Para devolverlos a la realidad, algunos datos ciertos.
1. Giovanna Peñaflor, hoy en La República, explica porque esta encuesta no es tan seria:
La directora de la encuestadora Imasen, Giovanna Peñaflor, opinó que el resultado de una encuesta según la cual más de la mitad de los limeños estaban en desacuerdo con la sentencia al ex presidente Alberto Fujimori encerró una pregunta poco clara.
“La pregunta sobre si estaba de acuerdo o no con la condena a Fujimori fue poco clara, ya que debió tener filtros previos”, señaló Penaflor respecto a un estudio elaborado en la víspera por la Compañía Peruana de Estudios de Mercado y Opinión Pública (CPI).
En él se afirma que un 59.4% de ciudadanos de Lima y Callao consultados por CPI, bajo un universo de 400 personas, está en desacuerdo con la sentencia.
“Estar en desacuerdo con la sentencia no implica necesariamente creer en la inocencia de Fujimori. Puede haber gente que hubiera deseado más años de cárcel, otros que hubieran esperado menos incluso. No se hace referencia tampoco a si se cree o no en su culpabilidad”, estimó Peñaflor. La directora de Imasen consideró, además, que es muy prematuro el tiempo para desarrollar encuestas sobre el caso Fujimori, puesto que “la gente no ha venido siguiendo el proceso”.
2. Hildebrandt, ayer en La Primera, insistió en esto:
Porque lo cierto es que si uno examina con atención los números de CPI –más allá del sesgo de las preguntas sentimentaloides- encontrará que la verdad es exactamente lo contrario de lo que nos han querido hacer creer.
Veamos. El 36 por ciento de los encuestados está plenamente conforme con la condena. Todavía hay un 4 por ciento que piensa que el veredicto debió ser más contundente. Allí tenemos ya un 40 por ciento.
Luego viene lo bueno. Si uno escarba detrás del curare que Saavedra y RPP le pusieron a los cuadros encuentra que hay un 28 por ciento de limeños que han sido puestos en el rubro del fujimorismo doliente porque han dicho que no están de acuerdo con la magnitud de la condena. No es que consideren a Fujimori inocente. No es que consideren injusto que haya sido sometido a un proceso y condenado. En lo que no están de acuerdo es –Saavedra dixit- en la cantidad de años impuesta. ¿Eso los hace parte de la corte que Saavedra y RPP integran vestidos a lo Pompadour?
No. Y por eso es que hablamos de una auténtica manipulación de resultados. Frente a la pregunta específica de si Fujimori debió ser o no condenado, sólo un 26 por ciento, según los propios números semiencriptados de Saavedra, está por la absolución.
De modo que si sumamos el 36 por ciento de conformes, el 4 por ciento que piensa que debieron ser más años y el 28 por ciento de los que no rechazan una condena pero sí la severidad de la del martes, tenemos que el 68 por ciento de los encuestados han rechazado la idea de la inocencia y la absolución y que sólo un 26 por ciento se ha manifestado por la liberación sin cargos del señor Fujimori.
3. De hecho, este argumento de cuestionar la justicia por encuestas es de lo más bajo a lo que ha caido el fujimorismo (lo cual ya es bastante decir). La verdad es que el Poder Judicial no cambia sus fallos por aclamación o pifeo popular. De lo peligroso que es esto y de las viudas fujimoristas, habla Mirko Lauer:
Los mismos periodistas y articulistas que suelen clamar por la autonomía del Poder Judicial ahora promueven una dudosa encuesta para enfrentar la decisión de los vocales del caso Fujimori a una supuesta opinión mayoritaria. Como muestra César Hildebrandt en su columna de ayer en La Primera, no hay tal opinión mayoritaria.
Pero aun si hubiera tal mayoría, ella no podría servir para hacer justicia, y menos para revocar las decisiones de la justicia en el país. Es válido emitir opinión sobre las decisiones de una corte. Pero pedir indulto en base a las cifras de una encuesta tiene un tufo a los mecanismos de un circo romano.
