Posts Tagged “Ollanta Humala”

A diferencia de su predecesor, Ollanta Humala no apuesta por la locuacidad. Tampoco abusa de la frase prefabricada, como Alejandro Toledo. Y si bien sus apariciones públicas y declaraciones son escasas, tampoco tiene la parquedad republicana de Valentín Paniagua.
¿Cómo definir el estilo comunicacional del Presidente de la República? Cuando da declaraciones públicas, opta por el mensaje sencillo, campechano (incluso improvisa chistes en momentos que no debiera) y, como rezago de su formación militar, da órdenes a sus interlocutores (sobre todo cuando son ministros).
Sus silencios tienen tres causas principales: sus evidentes limitaciones oratorias, el consejo de sus asesores para blindar la figura presidencial y, sobre todo, su desconfianza. Como lo relató Rosa María Palacios en un perfil escrito para este diario, Humala es una persona desconfiada por naturaleza. Y no solo por la campaña electoral del 2006, como mencionó Rosa María.
Quienes lean el libro - entrevista a Humala que Luis Delgado Aparicio quiso usar en su contra (con poco éxito) podrán darse cuenta que el hoy Presidente hace notar el abandono del Estado en sus responsabilidades, tanto en los servicios básicos y la garantía de derechos de miles de ciudadanos, como en el trato brindado a las Fuerzas Armadas, en especial durante el conflicto interno. Ello ha determinado su visión del mundo.
Sin embargo, la desconfianza no es buena consejera. El martes Humala perdió los papeles ante una pregunta del periodista Jorge Ramos, de Univisión, acerca de la posibilidad de una reelección. Si bien a algunos peruanos la pregunta puede parecer impertinente debido a que recién llevamos dos meses de gobierno, al público hispano de Estados Unidos sí le interesa conocer la respuesta, debido a la presencia de cubanos y venezolanos que aún asocian la imagen del mandatario peruano a la de los autócratas que gobiernan sus países.
Es cierto, a las pocas horas, el Presidente de la República pudo hacer control de daños vía Twitter. Y con ello acalló (parte de) las dudas en el Perú. Pero el daño a su imagen internacional está hecho y, en los siguientes días, Humala tendrá que ser más cauto y preciso con sus declaraciones.
No cabe duda que existen periodistas interesados – por razones personales o ideológicas – en que a Ollanta Humala le vaya mal. Conociendo al Presidente, estar a la defensiva todo el tiempo resulta contraproducente y, por el contrario, le facilita la tarea a quienes no lo pueden ver ni en pintura.
(Columna publicada en Diario 16 el 22.09.2011)
MAS SOBRE EL TEMA:
El backstage de la entrevista a Humala en Univisión
Las opiniones de Augusto Álvarez Rodrich y Raúl Mendoza Cánepa
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Cuando, en la última semana de campaña electoral, algunos de nosotros ya disponíamos alguna información sobre las encuestas de intención de voto, escribí una columna sobre la posibilidad que Humala ganara la Presidencia. Allí, a modo de última advertencía, señalaba (disculpen la autocita):
Finalmente, debería someterse, en forma voluntaria, a una nueva investigación sobre el caso Madre Mía. Si bien tiene una sentencia a su favor por falta de pruebas, muchos tienen fundadas sospechas sobre su actuación en dicha localidad. Lo mejor es despejar cualquier interrogante.
Muchas de las dudas aún existentes sobre la actuación de Ollanta Humala en Madre Mía se fundamentan en los reportajes periodísticos elaborados durante el año 2006, muchos de ellos basados en los testigos que, meses más tarde, cambiaron de versión y provocaron que la causa sea sobreseida. Y para complicar más el panorama, aparecieron testigos durante la campaña electoral presentados como “claves”, pero cuyas versiones eran rápidamente desbaratables.
Hoy, se publicó la entrevista que César Hildebrandt hizo al ex abogado de Ollanta Humala, Carlos Escobar, quien también fuera fiscal del caso Cayara en la década de 1980. Escobar relata, luego de 5 años de apartarse de la defensa legal del caso, una versión que apuntaría a un supuesto intento de soborno a un fiscal encargado del caso en Huánuco, así como la presunta compra de testigos. Escobar da algunas referencias sobre otras personas que pueden corroborar su versión, que ampliaría en Lima si se acepta su pedido para declarar y brindar estos nuevos elementos.
