VIVENCIA
La visión de quienes lo vivieron: Magaly Solier fue con Marco Sifuentes a recorrer Yuyanapaq, la exposición fotográfica sobre el conflicto armado interno. Sus impresiones en este video conmovedor:
EXPLICACION
En Espacio Compartido, Jorge Bruce explica porque algunos sectores de la población se resisten a la verdad:
Mi impresión, repito, es que esto va mucho más allá de grupos partidarios de encubrir la verdad terrible de esos años en que las peores partes de nuestra colectividad se potenciaron y recibieron licencia para el desenfreno absoluto y abyecto. Esto último no aplica a las atrocidades de los senderistas, quienes obraron por propia iniciativa y fueron los principales responsables de la tragedia. Pero sí para las Fuerzas del Orden, que durante años, mucho antes de Fujimori y Montesinos, durante los gobiernos de Belaúnde y García, tal como lo detalla el Informe citado, obraron en nombre de los prejuicios y lacras más destructivos y discriminatorios de nuestra Historia: desigualdad social y económica, racismo, violencia étnica y de género, etcétera. El asunto es que hoy todavía muchas personas se niegan a admitir ese periodo de oscuridad durante el cual se dio rienda suelta a nuestros demonios más salvajes. Más aceptable para muchos es la versión distorsionada arriba esbozada, en donde unas Fuerzas Armadas heroicas combatieron en defensa de todos, contra unas hordas de terroristas fanáticos y enloquecidos. Las cerca de setenta mil víctimas fueron, en esa mirada desculpabilizadora, un número puesto en duda, primero, luego consideradas como el fruto inevitable de una confrontación sangrienta y brutal en una guerra civil o de guerrillas, en donde se combate casa por casa contra enemigos difícilmente reconocibles por estar mimetizados con la población. Y quien no ha “puesto el pecho” para combatir por la patria no tiene derecho a enlodar esa gesta valerosa y sacrificada. Hasta ahí la versión ideal, de película, que a todos nos hubiera gustado sea la auténtica y que los enemigos de la verdad aprovechan con el descaro desvergonzado de personajes impresentables como el ministro citado o el aprista Núñez.
Desgraciadamente para ellos, los hechos son testarudos. La verdad desilusiona y confronta con la realidad de nuestra sociedad, en particular, del alma humana, en general.
El punto es que para muchos peruanos la construcción de un lugar destinado a la preservación de la memoria de esos tiempos aciagos es sentida como una amenaza para la integridad de su estructura psíquica, la cual se ha acomodado con ese relato grotescamente distorsionado pero asimilable con facilidad. En cambio la verdad que se abre paso en el Informe de la CVR nos coloca frente a un escenario dantesco de abusos masivos, injusticias sin cuento, torturas, violaciones y asesinatos, atrocidades sin límites, en donde los senderistas no eran los únicos malos sino que en cierto sentido -lo que hace las cosas todavía más difíciles de procesar-, acaso no fueron los peores. Explicar que esta resultante no es responsabilidad exclusiva de los militares sino de las autoridades civiles que se hicieron de la vista gorda, y del resto de la sociedad que desvió durante años su atención para no “enterarse” de lo que ya sabía, no es algo que se pueda lograr sin un trabajo paciente de lo que Freud resumía en un célebre artículo sobre el tratamiento psicoanalítico: repetir, recordar, elaborar. Solo así se podrá aislar y conmemorar el verdadero heroísmo de militares y civiles, que los hubo y no merecen ser licuados en la coartada de la lista de crímenes cuyas huellas no terminamos de desenterrar.
En otras palabras, mientras ese sentido común no sea reelaborado, seguirán persistiendo las batallas por la memoria y, claro, habrá políticos dispuestos a responder a esas expectativas.
INDIGNACION
A raíz del artículo de Mario Vargas Llosa y la respuesta de Ántero Flores - Araoz, Augusto Álvarez Rodrich reflexiona:
Pero Flores-Aráoz no tiene, en el caso del Museo de la Memoria, el monopolio del absurdo. El vicepresidente Luis Giampietri dijo que el museo significaría un avance de la izquierda caviar que no cobra la planilla si no acusa a las FF.AA.; el cardenal Juan Luis Cipriani, que el ofrecimiento del gobierno alemán es intromisión foránea; y el congresista Edgar Núñez, que el museo financiaría sueldos de ONG.
¿Qué decir ante argumentos como esos? Que ser autoridad –ministro, congresista, cardenal, vicepresidente– no es licencia para mentir o lanzar barbaridades sin sustento.
Hay personas que creen que todo lo que dicen, aunque desarticulado o malintencionado, debe convertirse –por su ‘alta investidura’– en verdad indiscutible. Ser autoridad demanda esfuerzo por el rigor del raciocinio elemental y algún apego a la verdad. Lo contrario proyecta vocación autoritaria y desprecio por la gente que tiene la cortesía y la paciencia de escucharlos.
Autoritarismo. El “mejor” servicio que nuestras autoridades actuales le están haciendo a Abimael Guzmán y Alberto Fujimori. A eso nos están llevando. Que el 2011 no volvamos a enterrar a la democracia junto a la verdad.
MAS SOBRE EL TEMA:
Martín Tanaka: La memoria y el museo de la memoria (2)
Roberto Bustamante: La memoria visual de la violencia política en el Perú



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