Archivo de 9 Mayo 2009

La denuncia sobre los ingresos de Nadine Heredia, la esposa de Ollanta Humala, ha copado primeras planas, discusiones en este blog y en otros, así como un debate sobre hasta que punto importan los ingresos de la esposa de un más que probable candidato presidencial. Pero también ha mostrado los dos lados del extremismo absurdo en que el país se mueve.

De un lado, el antihumalismo. En este momento, varios medios de comunicación, con Correo a la cabeza, están buscando bajarse como sea a Ollanta. Ya saben el discurso, pero quien lo encarnó de modo más crudo y pornográfico esta semana fue Cecilia Valenzuela:

¿Cuándo va a dejar el kindergarden el sector que dirige nuestro país? ¿Por qué el empresariado peruano no-mercantilista no se preocupa de la forma como se mueven nuestros enemigos ideológicos en nuestras propias narices? ¿Acaso hay alguien en su sano juicio que cree que el Perú resistiría un gobierno como el de Morales o el de Correa? ¿Qué nos pasa?

Pero este todos contra Ollanta, tiene sus grandes bemoles. De hecho, el cargamontón de denuncias - algunas falsas y disparatadas y otras, como la de Madre Mía, que debieron ser más escudriñadas - le da argumentos al comandante para jugar a lo que siempre sabe hacerse: la víctima. Comenta Santiago Pedraglio:

Por lo demás, este afán indagatorio es una excelente bandera para el partido de Ollanta Humala. La bancada aprista le está dando el pistoletazo de partida a la campaña electoral de su principal adversario político. Salta a la vista que quieren ‘quemar’, y rápido, al candidato nacionalista.

De concretarse, la investigación congresal se iniciaría a pocos días de que el Poder Judicial declarara inocente a Ollanta Humala en la investigación por violación de los derechos humanos, a propósito del caso Madre Mía (El Comercio, 1-5-09). La argumentación está servida: se trataría de una persecución política desde el centro del poder.

Pero, además, reduce el asunto a bajarse a un candidato. Es decir, la derecha peruana no examina el porqué del descontento frente al modelo económico - es decir, se olvidó de la palabra inclusión, que hasta metieron en el CADE - o de porque eligirían a alguien como Ollanta. Y claro, no ven que cualquier candidato podría arrebatarle a Ollanta los votos - porque así de impredescible es el Perú político - y, adios pampa mía, gastaron pólvora en gallinazos.

Del otro lado, es decir, del humalismo cerrado y obtuso, también hay mucho que decir. Esta semana he leido y recibido comentarios del tipo “no te vendas al sistema”, “no le hagas el juego al gobierno” o “nos cierran la oportunidad del gran cambio”.

Yo, como la verdad, no tengo nada que perder, solo me queda por aclarar algunas cosas. La primera es que este gobierno no me simpatiza por muchas cosas, quizás, la principal, sea porque no es un gobierno de reforma, sino un gobierno conservador. Así que tengo pocas ganas de concordar - salvo cuando es realmente necesario - con una administración con la que, simplemente, no estoy de acuerdo.

La segunda es que Humala me parece igualmente conservador, pero en otro sentido. Hace unos tres años, en plena campaña, presenté algunos argumentos:

Hoy Ollanta Humala nos plantea cambios a la supuesta matriz “neoliberal”, pero con la misma importa autoritaria de los llamados “neoliberales” fujimoristas.

Como toda persona que desconoce que la separación de poderes y funciones es consustancial a la democracia y a cualquier Estado que pretenda funcionar de manera adecuada, Humala nos vende la idea de que él y sólo él podrá encabezar una “gran transformación”, que con su mera voluntad se bajarán los combustibles al 30%, que por su mera imposición cambiará las reglas de juego, tanto las de la Constitución como los de los contratos de concesión, que por ser él quien lo decrete “nacionalizará” actividades económicas, sin precisarnos aún que es lo que ese vocablo, que tanto nos evoca a Juan Velasco Alvarado, significa.

Su impronta militar y su formación familiar hacen que Ollanta sea poco proclive a consensos y entendimientos, lo que es pernicioso para cualquier sistema democrático, en la que la voz de las minorías debe respetarse y en la que los acuerdos políticos – ojo, no las componendas – deben primar en los temas importantes.