Pero también Escobar da dos versiones sobre lo que pudo ocurrir en Madre Mía: la primera, brindada según él por Humala, refiere que el hoy presidente capturó a 3 personas que fueron entregadas a un superior suyo y éste se habría encargado de eliminarlas. La segunda, una deducción que hace Escobar, es que Humala fue el autor directo de ejecuciones extrajudiciales.
Sin duda, lo señalado por el abogado, a mi modo de ver, debería ser tomado en cuenta por las autoridades judiciales, a fin de establecer la verdad sobre hechos que nunca quedaron aclarados. Ojo, dicho testimonio deberá ser corroborado con las personas a las que citará en su declaración, así como con otros elementos que vayan más allá de los meros testimonios.
César Romero, periodista de La República y uno de los pocos especializados en el tema judicial en el país, ha aclarado en tres tuits todo el rollo legal vinculado a la declaración de Escobar. Los copio aquí para que nos quede claro por donde iría el camino legal:
1. En la declaración del ex fiscal Carlos Escobar, el testigo clave es Alejandro Ureta, sin este abogado el testimonio sirve poco. (Nota de DTP: Ureta es el abogado de Amílcar Gómez Amasifuen, uno de los implicados en el supuesto soborno a testigos).
2. La Suprema no escucha testigos al resolver un recurso de nulidad. Lo único posible es q anule la sentencia absolutoria para nuevo juicio. (Nota de DTP: mientras que el proceso de Madre Mía por violaciones a los derechos humanos está cerrado, aún está pendiente de apelación el caso sobre el supuesto soborno a testigos para que se retracten de su versión inicial)
3. En un nuevo juicio recién podrían citar y escuchar todo el testimonio de Carlos Escobar y, sobre todo, de Alejandro Ureta. (Nota de DTP: LQQD, esta novela tiene para largo).
Una vez superado lo manifestado por Romero, la construcción de la responsabilidad penal en casos de derechos humanos requiere de varios indicios que permitan una única conclusión y ello supone una investigación fiscal que vaya más allá de lo que normalmente se ha hecho en el Perú, con la excepción del caso Fujimori.
Además de las dificultades en la investigación fiscal, surge el mismo dilema que se presenta en torno al caso El Frontón: la politización del caso. Así, más que sobre pruebas o indicios concatenados, el debate público sobre el tema Madre Mía, dependerá, como con Alan García, de las simpatías o antipatías que se tengan sobre el personaje. Y ello probablemente enturbie el esclarecimiento de los hechos, pero, sobre todo, la percepción que se pueda tener sobre los mismos. Primará más la posición a priori (a favor y en contra). E incluso, algunos silencios se pueden producir por conveniencia política y no solo para defender a Humala, como bien indicó Marco Sifuentes:
Remover mucho el caso podría estallarles por la culata a los fujimoristas defensores de la impunidad de los militares, especialmente, como ya dijimos, en un caso de 1992 bajo el comando de un dictador (como el mismo Rafael Rey admitió).
El testimonio de Escobar, por sí sólo, no condena a Ollanta Humala. Pero la sombra de la sospecha continúa sobre el Presidente de la República. Por su bien y por el de la gobernabilidad del país, que debe fundamentarse sobre la verdad, es imprescindible que aclare estas imputaciones. El silencio, aunque parece que le rinde réditos en las encuestas, no es el mejor consejero en todos los casos.
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Se ha personalizado, en demasía a mi modo de ver, el debate sobre la lucha contra las drogas en el Perú en el actual jefe de Devida, Ricardo Soberón. El flamante funcionario público ha generado controversias por sus posiciones sobre la erradicación como principal componente de la estrategia contra el narcotráfico, así como por su supuesta cercanía a los gremios cocaleros.
Yo no creo que los problemas del gobierno en esta materia se solucionarían con la salida de Soberón, cuestión descartada por Salomón Lerner Ghitis. Considero que la principal demanda a exigir a este gobierno es claridad en la política de lucha contra el narcotráfico, donde se han visto varias indefiniciones y omisiones, por quedar bien con todo el mundo.
Entre las omisiones me sorprendió que el señor Lerner no comentara nada sobre una política que comienza a ser implementada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas: la unificación de la inteligencia de los institutos armados en el VRAE, un giro interesante en la estrategia contra Sendero Luminoso, cuyos miembros ahora son guachimanes del narcotráfico.
