Archivo de 1 Mayo 2009

Podría llamarse suerte, pero, todas las veces que tuve que acudir al médico, me dieron el diagnóstico adecuado y la receta precisa para curarme. Más que suerte, creo que se debió al profesionalismo y competencia de los médicos que me examinaron.

El problema viene cuando el médico que se equivoca en el diagnóstico se equivoca es el Ministro de Salud.

A estas alturas, todos hemos sido testigos de las marchas y contramarchas que Oscar Ugarte ha venido dando sobre la posible ocurrencia de un caso de gripe porcina en el Perú. Dichas contradicciones no solo han puesto en evidencia a un Ministro sin liderazgo suficiente para poder afrontar una crisis sanitaria, sino también la necesidad de contar con todos los implementos necesarios para poder diagnosticar adecuadamente una enfermedad que ha causado pánico. Y, con lo dicho por el Ministro el miércoles, las alarmas fueron mayores.

Yo dudo, francamente, que este tema sea una cortina de humo. La enfermedad existe y puede contagiar a cualquiera, dado el grado de expansión del virus, pero llevar a niveles de alarma que generen el pánico tampoco es lo mejor. Anoche escuchaba en RPP que en Arequipa se suspenderían las clases escolares por este tema. La precipitación lleva a medidas como estas.

Y tampoco es adecuado aprovechar la enfermedad para usos políticos. Rolly Reyna, reportero gráfico de El Comercio, brinda un testimonio que pone en evidencia la catadura de algunos de nuestros políticos:

Llegué al hospital Daniel A. Carrión para una conferencia de prensa que iba a dar el presidente regional del Callao, Álex Kouri. Lo acompañaban doctores de dicho nosocomio. Tras hablar sobre la prevención, nos invitaron a conocer los ambientes que se pueden usar como salas de aislamiento. Recorrimos varias áreas y llegamos donde permanece bajo cuidados médicos Alejandrina Coche, la pasajera argentina sospechosa de tener el mortal virus. Para verla solo había que ingresar al ambiente y rodear un frágil biombo que la separa de miradas indiscretas. Kouri se acomodó una mascarilla y a paso firme entró, pero antes le pidió a los periodistas hacer fila de dos en dos y tener sus respectivas mascarillas. Ingresé, pero entonces me di cuenta de que Kouri estaba exponiendo a la paciente a las cámaras y flashes para salir él en las imágenes. Pensé que yo no debía tomarle fotos a la mujer, así la viera. Sentí vergüenza. Capté unas vistas generales y me fui. Lástima que en la conferencia no se hablara del respeto a la vida, de la consideración al prójimo. Ha sido, en cambio, una falta de respeto, una humillación a la condición de una persona enferma. Se hizo un show de la desgracia.

Por esto sigue siendo duro pasar el Niágara en bicicleta.

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