La semana pasada, el Congreso de la República aprobó por unanimidad un proyecto de ley que exonera de todo tipo de impuesto a las gratificaciones por Fiestas Patrias y Navidad. Estas remuneraciones adicionales, justamente por considerarse como tales, están afectas al pago del Impuesto a la Renta, así como los aportes a ESSALUD y las AFP.
Como se imaginarán, el Ministro de Economía ya anunció que se observará la norma. Y cuenta para ello con el apoyo de la Primera Dama, del presidente de la comisión de Economía del Congreso y de las AFP. Y sorpresivamente, hasta el líder sindical Olmedo Auris está a favor de seguir gravando la gratificación. En su contra, está la Cámara de Comercio de Lima y un importante sector del Congreso.
Lo más curioso es ver a economistas de la misma orilla en claras diferencias sobre la materia. A favor de la desgravación, editorializa Fritz Du Bois:
El gobierno, como era predecible, se ha opuesto –la oposición de la CGTP es más bien sorprendente– con argumentos muy poco convincentes: “que son pocos los beneficiados”, como si la informalidad en el empleo (solo 1 de cada 5 trabajadores paga impuestos) fuera culpa de los contribuyentes siendo más bien consecuencia de sucesivos gobiernos (incluyendo al actual), que han preferido el facilismo de mantener impuestos altos a los pocos trabajadores cautivos en planilla en lugar de bajarlos y ampliar la base tributaria. La otra excusa también es reflejo del facilismo: “esos ingresos ya estaban presupuestados”. Considerando que la medida no entraría en vigor sino hasta julio, el gobierno tiene siete largos meses para encontrar alternativas o ajustarse el cinturón como lo haría cualquier empresa u hogar ante una caída de sus ingresos. No hay peor ejemplo que un gobierno que no está dispuesto a asumir el mismo sacrificio que sí le exige a sus ciudadanos.
Como vemos, el director de Perú.21 va por la línea - no explícita - de una reforma tributaria. Curiosamente, ese es el argumento de Mirko Lauer para oponerse a la medida. Pero más importante aún es el argumento de Du Bois al señalar los sacrificios que puede hacer el gobierno y, por cierto, su mayor capacidad de ductibilidad ante una caida de ingresos, cuestión que no pueden hacer la mayor parte de familias en el Perú.
Del otro lado, denominando catastrófico al proyecto, opina PPK:
“Sería catastrófico, no tanto por el monto que se pierde por recaudar, sino porque sienta un precedente de que hay ciertos ingresos que no tributan“, explicó Kuczynski, quien también manifestó que se abre un forado. “Es una pésima idea”, anotó.
Recordó que en el Perú la recaudación es de 16% del PBI, y el próximo año sería de 15% por la disminución en el sector minero. “Eso es absolutamente insuficiente para financiar un Estado moderno, con policías, salud pública, carreteras. Es totalmente insuficiente”, sostuvo.
Pero ya que hablamos de ingresos que no tributan, sería interesante que PPK le de una miradita a un artículo reciente de Humberto Campodónico. Cito la parte pertinente:
Según la Sunat, “si se considera como bienes suntuarios a las partidas arancelarias correspondientes a productos tales como whisky, vodka, perfumes, televisores, vehículos 4×4, yates, bisutería, piedras finas y teléfonos celulares tipo Iphone G3, Blackberry y Smart Phone, se estima que el costo fiscal anual por la reducción de las tasas arancelarias sobre la importación de dichos productos ascendería a alrededor de S/. 40 millones anuales” (Costo fiscal de las rebajas arancelarias, Gerencia de Comunicaciones Sunat, 18/09/08, www.sunat.gob.pe).
En otras palabras, los sectores más ricos de la población dejan de pagar impuestos por un monto 13 veces superior a lo que se pretende recaudar en la Teletón. Y esto sucede justo cuando las ganancias de las empresas aumentaron a un ritmo de 25% anual, como consecuencia del crecimiento económico. Recordemos que el Banco de Pagos Internacionales de Basilea consigna que los depósitos de peruanos en bancos del extranjero aumentó a US$ 4,970 millones, a junio del 2008 (ver “La “plata afuera” de los peruanos”, www.cristaldemira.com, 15/12/08).
En otras palabras, hay ingresos que claramente no tributan y sobre los cuales el MEF no tiene ningún tipo de interés que se graven. Claro, es el mismo MEF que atracó limosnas de los mineros y no impuso lo que debió poner: un impuesto a las sobreganancias. Y, “coherentes” consigo mismos, Valdivieso y compañía sí pretenden que quienes ganan su gratificación - sobre la cual, cabría además preguntarse si es o no una remuneración - tributen sobre la misma.
Pues, si de coherencia se trata, o tributamos todos o rebajamos tasas impositivas. De lo contrario, nuestra política económica, a pesar del crecimiento, seguirá siendo bastante errática. Y ya se vienen las vacas flacas. si es que no han llegado ya.



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