Dentro de las indefiniciones se han escuchado demasiadas voces en relación con la erradicación. Soberón ha explicado a los medios de comunicación, en forma tardía, cual es la posición del gobierno sobre esta medida: erradicación eficiente de la hoja de coca y con ciertos periodos de pausa. Sin embargo, ya se ha generado una imagen de indecisión que resulta fatal para la credibilidad de las autoridades involucradas.
Durante el gobierno de Alan García, la política en este campo fue un fracaso: los cultivos de coca crecieron en número, se suplió el kerosene por la gasolina de 84 octanos como insumo químico para macerar la planta, las pozas de maceración son menos artesanales e incluso se encontró algunos indicios de conexiones de funcionarios públicos con procesados por narcotráfico.
Como bien han indicado Juan Carlos Tafur y Carlos Basombrío, no existe posibilidad alguna, en este momento, de un consenso internacional para aplicar lo que, a mi modo de ver, sería una solución definitiva al tema: la despenalización de la cadena de la droga, para enfocarnos en la prevención.
Por tanto, es necesario que la política de contención al narcotráfico sea clara: erradicación, control de los insumos químicos, decomisos masivos, inteligencia contra las firmas y sus brazos armados, alternativas de desarrollo para cocaleros. De lo contrario, nos veremos en el triste espejo mexicano.
(Columna publicada en Diario 16 el 08.09.2011)
SOBRE EL TEMA TAMBIEN OPINAN: Jerónimo Centurión, Santiago Pedraglio y Mariella Balbi
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Ollanta Humala: Acentuando una línea más cercana a la socialdemocracia, con algunos rasgos populistas, como estilo general de gobierno. Aún no culmina de nombrar funcionarios en áreas clave, como Indecopi, lo que hace que aún no veamos cuál será su menú completo.
Salomón Lerner Ghitis: Un Presidente de Consejo de Ministros menos mediático, pero con más poder que varios de sus antecesores. Estilo gerencial, en el que, en su concepción, hablar poco cuenta tanto como los resultados a obtener, como en el caso del gravamen minero.
Luis Miguel Castilla: Deberá ser la voz que, dentro del Gabinete, convenza a sus pares de la inconveniencia de algunas iniciativas de empresariado estatal que se vislumbraron en el mensaje de Lerner. Como señala Alfredo Torres en Semana Económica, este tema le es indiferente al gran público, pero tampoco le suma al gobierno ni atrae confianza a los agentes económicos.
Adrián Villafuerte: Convertido por obra y gracia de Ollanta Humala y de la debilidad de Daniel Mora en el hombre fuerte en Defensa. Esta confusión de roles hace más fácil prever líneas de ascenso castrense antes que una política en esta materia.
Keiko Fujimori: Con pocas salidas para dar entrevistas, pero con el fantasma de su padre y de Martha Chávez pesando más en la opinión pública, antes que la imagen moderada que quiso proyectar. Confía en que Aguinaga y Reátegui sean sus operadores políticos en el Congreso.
Alejandro Toledo: Menos locuaz que en el mes previo al cambio de mando. Conviene que defina el rol que tendrá Perú Posible en el próximo quinquenio y también las relaciones con sus aliados.
Carlos Bruce: Cumple eficientemente el rol de líder de una bancada pequeña pero bulliciosa, tal como en el Congreso pasado. Veremos cómo vota en los temas de fiscalización a sus ahora aliados apristas.
Susana Villarán: Reconoce que algunas declaraciones políticas le sumaron puntos antes que restarle. La coyuntura y su propio programa de gobierno le han hecho descubrir una veta en el transporte, un tema en el que no sacará réditos inmediatos, pero, de ordenarlo, hará un gran bien a la ciudad.
Juan Luis Cipriani: Jugándose a fondo por tomar el control de la PUCP, con aliados mediáticos y políticos que quisieran eliminar todo rasgo zurdo, en nombre de un conservadurismo ramplón. Ello con un alto costo en términos de imagen para la Iglesia Católica.
