Archivo de 22 Junio 2009

¿Cómo pasa alguien del KO técnico a la sobrevivencia a los golpes e, incluso, a darlos? Quizás Rocky Balboa (si existiera) o Kina Malpartida puedan explicárnoslo mejor, pero también quien podría decirlo es Yehude Simon.

Sí, aún creo que Simon debería irse a su casa, por la responsabilidad política de los muertos de Bagua. Y también creo que su permanencia es precaria, dado que le espera aún por lidiar una faena en el Congreso que podría terminar en una moción de censura. Pero, más allá de los deseos y de mandar profecías hacia el futuro, lo cierto es que el Presidente del Consejo de Ministros terminó, de alguna manera, siendo el personaje del gobierno menos chamuscado al terminar esta semana.

Si contemplamos la encuesta de IPSOS - Apoyo de esta semana - además de constar, como bien lo hace Álvarez Rodrich, que todo el elenco estable de la política peruana sale muy mal parado del baguazo - quien peor parado sale en el gobierno es el Presidente de la República. ¿Ello se produce sólo porque la política peruana es presidencialista? Solo en parte, pero también se produjo debido al alto perfil de García, que opacó a todo su equipo y lo arrastró en su caida.

Simon aparecía como el personaje dialogante que aparecía como el títere de una mecida. Y eso fue lo que varió esta semana. Al adelantarse al propio gobierno en la derogación de los decretos y al firmar un acta de compromiso que solucionaba la agenda de corto plazo, le dio un respiro al Ejecutivo y le permitió ganar tiempo al gobierno. Y también a él, dado el respaldo dado por el Presidente de la República, que por lo menos le garantiza respiro hasta Fiestas Patrias - o hasta que el Congreso lo bote, lo que ocurra primero -. De hecho, ha recobrado hasta aliento para irse contra sus adversarios, como se notó en la entrevista que ayer dio a La República:

¿A quiénes atribuye la responsabilidad más próxima a la suya?

Son responsables: el país, que no supo de los nativos hasta ahora, cuando se vio que hay nativos que pelearon por el país en el Cenepa y ahora están dispuestos a pelearse por sus tierras y por el agua; los empresarios, que piden reglas claras de juego pero no se dan cuenta de que tienen que apoyarnos; la gente del Congreso y de los partidos que fueron a la selva a incendiar la pradera y ahora quieren interpelarme. Lo que he hecho es evitar un derramamiento de sangre.

¿Habla de los nacionalistas?

Por cierto, aunque no todos. Fueron al último punto de la Amazonía con un mensaje equivocado y no dijeron la verdad. Hubo gente que comunicó otra cosa de lo que debía decir. Les dijeron a los nativos que les van a quitar sus tierras y a envenenar el agua. Esos son los principales responsables políticos.

El tema es que esta revitalización política no es suficiente. De hecho, el estilo Simon tiene serias limitaciones, como, a pocas semanas de asumir el cargo, indicó Carlos Meléndez:

Simon no tiene ningún poder frente a la política económica y redistributiva. Este es un hecho que se comprobará con más contundencia conforme pasen las semanas. Pero ya que es interpretado como un giro de izquierda (así es vendido por el propio García Pérez y por los analistas que se emocionan por conocerlo desde la Apafa del colegio de sus hijos), se cree que será más receptivo ante las demandas sociales (las cuáles se expresan a través de los conflictos, ya que no hay otra forma de intermediación política en el país). Una mano en el pecho: Simon no tiene la capacidad para atender los requerimientos convertidos en violencia, y seguirá siendo el “bombero” apagaincendios, con el agravante que quizás tenga menos habilidades que su antecesor.

De hecho, el “baguazo” ha potenciado otros conflictos sociales como los de Andahuaylas y Sicuani (ojo, que este último es el revival de una protesta social que ya tuvo que enfrentar Simon al inicio de su gestión) y potenciado la forma de resolución de conflictos mediante la buena voluntad del premier y la construcción de mesas de diálogo. A la larga, la percepción de que este estilo de solución de conflictos se habría terminado resultó siendo falsa, luego que el Presidente del Consejo de Ministros hiciera lo mismo en Bagua. El problema es que este tipo de solución, de un lado, es de abajo hacia arriba y crea cierto tipo de intermediación, pero, a la larga, al no haber partidos ni instituciones sólidas en el Estado, no genera estímulos para mecanismos menos “chichas” de solución de conflictos.

Y ello, sumado al hambre que le tienen en el APRA, hace que Yehude Simon y su permanencia siguen siendo un enigma.

MAS SOBRE EL TEMA:

Fernando Villarán: El fracaso de la estrategia guerrerista

Carlos Basombrío: Reflexiones políticas a dos semanas de Bagua

Katherine Subirana: Un presidente privatizado

Alfredo Torres: García se ha desacreditado como interlocutor válido en protestas sociales

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