
Esta semana la SUNAT ha vuelto a hacer noticia. Luego de 18 años de labor y del bache en su imagen que supuso la intervención ilegal en Panamericana, el ente recaudador ha decidido ponerse fuerte con los principales deudores tributarios. Así, las 12 mayores empresas morosas han sido llevadas a INDECOPI para someterlas a un proceso de reestructuración patrimonial que les permita cumplir con sus obligaciones sin dejar de operar o salir ordenadamente del mercado.
La mayor de las deudoras es una empresa minera puneña y también se encuentra en la lista el club Universitario de Deportes. Independientemente de mi hinchaje crema, lo cierto es que esto es consecuencia de los malos manejos económicos que tuvo el club durante años. Como dicen los chinos, crisis es igual a oportunidad, y esta puede ser la ocasión para que, por fin, el club se convierta en sociedad anónima y se maneje con los criterios modernos de una empresa. El fútbol, además de pasión y entretenimiento, también es negocio.
Pero volvamos a la SUNAT. Si ha procedido de esta manera es porque en el ente recaudador se ha dado cuenta que las cosas no andan bien y no solo como producto de la crisis. Un reciente reportaje de Elizabeth Cavero para Poder, señala que el Tribunal Fiscal - el ente administrativo que ve los reclamos de los contribuyentes en última instancia - resuelve el 60% de los casos en contra de la SUNAT. ¿Y ello a que se debe? Algunas explicaciones en el reportaje:
Tener un sistema de tributación sencillo y con reglas claras es algo que muchos gobiernos buscan, porque favorece el clima de negocios. A esta premisa obedecieron las reformas de principios de los años noventa, que consistieron básicamente en crear una entidad recaudadora fuerte y en reducir el número de impuestos. Pero en los 20 años que han pasado desde la creación de la Sunat el Código Tributario se ha ido abultando y las leyes se han hecho complejas y difíciles de cumplir. de otra parte, nunca se ha dejado de lado la costumbre de dar beneficios tributarios –tanto desde el Congreso como desde el Ejecutivo–, los cuales, si bien pueden ser justos, complican la legislación.
“Otras veces ocurre que la ley no prevé diferentes situaciones y los funcionarios de la Sunat deben aplicarla literalmente”, explica una ex alta funcionaria de la administración. “En cambio, los vocales del Tribunal Fiscal sí pueden aplicar su criterio para resolver un caso”, agrega.
En la misma línea, en torno a las grandes deudas y las dificultades para cobrarlas, refiere César Luna Victoria:
El stock no se explica solo por evasión tributaria. La principal causa es lo que demora un proceso tributario: 7 años. Cuente: 1 de reclamación ante la Sunat, 4 de apelación ante el Tribunal Fiscal, 1 de revisión judicial ante la Corte Superior y 1 en la casación ante la Corte Suprema. El plazo será mayor dentro de poco, porque el Tribunal Fiscal recibe más procesos de los que puede resolver y porque en un par de meses el proceso de revisión judicial será menos especializado.
La cobranza sólo es coactiva al término de la apelación ante el Tribunal Fiscal. Para que el proceso sea revisado judicialmente el deudor debe garantizar el pago de la deuda. La regla está bien: no se puede cobrar hasta que la controversia haya sido resuelta al menos por el Tribunal Fiscal. Lo que está mal es que eso dure 5 años. En ese plazo, el deudor privilegia el pago de otras deudas, se ordena, apuesta por una amnistía, se le aparece la Virgen o, simplemente, desaparece. Por eso es que el 70% del stock es de “no habidos”.
Debe haber una revolución total. ¿Ha visto un expediente tributario? Tiene miles de páginas, fotocopias de todo lo que un auditor pide en la fiscalización. Cada instancia, por responsabilidad profesional, debe revisar estas miles de páginas. Lo ideal es que al final del proceso, la Sunat y el contribuyente “saneen el expediente”, esto es, que se pongan de acuerdo en cuál es la controversia y qué documentos son necesarios para resolverla. Esto construye un expediente ad-hoc y facilita su revisión.
También hay que apoyar al Tribunal Fiscal: salas transitorias para descargar el trabajo. Pero hay otro tema: la gran mayoría de los vocales, sino todos, están “pendientes de ratificación” desde hace años. Como es previsible, tienen el temor de no ser ratificados si molestan al poder político, por eso, dejan los temas calientes “para después”. ¡Que los nombren de una vez!. Los buenos contribuyentes lo van a agradecer, porque ellos tampoco resisten años de procesos sobre deudas que realmente no deben.
Como vemos, se requiere de una reingeniería en la SUNAT. Ello implica simplificar aun más los procedimientos tributarios, fortalecer su institucionalidad y la del Tribunal Fiscal, simplificar las normas para que los ciudadanos estemos más informados sobre nuestras obligaciones dado que la legislación tributaria está en constante cambio y, sobre todo, evitar que el poder político vuelva a tener ingerencia en un organismo que debe ser autónomo y parecerlo.
Sobre una reforma en los tributos, hablaremos en otra ocasión.
MAS SOBRE EL TEMA:
Entrevista a Manuel Velarde, jefe de la SUNAT, en El Comercio
Mirko Lauer: La Sunat no es un banco
Augusto Álvarez Rodrich: Por la ruta de San Judas Tadeo



Entradas (RSS)