(Columna publicada en Diario 16 el 01.09.2011)
POST SCRIPTUM: Anoche, luego de entregar mi columna, me enteré de las lamentables declaraciones dadas por Daniel Mora a Ideele Radio, proponiendo un “punto final” para los juicios por violaciones a los derechos humanos (cualquier parecido con Argentina no es mera coincidencia) y haciendo una serie de anotaciones sobre derecho penal que serían el horror de cualquier Facultad de Derecho. Coincidiendo con Roberto Bustamante y Eduardo González, a Mora le quedan dos caminos: o la rectificación o que le ponga “punto final” a su paso por el Ministerio de Defensa. Como señalo en la columna de hoy, es el punto más bajo de un gabinete que, en términos generales, hasta ahora, se conduce correctamente.
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Una de las cuestiones más complejas del gobierno de Ollanta Humala es el tema militar. Dos son las variables que determinan esta cuestión. De un lado, la situación de Humala como oficial en retiro del Ejército Peruano. Del otro, varios problemas existentes en la gestión del sector Defensa. Veamos algunas de las aristas importantes.
EL MINISTRO MORA:
La crítica principal que se le ha hecho a Humala es el incumplimiento parcial de uno de los compromisos que hizo en un juramento simbólico. Allí dijo:
10. Proclamo que los ministros de Defensa y del Interior serán civiles, en respeto al principio del control civil democrático sobre las fuerzas de seguridad.
Ciertamente, los militares en retiro son civiles. Y como le ha dicho José Robles a Correo Semanal, enfatizar en una división civiles - militares le hace un flaco favor a una mejor relación entre las Fuerzas Armadas y la sociedad. Y de hecho, hemos tenido experiencias disímiles con ministros militares y civiles en Defensa.
En lo que se refiere a ministros civiles hemos tenido desde personas intachables y con vocación reformista como Loret de Mola con Toledo y Wagner con García, hasta personajes que terminaban defendiendo temas cuestionables, como fue el caso de Rafael Rey, cuyo paso por el sector Defensa es digno de recordación, para que se sepa que es lo que no se tiene que hacer. En el tema de ministros castrenses, hemos tenido a personas que han manejado con cuidado el sector, como el caso de Walter Ledesma en el gobierno de Paniagua, como ministros cuya gestión es francamente olvidable, como el de Marciano Rengifo, a fines del periodo de Toledo.
Dicho esto, sí creo necesario que, en la medida de lo posible, el Ministro de Defensa sea civil y con vocación democrática. Y enfatizo en lo de civil porque, más allá de la saludable identificación de los militares retirados con su institución, lo cierto es que, en muchos casos, no han sido ajenos a las pugnas entre promociones, armas y hasta pleitos personales que pueden provenir desde tiempos de las escuelas castrenses.
En esa medida, ¿cómo calificar el nombramiento de Daniel Mora? Como un error grave. Luego de 15 días en los que los ministros se han venido ubicando en sus distintos puestos y realizando los nombramientos de su plana mayor , queda claro que el punto más bajo del gabinete está en Defensa.
Como lo ha señalado Ana María Tamayo del IDL, un primer error de Mora es un repliegue hacia adentro, con nombramientos que no contemplan a civiles en la plana mayor e incluso la designación de militares con poca capacidad de dialogo con oficiales y suboficiales en retiro. Ello es importante para que la política de Defensa no se convierta en un ghetto vedado para quienes no están en el Ministerio.
El segundo error de Mora son sus declaraciones públicas. Ya antes de asumir se despachó con todo sobre temas vinculados a Chile y la demanda marítima, afortunadamente aplacadas por Salomón Lerner Ghitis. Pero lo dicho esta semana sobre el caso Antauro Humala es una patinada de campeonato que le pone tarjeta amarilla.
EL ASESOR VILLAFUERTE
Para complicar la situación de Mora dentro del Ministerio de Defensa, quien viene teniendo un peso creciente en las decisiones castrenses es Adrián Villafuerte Macha, nombrado como asesor presidencial en estas materias. Marco Sifuentes describió hace un par de meses su breve biografía y conexiones:
Adrián Villafuerte (a) “El Ácido” es el más mediático de los tres compañeros de promoción. Durante los 90 fue el hombre de confianza del general montesinista César Saucedo Sánchez. Ahora, es el principal consejero de Humala en asuntos militares, hasta tal punto que, pese a las críticas, integra la comisión de transferencia del Ministerio de Defensa. En el partido, una de las personas más cercanas a Villafuerte era, precisamente, el pesquero Alexis Humala.