A ello se suma la fragilidad del grupo político que tiene Humala detrás. No olvidemos que la UPP, casi extinta hace 7 meses, fue el vientre de alquiler utilizado por el comandante para sus sueños presidenciales y que, posteriormente, fueron embarcándose todo tipo de personas: desde gente que cree sinceramente en un proyecto radical, como Raúl Morey, oportunistas que han estado con todos los gobiernos como Salomón Lerner Ghitis, montesinistas y personajes de poca monta moral como Carlos Torres Caro y personas que hasta hoy no entendemos que hacen allí, como Edmundo Murrugarra o Carlos Tapia. Un grupo tan variopinto, que nos recuerda tanto a Perú Posible, no nos hace esperar algo bueno, tanto de su bancada parlamentaria, como de la solidez de su propuesta, hecha con retazos de aquí y de allá.

Además, está el hecho no aclarado, la denuncia no esclarecida y la incongruencia mayor de Humala: Madre Mía. Hay indicios sólidos que permiten señalar que el tema debe ser materia de aclaración ante el Poder Judicial, no solo por los testimonios recogidos por la prensa – en especial, por Edmundo Cruz de “La República” o por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, sino por el hecho documentado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación de que la zona del Alto Huallaga, entre 1989 y 1993, años en que Humala estuvo en la zona, fue un lugar donde se practicaron violaciones sistemáticas y generalizadas contra los derechos humanos y el río Huallaga se convirtió en la más grande fosa común del territorio peruano. Además de ello, el comandante habla de las reparaciones planteadas por la CVR, como si fueran un mero canje de la justicia y de la verdad, es decir, plantea pagar dinero a cambio que no sea procesado y que se oculte lo que muy probablemente cometió.

No puedo votar por Humala, en suma, porque veo en él, nuevamente, la perversión de la política y la economía, aplicando una receta económica ya fracasada y con una vocación por la impunidad.

Por tanto, el hecho de que no me guste Alan García tampoco hace que me agrade Ollanta Humala. Los motivos ya están explicados. Dichas razones no han variado en una coma.

¿Y en cuanto a la denuncia contra la señora Humala? Pues creo que Hildebrandt puso hoy los puntos sobre las ies:

La izquierda no puede adoptar la ceguera, la sordera, la afasia y el cinismo de sus adversarios. La izquierda no puede ser la derecha colorada.

¿Que el Banco de Crédito, cuyo presidente fue asesor de Fujimori y pedigüeño judicial en el SIN, le ha pasado datos confidenciales al diario “Correo”?

Así es. Pero el Banco de Crédito no le habría podido pasar ningún dato a ningún maligno requiriente si la señora Nadine no tuviese las cuentas tan pródigas y enredadas.

¿Que el Banco de Crédito ha cometido un delito de infidencia?

Seguramente. Pero eso no borra ni las cuentas ni los aportes misteriosos ni las triangulaciones inexplicables ni las consultorías omniscientes de una señora que parece experta en todo pero que no aclara nada a la hora de las aclaraciones.

Todo esto demuestra, al fin y al cabo, que la izquierda peruana hace muy mal en seguir confiando en la locomotora Humala. Y quizá demuestre también que el señor Humala no es de izquierda ni debería representarla.

Catatónica, sepultada por los escombros del muro de Berlín, con la cara de la momia de Lenin, huérfana de José Carlos Mariátegui y viuda de Alfonso Barrantes, la izquierda peruana quiere dejarse llevar por la viada de un nacionalismo errático y de un líder que deja para su esposa las cuitas financieras de la casa.

A pesar de Stalin, a pesar de don Jorge del Prado, a pesar de sus pecados, la izquierda peruana merece algo mejor. Merece, por ejemplo, una candidatura propia salida de una elección abierta y limpia.

Porque si la izquierda no es limpieza y cuentas claras, ¿qué diablos es?

Y esa es una pregunta que, por lo menos en el Perú, parece no tener respuesta.

MAS SOBRE EL TEMA:

Utero de Marita: Todos por Humala

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