(…)
No escapará a la mirada del lector cuántos de los críticos de la sentencia contra Fujimori acompañaron con displicencia desde diversos lugares del espacio público (medios, cargos políticos, islas de excelencia económica) el avasallamiento delincuencial del sistema judicial peruano. De modo que ahora están mostrando consecuencia.
Que los capituleros del fujimorismo protesten es comprensible, y están en su derecho. Pero que figuras que ya parecían reconciliadas con el orden institucional encharcado en los años 90 hayan vuelto a acompañar maniobras de corte psicosocial es descorazonador. Pareciera que el indulto que reclaman en el fondo fuera para ellos.
4. Algunas de estas viudas ya están identificadas. No hace falta ser muy perspicaz para entender que, ayer, Augusto Álvarez Rodrich se refería a Aldo Mariátegui, Luis García Miró y Jaime de Althaus, convertidos en viudas “seudo - liberales” del reo de Barbadillo. Hoy Roberto Bustamante señala a otros “neo - fujimoristas”:
La misma crítica es extensible a buena parte de la derecha peruana, sobre todo en la semana de la sentencia a Alberto Fujimori, por crímenes de lesa humanidad. ¿No se debería reclamar también un deslinde con el autoritarismo como forma de gobierno? ¿Crecimiento económico -en entredicho, además, teniendo en cuenta la enorme corrupción, justamente económica- sin derechos humanos? ¿Los costos sociales de la reinserción del Perú al sistema financiero mundial? ¿Las cuotas de sangre para la revolución capitalista en el Perú?
Aquí, una divertida selección de citas, donde distintos periodistas, columnistas, empresarios, etc., buscan atenuar la sentencia de Alberto Fujimori, bajo el discurso del crecimiento económico.
No juzgar al modelo económico:
“La sentencia debe circunscribirse al dictador y sus cómplices, porque no están bajo escrutinio los militares que vistieron y visten con honor el uniforme de la patria. Tampoco debe juzgarse un modelo económico o una postura ideológica.” (La condena moral, Hugo Guerra, 4 de abril del 2009)
“Antes de Fujimori, el Perú era un infierno. El ‘durante’ habría que dividirlo en dos periodos: 1990-1996 y 1997-2001. El primer periodo fue de ensueño y Fujimori fue su artífice, por lo menos, en lo que a pacificación y ordenamiento económico se refiere. Por ello, muchos peruanos consideramos que Fujimori fue un gran presidente. […] debemos pensar en un Perú “después de Fujimori”: un Perú práctico y efectivo como el primer gobierno de Fujimori, pero lejos –lejísimos– de ese malvado que resultó ser.” (Antes, durante y después de Fujimori, Fernando Cillóniz, 8 de abril del 2009)
La severidad de la sentencia:
“En realidad, esas grietas en el fallo no lo van a invalidar, ni mucho menos; pero sí se prestan a la especulación sobre si existió, al menos en el subconsciente, un elemento político al momento de su redacción. También va a ser motivo de cuestionamiento la severidad de la condena, ya que le han otorgado la pena máxima en un caso basado en indicios, lo que impide descartar totalmente las dudas razonables. Un par de años menos que el máximo habría sido más adecuado.” (La grieta se agranda, Fritz Dubois, 9 de abril del 2009)
“Aunque las encuestas no garantizan la permanencia de las actuales simpatías, la excesiva sentencia a Fujimori podría levantar aún más la candidatura de Keiko.” (Encuesta, sentencia y candidata, Alfredo Ferrero, 9 de abril del 2009)
El termómetro popular:
“Luego de que el tribunal sentenciara a Alberto Fujimori a 25 años, se empieza a notar, con increíble nitidez, dos reacciones: la del Perú oficial y la del Perú real. Los partidos políticos, los medios de comunicación y las élites celebran la severidad de la corte y reconocen que se trata de un hito histórico para la democracia peruana y latinoamericana. Se trata del Perú oficial. Sin embargo, en las ciudades emergentes y andinas que rodean los barrios mesocráticos de Lima y en las áreas rurales del país, Fujimori se ‘victimiza’ y los líderes fujimoristas señalan que la implacable condena “es el triunfo de Sendero Luminoso”.” (Los juicios a Fujimori, Víctor Andrés Ponce, 9 de abril del 2009).
