimori dio hace algunos años: nunca se cayó en la violencia, las marchas fueron pacíficas, las reacciones dentro del orden constitucional y la desmoronación del régimen fue procesada dentro de los cauces establecidos. Ello terminó dándole una lección al mundo sobre como un pueblo puede deshacerse de un sátrapa son necesidad de un tanque o de armas, haciéndolo ver con los pies en polvorosa frente a la espantosa corrupción de su régimen. ¿Pasará lo mismo en Venezuela? Pues la respuesta la tiene, principalmente, la hasta ahora desarticulada oposición llanera.
En la misma Cumbre del “¿por qué no te callas?” hubo un gesto igualmente valioso pero menos resaltado. Sin estridencias, ni frases altisonantes, José Luis Rodríguez Zapatero rechazó las actitudes bravuconas de Chávez, en gesto que no ha sido suficientemente resaltado, quizás porque no tenga la notoriedad mediática de un gesto real, pero sí la valentía y exactitud verbal de un demócrata a carta cabal. Y esa actitud debe ser más aplaudida que lo que ya se ha convertido en muestra de chistes y hasta canciones en Internet.
Decía al inicio que la pasión puede ser buena pero que, a veces, nos onubila. Cuando se acompaña de la razón y de las formas democráticas, sin duda, puede servir para que las cosas comiencen a cambiar en un país al que todos apreciamos.



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