Y hay más. Según una investigación de Angel Páez en La República, el próximo comandante general del Ejército sería el general de división Víctor Ripalda Ganoza. El actual, Paul da Silva, nunca ocultó su antipatía por Humala y sería relevado de inmediato. En la línea de antigüedad le seguirían dos generales más pero ya existen excusas para arrimarlos y que asuma Ripalda.
Ripalda pertenece a la promoción 1977, justamente aquella a la que pertenece Villafuerte y el relevo, en efecto, se produjo esta semana, en la forma antes indicada. De hecho, Paez menciona el peso de esta promoción:
La promoción todavía tiene tres generales de división en línea, Ricardo Moncada Novoa, Carlos Farach Ynga y Benigno Cabrera Pino. Es más, hay dos generales de brigada de la misma promoción, Jaime Araujo Olazábal y Raúl Silva Alván, a la expectativa para el ascenso este año al grado de general de división. Por lo tanto, se confirma la tendencia del apuntalamiento de la Promoción 1977 Coronel Mariano Aragonés, muy vinculada con el presidente por intermedio de su asesor personal, el coronel EP (r) Adrián Villafuerte.
Es cierto, varios de estos militares han llegado a esta posición por sus propios méritos. Tambíén es cierto que el propio Humala ha cuadrado a su propia promoción (1984) en relación con los ascensos. Y también resulta exagerado llamar, como lo hace Fernando Rospigliosi, “aprendiz de Montesinos” a Villafuerte.
Pero también es cierto que uno de los vínculos más fuertes que se tiene dentro de las instituciones castrenses es el de la promoción (el otro es el arma). Y ello hace que se pueda temer una posible cooptación de los mandos militares, un mecanismo de control civil que enfatiza en la lealtad al jefe de Estado y a sus allegados, antes que a la autoridad civil en sí misma. Y he allí un tema en el que Humala, crítico antes de llegar al poder sobre estas prácticas, deberá ser claro en explicar, sobre todo, por el peso que puede tener Villafuerte ante la presencia de un ministro con poca pericia en Defensa.
EL VRAE
Aquí las noticias son algo más alentadoras, pero, antes que por una directiva del ministro Mora, por el aprendizaje hecho por las propias Fuerzas Armadas de los errores cometidos durante el quinquenio anterior. Ambos cambios vienen en el tema del manejo de la inteligencia frente a Sendero Luminoso.
El primero es la unificación de la inteligencia de las Fuerzas Armadas y Policiales en el VRAE. Y ello tiene buenas implicancias según indica Angel Páez:
Con la aprobación de la jefatura del Estado, la conformación del Centro de Fusión de Inteligencia es un paso excepcional para la unificación del procesamiento de información oportuna, actualizada y eficaz con la finalidad de identificar el desplazamiento de las columnas terroristas, sus centros de aprovisionamiento, sus refugios móviles o temporales, así como la red de colaboradores que proveen de logística, alimentos y medicina a los senderistas, señalaron a La República fuentes militares y policiales.
Una de las graves fallas que siempre se tuvo en el tema del VRAE es la falta de información conjunta y compartida. Desafortunadamente, siempre los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas competían entre sí. Y menos aún con la Policía Nacional. Ello implicaba celos, pugnas y, sobre todo, quedarse cada uno con información importante. ¿El resultado? Varios oficiales y suboficiales fallecidos y el robo de armas en cada emboscada senderistas.
El segundo tiene que ver con la reestructuración de Inteligencia del Ejército. Aquí se profundizará en la especialización, la conformación de batallones especializados en tareas de inteligencia electrónica y de contrainteligencia. El refuerzo en la labor de inteligencia es fundamental para terminar con un foco importante de inseguridad que permanece desde tiempos de Fujimori, que no quiso liquidar el tema para seguir con el fantasma del terrorismo para ahondar en su permanencia en el poder.
LOS TEMAS PENDIENTES DEL SECTOR
Finalmente, quedan algunos temas pendientes, que tienen que ver, sobre todo, con el personal militar. El más mediático, sin duda, es el de las pensiones de los oficiales y suboficiales retirados. Y allí se tendrá que idear una fórmula moderna para el futuro, que tome en cuenta el tipo de trabajo especial de los sectores castrenses, pero que sea sostenible en términos económicos, como no ocurre ahora con la Caja de Pensiones Militar Policial. Ello implicará un trabajo político y también garantizar a quienes ya están jubilados bajo el sistema actual pensiones dignas.