5. Creo que a estas plañideras fujimoristas, les faltó leer el contundente artículo de Alonso Nuñez del Prado, hace un par de días, en El Comercio:
Para empezar, soy de la opinión que Fujimori debería estar descalificado políticamente por el solo hecho de haber engañado y mentido a sus electores. Mostrando que —como se dijo con frecuencia— era un improvisado, hizo todo lo contrario de lo que predicó durante su campaña electoral. Es más, adoptó buena parte de lo que pregonaba su oponente. Incluso, la frase “Honradez, tecnología y trabajo” quedó en el más absoluto ridículo, luego de que se descubrieran las fechorías que los “vladivideos” nos mostraron.
Otro hecho que lo descalifica es el llamado autogolpe del 5 de abril de 1992, en especial para quienes creemos que el respeto al orden constitucional es un compromiso que asume el presidente cuando jura el cargo. Los “pragmáticos”, que sostienen que era indispensable, y que no tenía otro camino, solo muestran que en su opinión en política todo vale y que mentir y engañar está permitido. En otras palabras que el fin justifica los medios. También olvidan que la disolución del Congreso fue preparada con mucha antelación, casi desde el inicio de su gobierno y que sus enfrentamientos con este los buscó para desacreditarlo.
En cuanto a lo que hizo y dejó de hacer, Fujimori se ha autoproclamado como el gestor de la derrota de Sendero Luminoso y el autor de la nueva política económica que nos llevó a la reinserción en la comunidad económica mundial. Creo que ambas cosas ocurrieron en su gobierno, pero eso es todo lo que puede decir a su favor. La derrota del terrorismo no se produce por la “estrategia ganadora fujimorista”, sino, en buena parte, por la captura de Abimael Guzmán, en la que poco o nada tuvo que ver. Esta fue un logro de Ketín Vidal y su grupo, que eran de la policía (antes PIP) y no militares, ni dependían del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Además, tuvieron el acierto de no avisar a Fujimori ni a Montesinos, ya que es probable que hubieran ordenado que lo matasen durante la captura, creando de esa manera un mártir.
El resto de sus supuestos méritos pueden reducirse a las privatizaciones (cuyos fondos desaparecieron, por lo menos en parte) y al modelo económico, contra el que, como hemos dicho, predicó basando su triunfo en su campaña electoral. Además, muchos olvidan que no fue idea suya, sino de Carlos Boloña, (que por cierto aprobó, ya que era indispensable), como resultado de una ideología económica que se imponía en todo el mundo, en especial, después de la caída del Muro de Berlín (9/11/89), además de tener al lado el ejemplo de Chile.
Entre las muchas cosas que hizo mal, y que han tenido una repercusión inmensa en los años posteriores, tenemos la destrucción de la institucionalidad y el descalabro moral que nos mostraron los “vladivideos”. Es cierto que las instituciones no eran muy fuertes. De lo contrario no hubiera sido tan fácil destrozarlas y que la corrupción es un mal que arrastramos desde hace mucho tiempo, pero también lo es que en su gobierno llegó a su cenit.
6. Finalmente, para que los fujimoristas me terminen de odiar, los dejo con este video de Juan Carlos Goicochea, que muestra lo que fue la grita de los partidarios de un delincuente en el Campo de Marte, hace 3 días y hasta que punto llegan sus “argumentos”:
Pregunta finaL: ¿Jaimito y Aldito seguirán bailando el ritmo del Chino?



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