Esta semana se produjo una inusual protesta de mototaxistas en las afueras del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. ¿El motivo? La modificación del Reglamento de Licencias de Conducir, que obliga a los choferes de todo el país a tener secundaria completa para tener su brevete. Ojo que esta disposición no solo se aplica a los choferes de transporte público, sino a todos quienes poseen vehículos.
Para los mototaxistas, la cuestión se complica aún más, dado que buena parte de sus licencias no se encuentran registradas, debido a que fueron obtenidas por entes privados. Todo ello los llevó a la protesta de mediados de semana, que ha terminado con el Presidente de la República pidiéndoles disculpas y señalando que la norma no se aplicará a los mototaxistas. Uno se pregunta si es que el requisito no debio ser eliminado para todos.
De hecho, ya hay hasta tres posturas sobre el tema. De un lado, Mirko Lauer, quien califica de buen reflejo lo hecho por Alan, indica:
Por lo pronto el folleto sobre reglas de tránsito muestra que es indispensable un cierto grado de instrucción para obtener brevete, es decir para circular al mando de un vehículo. ¿En qué punto de la escolaridad se obtiene esa capacidad? Las muestras nacionales de evaluación de comprensión de lectura no son optimistas al respecto.
Luego está el tema de por qué los mototaxistas no y los demás choferes de transporte público sí. El único argumento que ha dado el gobierno es más o menos que el mototaxista es el creador de su propio puesto de trabajo. Es decir un inversionista. Cae por su propio peso que los demás choferes suelen ser más bien empleados.
¿Un mayor grado de instrucción produce un mejor conductor? El sentido común sugiere que sí, por lo de una mejor comprensión de ciertos datos de la realidad. Pero esto puede ser engañoso. En todo caso, no parece haber estadística disponible sobre el nivel educativo de los choferes que causan los accidentes.
Y Lauer termina señalando que el grado mínimo de instrucción que debe colocarse a los choferes es el de instrucción primaria completa. Es decir, opta por la rebaja del requisito que subsiste ahora para la mayor parte de los choferes. Volveré sobre las repercusiones del Reglamento en un momento.
Desde otra óptica, está el debate existente sobre si la norma es o no discriminatoria. Para León Thatemberg, la respuesta es sencilla y lo explica:
Es curioso que ninguno de los considerandos del decreto sustente las razones del requisito de la secundaria. Tampoco hay estadísticas del sector que evidencien que en los accidentes de tránsito el nivel educativo de primaria o secundaria del chofer tuviera algún impacto en el nivel de riesgo de accidente.
Entonces, ¿a qué responde esa arbitrariedad? Posiblemente a la infravaloración cultural de los derechos ciudadanos de quienes no tienen secundaria completa, pese a que en el Perú haber completado la secundaria no garantiza el dominio de ninguna habilidad. Según las pruebas nacionales, hay alumnos de 5to de secundaria que ni siquiera comprenden lo que leen, pero a su vez hay egresados de primaria que sí dominan esa y otras habilidades que se adquieren en la escuela. También es sabido que en el Perú los más altos índices de poblaciones adultas sin educación secundaria completa corresponden a las zonas más pobres, especialmente las periféricas, rurales e indígenas.
En suma, colocar el requisito de tener secundaria completa no garantiza ninguna solvencia académica pero sí la discriminación de los más pobres.
En otras palabras, Thatemberg incide en el componente social del problema: si los choferes de transporte público, en su mayoría, son personas que probablemente no hayan terminado sus estudios secundarios, lo que, de acuerdo con el educador, no es una prueba de que se produzcan más o menos accidentes en las pistas. Y, por el contrario, una norma como esta, resultaría contraproducente para cientos de familias que subsisten en torno al transporte como forma de vida.
Por su parte, Wilfredo Ardito considera que la norma no es discriminatoria y, que por el contrario, puede redundar favorablemente en los choferes:
Lo que se está planteando, sobre que la persona termine sus estudios secundarios es finalmente un beneficio para él o ella, no siento que se vaya a generar un perjuicio o una discriminación, tampoco creo que sea la solución a los problemas del transporte, porque estos son más complejos que la licencia de conducir. Debe haber una actividad más integral para enfrentar este problema, pero no creo que sea conveniente oponerse a una norma que en este aspecto, está acanalando en el camino de generar un filtro.
Es cierto que una medida como esta puede ayudar a elevar los índices de educación, pero no termina de ver dos cosas: 1. la existencia de un problema concreto en este momento: ¿Qué hacemos con los choferes que no cumplan este requisito? y 2. la existencia de un grave problema social alrededor del transporte que, de alguna manera, paraliza a los gobernantes - recuerden lo que pasó con el alcalde Castañeda y las revisiones técnicas - para ordenar el transporte público.
Parece que, por ahora, estamos atrapados, a bordo de una combi, en una congestión sin salida.