Otro tema tiene que ver con los derechos del personal militar. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos elaboró un informe el año pasado sobre esta materia, que comprende la atención en servicios de salud, sepelio, beneficios por conflictos específicos y otros. El bienestar de la familia militar sí es una bandera que ha asumido Mora por lo menos en el discurso, pero allí tendrá que conseguir los recursos necesarios y sobre todo, administrarlos bien.
Finalmente, un tema que debería comenzar a cerrarse en este quinquenio es el legado del conflicto armado interno. Ello implica, de un lado, que el Ministerio de Defensa brinde la información necesaria para terminar de identificar a violadores de derechos humanos, a fin que sean procesados y, finalmente, se distinga a ellos de los oficiales y suboficiales que cumplieron con su deber. Del otro lado, que el Plan Integral de Reparaciones para las víctimas del conflicto, que ya los incluye según la ley y reglamento de la materia, comprenda en forma más nítida a la familia militar. Y claro, ir avanzando en una memoria común que reconozca el heroismo de muchos, pero también, las violaciones a los derechos humanos que otros cometieron.
Menuda tarea. Pero para ello, el Presidente de la República deberá evaluar si el esquema de poder que ha armado en torno a los temas castrenses es el más adecuado.
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Hay situaciones, hechos y gestos que el Presidente de la República debería corregir, para mejorar la primera parte de su gobierno.
1. TRANSPARENCIA: Cualquiera que ve la página web de la Presidencia de la República nota que falta algo: la agenda de reuniones y actividades de Ollanta Humala. Algo tan básico como para saber que hace el Presidente. De hecho, El Comercio indica que:
(…) por ahora el mandatario solo se comunica a través de los 140 caracteres que le permite Twitter. Además, al consultar a los encargados de prensa de Palacio de Gobierno por la inexistente agenda presidencial, explicaron que Humala solo ha tenido “actividades privadas” y por eso no se publican en el portal de Presidencia de la República.
“¡La agenda de Palacio es imprescindible como también la de todos los ministros! El presidente tiene que colgar en la web diariamente con quién habla”, resalta Pedraglio.
Luego del antecedente de las dos reuniones de Alan con Canaán, esto es indispensable.
2. LOS MALOS NOMBRAMIENTOS: Si el nombramiento de Eduardo Roy Gates como asesor en temas jurídicos del Presidente es poco menos que una insensatez, peor es que el vicepresidente Chehade los termine justificando. Señala Nelson Manrique, quien apoyó la candidatura de Humala:
Está en juego la credibilidad de un gobierno que recogió un amplio respaldo popular entre otras cosas porque prometió encarar frontalmente el que es percibido como el mayor problema del país: la corrupción. No hay forma de hacer verosímil que se va a honrar esta promesa si se pone como asesor jurídico del presidente a un abogado cuyo quehacer es la defensa de corruptos y narcotraficantes. El argumento de que según los usos jurídicos de un Estado de derecho todos tenemos derecho a la defensa es bueno para justificar que el abogado Roy Gates vuelva a su rentable actividad pero no para recomendarlo como consejero jurídico de la presidencia. Ojalá OH no espere a que los daños sean mayores.
Y para añadir más gasolina al fuego, hoy se conoció que la posible jefa de la SUNAT sería una prima de Nadine Heredia. Y si bien es cierto que la señora Tania Quispe Mancilla parece tener un CV nada deseñable, es una mala señal que una allegada a la pareja presidencial se encargue de una institución que ve por la recaudación del Estado y que, en el pasado, fue utilizada para presionar a medios o rivales políticos del gobierno de turno. Esperemos una corrección en este nombramiento.
Lo peor del asunto es que no solo se tejen suspicacias frente al gobierno, sino también que estos hechos terminan ocultando acciones correctas o nombramientos idóneos. Como diría el Presidente, están pagando el precio por varias reclutadas.
3. LA RELACION CON LA PRENSA: Pedir que Ollanta Humala sea tan locuaz como su antecesor o salga a la prensa todos los días es solicitar mucho. Pero a estas alturas, sí debería dar una respuesta frente a algunas acciones de su gobierno. Quiérase o no, los ojos ciudadanos siempre giran alrededor del Presidente.
