Archivo de 21 Octubre 2009

Preocupante el último artículo de Gustavo Gorriti en Ideele. Merece leerse completo, pero pongo los párrafos más saltantes:

Hoy, SL-VRAE posee por lo menos seis ametralladoras operativas, contando las cuatro capturadas en Sinaycocha. Además tienen, por cierto, varios lanzagranadas y decenas de fusiles de asalto. Pero son las ametralladoras las que plantean serios problemas para el abastecimiento de bases en las zonas más escarpadas y boscosas, como Vizcatán y Cerro Judas. El alcance, la concentración de las ráfagas, la penetración de los proyectiles (en Cerro Judas el tanque de combustible del helicóptero fue atravesado) convierte a las ametralladoras en eficaces armas antiaéreas en esa geografía.

El helicóptero Mi-17 es una excelente aeronave de carga, pero una inadecuada nave de combate. Su vuelo, y en especial su maniobra, son lentos. Mientras los senderistas se ocultan dentro de la vegetación espesa en los cerros escabrosos del área, las lentas vacas voladoras se recortan nítidas en el cielo cuando se aproximan a destinos fijos por los mismos puntos de acercamiento a los que su propia masa y la naturaleza del aterrizaje las obligan. La caza antiaérea se hace así fácil para los senderistas. Solo un Zeppelin, si lo hubiera en el Perú, podría tener mayor vulnerabilidad.

El hecho es que, debido a las emboscadas antiaéreas y también a otras averías y necesidades de mantenimiento, con frecuencia quedan solo uno o dos helicópteros para abastecer un número de bases que se aprovisiona únicamente por aire. A veces, las bases tienen que competir por horas de vuelo con los generales. Hay cinco de ellos en el VRAE ahora. ¿Quién creen que gana? “La tropa sufre”, dice un oficial de la zona.

(…)

Por otro lado, en las bases antidrogas peruano-estadounidenses cercanas (Palmapampa, Pucallpa, Mazamari) hay alrededor de 22 helicópteros UH1H, rápidos, muy maniobrables, poco adecuados para la carga pero sí para acciones tácticas. Esos helicópteros operan con tripulación y unidades operativas de la Policía Nacional, pero, como ya he escrito en varias oportunidades, bajo las órdenes de funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos. El convenio entre el Gobierno peruano y el estadounidense impide que esos helicópteros ayuden a las cada vez más solitarias vacas voladoras a, siquiera, extraer heridos de las bases o a rescatar a patrullas emboscadas.

Eso solo pasa en el Perú. Ni en Colombia. Repito la pregunta hecha en otras ocasiones: ¿permitirían los estadounidenses un arreglo así en su propio territorio?

El que una parte del Estado actúe como los gurkhas de los Andes dentro de su propio país, es suficientemente indignante. Pero, hay que añadir que eso no quita ni un ápice de responsabilidad frente a la incompetencia del resto del Estado, en especial del ámbito de Defensa.

(…)

Las dos carencias principales en el VRAE son instrucción e inteligencia”, dice un guerrero veterano que conoce bien la zona.

“Antes —añade—, mañana, tarde y noche los hacías practicar técnicas de emboscada y contraemboscada… Ahora, la instrucción es pobre. La tropa no sabe qué hacer frente a una emboscada… No se instruye en lo básico, que es emboscada y contraemboscada… estamos llegando a una actitud guerrera cero”.

Y más: “Aun si los planes son deficientes, si tienes una buena fuerza, te da resultados. Si tienes un plan bueno y tropa mala, el plan no sirve… El problema en VRAE es con la fuerza”.

En realidad, precisa la fuente, la materia prima de la tropa es buena. Muy buena, incluso. Pero si se descuida lo más básico en cuanto a su abastecimiento y bienestar; si no se los entrena; si no se mantiene ni la disciplina ni el espíritu, el mal resultado es inevitable.

Otros oficiales con experiencia operativa concuerdan: “Están saliendo mal preparados [los oficiales] de la Escuela Militar”, dice uno de ellos. Otro indica que aunque no le corresponde hacerlo, él se ha puesto a entrenar personalmente a sus soldados. Conoce que aquella vieja expresión de la sabiduría militar: “sudar para no sangrar” nunca es más cierta que cuando lo segundo deja de ser teórico y pasa a ser posible.

“¿Qué pasa —se pregunta retóricamente un veterano— que después de 15-20 años de guerra en la que preparaste gente, luego no tengas a nadie?”

La respuesta hay que buscarla sobre todo en la oncología de la corrupción. La raíz y el tronco fue la era de Montesinos, los robos gigantescos en la compra de armamento subestándar, la complicidad con el narcotráfico, el recurso permanente a la mistificación y el engaño. Pero ahí no se agota el problema: luego, los generales gasolineros le robaron a su propia institución; y bajo sus órdenes, otros oficiales le robaron de la calidad del rancho —es decir, del alimento— a la tropa. De ahí se pasa a la corrupción en salud, en vivienda, hasta en uniforme. “Cuando salgo a patrullar”, me dice un joven oficial en el VRAE, “el uniforme me quema. Es un uniforme sintético, pésimo… no podemos continuar así. La tropa sufre… las cosas no pueden seguir así.”

No pueden, en efecto. Es un hecho que SL-VRAE, que ha acrecentado sustantivamente su capacidad de fuego, teme cada vez menos el enfrentamiento con la Fuerza Armada y busca cortar el abastecimiento aéreo a las bases más expuestas. Luego vendrá la estación de lluvias, durante la cual los vuelos se hacen además muy difíciles. Entonces se hará necesaria una evacuación forzada de las bases (declarando que se trató solo de bases temporales) o, si se las mantiene pese a todo, arriesgarse a un intento senderista de atacar y doblegar algunas de las más débiles.

Hay un problema militar real en el corto y, sobre todo, en el mediano plazo en el VRAE. Sería necio y autodestructivo ignorarlo. Su solución precisa de reformas intensas y a fondo para un elevamiento radical en la capacidad, entrenamiento, moral, disposición ofensiva, junto con inteligencia exponencialmente mejorada, de las tropas militares y policiales en el VRAE. Ello, claro está, dentro de una doctrina contrainsurgente predicada en defender a la población y robustecer sus derechos humanos, claro.

Mientras tanto, Luis Giampietri habla de comprar armas para defendernos de Chile y Rafael Rey sobre los juicios del pasado, cuando nuestra mayor amenaza a la seguridad está dentro del territorio peruano. Y así dicen defender a nuestras Fuerzas Armadas. Par de demagogos.

(Imagen extraida de aquí)

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