PERIODISTAS, FUENTES, INDEPENDENCIA Y GOBERNABILIDAD
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Uncategorized
Una segunda lectura de Petroaudios, el libro de Gustavo Gorriti, sale fuera del campo de las revelaciones sobre la trama de corruptos, corruptores y espias, para detenerse en el campo del periodismo. Y hoy que es día del periodismo, me detengo en tres de los mensajes claves del libro.
El primero de ellos tiene que ver con la contrastación de las fuentes. A lo largo del libro, se ve como los miembros de empresas privadas de seguridad se convirtieron en los surtidores de información de varios periodistas. Hasta allí, no hubo problema alguno. Los hombres y mujeres de prensa saben que muchas veces sus fuentes no son candidatas a una canonización en el Vaticano o al Premio Nobel de la Paz. Y en todos los casos, saben que las fuentes siempre tienen algún interés en que la información que brindan pueda salir a la luz.
El problema estuvo en que mucha de la información brindada por las Gianotti, los Tomasio y los Ponce Feijóo no fue corroborada o contrastada, sino que fue publicada tal cual. Sobre todo, aquella que tenía que ver con las supuestas vinculaciones entre grupos de izquierda radical y las FARC. Independientemente de la certeza de este vínculo, se incumplió con un requisito fundamental: verificar si toda la data suministrada en paquete era verdadera. De alguna manera, quienes publicaron esta información terminaron casándose con la fuente, con todo lo que ello implicaba, sobre todo, en términos de intereses. Y aquí el interés, luego de leer el libro de Gorriti, era claro: crear un clima de supuesta inestabilidad para que el gobierno recurriera a estas empresas de seguridad como reemplazo de los canales normales de inteligencia. En ello ayudaba el hecho que uno de estos personajes colaboró en la campaña electoral del actual Presidente de la República.
Como me han mencionado varios amigos a lo largo de estos años, el método de verificación cumple un triple objetivo: verificar la certeza de la información, desligarse de las posibles motivaciones de la fuente para entregar la información y acercar al periodista a la verdad, centro de toda investigación periodística.
Pero para ello, el periodista debe velar por su independencia. Y este es el segundo punto que queria tocar. En su libro, Gorriti hace alusión a una fauna muy especial, a la que algunos se conocen con nombre y apellido. Veamos la parte pertinente del prólogo de Petroaudios:
La oleada masiva de dudosas concesiones y privatizaciones creó, en la gama informativa, nuevas categorías de empleo en las corporaciones: manejadores de imagen, estrategas de comunicación, relacionistas públicos (a veces igualmente privados), con varias especialidades. Una de las más cotizadas fue la prevención de ataques y denuncias en los medios; otra fue la creación de agenda informativa favorable.
Así surgió una nueva categoría de profesionales híbridos, inmunes a la diabetes, que con una variedad sorprendente de matices y estilos circula entre la propaganda, el periodismo y el tráfico informativo mientras hace lo posible por maquillar el hibridaje.
(…)
Los más exitosos en ese hibridaje profesional desarrollan cuidadosamente su ventaja mayor: estar bien informados. La siguiente ventaja —que es también un requisito— es estar bien conectados. Por eso, aunque disimuladamente competitivos, son gregarios y se ayudan, se ordeñan, compiten y colaboran entre sí, en congregaciones marcadas por la implícita jerarquía de las remuneraciones.
Ahí, cofrades de circunstancia, se juntan los relacionistas públicos de corporaciones contenciosas con los columnistas con cartera de clientes, con los ejecutivos de empresas de «imagen» y relaciones públicas, con periodistas que luego pondrán un tono catoniano sin que se les corra el maquillaje cuando presenten sus trabajos firmados, con el usual epígrafe de «unidad de investigación» —que es como decir «fuerzas especiales» entre militares—, y que son con frecuencia el resultado de informaciones preparadas para servir los objetivos de quienes les entregaron la información lista y empacada.
Pero esta pérdida de independencia no solo ocurre en el caso de los temas económicos y de Cofradías periodístico - económicas, en el que se brindan informaciones en paquete para bajarse una concesión o un negocio en ciernes, o para hacerle el cherry de rigor. También ocurre cuando, en nombre de los principios, se olvida la verdad como centro de la investigación periodistica. Uno de los casos más dramáticos fue el del general Eduardo Bellido Mora. Como ha contado recientemente Ricardo Uceda, Bellido fue víctima de las denuncias de un ex subordinado suyo, quien lo acusó constantemente de estar vinculado al narcotráfico por órdenes de Nicolás Hermoza Ríos. Muchos de los periodistas que se la jugaron en contra de Fujimori, cometieron el error de hacer caso a estas denuncias sin sustento, en nombre del combate a la dictadura. Quizás fue el único error de ellos en lo que fue un proceso claro en jugársela a favor de la democracia. Bellido fue absuelto en todas las instancias judiciales. Aquellos periodistas que durante años se compraron una sola versión le deben una disculpa.
Finalmente, un último tema: no publicar en nombre de “la gobernabilidad”. En el caso de los Petroaudios, El Comercio se negó a publicar la información investigada por la unidad de investigación encabezada por Fernando Ampuero por una razón central: no complicarle las cosas al Presidente de la República. Y de hecho, salvo algunos blogs y un par de periódicos, pocos han hecho eco de la grave denuncia del libro de Gorriti: Alan García contratando los servicios de una empresa de seguridad para bajarse a Ollanta Humala.
Ustedes saben que Humala no es santo de mi devoción: tiene rasgos autoritarios, cuenta con una bancada que - salvo excepciones - se caracteriza por su mediocridad y no ha explicado sus ingresos personales. Pero lo hecho contra él en la campaña es inaceptable y censurable por donde se le mire. Y me queda claro que muchos de los ayayeros del gobierno le temen, no porque sea un peligro para la democracia por su autoritarismo, sino por la gobernabilidad. ¿Y como entienden ellos la gobernabilidad? Que no se haga ni siquiera un ajuste gradual a aspectos de la economía de mercado que requieren, a gritos, planchado y pintura para que el modelo funcione mejor.
La gobernabilidad de un país no se puede sostener sobre la base de una mentira. Y, así como los periodistas no deberían contabilizar en su haber a cuantos funcionarios públicos se bajaron con una denuncia, tampoco deben callarse en nombre de la protección de un Presidente de la República. Sobre todo de uno que consiente que se cierren medios, como La Voz de Bagua. Contar la verdad es el deber de un hombre y mujer de prensa. Y si esa verdad genera consecuencias, no es por culpa del mensajero, sino de quien generó el hecho.
Más allá de la celebración de hoy, en medio de los necesarios abrazos y tragos, cabía una reflexión.



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