Archivo de 4 Setiembre 2009

Un viejo chiste de Los Chistosos, cuando Fujimori era presidente y candidato, jugaba con la doble imagen del dictador apareciendo con fondo de Palacio o del cerro pintado. Cuando Rossini se hartaba que Armas, haciendo del Chino, le dijera “como que quieres que te hable, ¿como presidente o como candidato”, el genial imitador le respondìa, “bueno, voy a hablar como el dueño del canal”.

La misma sensación quedó esta semana cuando, en Ecuador, Rafael Correa ordenó sacar del aire el programa de Laura Bozzo, de una televisora bajo control estatal luego de una incautación por intracciones tributarias. Creo que la señora Bozzo no despierta las simpatías de muchos, pero, hay que decirlo, Correa terminó censurando el programa y convirtiendo a una animadora que falsea testimonios en una perseguida política. Violación de derechos y torpeza a más no poder.

Pero luego, su majestad Alan I abrió la boca, para decir que Correa podría decir lo que quiera en “su” canal:

Dos complicaciones aquí. La primera, es que Correa, además de censor, tiene bajo la manga una controvertida norma de telecomunicaciones. Comenta Fernando Vivas:

Acabo de leerlo y, si bien puedo destacar importantes aportes en el reconocimiento de las organizaciones de consumidores o veedurías , en la definición de políticas públicas de comunicación y la incorporación de principios de no discriminación, acción afirmativa y hasta del derecho a ocupar la “silla vacía” en instancias de debate, huelo un tufo maquiavélico: el poder político expide un bonito listado derechos frente al poder de los medios, con lo que contenta a ciudadanos y colectivos insatisfechos con los medios pero, astutamente, se reserva el control de la Superintendencia de Telecomunicaciones y Medios (Art. 55), cuyo jefe se elige entre una terna propuesta por el presidente (Art. 56).

Este poderosísimo ente fija sanciones que llegan hasta el cierre del emisor que no sea veraz (Art. 8), que haga juicios de culpabilidad antes de que la justicia se pronuncie (Art. 11), difunda datos de carácter personal (Art. 14), grabe conversaciones sin autorización (Art. 15), o difunda información fiscal reservada (Art. 19).

O sea, con el argumento de proteger al ciudadano de los abusos mediáticos, se mina la capacidad de fiscalización periodística al poder, sancionando métodos que sí permiten otras legislaciones. Para coronar el proyecto, el Art. 163 obliga a los medios a promover una suerte de corporativismo social comunicativo y el Art. 172 describe las situaciones en las que el presidente podría suprimir la libertad de información en todo el país.

El otro problema es que el Presidente del Perú cree que los medios de comunicación del Estado son su chacra. Ya lo había comentado antes Fritz Du Bois luego de su declaración, lo había confirmado Armando Massé con el extraño contrato entre APDAYC y Radio Nacional, pero la confirmación llegó luego, de propia voz de Ricardo Ghibellini, el presidente de la radio y televisión estatal. Vía Perú.21:

¿Habrá un programa tipo Aló, presidente, de Hugo Chávez?
Eso fue una maldad de un periodista. Nosotros hemos asignado una hora a la Presidencia, y eso lo han tomado como un “Aló, presidente’. No lo está usando. Estoy seguro de que el presidente no haría algo así, haría una cosa mejor. Ojalá pudiéramos tenerlo en la programación una vez a la semana.

En el caso del espacio de Laura Bozzo en Ecuador, Alan García dijo que un presidente tenía derecho a vetar un programa…
El presidente tiene derecho a vetar, no es que tenía. Si a mí me llama el presidente y me dice: Ricardo, levanta esa señal del aire, yo la tengo que levantar, porque es el jefe supremo del Estado peruano, dueño de este canal.

¿El presidente es el dueño del canal? ¿No es el Estado?
El presidente no es el dueño, perdón, me he expresado mal. En última instancia, es el que manda sobre el canal, es el jefe del Estado, no es el jefe del partido en el caso del presidente de la República. Por lo tanto, si me llama y me dice: Ricardo, suspendes el programa, yo lo único que puedo hacer es suspenderlo y, si no lo puedo hacer, renunciar.

¿Eso no es una intromisión política?
Te aseguro que el presidente no me va a decir algo así.

¿Pero el presidente debería tener esa capacidad de veto?
No tiene capacidad. Nadie tiene capacidad de veto sobre nada.

Todos los gobiernos del mundo quieren buena prensa. Basta escuchar lo que fue el patético discurso de Rafael Rey ayer en el Congreso para darnos cuenta de ello. Cada medio debe tener la independencia de apoyar a quien quiera y, cuando exista una crítica a la gestión gubernamental, no debe haber represalia alguna sobre la materia. Y en el caso de los medios de comunicación del Estado, la cuestión es aún más clara: pluralidad informativa y, en el terreno ideal, ningún favoritismo hacia el gobierno de turno.

Pero como vemos, aqui se confunde Gobierno con Estado y canal estatal con chacra. De allí que el Presidente se sienta como el dueño del circo y trate a los demás como si fueramos sus empleados.

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