
Dramático y real titular de El Comercio de hoy. Luego de un bajo ratio de noticias sobre el tema - ver más en el blog de Elmer Huerta -, los medios de comunicación y los ciudadanos han comenzado a prestar atención a lo que es una tragedia repetida durante casi todos los años en el Perú: Morir de frio.
Pero más que a un desastre natural, estas muertes deben su causa a una falla humana. El reportaje de El Comercio de hoy indica:
José Marón, encargado de la Unidad de Operaciones del Comité Regional del Instituto de Defensa Civil (Indeci) en Puno, señala que ellos cuentan con 30.000 frazadas que empezarán a repartir en cualquier momento, pero necesitan que el Senamhi les dé la alerta para ejecutar la ayuda. Sin embargo, así esta alerta empiece, no tienen suficiente material. “Indeci en Lima aún no ha podido transferir el presupuesto al gobierno regional y sigue comprando productos para el almacén nacional”, advierte. Igual piensa que el gobierno regional no prioriza la prevención. “Se prefiere construir una plataforma deportiva a una defensa ribereña”, ejemplifica.
En tanto, la ayuda del Pronaa solo se da en casos de emergencia y por un número determinado de días. La ración que otorga, además, es de 832 calorías, muy lejos de las 2.000 calorías que, en promedio, necesita un adulto, más aun en un entorno frío. Wilber Serpa, jefe zonal de esta institución, asegura que solo están facultados para ello.
Por otro lado, Fredy Pásara, jefe de epidemiología a nivel regional, asegura que este año se han presentado 505 casos de neumonía, una cifra que deja atrás los 385 registrados hasta mayo del 2008.
“En esto tienen mucho que ver las huelgas del sector Salud en la región que impidieron que se desarrolle un plan de prevención”, dice. “No existe voluntad política ni regional para acabar con el factor principal de este problema, la pobreza”, indica.
Todo ello nos deja ver que el Estado está poco preparado para enfrentar este tipo de emergencias.
Si, sin duda, hay que apoyar las campañas de solidaridad que en estos días comienzan a surgir y darles el impulso suficiente para que las mismas tengan éxito. Pero no les falta razón a Bustamante y Sifuentes cuando señalan que, además de la cooperación que buenamente cada uno de nosotros podamos dar, hay que exigirle al Estado que haga lo que generalmente no hace: trazar políticas públicas de salud que puedan prevenir que más niños mueran de frío. Y mueren por las razones que todos nosotros sabemos pero a las que parece nos hemos acostumbrado (y quizás, de allí, la baja cobertura mediática hasta hace pocos días): un Estado ineficiente y burocrático, trabas administrativas, poca coordinación entre las instituciones, indolencia y, sobre todo, confiar en que el crecimiento económico por si mismo acabará con la pobreza. Si, yo creo en el mercado, pero también en que el Estado haga la chamba que tiene que hacer, y, en prevenir que nuestros niños no mueran gracias a la pobreza y a la indolencia, la empresa privada no puede reemplazarlo.
Mientras tanto, el Presidente cambia su web para que se vean mejor sus “Sabia usted que en 1,000 días de gobierno” (sic). ¿El Perú avanza? Si, lo que no sabemos es hacia dónde.



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