Francisco Diez Canseco se ha convertido en el abanderado de la ley que intenta amordazar a las organizaciones no gubernamentales, presentándose, además, como el campeón de la transparencia ante los medios que le dan tribuna, es decir, los diarios Expreso y La Razón.
Normalmente no me refiero a personas en este espacio, pero dado que la trayectoria pública de este personaje lo amerita, creo que es necesario dar a conocer al público lector de este espacio cuáles son las fobias de Diez Canseco, así como aquellas cosas que pretende ocultar, bajo el manto de sus palabras vacías, insultos y adjetivos.
LA VERDAD SOBRE EL CONSEJO POR LA PAZ
El Consejo Por la Paz fue creado en 1990 - en las postrimerías del gobierno de Alan García - mediante Ley N° 25237, como un órgano que, independientemente de las atribuciones del Estado para planificar y conducir las acciones de pacificación, debía elaborar y presentar al Poder Ejecutivo un Plan Nacional de Pacificación y contribuir a su ejecución, así como apoyar los esfuerzos nacionales y regionales para fortalecer la conciencia ciudadana sobre los derechos humanos.
Ya durante el gobierno de Alberto Fujimori, mediante Decreto Legislativo N° 652, promulgado en 1991, se amplían sus funciones, otorgándose al Consejo las facultades para presentar al Ministerio Público su constante apoyo en la defensa de los derechos ciudadanos y realizar todo tipo de acciones destinadas a lograr la paz en el país. Además, el Consejo debía contar con oficinas descentralizadas en todo el país.
El Consejo Por la Paz estaría conformado por representantes de los partidos políticos, gremios de trabajadores y empresarios, policías y militares en situación de retiro, iglesias y defensores de derechos humanos.
Sin embargo, aqui comienzan los problemas.
En 1991, la ayuda militar norteamericana para el combate contra el terrorismo y el narcotráfico se encontraba estancada, debido a que el Congreso norteamericano tomó bastante en serio las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos cometidas durante la lucha contrasubversiva por agentes del Estado.
Para evitar perder dichos fondos y apoyo, Fujimori hizo una pantomima de actos presuntamente favorables a los derechos humanos. Una de ellas fue la activación del Consejo por la Paz.
Inicialmente se convocó a que fuera un representante de la Iglesia Católica (Monseñor José Luis Dammert, obispo de Cajamarca y hombre comprometido con los derechos humanos) quien presidiera el Consejo, pero, en parte porque se olía el tufillo a estafa, en parte por pugnas dentro de la Iglesia, dicho ente eclesial decidió no participar en este esfuerzo.
Finalmente, el fujimorismo designó a Francisco Diez Canseco Távara - ex aprista y en ese entonces líder de la efímera Unión Cívica Independiente - como Presidente del Consejo por la Paz. El hecho de no ser una figura de consenso y cercano al Ejecutivo no le trajo todas consigo, lo que hizo perder apoyo.
En una de sus primeras acciones, en un viaje a Washington, Diez Canseco desnudó su verdadera cara. Allí acusó a los organismos de derechos humanos como defensores de los derechos de los subversivos. Exactamente el mismo lenguaje empleado por Alberto Fujimori durante todo su periodo. Ello hizo que las organizaciones de defensa de los derechos humanos no participaran en el Consejo por la Paz.
A lo largo del periodo fujimorista, el Consejo por la Paz no cumplió con las tareas que le fueron encomendadas, ya que nunca fue presentado al país el Plan Nacional de Pacificación al que estaba obligado mediante sus normas de creación y funcionamiento y no tuvo una incidencia práctica real para la reducción de la violencia durante la década de los noventa, toda vez que el gobierno de ese entonces dictó su propia legislación sobre la materia sin consultar al Consejo o dejó seguir políticas para enfrentar a la subversión que provenían de años anteriores.
Sin una política clara de respeto a los derechos humanos y con poca proclividad al diálogo por parte del gobierno de aquel entonces, una instancia como esta no pudo conformar una política integral de pacificación, que no solo abarque el aspecto militar del combate a la subversión, sino que también brinde propuestas para que los derechos humanos de todos los peruanos sean respetados. El Consejo tampoco fue efectivo en detener las iniciativas autoritarias hechas por el gobierno fujimorista con el pretexto de la pacificación del país, o en siquiera denunciarlas en voz alta. En otras palabras, Diez Canseco se mantuvo relativamente cómodo en su posición durante todos esos años.
