Los dos videos que aparecen arriba han remecido Guatemala. El abogado Rodrigo Rosenberg los grabó antes de ser asesinado el domingo. En los mismos, el letrado acusa al propio Presidente de Guatemala, Alvaro Colom, de ser el autor intelectual de su propia muerte. ¿Los motivos? Recurro a la BBC para la explicación:
Antes de ser abatido a tiros cerca de su casa, Rodrigo Rosenberg, jurista guatemalteco de 47 años, dejó grabado el mensaje en el que además implica a la esposa del presidente, Sandra Colom, a Gustavo Alejos, secretario privado del mandatario y a Gregorio Valdéz, asesor financiero de la Presidencia.
“Si ustedes están viendo este mensaje es porque fui asesinado por el señor presidente Álvaro Colom”, dice Rosenberg en el video y asegura que el motivo de su muerte estaría relacionado con el asesinato del que fue su cliente, el industrial Khalil Musa, quien fue abatido junto a su hija el pasado 14 de marzo.
El abogado culpó a distintos miembros del gobierno y de empresas y asociaciones nacionales de haber ordenado o tolerado el asesinato de Musa por su participación en el Banco de Desarrollo Rural (Banrural), donde, según Rosenberg, se negó a encubrir “negocios ilegales y millonarios” que “van desde el lavado de dinero hasta el desvío de fondos públicos a programas inexistentes”.
Por esa misma razón, alegó Rosenberg, la Presidencía estaría interesada en asesinarle “también” a él.
Si bien Colom se considera a sí mismo como un socialdemócrata, el hombre que gobierna Guatemala desde 2008 es más bien un personaje de luces y sombras. El País de España publicó este perfil, cuando fue elegido como mandatario el año pasado:
Su trayectoria, sin embargo, resulta algo más enrevesada. Colom sirvió en el Gobierno del evangélico Jorge Serrano Elías, que pretendió abortar el proceso democratizador de Guatemala en 1993 con un autogolpe de Estado (maniobra que impidió, por cierto, el general Otto Pérez Molina, su contrincante en estos comicios).
En las elecciones de 1999, Colom se presentó como candidato de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), la antigua guerrilla, con la que terminó rompiendo. Luego creó su propio partido, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que emergió con fuerza en la campaña de 2003 hasta que se descubrió que recibía financiación ilegal del Frente Republicano Guatemalteco, el partido del general golpista Efraín Ríos Montt, entonces en el Gobierno.
En esta campaña, la UNE ha ofrecido otros espectáculos poco edificantes, como la renuncia de su jefe de estrategia, José Carlos Marroquín, tras denunciar amenazas de mafias supuestamente vinculadas al propio partido, o las acusaciones de tráfico de influencias y malversación contra Sandra Torres, esposa de Colom.
Hoy el gobierno de Guatemala ha negado las acusaciones, en el siguiente mensaje dado por Colom junto a todo su gabinete, que más parecía un discurso de propaganda para evitar que se le caiga el gobierno:
Pero hay algunos antecedentes de la situación política de Guatemala que merecerían mayor atención. Recordemos que Guatemala tuvo un conflicto armado interno con, aproximadamente, 200,000 víctimas según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Y sus secuelas se siguen padeciendo. El Periódico de Guatemala, el medio que más ha cubierto la noticia, advierte en su editorial:
El asesinato de Rosenberg Marzano coincide con la visita a nuestro país del relator especial de la ONU sobre la independencia de los magistrados y abogados, Leandro Despouy. La misión principal del relator Despouy es apoyar la transparencia del proceso de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones.
En nuestra opinión, el relator Despouy debe imponerse del crimen del abogado Rosenberg Marzano, sobre todo porque fue precedido por otro doble asesinato que él mismo investigaba.
Todo apunta a que el asesinato Rosenberg Marzano, así como los de los señores Musa, fueron perpetrados por cuerpos ilegales o aparatos clandestinos de seguridad (CIACS) que operan en el marco del denominado Estado Paralelo, que investiga la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), bajo la conducción del español Carlos Castresana.
Son las “gusaneras” incrustadas en el sector público que en su oportunidad denunció y evidenció el ex vicepresidente Eduardo Stein, y que, con absoluta impunidad, siguen segando vidas de seres humanos en este suelo ensangrentado.
Las tasas de impunidad por criminalidad en Guatemala son bastante altas (98%, según las cifras más confliables), de allí que hayan tenido que recurrir a la ONU para formar un cuerpo especial para combatir la misma. Pero si un asesinato viene de las manos del poder: ¿se atreverán a investigarlo?




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