LAS CENIZAS DE LA CULTURA
Escrito por: jgodoymejia en Luis Castañeda Lossio, Municipalidad de Lima, Teatro Municipal, reconstrucciónCuando el Tercer Piso estaba en el Centro y este blogger se encontraba en edad de pediatría, una de las cosas que mi mamá hacía para distraerme y satisfacer mi curiosidad por conocer el mundo era dedicar las jornadas de los domingos a caminar, por lo general, por aquellas calles que habían constituido el centro de la actividad política y económica desde que un señor llamado Pizarro - al cual no le decían Bombardero de los Andes - llegó a este valle de buen clima y cielo gris.
Uno de los edificios que siempre me llamaba la atención quedaba - bueno, aun queda - en la calle donde yo vivía. Y, de hecho, en dos ocasiones, en aquella época en la el sabor de la leche ENCI era claramente identificable en mi desayuno, entré a ese edificio a ver al Ballet Municipal interpretar El Lago de los Cisnes y otra pieza de danza cuyo nombre no recuerdo, pero, hasta donde la memoria me da, tenía que ver con la historia de una muñeca.
Hace casi diez años, la televisión en vivo transmitía la muerte de un edificio. Y, durante los años siguiente, también pasó - sobre todo en cable - su resurrección como escenario en escombros de diversas obras de teatro, varias de ellas organizadas por mi segunda casa.
Dos artículos recientes, de Alonso Alegría y César Hildebrandt, me hicieron recordar que dicho edificio seguía allí, en ruinas desde hace casi una década, esperando un proyecto de reconstrucción que vaya más allá de la web de la Municipalidad.
Porque, hasta el día de hoy, para la Municipalidad Metropolitana de Lima la cultura es la última rueda del coche. En todas las capitales latinoamericanas, los consejos metropolitanos son los grandes impulsores de las actividades culturales, a través de sus elencos estables, de sus propios escenarios y, sobre todo, de una polìtica cultural que incentive a los creadores a poder hacer su mayor esfuerzo por presentar lo mejor de sus trabajos.
El Teatro quemado, las Bienales canceladas, los pleitos con la gente del Boulevard Quilca, la ausencia total de una mirada cultural nos hacen ver que la cultura sigue quemándose en la casa vecina de Palacio de Gobierno. No hace falta tener las dotes de Nostradamus para saber que pasaremos la década sin contar con un Teatro Municipal.
El Lago de los Cisnes parece ser insuficiente para apagar el incendio.




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