Restaurada la democracia, el Consejo por la Paz no ha tenido relevancia alguna para el establecimiento de una política de Estado en materia de derechos humanos, en particular, en la conformación del Plan Nacional de Derechos Humanos, vigente desde diciembre de 2005. Asimismo, no incidió en la búsqueda de la verdad de lo ocurrido durante el periodo de violencia que vivió el país entre 1980 y 2000.
Esta poca trascendencia, además, se confirma en el hecho de que el Consejo por la Paz no ha suministra apoyo alguno a las entidades gubernamentales encargadas de cumplir con las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación o de brindar propuestas o soluciones sobre las secuelas del periodo de violencia que sufrió el Perú entre 1980 y 2000.
Estas condiciones, sumadas a la existencia de otros organismos de encargados de velar por la defensa de los derechos humanos desde el Estado y a que debía cumplirse una nueva etapa de verdad, justicia, reparación y reconciliación nacional, hizo que la CVR planteara como recomendación final la desactivación del Consejo por la Paz. Es esta recomendación, sumada a las iras y fobias que tiene el señor Diez Canseco, la que motivan sus ataques y el apoyo a la ley contra las Ong’s.
Pero, además, el Consejo por la Paz tiene un status particular que no contempla la actual estructura del Estado: se conformó por una Ley emitida por el Congreso, sus funciones y conformación están reguladas por un Decreto Legislativo. Sin embargo, funciona - según lo dicho por el propio Diez Canseco ante una Comisión del Congreso en el 2001 - sobre la base de donaciones de entidades privadas y algunos bienes suministrados por el Poder Ejecutivo, por lo que no queda claro cual es su status jurídico dentro del ordenamiento jurídico ni de la organización del Estado.
Finalmente, el señor Diez Canseco no ha explicado en qué ha utilizado los fondos y donaciones del Consejo por la Paz durante los 15 años que se ha desempeñado como Presidente de esta institución. ¿Puede hablar de transparencia alguien que no responde a este cuestionamiento y que insulta a los periodistas que se lo reclaman, como lo hizo en RPP con Augusto Alvarez Rodrich y, recientemente, con Cecilia Valenzuela?
LA DENUNCIA QUE NO QUISO RESPONDER
Pero el papel de Francisco Diez Canseco no sólo se limita a ser el instrumento de aquellos que siguen pensando que el autoritarismo y la mano dura son las mejores soluciones para gobernar el Perú, ni a parasitar en el Consejo por la Paz.
Dos medios de comunicación han realizado una seria denuncia contra Diez Canseco y la empresa de su hijo, de la cual es consultor: Granos Orgánicos Nacionales S.A. (GRONSA).
GRONSA, desde 2002, se dedicó a apoyar a agricultores piuranos para la exportación del banano orgánico a Europa y Estados Unidos. Quien viajaba constantemente a la zona para estos contactos era Francisco Diez Canseco Távara.
Sin embargo, a partir del 2003, Diez Canseco comenzó a hacer lo que en buen limeño llamaríamos “perro muerto”: no atendía a los campesinos, no pagaba siquiera a la señora de la pensión que lo alojaba en Piura y no pagó lo que le correspondía a los agricultores como producto de la exportación, quedando los recibos pendientes como prueba de lo que, a todas luces, califica como estafa y apropiación de dinero ajeno.
Diez Canseco fue al programa de Cecilia Valenzuela, pero, como ya es conocido, allí solo se dedicó a insultar y difamar. A Perú.21, como parece ser su costumbre, simple y llanamente lo meció, pues nunca llamó de retorno para ofrecer los descargos que se había comprometido a hacer.
Sin duda, un personaje como este no puede presentarse como abanderado de la transparencia, ni como un dechado de virtudes. Menos aún si no responde como ha manejado el Consejo por la Paz sin cumplir las funciones para las que fue creado ni tampoco sobre la estafa a los agricultores de Piura que, hasta ahora, esperan su justa retribución por su trabajo.
MAS SOBRE EL TEMA:
Perú.21: Diez Canseco estafó a agricultores en Piura.
Agencia Perú.com: Cientos de agricultores acusan de estafador a Francisco Diez Canseco.
La entrevista de Cecilia Valenzuela a Francisco Diez Canseco.
La respuesta de Cecilia Valenzuela a Francisco Diez Canseco.
El Blog del Morsa: Tú eres caviar, te vas a la hoguera.