Archivo de 8 Abril 2009

Como si la sentencia de ayer no fuera suficiente, hoy Alberto Fujimori recibió dos goles en contra más de la justicia peruana.

Como saben, Fujimori ya tenía una sentencia de 6 años de prisión por el caso Allanamiento, es decir, por entrar sin permiso, con un falso fiscal - y varios militares, entre ellos, el sobrino de Giampietri - a la casa de la esposa de Vladimiro Montesinos para apoderarse de material incriminatorio. Esta sentencia había sido ratificada en segunda instancia, pero la defensa de Fujimori pidió una última revisión del caso. Y hoy le dijeron a Nakasaki como quedó su pedido. Vía Perú.21:

La Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema rechazó el pedido que presentó el ex presidente Alberto Fujimori para que se revise la resolución judicial que lo condena a seis años de prisión por el allanamiento ilícito de la casa de Trinidad Becerra, esposa de Vladimiro Montesinos, en el año 2000.

El tribunal supremo, de esta forma, confirmó el fallo dado por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema, el cual responsabiliza al ex mandatario de delito de usurpación de funciones en agravio del Estado.

La sala adoptó esta decisión al considerar que la sentencia está ajustada a la ley, porque durante el juicio no se ha vulnerado el debido proceso.

Así, con esta decisión judicial, Fujimori ya tiene su primera condena de carácter firme dictada por el Poder Judicial.

Es decir, con esto, tenemos por lo menos en prisión al Chino hasta el 2013.

Pero para complicarle más la vida, viene el famoso tema de los beneficios penitenciarios. Sobre este punto, se había especulado bastante y abogados como Rosa María Palacios o Luis Lamas Puccio habían calculado que incluso una pena alta se podría atenuar con los beneficios que le correspondían a Fujimori. Pero hoy el ex jefe del INPE Wilfredo Pedraza destruye tales afirmaciones y señala:

El especialista en temas penitenciarios Wilfredo Pedraza aclaró que el ex presidente Alberto Fujimori podrá acceder al beneficio de la libertad condicional cuando cumpla las tres cuartas partes de la condena de 25 años de prisión impuesta por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema.

A Fujimori se le computa la pena desde el 7 de noviembre del 2005, cuando se le detuvo en Chile, hasta el 18 de junio del 2006, fecha en que obtuvo su libertad bajo fianza; y desde el 22 de setiembre del 2007 hasta la fecha.

Durante su conversación con Perú.21.pe, el ex presidente del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) sostuvo que le corresponde aplicar al ex jefe de Estado la Ley N° 28760 en concordancia con el Decreto Legislativo N° 927, que señala las normas a las que se sujetarán los beneficios penitenciarios en el caso de sentenciados por delito de secuestro.

Según estos dispositivos, Fujimori “podrá solicitar el beneficio de la liberación condicional cuando haya cumplido efectivamente las tres cuartas de la pena impuesta, siempre que no tenga proceso pendiente con mandato de detención”.

“Esto significa que Alberto Fujimori tendrá la primera posibilidad de solicitar su libertad, solo luego de cumplir los 18 años y 9 meses de pena efectiva, al cual se tendrá que reducir el tiempo que logre acumular por redención de pena por trabajo o educación”, indicó Pedraza.

Según lo establece el Decreto Legislativo N° 927, expedido en el año 2003, Fujimori “también podrá acceder a la redención de pena por trabajo y educación a razón de un día de pena por siete días de labor efectiva”.

Precisó que si bien la Ley N° 28760 se promulgó en el 2006 y los hechos imputados al ex presidente sucedieron en la década del noventa, de acuerdo a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional “se debe aplicar la norma vigente al momento en que el interno solicite el beneficio”.

Por otro lado, Pedraza indicó que los tres delitos por los que ha sido condenado el ex jede de Estado (homicidio calificado, secuestro agravado y lesiones graves) tienen distintos beneficios penitenciarios. “En caso de concurso, se debe aplicar el régimen del delito que mayores restricciones tiene, en este caso el secuestro agravado”, resaltó.

Para traducirlo. A Fujimori le han puesto una sola pena por el llamado concurso de delitos, una figura jurídica que implica ponerle una sola sanción por hechos conexos - en este caso, por ser parte de un aparato de poder -, con lo que se le aplica el régimen penitenciario conectado con el delito más restrictivo en esta materia, que son los secuestros. Este régimen señala que 1) Fujimori solo puede - es decir, hay la posibilidad de que no le concedan - pedirlos una vez cumplido el plazo señalado por Pedraza (18 años, 9 meses) y 2) Que a ese tiempo se le puede restar los días ganados por redención por trabajo en prisión, solo en proporción de 7×1.

En conclusión, si no le rebajan la pena, Fujimori va a pasar una larga temporada en prisión. Por tanto, su partido de fondo lo tendrá que jugar en la Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema, por la disminución de años de condena, pues, la verdad, está bastante dificil que lo absuelvan.

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Pocas veces en la vida uno asiste a acontecimientos que realmente parten aguas y representan un antes y un después en nuestra historia. Lo ocurrido ayer, con la sentencia a Alberto Fujimori, es uno de esos hechos raros en medio de la cotidianiedad, sobre todo, de la peruana.

