Archivo de 2 Abril 2009

Sin duda, es una buena noticia que el gobierno peruano haya aceptado tener un Museo de la Memoria sobre el conflicto armado interno. Luego de opiniones francamente deleznables y que tenían como único argumento el desconocimiento, el hecho de que el Presidente de la República haya retrocedido luego de que Mario Vargas Llosa lo convenciera, es saludable.

También hay que mencionar que, la conformación, en términos generales, es bastante adecuada. Hay personas comprometidas con el tema de los derechos humanos y que, además, poseen criterios estéticos y éticos que pueden completar la visión artística necesaria en un museo. Pero si llama poderosamente la atención que no se haya incluido a la Defensoría del Pueblo como parte institucional de este esfuerzo, dado que es la depositaria del legado documentario de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Si bien muchos suponemos que la cercanía amical de la Defensora con los miembros de la Comisión de Alto Nivel formada para la creación del Museo evitará que dicho esfuerzo se difumine, si considero que la participación de esta institución debió ser dentro de la Comisión creada.

Saludando el esfuerzo y la noticia, inmediatamente me surgen varios temas de discusión:

1. ¿Será ésta otra ONA o Forsur? (Ver caricatura de Carlín) Pues ello dependerá de si los integrantes de la Comisión se dejan mecer. Y conociendo a algunos de ellos, creo que a la primera que sientan que los presionan o les quitan apoyo para su trabajo, sea de modo directo o soterrado, pues le dirán a García “buenas noches los pastores”. Dependerá mucho de quienes se han movilizado en favor de esta iniciativa verificar que la Comisión tenga los recursos para hacer su trabajo y el apoyo real del gobierno en esta materia. Sobre todo, considerando que el valor de la palabra de Alan García está más devaluado que hipoteca de vivienda en Estados Unidos.

2. La necesidad de memorias descentralizadas: Jorge Valdez y Roberto Bustamante han insistido mucho en el hecho de que todo el esfuerzo oficial - y extraoficial - sobre este tema se ha visto “desde Lima”, no solo físicamente, sino también mentalmente. Mucho se teme que la visión que Mario Vargas Llosa y Juan Ossio le imprimieron al Informe Uchuraccay - ver lo dicho por la CVR sobre este punto -, en el que la visión sobre lo andino se patentizaba en una dicotomía entre lo moderno y lo arcaico, pueda teñir a este proyecto. Ello implica, por tanto, recoger historias regionales tal como lo hizo la CVR y pensar seriamente en tener sedes descentralizadas del Museo en provincias. Una visita al pequeño museo de ANFASEP en Ayacucho podría ser un primer punto de partida.

3. El tema militar: Aca habrá que ser bastante claros con defensores como detractores de las Fuerzas Armadas. No se puede negar el heroísmo de cientos de militares y policías que fueron enviados a combatir por tres gobiernos que, por abdicar de su autoridad democrática, deberían estar dentro de la historia universal de la infamia. Revindicarlos es tarea no solo de las Fuerzas Armadas, sino de todos los peruanos y sobre todo, de un Estado que tampoco ha sabido repararlos. Pero tampoco podemos, en nombre de los héroes, tapar que hubo casos como Los Cabitos, Cayara, Accomarca, Barrios Altos, Indalecio Pomatanta o los penales. A estas alturas, decir que estos fueron “costos lamentables” de la guerra o pretender justificarlos, antes que ayudar a los militares, termina confundiendo a héroes con criminales.

4. La visión de una victoria: Andrés Paredes sugiere que el Museo debería revindicar lo que fue una victoria sobre un bando que era nocivo para la sociedad. Yo coincido con Andrés en que Sendero Luminoso y el MRTA eran dos organizaciones nefastas para el país, cuya ideología y práctica son incompatibles con la democracia y que fueron los principales responsables penales del conflicto. Abimael Guzmán, Víctor Polay y sus respectivas huestes merecen la cárcel y la están purgando por lo que hicieron. Y de hecho que su derrota fue un triunfo de la sociedad peruana. Pero, ojo, al enfatizarse solo en una visión como esta, se pierde de vista que la gente que formó parte de estas organizaciones eran peruanos - y por tanto, algo en la sociedad, más allá de decisiones individuales, explica algunos comportamientos fanáticos - y que, más allá de la condena ideológica que Jaime de Althaus propone, cabe recordar que, tal como se ha señalado en el blog del Morsa:

La gran pregunta que cruza el Informe es cómo es posible que todo esto ocurriera en regímenes supuestamente democráticos, y de allí se habla (nuevamente) de la modernidad inconclusa, del estado ineficiente, etc.

En otras palabras, sí, fue una victoria, pero no debe olvidarse que los problemas que nos condujeron a que nos matemos entre peruanos aun siguen presentes allí, casi sin resolver. Por tanto, el Museo también nos debería recordar lo que somos y deberíamos dejar de ser. Las responsabilidades son mayores que las de 4 locos senderistas o 5 orates militares.

5. Tener presente que habrán sectores opuestos a recordar: Ayer nuevamente atacaron El Ojo que Llora y Vargas Llosa es consciente que no le faltarán los críticos (ver editorial de Uri Ben Schmuel), por lo que será necesario seguir enfatizando en la necesidad de recordar, de decir la verdad - con todo lo que cueste a corto plazo, dado que hay verdades que polarizan a veces o que no se entienden a la primera - y de dejar de negar lo ocurrido.

Sin duda, aún tendremos mucho que discutir. Ojalá que este tiempo no se transforme en tiempo de ocultamientos irracionales.

MAS SOBRE EL TEMA:

Fernando Vivas: No pelearse

Susana Villarán: La memoria: más que un museo

Fritz Du Bois: Memoria del Terror

Augusto Álvarez Rodrich: La Memoria

Mirko Lauer: 20 años después

Gonzalo Gamio: Un Museo para la Memoria Crítica

(La caricatura es de Andrés Edery)

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