Hace casi dos años les conté sobre los problemas existentes en la Iglesia Católica del sur andino, principalmente en Puno. Lo que ocurría era (es, mejor dicho) la muestra de ciertas disputas sobre el signo que debe tener la Iglesia Católica en torno a la evangelización y acompañamiento pastoral en las regiones más pobres del país.
De un lado, los nuevos obispos nombrados en esa zona pertenecen al Opus Dei y al Sodalicio de Vida Cristiana, ubicados en el sector más conservador del catolicismo. Ambas congregaciones estiman que la pastoral debe hacerse del modo tradicional, sin que existan de por medio contemplaciones en torno a las tradiciones andinas o culturales de cada población y disminuyendo el peso de los programas sociales y vinculados a la defensa de los derechos humanos en esta región.
Del otro lado, los religiosos pertenecientes a las Congregaciones de los Sagrados Corazones, Carmelitas y Maryknoll, quienes estuvieron en la región durante más de 50 años, vinculándose con las costumbres de los pobladores de la zona y haciendo una labor pastoral social, emparentada con el discurso sobre Doctrina Social de la Iglesia que la Iglesia Católica Latinoamericana ha enarbolado y con la Teología de la Liberación.
El tema es que varios de estos religiosos han sido amedrentados o expulsados directamente por los conservadores. El caso más reciente ha sido el de los religiosos de Maryknoll. Informa el blog de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos:
¿Se puede dar a quien dedica 65 años de su vida a asistir a otro, a cambio de nada, un portazo en las narices por todo reconocimiento? Claro que se puede, y además decirle: “Alas y buen viento, y si te vi, no me acuerdo”. Eso es lo que ha hecho, dando muestra de su particular concepto de la gratitud y la caridad cristiana, el actual obispo de Juli, José María Ortega Trinidad, con los misioneros de la Sociedad Católica Maryknoll, que laboran en Puno desde 1943, cuando el obispo Salvador Herrera los invitó a trabajar por el pueblo del Altiplano.
Los misioneros y las hermanas Maryknoll son wakcha gringos: gringos pobres. No vienen a hacer negocios ni turismo. Personalmente no lucran ni prosperan. Viven su cristianismo mediante la integración con los pueblos donde cumplen misión, respetando su cultura y su autonomía. Mientras muchos peruanos se niegan a aprender ni una palabra de alguna de nuestras numerosas lenguas nativas, los Maryknoll aprenden y hablan con cariño el quechua y el aimara para conversar fraternalmente, de tú a tú, con los campesinos y comuneros.
¿Lindo el Obispo, verdad? Lo cierto es que los religiosos de Maryknoll serán desagraviados con la entrega del Premio Nacional de Derechos Humanos.
Cabe recordar que la Iglesia Catolica se convierte en uno de los actores sociales más importantes para la contención de Sendero Luminoso en Puno. Los planes de esta organización subversiva eran convertir al altiplano en un nuevo Ayacucho. Sin embargo, la unión del pueblo con su Iglesia pudo evitar que Puno se volviera un polvorín. Por ello, Sendero atacó con furia a las organizaciones eclesiales y a sacerdotes. Se impulsaron Vicarías de Solidaridad en Ayaviri, Juli y Sicuani, cuyo trabajo combinaba lo legal con la pastoral, el acompañamiento de las vìctimas de la violencia e información que los sacerdotes extranjeros podían dar a conocer en sus respectivos países para desbaratar la serie de mentiras que los senderistas daban en el exterior.
Asimismo, la Iglesia sirvió como actor de contención para que no se produjeran masacres o violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Aunque al principio no entendieron su labor y la confundieron con comunismo, poco a poco la labor pastoral en el sur andino fue entendida por los militares, quienes reconocieron en la Iglesia a aliados valiosos para el combate contra la subversión.
Esta ofensiva contra la Iglesia en Puno se produce en medio de un clima más general de enfrentamiento propiciado, hay que decirlo desde el lado más conservador de la Iglesia. Algo de ello hay en la disputa por la propiedad de los terrenos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. O en los ataques que desde la prensa católica cercana al Cardenal Cipriani se dan contra los seguidores de la Teología de la Liberación.
Lo curioso es que estos sectores olvidan que el actual Papa y Gustavo Gutiérrez han hecho las paces hace algunos años.
Y quizás el mensaje sea ese, que dentro de la Iglesia Católica pueden convivir diversas tendencias, pero unidas bajo una fe en el mismo Dios. El problema parece ser que algunos sectores pretenden ser más papistas que el propio Benedicto XVI. Quizás, antes que seguir leyendo a Figari y a Escrivá, una revisión de lo dicho por el Cardenal Carlo María Martini no les haga tanto mal. Y así tanto cuervo dejará de rondar en predios eclesiales.



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