Ayer Cecilia Valenzuela anunció la salida del aire de La Ventana Indiscreta, luego de varios años en el aire. Según la conductora, este retiro servirá para la formulación de nuevos proyectos de Agencia Perú - la productora del espacio - y una autocrítica sobre lo que fue el programa. (Aunque luego de la despedida de ayer, con insultos a Rosa María Palacios, solo Alá sabe que autocrítica harán).
Lo cierto es que, para bien o para mal, LVI fue un espacio político que marcó polémica desde su inicio y que estuvo en boca de muchos.
Un balance de televidente me hace notar tres etapas bastante claras. Una primera, entre 2004 y 2006, en el que la crítica al gobierno de Alejandro Toledo fue bastante dura. Y ello se hizo con un estilo de reportajes en el que se mezclaron tres elementos.
a) El uso de elementos de la cultura popular para armar reportajes, sea alusiones en música o películas. Quizás el mayor ejemplo es el del famoso reportaje de Eliane Wars, que provocó polémica en algunas universidades y marcó un estilo en LVI.
b) El empleo del humor. No solo se limitó a la Cortina de Humo de Carlos Álvarez, sino que abarcó reportajes en joda - como el famoso ampay a Toledo en las Brisas del Titicaca, en el que dejaron al Presidente como un borracho huachafo que agarraba el whisky con la mano (cosa que nunca hicieron con García) - pero también a reportajes en serio. Para algunos, hacía amena la política, para otros, muchas veces se cruzaba el límite de la credibilidad y, en ocasiones, uno no sabía si la parodia eran los reportajes y el editorial era la imitación de Álvarez.
c) Denuncia, denuncia y denuncia: A veces ligaba, otras no. La mejor investigación: la de la Carretera a Cabana. Pero otras solo quedaron en lo superficial y, en lo que Fernando Vivas llamó acertadamente el “síndrome de Salomé” de Cecilia Valenzuela.
La segunda etapa fue la del programa diario (2006 - 2007). Desgaste del programa, pero a la vez, mayor oportunidad para los reporteros de lucirse. En esta etapa, Valenzuela comienza a parcializarse a favor de Alan García. Aún así, se logran sacar reportajes incómodos como el prontuario de Moises Tambini del Valle, la compra de contenidos a La Razón, el caso de los patrulleros de la Mazzetti y hasta hubo golpes a dos reporteros. Pero el sesgo pro gobierno le quita puntos, desgasta y termina sacudiendo a varios reporteros del espacio.
La tercera etapa, la de este año, la resumió bien Fernando Vivas en su libro: se jugó por el gobierno de García y por los empresarios. He allí su coda final de credibilidad y la subordinación del contenido y de los medios a lo ideológico. Además, por cierto, se perdió la calidad de los reportajes.
Sin embargo, creo que la muerte del programa se produjo a raíz de este desmentido, curiosamente, hecho por una de las personas que ayudó a crear este espacio (un reportaje de Marco Sifuentes y Juan Carlos Goicochea):
Triste final para una conductora que, ni siquiera en su hora final, parece haber aprendido algo de humildad.



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