LA PRENSA Y EL GOBIERNO
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en César Hildebrandt, Genaro Delgado Parker, Rosa María Palacios, audio, periodismoEl audio que ayer hemos escuchado en varios programas de radio y televisión, en el que Genaro Delgado Parker presiona a su director de prensa para introducir contenidos supuestamente favorables al actual gobierno, debe motivar un debate, tanto en Palacio de Gobierno como en la opiniòn pùblica, sobre el rol que cumplen los medios de comunicación frente al poder.
Palacio ha desmentido que da indicaciones a los medios de comunicación y ayer Rosa María Palacios señaló que el audio estaba editado y se refería a Alejandro Toledo. El audio completo es del 2005 y se puede apreciar en él a Genaro presionando a Guerrero para tener una línea editorial complaciente. En efecto, en una conversación que tuve el dia de ayer, casi a la misma hora en que se pasaba Prensa Libre, otro periodista me señaló que el audio estaba editado, pues se notaban hasta dos cortes de edición.
¿Qué implica ello? Que debió existir una corroboración en el lanzamiento de dicho audio. Claro, para cualquier periodista, le llega un tema así y obviamente cree necesario lanzarlo, pero hizo falta algo más de profundización y llevarse menos por las antipatías personales - quizás justificadas - y más por la profesionalidad que debe primar en todo periodista.
Ahora bien, aparentemente aclarado este hecho, si es necesaria una reflexión sobre el rol de los medios de comunicación frente al actual gobierno. A raíz de este suceso y del caso Mohme - La Ventana Indiscreta, varios de los comentaristas - habituales o no - de este blog han manifestado que perciben a una prensa excesivamente complaciente con el gobierno y que no presenta todas las denuncias que deben presentarse.
Es cierto que existen medios de comunicación que son bastante complacientes con el gobierno. Sin necesidad de audio, es claro que Panamericana no realiza denuncias fuertes contra la Presidencia de la República o el Gabinete. Es claro que la línea de Cecilia Valenzuela, divorciada de la de buena parte de su equipo, es pro gobiernista. Hay diarios como Expreso o Correo que han perdido todo filón crítico, sea por pensar legítimamente que lo que hace el gobierno está bien - y cada quien tiene la libertad de pensar lo que desee, tampoco es que sea pecado pensar que el gobierno hace las cosas bien - o, y aquí si estaría lo peligroso, por pretender ganar algún tipo de favor o de prebenda.
Claro, también es nítido que hay un gobierno decidido a ganar buena prensa. Las quejas en el mensaje presidencial para que la prensa resalte lo positivo del régimen o las movidas en Canal 7 para destacar más lo que hace Alan es un síntoma claro que, a pesar de los desmentidos, desde Palacio se piensa que todos sus problemas se restringen a contar con una buena comunicación.
Pero tampoco se puede negar que existen medios críticos: el programa de Rosa María Palacios en la televisión, o el de César Hildebrandt en radio, o las denuncias que Perú.21, La Primera o La República hacen, ponen en evidencia que existe una veta crítica en la prensa peruana.
Esa vena crítica, sin embargo, no equivale a que se ventile cualquier denuncia así nomás - sino ocurre una patinada como la de ayer - o a que se haga un cargamontón secular contra el Gobierno por cualquier cosa. Mucha gente dice que la prensa debería tratar al gobierno de García como lo hizo con el gobierno de Toledo. Yo estoy en contra de ello. Pienso que cierto sector de la prensa se creyó el cuento del cuarto poder y creyó que parte de su influencia incluía tumbarse a un gobierno. No, el deber de la prensa no es derribar gobiernos. Es hacer las denuncias necesarias que permitan ventilar demandas ciudadanas y poner luz sobre aquellos aspectos del poder que quieren que permanezcan oscuros. Pero su deber no es convertirse en un derrumbador de régimenes.
Finalmente, y sobre el tema de las disputas entre periodistas, los dejo con el lúcido comentario de la conductora de Prensa Libre:
Quien gobierna está encantado. El desprestigio de la prensa y la falta de atención de la misma a los que deberían estar siendo fiscalizados, ¿no es un verdadero paraíso para quien está en el poder? Así, pierde el público, que termina mal informado de asuntos más graves y más confundido que ilustrado. Pierden, finalmente, los propios periodistas, todos cubiertos por el manto del desprestigio, desconfiando unos de otros en un trabajo en donde la colaboración resulta fundamental.
A meditarlo, muchachos. Buen fin de semana.




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