Archivo de 1 Diciembre 2008

Ayer el General Edwin Donayre volvió a hablar. Está en todo su derecho de hacerlo. Lo que no entiendo hasta ahora es porque Alan García no lo manda de una vez a su casa, luego que hoy le pidiera silencio.

Independientemente de las pésimas formas con las que se expresó el viernes el canciller chileno Alejandro Foxley, lo cierto es que si el Presidente de la República ha empeñado su palabra en mandarlo al retiro, no veo la inconveniencia de hacerlo ya. Por el contrario, parece más contraproducente mantenerlo hasta el viernes para darle un “retiro digno”, sobre todo, porque el General viene reclamando, en tono velado, ser el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, que es la única forma que se quede “2 o 3 años más”, como se lo dijo ayer a Reporte Semanal.

¿Por qué el asunto me parece particularmente grave, a diferencia de otros periodistas? Porque las frases de Donayre son inconcebibles en tiempos de paz o en pos de una mayor confianza con el vecino del sur. Porque no reflejan una reunión privada, sino, como el mismo lo ha dicho, “la voz de un soldado”. Y ese es quizás el mayor problema sobre el que no se ha reflexionado: la permanencia de una cultura militar que sigue concibiendo a Chile como el enemigo al que hay que odiar para toda la vida.

Soy de los que piensa de que mantener una visión de nuestro vecino sureño como un enemigo al que se debe buscar revancha es, para decirlo claro, una estupidez. Tenemos una reclamación válida sobre el límite marítimo, es cierto, pero la misma debe ser resuelta, como lo comprendió claramente este gobierno, en los tribunales internacionales y no con declaraciones altisonantes. Y en cuanto a la competencia económica, es eso, competencia, no la prolongación de una guerra que perdimos gracias a nuestros propios errores (lean a Basadre y menos a Pons Muzzo).

Fernando Vivas llamó a Donayre, con razón, “el último cachaco”. Y recordó un antecedente que muchos deberían tomar en cuenta:

Tenemos un dramático antecedente de incomprensión de las formas en que se expresa el autoritarismo militar. El general Adrián Huamán sucedió a Clemente Noel en el mando político militar de Ayacucho durante la guerra contra el terror.

Era campechano y su discurso, que ponía de relieve el trabajo social con la población, lo acercó a la opinión pública que había responsabilizado injustamente al parco Noel de la masacre de periodistas en Uchuraccay.

Resulta que cuando la Comisión de la Verdad hizo el balance de la guerra interna, se confirmó que el simpático Huamán era responsable político de muchos más excesos que el satanizado Noel.

Y si hacemos el balance de la gestión de Donayre, pues el saldo es bastante negativo: Impulsó la censura a una exposición artística, siguió con el discurso de “persecución judicial” frente a los casos abiertos por violaciones de los derechos humanos, se alineó con los sectores menos reformistas de las Fuerzas Armadas y está involucrado en el caso de corrupción más grande de la última década en las instituciones castrenses.

¿Eso es lo que queremos para nuestro Ejército?

MAS SOBRE EL TEMA:

Utero de Marita: Clase: Privacidad, Internet y periodismo. Alumno: Aldo Mariátegui

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(La imágen la saqué de aquí)

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