
Duele. De verás que duele. Otra vez el rito de nuevo: atentado, militares fallecidos, familia condolida, Ministro con discurso de mano dura y prometiendo que será la última vez que ocurra. Entierro con el pabellón nacional, discurso de orden, condecoración póstuma, llanto, rabia. Y olvido de las autoridades, al ritmo de la Marcha Morán, que ponen en cada entierro de un miembro de las fuerzas del orden que cae en acción.
Parece que, con la excepción de Allan Wagner, este gobierno se ha propuesto poner a las personas menos idóneas en el Ministerio de Defensa, cuyos únicos “méritos” parecen ser las declaraciones destempladas, pedir más plata para comprar armas, no hacer reformas de fondo en el sector, criticar desmedidamente a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, negar información sobre casos de violaciones de derechos humanos y no tener la más mínima idea de que hacer en el VRAE.
Esta vez fueron dos miembros de la Fuerza Aérea del Perú, aquellos que casi no habían tenido víctimas en 29 años. Ángel Bejarano Pacheco y Jorge Sánchez Pérez son los nombres de los nuevos héroes del país, a quienes esperamos el Ministerio de Defensa no olvide. De hecho, la CVR no olvidó a nuestros héroes:
Los institutos armados y el Ministerio del Interior han proporcionado a la CVR las listas de las bajas de sufrieron las fuerzas del orden en el combate contra la subversión armada a lo largo del 20 años investigados. De acuerdo con esta información murieron 1,674 miembros de las fuerzas del orden en actos de servicio en zonas de emergencia o en combates contra elementos subversivos entre 1980 y el año 2000. Esta cifra equivale al 7% del total de víctimas fatales reportadas en los testimonios analizados por la CVR.
Según las mismas fuentes, adicionalmente las fuerzas del orden sufrieron 1,698 bajas de heridos o de efectivos que quedaron inválidos a consecuencia de los combates o los ataques perpetrados por los elementos subversivos.
(…) Como se ve el Ejército Peruano fue la institución que tuvo mayores bajas (60% del total de las bajas reportadas de los agentes del Estado) en la medida en que el Estado Peruano le encomendó a sus miembros la principal responsabilidad del combate a la subversión armada. El 82% de las víctimas del Ejército Peruano fueron personal de tropa, 7% suboficiales o técnicos y 11% oficiales. El 50% de los oficiales caídos en cumplimiento de su deber fueron tenientes o subtenientes, el 85% tenían grados iguales o inferiores al de capitán. La gran mayoría de oficiales fallecidos eran entonces responsables de tropas o patrullas por lo que sus muertes se produjeron generalmente en actos de combate o en emboscadas subversivas en el campo.
La Policía Nacional fue la segunda institución de las fuerzas del orden que sufrió el mayor número de bajas a consecuencia del conflicto armado interno (34% de las bajas de las fuerzas del orden). El 8% de los fallecidos de las fuerzas policiales serían oficiales. A diferencia de los efectivos de las fuerzas armadas, cuyas bajas se produjeron sobre todo en operaciones de patrullaje en el campo, gran parte de las bajas policiales son producto de atentados individuales («aniquilamientos») o ataques subversivos contra puestos policiales relativamente aislados y poco guarnecidos. En los primeros años del conflicto armado interno, los ataques contra policías eran una modalidad empleada por los miembros del PCP-SL para proveerse de armamento. Asimismo, estos ataques se consideraban una forma de «bautizo» para los subversivos que formaban parte de los destacamentos de «aniquilamiento selectivo». Muchos de estos ataques se produjeron mientras los policías realizaban labores cotidianas relacionadas a su función (seguridad ciudadana, patrullaje urbano, etc.) por sorpresa y de forma alevosa (tiros por la espalda).
En relación al Ejército o las Fuerzas Policiales, la Marina de Guerra tuvo un número mucho menor de bajas fatales (6% del total de las fuerzas del orden). Su ámbito de acción estuvo básicamente restringido a las provincias de Huanta y La Mar en el departamento de Ayacucho (25 bajas fatales) y a algunas provincias de Ucayali y Huánuco (39 víctimas fatales). Efectivos de esta institución también murieron en enfrentamientos o atentados en la ciudad de Lima y el Callao, en estas localidades se registraron 20 bajas, 3 de las cuales corresponden a miembros de la marina de guerra que murieron en la debelación del motín en el Penal del Frontón en 1986.
La CVR ha recibido una relación de 10 efectivos de la Fuerza Aérea Peruana muertos a consecuencia del conflicto armado interno. Estas bajas de produjeron generalmente mientras brindaban acciones de apoyo logístico a miembros de las demás fuerzas del orden.
El mejor homenaje que este gobierno puede hacerle a sus militares y policías está en dos acciones concretas: mejorar la estrategia en el VRAE y tener a buenos ministros en Defensa e Interior. Pero parece que es algo que Alan García le seguirá negando a la nación y sus héroes.
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