Nuestro camino como república independiente ha estado plagado, en la mayor parte de las veces, por dictaduras, nunca sancionadas. Odría ha pasado a la historia como constructor de obras públicas, no como el dictador que perseguía a través de Esparza Zañartu y que tan bien retrata, en la sensación de derrota de la sociedad peruana, Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral. Sánchez Cerro es recordado más como el derrocador de Leguía - otro autócrata - que como el que mandó asesinar apristas en Chan Chan. Càceres debió haber muerto en batalla, como dice Basadre, antes de convertirse en el usurpador de 1895. Y Velasco merecería ser condenado tanto o más por sus deportaciones y falta de libertades como por los resultados de sus reformas. Solo he hecho mención a nuestros autócratas más conocidos.

Fujimori parecía seguir ese camino de impunidad hace solo unos pocos años. Recordemos que, apenas hace 9 años, por estas mismas fechas, el dictador intentaba perpetuarse en el poder, cuando la mitad de los peruanos le había dicho que no a ese intento. Y tuvo que hacer el fraude más grosero desde 1950 para tener un tercer mandato que, a la postre, sería su ruina. La evidencia de la corrupción, que tenía como objetivos centrales el enriquecimiento personal de él y su séquito, así como ajustar las clavijas para perpetuarse en el poder, terminó gatillando la cuenta regresiva de su poder, que terminó, cobardemente, con una renuncia enviada por fax desde Tokio. Y allí parecía quedarse guarecido, dado que los japoneses no extraditan a uno de los suyos.

Como lo ha mencionado Martin Tanaka - quizás recordando a Basadre - el azar en la historia juega. La omnipotencia fujimorista le hizo caer en el peor error de su vida al ex dictador: Viajar a Chile debe ser, quizás, uno de los mayores errores políticos de la historia contemporánea. No pensó que lo extraditarían ni tampoco que los cuadernos de extradición tendrían tan sólido sustento. Y cuando vio que la cosa se le complicaba, AFF acudió a su nacionalidad de koseki, para postular al Senado japonés, sin éxito. Del Sayonara, lornas, pasamos a los agentes de la Interpol sacándolo de la hacienda Chicureo.

El tiro de gracia se lo ha dado una de las instituciones más maltratadas durante su gestión: el Poder Judicial. Aquel al que cerró el 5 de abril de 1992, lo dejó sin jueces y vació de algunos expedientes comprometores, para luego, llenarlo de Montes de Oca, Rodriguez Medrano y demás especímenes que hicieron de la judicatura una carrera del terror. Ese mismo Poder Judicial, a cuyos miembros llamó alguna vez chacales, respetando las reglas del debido proceso y en una sentencia impecable, dada por tres jueces de trayectoria intachable, le ha devuelto a la realidad.

Fujimori nunca fue un gran estratega ni un político. Fue una triste casualidad de la política peruana en momentos en que el país pasaba su hora difícil y no quería apostar a los cambios honestos y radicales de Mario Vargas Llosa. Fue un invento de otros pero que, una vez con poder, no dudo en traicionar a sus creadores para asociarse a una de las figuras más truculentas de la historia latinoamericana: Vladimiro Montesinos. Y junto a él pudo consolidar un aparato de poder autoritario, encargado de robar y, como se ha comprobado ahora, también de asesinar y desaparecer.

Ciértamente, el país requería de medidas de excepción para controlar a Sendero Luminoso y al MRTA. Pero esas medidas debían darse dentro de un régimen democrático, capaz de controlar los posibles errores o excesos de las mismas. Fujimori abiertamente rompió con la Constitución, con las reglas de un país civilizado, para convertirnos en una satrapía en la que inocentes iban a la cárcel - y se juntaban con los criminales de verdad -, donde el debido proceso era una palabra de ciencia ficción y el escuadrón de la muerte era la estrategia. No fue el que derrotó al terrorismo, una de las mayores mentiras que aún muchos suponen y que ha sido confirmada con la declaración del tribunal que exonera de cualquier vinculación con Sendero de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos. A fin de cuentas, Alberto Fujimori, fue el otro envilecedor del país, junto a Abimael Guzmán.

Lo ocurrido ayer es, hasta ahora, para mi, increible. Y no solo se ha debido a tres magistrados de polendas. Este triunfo de la democracia peruana ha sido gracias a un puñado de políticos, intelectuales, activistas de derechos humanos, artistas, periodistas y ciudadanos comunes y corrientes que apostaron a decirle no a una dictadura travesti, a llevar a la economía de mercado a límites perversos, a la violación de derechos humanos, a la corrupción, al no ser libres.

Ayer me sentí orgulloso de ser peruano. Que nunca más una dictadura se instale en nuestra patria.

¿Está probado que en el Perú podemos vivir en democracia? Pues parece que sí, lo está.

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Alejandro Toledo: La condena debería ser una lección para la clase política

Mario Vargas Llosa: Los dictadores están advertidos

Fernando Tuesta: Las posibilidades electorales del fujimorismo se debilitarán

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Augusto Álvarez Rodrich: No matarás

César Hildebrandt: La rabia de la derecha

Carlos Basombrío: El dulce sabor de la justicia y Vaya que había pruebas

Nelson Manrique: Un día después

Antonio Zapata: Leguía y Fujimori

Fernando Vivas: El rito de la justicia

Henry Pease: El autócrata es culpable

Hans Ruhr: A los héroes anónimos

Juan Carlos Valdivia: Está probado

Michael Reed: Un juicio normal

Andrés Paredes: Fujimori condenado y consecuencias

Juan Paredes Castro: Diez preguntas para frenar la intolerancia

Luis Torres Montero: Sí, lo tá, pe

Jacqueline Fowks: Sentencia por DDHH a Fujimori: día 1

Carlos Wertheman: Fujimori Condenado

La Habitación de Henry Spencer:La sentencia de Fujimori en la PUCP

(La imagen es gracias a Heduardo)

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