Archivo de 12 Enero 2010

Desde hace varios meses, el Poder Ejecutivo y el partido de gobierno vienen impulsando proyectos de reforma del Congreso para, en teoría, salvarlo del descrédito.

La primera propuesta fue la renovación por mitades. En Domingo de La República se explicó en que consistía esta iniciativa, así como su inconveniencia:

De aprobarse el proyecto de renovación parcial del Congreso en los próximos meses, la fórmula para el 2011, según el politólogo Fernando Tuesta Soldevilla, sería así: 130 congresistas serían elegidos en abril. La primera mitad –65 de ellos– gobernaría cinco años hasta el 2016, mientras que la segunda mitad –los otros 65– ejercería el cargo solo hasta mediados del 2013, cuando serían sustituidos por otro grupo que gobernará, a su vez, hasta el 2018. La segunda mitad sólo vería recortado su mandato a dos años y medio por única vez el “año cero”, ya que luego el sistema funcionaría solo: es decir, un grupo se elegiría el 2016, el 2021, el 2026, y así sucesivamente; y el otro, el 2018, el 2023 y 2028. De esto modo, habría parlamentarios que estarían en el poder en dos gobiernos distintos. Hay que remarcar que la duración de sus cargos seguiría siendo de 5 años; solo que su elección se realizaría de manera escalonada.

La pregunta clave es ¿con qué criterio se ubicaría a unos congresistas en el grupo que gobernará más y a otros en el que gobernará menos la primera vez? Hay varias posibilidades –entre ellas favorecer a los parlamentarios que hayan obtenido las votaciones preferenciales más altas permitiéndoles completar su mandato–, pero también es factible recurrir al sorteo. Esto último, incluso, parece cobrar más fuerza si se consideran los antecedentes legislativos en el Perú y la experiencia internacional. El azar podría ser el juez de los congresistas en la primera renovación. Así, afirma Tuesta, este proyecto no garantizaría sacudirnos de los peores parlamentarios y quedarnos con los mejores padres de la patria, como promete el partido de gobierno.

La segunda propuesta, presentada por la bancada aprista la semana pasada, no apunta a una renovación parcial, como equivocadamente se ha dicho en algunos medios, sino hacia un recorte del mandato parlamentario en dos años y medio. Así, la propuesta tendría como objetivo evitar el desgaste propio de todo Congreso, con una renovación más rápida.

La idea no es novedosa. De hecho, el ex presidente del Congreso Henry Pease ha señalado en varias conferencias y publicaciones recientes que esto sería conveniente, debido a que permitiría diferenciar las elecciones parlamentarias de las presidenciales, que el país ya se acostumbró a tener Congresos en los que el gobierno no necesariamente tiene mayoría y llevaría a que se llegue a acuerdos.

El problema, mis amigos, es que la propuesta Pease está pensada para un parlamento bicameral, no para un congreso unicameral como el que tenemos. He allí un primer problema. Y es que si bien buena parte de la clase política y de analistas en temas constitucionales y electorales está de acuerdo con volver a un parlamento de dos cámaras (e, incluso, con una Cámara de Diputados un tanto más grande que la actual), la bicameralidad no es respaldada mayoritariamente por la población, debido a que se piensa que se mantendrán a más parlamentarios tan malos como los que - salvo excepciones - tenemos actualmente.

Un segundo tema tiene que ver con las reglas electorales. Si se va a una propuesta como esta, ¿por qué no completar el trabajo y hacer que las elecciones parlamentarias no coincidan con las presidenciales? Pienso que si elegimos a congresistas que son desastrosos es, en buena parte, por la simultaneidad entre ambas elecciones, que nos llevan a un “voto de arrastre”. Fernando Tuesta ha analizado el tema y tiene dos salidas posibles:

La elección parlamentaria podría realizarse posterior a la elección presidencial (no al revés como Colombia), aun cuando tiene el agravante de mantener una frecuencia electoral que puede ser contraproducente por el agotamiento en campañas sucesivas, con el encarecimiento de los costos electorales.

Una salida sería mantener las dos elecciones en un mismo proceso pero en días distintos. Si la elección parlamentaria se realizara posterior a la primera vuelta electoral, el elector tendría dos escenarios. Uno en donde gana un candidato en primera vuelta, por lo que el elector decidirá si otorga su voto al partido del presidente o fortalece a la futura oposición. De otro lado, si nadie supera la mayoría absoluta, el elector tendría que pensar mejor su voto para el Congreso, que es quien elegiría al presidente de la república. En ambos casos, se cumple el efecto concentrador alrededor de los partidos más votados, en donde el elector ejercerá así un voto estratégico. Como se observará en ambos casos la tendencia del elector será la de concentrar sus votos en pocos partidos.

Un tema conexo con ello es que esta propuesta se propone sola, sin otras reformas como la eliminación del voto preferencial, mejoras en la Ley de Partidos Políticos y la fiscalización que se hace del cumplimiento de sus reglas, pensar si Lima debe seguir siendo una sola circunscripción electoral, castigar el transfuguismo y discutir en serio el tema del voto voluntario. Creo que van por allí las reales soluciones al tema de la calidad del Congreso.

Lo siguiente es que la reforma se viene imponiendo como una suerte de cambio a la fuerza, como también lo ha señalado Pease. El lenguaje que ha empleado el Presidente de la República dista de generar los consensos políticos necesarios para generarla, pretendiendo confrontar a un Congreso en la cúspide de su impopularidad con una población descontenta con el mismo. De allí que no pocos observemos que la propuesta, en realidad, busca incrementar en el 2014 los parlamentarios apristas, que se reducirán en un porcentaje importante en el 2011.

Finalmente, creo que también es importante que los próximos candidatos al Congreso hagan pedagogía política. Básicamente, se les pide que no prometan obras físicas, puentes, carreteras y demás. En otras palabras, que no estafen a la gente diciéndole cosas que no pueden hacer. Explicar para que sirve el Congreso y, una vez elegidos, tener una función de representación real de sus electores puede ser uno de los caminos para eliminar buena parte de la desconfianza existente en el parlamento. Además, claro, de cumplir con sus funciones de legislar y fiscalizar adecuadamente.

MAS SOBRE EL TEMA:

Menos Canas: ¿Renovación? No le creo, señor García

BBC Mundo: Perú, ¿el peor Congreso?

Perú.21: APRA no encuentra consenso para reformas

Comments 2 Comentarios »

Creative Commons License
Desde el Tercer Piso by José Alejandro Godoy is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 2.5 Perú License.