Archivo de 12 Diciembre 2008

Alvaro Portales es quizás el caricaturista más controversial de los últimos años. Poseedor de un sentido del humor bastante corrosivo, sus dibujos son de los más esperados cada viernes en El Otorongo, el suplemento humorístico de Perú.21.

Sin embargo, en la edición de hoy de este espacio, no ha aparecido El Portal de Álvaro. ¿Los motivos? Los explica el propio dibujante en su blog:

ESTE PORTAL NO SALIO PUBLICADO EN LA EDICION Nº146 DE “EL OTORONGO” POR CONTENER, PARA EL DIRECTOR Y LA EDITORA DEL DIARIO, IMAGENES “GROTESCAS” “OFENSIVAS” Y CARGADAS DE “HUMOR NEGRO”, NO APTO PARA LOS LECTORES DEL SUPLEMENTO.

Y estas son las imagenes censuradas. Si uno las ve, francamente, no entiende porque Fritz Du Bois y Claudia Izaguirre no dejaron no dejó que salieran impresas.

Una censura por la que, por respeto a su público, el director y la editora de Perú.21 deberían pedir una disculpa. Como dicen por el Utero, el caricaturista es también un columnista y sus opiniones merecen respeto, al igual que quienes leemos el diario. Mi solidaridad con Álvaro Portales.

ACTUALIZACION (04:05 PM):

Henry Spencer llamó a la editora de Perú.21, Claudia Izaguirre. Fue bastante clara. Ella estuvo en contra de retirar los dibujos de Portales, la decisión final fue tomada por Fritz Du Bois. Ya saben entonces quien es el responsable. Escuchemos ahora la conversación que tuvo Spencer con Claudia Izaguirre y el intento de conversación con el ausente Du Bois:

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Pues la verdad que no tengo una respuesta muy clara aún. Se trata de esas preguntas que, hechas cada cierto tiempo, su contestación puede variar, dado que la identidad - sobre todo, la peruana - es algo en constante redefinición. Tal vez mis impresiones sobre el tema no tengan la agudeza de Villanueva, el sentido común de Sifuentes, la indignación de Catalina o el sentido del humor de los Choledad, pero allí va, porque, como peruano, quizás tenga algo que decir sobre la materia.

Para comenzar, quizás sea bueno ver como partió esta discusión. Mejor dicho, como volvió, dado que es un tópico común en la cholósfera esto de la discriminación y las identidades peruanas en construcción. El domingo, como sabemos, Alan se puso a criticar a medio mundo y, entre sus rabias contra la gente de ong’s y lo que algunos llamarían “caviares”, pues a García se le salió la dicotomía pitucos - cobrizos que transportó al imaginario de Eliane Karp e Isaac Humala. Y al margen de que algunos - sobre todo, porque luego ha venido una seguidilla de declaraciones desatinadas - pensemos que quizás Jorge Bruce debería asesorarnos para analizar al Presidente de la República, dicha declaración denotó mucho.

Para comenzar (y solo apartándome brevemente del tema), creo que hay que saber a quien atacó García: a un grupo de personas de clase media, a las que el califica como “pitucos metidos a izquierdistas” y que, con sus limitaciones, han sido el grupo que más ha criticado a García durante estos años de gobierno. Por supuesto que el término - y su denominación alterna y más extendida de “caviar” - han sido ampliados a tal punto que personajes sin cuota alguna de marxistas - leninistas como Rosa María Palacios o Fernando de Szyzslo han sido metidos dentro del mismo saco. Y que la utilización de estos términos, antes que intentar descalificar a una “clase social” o grupo “étnico”, procuraron irse contra un sector preocupado por libertades democráticas, derechos humanos, lucha contra la corrupción y mejora de las desigualdades. Que nos caigan bien o no, eso ya es cuestión de cada quien, pero, lo objetivo es que, por lo menos en medios, este sector es la pulga en la oreja del Presidente.

La cuestión ha sido tan grave que hasta Aldo Mariátegui le criticó al Presidente de la República el hecho de que haya orientado sus críticas por el lado racial o “socioeconómico” e incluso ejemplificó como, en algunos lugares y momentos, el propio Aldo fue discriminado en situaciones cotidianas. Y es allí donde se encuentra el principal error presidencial: olvidar que el Perú es un país donde la discriminación existe, no solo de arriba hacia abajo - que es lo que comunmente vemos - sino que habría que verificarla con diagramas de flujo, dado que parece existir una cadena de discriminaciones.

Pero donde creo que se embarró más el asunto fue cuando dijo que los cobrizos eran “los auténticos peruanos”. Para comenzar, que alguien me defina bien que es cobrizo, aunque parece ser la forma en como los Humala nos denominan a los cholos. Y Cholo, a su vez, es un término que, a lo largo de los años ha tratado de ser definido desde el humor de Tulio Loza o Risas y Salsa, hasta los estudios de Anibal Quijano sobre la cholificación del Perú. Y en segundo lugar, digamos que, viendo fenotípicamente, Martín Tanaka, Sofía Mulanovich, Teofilo Cubillas, por solo mencionar algunos nombres, no serían “peruanos auténticos”.

Ello me lleva a ver que, en realidad, somos una mezcla de cosas. Y voy a mi caso personal. Nací en Lima y, hasta la generación de mis bisabuelos, todos hemos nacido y crecido aquí, incluso en el propio centro de la ciudad. Raices andinas más lejanas me llevan a Huancayo y a Cabana. Si alguien me ve por la calle, no diría que soy un blanco de ojos azules, a veces me llaman chino y me considero más bien como cholo. Vivo en un distrito que muchos llamarían como “pituco” - o de clase media alta -, estudié en la Recoleta, en la PUCP y últimamente en la Ruiz de Montoya. Escucho desde vals criollo hasta música andina, desde electrónica hasta salsa. Crema hasta los huesos en el fútbol y amante de casi todo tipo de comida. En fin, no es este un momento de descripción personal, pero sirve la figura para demostrar, que, en el fondo, somos una mezcla de todo un poco.

Y aún así, discriminamos. Y aún así, le echamos la culpa al otro de ser el discriminador.

Peor aún, y volviendo al plano político, García ha querido descalificar a sus críticos justamente por no ser “verdaderos peruanos”. Y he allí lo más penoso del asunto. El Presidente de la República que, en teoría, nos representa a todos los que nacimos y vivimos aquí - independientemente de que hayan o no votado por él -, le dice a un grupo de peruanos que no lo pueden fiscalizar porque “no son auténticos”. Es decir, los excluye. Y, seamos claros, hacer esto en un país donde la exclusión es el principal problema es echar sal sobre las heridas, ya no solo del conflicto interno, sino, en realidad, de la historia del Perú.

Pero allí estaremos en la casa grande, cobrizos o no cobrizos, blancos, negros, cholos, indios, chinos, niseis, descendientes de europeos, migrantes, residentes y quintosuyos. Estaremos criticando cada vez que haga falta. Porque este es el país que quiero, en el que nací, en el que he crecido toda mi vida, en el que quiero que mis hijos - cuando los tenga - vivan, quieran, jodan y rabien por él. Y porque ningún Presidente que pasará a la historia por su mediocridad antes que por sus obras o trascendencia puede quitarnos el derecho de decir lo que sentimos, lo que pensamos. Porque él, Primitivo Quispe, Sofía Mulanovich, Lucila Campos somos iguales. Somos peruanos.

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