De hecho, ya se nota incomodidad de algunos frente a la prensa. Ha sido el caso de Daniel Abugattas y Rafael Roncagliolo, quienes se fastidiaron rápidamente ante las preguntas de dos periodistas que hacían su trabajo. ¿A qué responde ello? Comenta Álvarez Rodrich:
Es obvio que el gobierno –o un sector de este– cree que la prensa origina sus problemas. Eso es un error. Quizá a algunos ministros les esté costando la adaptación al puesto, pues una cosa es con guitarra y otra con fajín. Esto significa que al académico o al político de oposición, la prensa les plantea desafíos distintos que a los que están en el gobierno.
Esto no implica dejar de reconocer que hay medios con mala leche hacia al gobierno, pero hoy estos no parecen ser la mayoría. Incluso, algunos que en la campaña actuaron de un modo subalterno ahora andan en fase de reacomodo ‘estratégico’.
Lo que pasa es que al gobierno en su conjunto le está costando el aterrizaje desde la campaña hasta la gestión pública, y eso lo lleva a confundir la crítica legítima –propia de una prensa con aspiración de independencia– con mala onda.
Ello se complica aún más con la controvertida disposición interna de la Presidencia del Consejo de Ministros que acota el margen de los ministros para dar declaraciones a la prensa. Sin embargo, la realidad rebasa a la directiva, como bien señala El Comercio:
¿Qué tan efectiva ha sido esta medida vertical? De arranque un ministro ya la desobedeció. En una entrevista con El Comercio, el titular de Defensa, Daniel Mora, opinó sobre un tema judicial que no le compete: la asonada en Andahuaylas y la situación de Antauro Humala: “Él no participó en forma directa, no empuñó el arma, sí gestó el movimiento. Dejemos que la justicia actúe”.
En realidad no es necesaria una directiva para que el gobierno tenga una mejor coordinación de sus mensajes. Basta con una reunión interna entre miembros del gabinete para acordar sus márgenes de declaración y cumplir con el artículo 123 de la Constitución, que señala que el Presidente del Consejo de Ministros es, luego del Presidente de la República, el portavoz oficial del gobierno.
El problema con estas cuestiones es que el gobierno termina envenenando la relación con la prensa, que se queja con razón de falta de facilidades para su trabajo. Una relación que, como bien dice AAR, debe ser respetuosa, pero distante y tirante. Ello implica, como señala Fernando Vivas, a que ambas partes reconozcan errores y sepan que sus roles, en muchas ocasiones, van a ser contrapuestos. Lo mejor, en todo caso, es siempre la transparencia.
4. NO REPETIR ERRORES EN SEGURIDAD CIUDADANA: Finalmente, el tema que será la primera prueba de fuego del gobierno en temas de fondo será el de la seguridad ciudadana. Y allí, más que una corrección de su propio estilo, el actual gobierno deberá ir hacia un quiebre con cómo se han manejado estos temas en anteriores gestiones. Comenta Carlos Basombrío:
Se produce una tragedia que conmueve a la ciudadanía (en este caso la de la familia Reggiardo, a la que extiendo mi solidaridad). Los políticos indignados reclaman medidas severas. Los gobernantes dicen que la seguridad ciudadana es su prioridad. Se anuncian leyes durísimas y más recursos. Algunas veces se dan, otras no. Pasan unos días y las cosas vuelven a la “normalidad”; es decir, la delincuencia sigue su curso, la ciudadanía sigue sufriéndola y, en el fondo, en lo que realmente importa, no pasa nada. Ello hasta que ocurre la siguiente tragedia y la puesta en escena se repite.
5. COLOFON: No corregir estos errores puede llevar a lo que señala Mirko Lauer:
Es cierto que el gobierno está acumulando metidas de pata, la principal de ellas no dedicar más tiempo y esfuerzo a explicar algunas de sus movidas más polémicas. Eso no calmará al antihumalismo ultra, pero sí introduciría en el debate algunos argumentos que ahora están faltando a gritos, y que seguramente los simpatizantes están esperando.
Cometería un serio error el gobierno si se deja provocar y arrastrar a una confrontación con los medios. Pues estos, incluso los que están cerradamente en contra del gobierno, son de gran utilidad para la buena marcha de una democracia. Promulgar medidas y poner en marcha iniciativas es la tarea del nuevo gobierno. También los gritones son de palo.
¿Tenemos su palabra, señor Presidente?
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