Archivo de 6 Noviembre 2007

Hace una semana, el Presidente de la República nos planteó, en un artículo publicado en El Comercio, su opinión sobre las personas y situaciones que nos impedirían el crecimiento. Bajo el título de El síndrome del Perro del Hortelano, el primer mandatario indica que la oposición a una economía basada en la mera extracción de riquezas constituye el principal lastre para mantener el crecimiento económico que durante casi 6 años viene manteniendo del país.

Desde mi punto de vista, el Presidente comete dos serios errores de concepto. El primero de ellos es seguir pensando que una economía que solo extrae materias primas es la única receta para salir del subdesarrollo. Se deja de ver que los países que mayor desarrollo han obtenido son aquellos que han dado mayor valor agregado a sus productos de exportación. Debe tenerse este punto en cuenta cuando estamos ad portas de la aprobación del TLC con Estados Unidos y se requieren de mecanismos para que los beneficios de dicho instrumento lleguen a todos los peruanos.

El segundo de ellos tiene que ver con la satanización que se hace de las preocupaciones ambientales. El Presidente cree que la oposición a una extracción intensiva de madera o minerales es oponerse al desarrollo. Lo que denota, más bien, es no conocer las preocupaciones mundiales por tener un desarrollo sostenible, que permita a los países seguir creciendo y brindando mayores servicios a sus ciudadanos, pero sin descuidar el impacto que tiene sobre el entorno social y natural.

El verdadero perro del hortelano no está en los supuestos opositores de la inversión, a los que el Presidente sataniza a lo largo de su artículo. Por el contrario, para que dicha inversión pueda ser bien aprovechada, bien distribuida y en condiciones que garanticen el respeto de los derechos fundamentales se requiere contar con instituciones sólidas, un Estado que verdaderamente funcione y que sepa gastar los ingresos provenientes de una mayor recaudación tributaria. Y ello se puede hacer en colaboración con la sociedad civil, desde la cual se tienen ideas creativas para participar en dicho esfuerzo, de carácter nacional.

Sin embargo, el año y medio transcurrido nos ha demostrado que en Palacio de Gobierno ésta no es la preocupación más importante. Por el contrario, todo intento de reforma institucional ha sido dejado de lado por esta administración y los problemas acontecidos durante este periodo nos han demostrado que justamente se requiere de una mayor y mejor presencia estatal en la regulación de determinadas áreas económicas, en la cobertura de servicios básicos, en el combate contra la corrupción y en la generación de capacidades para que cada ciudadano pueda labrar su propio destino. Y, además, todo intento de incursión de organizaciones no gubernamentales es convenientemente satanizado tanto por el propio gobierno como por cierto sector de la prensa que no muestra interés en las reformas de fondo.

Es allí donde se encuentra el verdadero perro del hortelano que nos impide crecer: la inexistencia de una vocación reformista, la satanización de quienes si la tienen y el mantenimiento de una precaria institucionalidad que, aunque nos permite seguir creciendo a tasas altas, no nos lleva a contar con mayor desarrollo y ciudadanía para todos los peruanos. Aun se está a tiempo de cambiar.

SOBRE EL SINDROME DEL PERRO DEL HORTELANO:
Editorial de El Comercio: ¿Cómo superar el síndrome del perro del hortelano?
Antonio Brack: Sobre el perro del hortelano
Modesto Montoya: Ciencia sin perro lazarillo
Daniel Córdova: ¿Un cambio de rumbo?
Francisco Sagasti: Tesis del Perro del Hortelano es una cantaleta
Jorge Bruce: El perro y su amo
Nelson Manrique: El perro del hortelano y el plato de lentejas
Sinesio López: En defensa del perro del hortelano
Agencia Perú: Debate entre Jorge Bruce y Gonzalo Prialé
Luis Solari: ¿De hortelanos a falderos?
Enrique Bernales: Potencialidades desperdiciadas
Marco Sifuentes: Alan García columnista
Luis Rey de Castro: Alan García, el caballo y el perro
Bloguiarquía: Alan y el hortelano
Roberto Bustamante: Alan García, jalado en redacción

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Luis Castañeda Lossio sigue optando por la política de no responder cuestionamientos a su gestión.

Luego del incendio en Mesa Redonda, solo ha optado por echarle la culpa a los comerciantes. Claro, ellos tienen parte de la responsabilidad, pero a la Municipalidad le cabe el otro 50%, como lo ha indicado Defensa Civil. De eso no habla el alcalde.

Tampoco nos explica los costos del Circuito Mágico del Agua, una obra cuestionada por convertir en privado un espacio público y por constituir un gasto innecesario en una ciudad que tiene otras prioridades. Y el tema se le complica en demasía al alcalde.

Cuando se inauguró la obra, en las últimas Fiestas Patrias, se sabía que el costo de la obra era de 13 millones de dólares, lo que ya era un escándalo. Ayer, Perú.21 nos reveló que el costo real era de 16 millones de dólares, ya que en los cálculos hechos por la Municipalidad Metropolitana no se había tomado en consideración los gastos de remodelación del Parque de la Reserva, que forman parte del mismo proyecto.

Peor aún, los supuestos convenios con empresas privadas para financiar este canto al desperdicio simplemente no existen. La Municipalidad ha tenido que reconocer que solo se han enviado cartas y no había habido aceptación de parte de ninguna empresa. Y pensar que hace meses la Municipalidad decía que no podía exhibir los convenios porque eran “asuntos reservados”. En realidad, no podía mostrar algo que no existía, lo que implica que la obra, en el plano real, la pagamos todos los limeños.

Pero los cuestionamientos a Castañeda no quedan alli. El Decano del Colegio de Ingenieros de Lima y miembro del directorio de INVERMET (la empresa municipal de inversión y obras públicas) Javier Piqué del Pozo, ha advertido sobre la concesión que se haría sobre las avenidas Javier Prado y La Marina, que conllevaría la instálación de casetas de peaje en la vía.

Si bien es necesario mejorar a gritos ambas vías, colocar peajes solo provocaría lo que viene ocurriendo en la “Vía Expresa del Callao“: que todos se desvién a las vías alternas, congestionándolas más. Y es que uno no termina de entender porque vías urbanas serían puestas en concesión cuando la Municipalidad Metropolitana tiene los recursos suficientes para manejar y mejorar las mismas. Algo raro huele allí.

Sin duda, Castañeda Lossio sigue teniendo el apoyo de la población. El problema para él es que esa falta de rendición de cuentas le puede jugar una mala pasada. Problemas como los antes comentados, a los que se suman los ocurridos con las revisiones técnicas, afectan directamente a los vecinos, lo que puede ocasionar lo que tanto teme: un desbarrancamiento en las encuestas.

MAS SOBRE EL TEMA:
Augusto Alvarez Rodrich: La palabra del mudo
Martín Tanaka: A propósito del incendio en Mesa Redonda
Menos Canas: Como un corcho en el agua

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