Esta caricatura de Carlín refleja como se han sentido los representantes de los pueblos amazónicos luego de su infrutuoso díalogo de esta semana con las autoridades de Lima. Hoy, como ya sabemos, estamos ante un fuego cruzado de acusaciones y declaraciones altisonantes. Mientras los dirigentes amazónicos hablan de insurgencia, Yehude Simon habla de intereses ocultos detrás de la protesta. Y ante la ruptura del diálogo, no sin razón, Alejandro Toledo ha hablado del fracaso de la política del Perro del Hortelano.
Bueno, más allá de la condena a la violencia y a los maximalismos de uno u otro lado, quizás lo mejor sea entender, además de los reclamos puntuales de los líderes comunales amazónicos, porque la selva protesta con tanta fuerza. Quizás lo más sensato que he leido en estos días corresponde a Juan de la Puente:
La primera indiferencia es la de la propia Amazonia, me refiero a la oficial y sus presidentes regionales (salvo el de San Martín), y la mayoría de alcaldes provinciales; es la indiferencia de la sociedad del espíritu colono, depredador maderero, artificialmente industrialista y mil veces depredador cocalero. Esa sociedad, educada bajo la absurda idea que la Amazonia es un espacio vacío y rico que se debe llenar de gente e industrias, desea secretamente que se rompan las últimas prohibiciones y regulaciones para seguir aprovechando destructivamente la biodiversidad bajo el pretexto del desarrollo. Si se hubiese tratado de exoneraciones tributarias para el comercio –que jamás redundaron en el bolsillo de la gente– o de cualquier medida de engorde del mercantilismo amazónico, ya tendríamos a los frentes regionales, alcaldes y medios locales jaqueando al país con un discurso regionalista encendido y falsamente izquierdista. Los nativos y sus demandas para que se respete su propiedad, derecho que sí vale en la costa, estorban no solo en Lima y en los bufetes que prepararon los decretos legislativos expropiatorios, sino allí mismo.
Esa resistencia a reconocer a los peruanos originarios también se localiza en la mayoría de los parlamentarios amazónicos, casi 20. Como no hay canon que distribuir, algo que pone en vilo a las ciudades, carreteras que construir o cultivos ilícitos que proteger, no vemos huelgas de hambre o bullangueros retiros de las sesiones del Congreso. Testimonialmente, una comisión multipartidaria recomendó derogar los decretos legislativos cuestionados, pero los parlamentarios amazónicos se conformaron cuando el Congreso convirtió sus conclusiones en tímidas sugerencias para la Comisión de Constitución. Sin el apoyo de sus representantes locales, regionales o nacionales (todos se han convertido en “mediadores”, no en parte afectada), los nativos son, ciertamente, los otros. Como hace 100 años son los “chunchos” que estorban la feliz ruta a la prosperidad de la ”montaña”.
Como vemos, el centralismo no solo es patrimonio de Lima y tampoco la mentalidad de hortelano. Ello explica porque, por ejemplo, las autoridades y parlamentarios selváticos no hayan encabezado la protesta ni mucho menos. El reclamo ha sido respaldado más bien por el entramado social selvático y, cuando nadie les ha hecho caso, se ha originado este desmadre con la dirigencia de AIDESEP jugando al filo del reglamento constitucional. Y siendo, en verdad, francamente desafortunados, como lo señala Santiago Pedraglio, dado que les han dado el pretexto perfecto al gobierno para deslegitimar la protesta:
La declaración del estado de insurgencia por parte de los dirigentes nacionales de las comunidades nativas agrupadas en Aidesep –representados por Alberto Pizango–, luego de la declaratoria de emergencia en las provincias amazónicas por parte del Gobierno, es un grave error. Además de ser demagógica, divide a su interior, aleja a sectores de opinión favorables a sus demandas y potencia peligrosamente el caos. Por ello, da la impresión de que el señor Pizango y su grupo impulsan irresponsablemente un juego propio en el interior de la dirigencia nacional, lo que podría derivar en la pérdida de legitimidad de los reclamos de sus representados.
Más allá de las soluciones de mano dura tipo metanles bala o cierren AIDESEP, enunciadas hoy por Aldo Mariátegui, lo cierto es que ambas partes deben volver a la mesa de negociación. Desconocer a un gobierno que, con todo, es un gobierno constitucional es tan tonto como seguir desconociendo que las normas por las que protestan en la selva son claramente inviables.



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