OPERACION LIMPIEZA: HUMALA Y MADRE MIA
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Uncategorized
Cuando me preguntan sobre la razón principal por la que no votaría por Ollanta Humala, la primera que se me viene inmediatamente es la siguiente: sus cuentas pendientes en materia de derechos humanos.
Si, ya se, Carlos Tapia y los nacionalistas señalan que Ollanta fue uno de los pocos que habló de cumplir las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en su plan de gobierno o que ha encarado a Alan García y Alberto Fujimori sobre sus cuentas pendientes. O me dirán que algunos de sus parlamentarios han sido los más entusiastas en la defensa de los derechos humanos en medio de un clima político poco proclive a su resguardo.
Pero nada de eso borra algunos hechos. Del archivo del 2006:
Varios vecinos de la base dieron, en declaraciones al programa periodístico ‘Reporte Semanal’ (Canal 2), su testimonio sobre las presuntas atrocidades del capitán ‘Carlos’, como se conocía a Humala cuando comandaba la base antisubversiva ‘Madre Mía’.
Jorge Avila Rivera relató como logró escapar de ser asesinado por los militares de ‘Madre Mía’, tras ser capturado, en un operativo realizado a principios de la década de 1990, por sus supuestos vínculos con el grupo armado ‘Sendero Luminoso’.
Rivera afirmó que al ser llevado a orillas del río Huallaga, conocido cementerio clandestino durante la violencia terrorista, logró escabullirse y salir nadando hasta ponerse a salvo.
Los testimonios de los crímenes del ‘capitán Carlos’ ya habían sido recogidos en el informe final de la ‘Comisión de la Verdad y Reconciliación’, aunque el organismo desconocía, en esa fecha, la verdadera identidad del capitán.
El ex militar reconoció esta semana que se hacía llamar ‘capitán Carlos’ en esa zona, aunque negó ser responsable de los crímenes de lesa humanidad.
Aunque en esa época los voceros humalistas pretendían decir que todo fue pagado por el dinero de los broadcasters locales en contra de Ollanta, lo cierto es que evidencias habían. Sintomáticamente, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos investigó el caso y llegó a las mismas conclusiones que la prensa. Y, claro, el Ministerio de Defensa dio una extraña explicación sobre el “extravío” del legajo de servicios del lider nacionalista durante el periodo que sirvió en Madre Mía. Aún así, se abrío una investigación fiscal y un periodo de instrucción.
Pero la semana pasada, en medio del feriado largo y la psicosis porcina, Humala debió armar una pachanga. Vía La República:
La Sala Penal Nacional archivó definitivamente el proceso penal contra el líder nacionalista Ollanta Humala Tasso por tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial de tres pobladores del caserío de Pucayacu, cometidas en 1992, cuando ejerció la jefatura de la Base Militar de Madre Mía.
El tribunal acogió así la opinión del fiscal superior Víctor Cubas, quien desistió de formular acusación al no encontrarse pruebas contundentes en el expediente de la autoría de Humala Tasso.
El tribunal precisó que si bien las desapariciones se produjeron, estas no pueden ser atribuidas a Humala pues no hay una sola prueba concreta. Explicó que los supuestos testigos se desdijeron en el proceso y otros señalan que Humala no estuvo en Madre Mía en la fecha de las detenciones.
Bueno, hasta aquí podrían muchos señalar: investigaron bien y no encontraron responsabilidad en Humala. Pero hay tres sucesos extraños que me hacen pensar en que la chamba en el Poder Judicial y el Ministerio Público no fue del todo feliz. Aquí van.
SUCESO N° 1: EL TESTIGO Y EL MOTOTAXI
Jorge Ávila Rivera fue una de las personas que dio su testimonio tanto a la prensa como a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos sobre las torturas de las que fue objeto - junto a su hermana y su cuñado en la Base de Madre Mía. Cuando fue a declarar al Ministerio Público, dijo lo mismo, pero solo varió un detalle: Humala no me torturó.
Lo curioso es lo que encontró Edmundo Cruz en agosto de 2006:
El lunes tres de julio, cinco días después de que Jorge Ávila se desdijera ante el fiscal Arturo Campos, su esposa Irma Gómez de Ávila efectuó una compra al contado en dólares. No en Aucayacu sino en Tingo María, en la tienda “Motocar Muñoz”, concesionaria autorizada de la firma Honda. Allí adquirió una mototaxi salida de fábrica, color rojo, al precio de US$ 1,600.
Según la versión de la propietaria del establecimiento, María de Muñoz, la factura de la compra fue girada a nombre de “Irma Gómez de Ávila”, domiciliada en : “JP. 27 de Mayo. Aucayacu”. Los datos los escribió la misma vendedora, de puño y letra, en un volante de propaganda de su negocio, que reproducimos al lado.
Esta afirmación es negada por Jorge Ávila y su esposa. “No, no es mía. Esa mototaxi es de mi yerno”, respondieron ambos. Ávila sólo recordaba el nombre de su yerno, mas no su apellido.
La República fotografió la mototaxi roja aparcada frente a la casa de Jorge Ávila. La placa del vehículo está en trámite, por esta razón no fue hallada su matrícula en Registros Públicos.
Sobre otra mototaxi de segunda mano, color azul, que observamos dentro de la casa de los Ávila Gómez, el jefe de familia respondió que pertenecía a su cuñado Segundo Gómez.
Desde allí, la sombra sobre una posible compra de testigos está sembrada.
HECHO N° 2: EL TESTIGO QUE NUNCA SE RETRACTO
No todos los testigos del caso se retractaron. María Elena Castillo de La República encontró lo siguiente:
Dos días antes de que la Sala Penal Nacional archive la denuncia contra Ollanta Humala por desaparición forzada, tortura y ejecuciones extrajudiciales de tres pobladores del caserío de Pucayacu en 1992, uno de los testigos reservados que lo acusó ante el Ministerio Público se reafirmó en sus declaraciones, y aseguró a La República que el entonces capitán “Carlos” ordenó que se cometieran dichos crímenes.
El testigo CRH-20, quien sirvió como soldado en la base de Madre Mía en 1992, relató que el 17 de junio de ese año participó en un operativo para detener a Benigno Sullca y a los hermanos Natividad y Jorge Ávila. Los dos primeros continúan desaparecidos.
Cerca de las 10 de la noche el sargento Huaringa nos comunicó que íbamos a salir, así que nos preparamos. Fuimos a una casa cerca de la carretera y sacamos a una mujer y un varón. Otro grupo sacó a un hombre de otra casa”, señaló. “Estaban amarrados y con pasamontañas. Los metimos en dos camionetas y los llevamos a la base”, agregó.
Precisó que la orden de realizar esta operación provino del jefe de la base de Madre Mía, a quien entonces sólo conocía como capitán “Carlos”. Recién en el 2006 supo que se trataba de Ollanta Humala, cuando lo vio en la televisión como candidato a la presidencia de la República.
Poniendome en mode de abogado: Hay que tener en cuenta que los casos de derechos humanos tienen dificultades para la prueba directa y que la construcción debe hacerse sobre la base de indicios realmente consistentes. De lo que se desprende de dicho testimonio dado tanto a la prensa como ante el Poder Judicial, era necesaria una mayor profundización en las investigaciones para poder hallar más elementos que permitieran encontrar la verdad del caso.
HECHO N° 3: ¿Y LA INVESTIGACION?
Todo ello me lleva a la forma en como se ha llevado a cabo esta investigación judicial. Y aquí hay un testimonio de primera mano que se había perdido en el tiempo.
Heidi Grossmann, hoy en Día D, fue la reportera que hizo la investigación sobre el caso Madre Mía en el 2006. Llamada a declarar ante el Poder Judicial, pasaron una serie de sucesos que ella relató en su blog y que nos demuestran lo “eficiente” de la investigación:
El asunto estaba clarísimo. La semana pasada, en mi condición de testigo y sentadita en la silla de madera del cuarto juzgado, la jugada se me hizo más obvia aún. El fiscal, a quien tuvieron que ir a buscar porque no había asomado a la diligencia, apareció sin siquiera haber leído el expediente y me preguntó, fresquísimo él, que cuántos reportajes había hecho, cuándo, “¿cómo es?” Le pedí que leyera lo que ya había respondido en su ausencia. Pasó la vista por el texto y se sentó a pensar. Diez, veinte, treinta segundos. Hizo alguna pregunta cumplidora. Otros diez, veinte… hasta que preguntado para que diga si: usted editó, ¿no es cierto? O sea, usted grabó las entrevistas, pero de ellas usó sólo un poco, ¿no es cierto? Entonces editó. Qué cara le habré puesto al hombre, no sé, pero la suya era de hervor cuando le dije que esa pregunta la esperaba del abogado defensor, no del fiscal. No más preguntas. Esa fue la magnífica intervención de la fiscalía en la diligencia. Su testigo.
Ay, y aquí vino lo peor, cuando el señor abogado del ex comandante me fusiló. Con preguntas, evidentemente. Que cuántas personas participaron en la investigación, que quiénes eran, que qué hacen, que cuál fue su participación, que cuántos días estuve en la zona, que cuántas personas entrevisté, que cuántas horas de grabación tenía, que cuántas cintas grabé, que de ellas cuánto utilicé en el reportaje… aquí trataban, evidentemente, de machacar un punto: que de lo grabado, supuestamente, yo utilicé muy poco. Imagino que intentan retorcer el asunto para que parezca que edité las declaraciones, que las tergiversé, que en fin, ya imaginan.
A las tres de la tarde las tripas me sonaban. El abogado insistía en que diga si el testigo Norvil Estela dijo que vio la cara de Ollanta Humala disparándole a su hijo. Que si vio el momento preciso en que Humala jalaba el gatillo, en que la pistola sonaba ¡pum! y en que la bala ingresaba en el cuerpo de su hijo. ¡Osea! Finalmente, la tortura terminó. La secretaria se paró para imprimir la declaración de la mareada testigo y el abogado de Humala espetó esta frase que, si hubiera constado en actas, habría cambiado la historia de este juicio: “Tú no lo has vivido, pero estar en la zona de emergencia fue espantoso. Era necesario pues, era necesario para combatir el terrorismo, era necesario el terrorismo de Estado”.
Luego de ver estas evidencias, todo indica que a la verdad, en el caso Madre Mía, le dieron el tiro de gracia.
MIENTRAS TANTO
Fuerte denuncia contra Nadine Heredia de Humala: primera periodista del mundo que cobra sin escribir una línea (Utero de Marita)



Entradas (RSS)