Durante esta semana hemos podido escuchar a los cuatro grandes protagonistas del caso RBC. Tanto Jorge del Castillo, Luis Alva Castro, Luis Alfonso Morey y Miguel del Castillo han dado sus distintas versiones sobre el tema, cuyo único punto común es la defensa del controvertido contrato de otorgamiento de publicidad estatal al llamado “canal positivo”.
Luego de oirlos a todos – incluso, a alguno de ellos en vivo y en directo – me quedan varias preguntas pendientes sobre los distintos temas que se han tocado, con motivo de este escándalo.
LA PUBLICIDAD ESTATAL
Un primer punto a debatir es el de la publicidad que el Estado otorga a los distintos medios de comunicación. Si bien existe una normativa referida a este tema, la carencia de reglamentación de la misma hace que cada una de las entidades públicas impongan sus propios criterios subjetivos para el otorgamiento de dicha publicidad. Ello es lo que ha ocurrido en este caso.
Ni los directivos de RBC ni los ministros involucrados han podido explicarnos cuales han sido los criterios a tomar en cuenta para dar la publicidad. De un lado, Alva Castro señala que ha sido la sintonía, sin embargo, este es un parámetro que Morey y Del Castillo Jr no toman en consideración desde hace meses.
De otro lado, tal como en su oportunidad lo había mencionado el Instituto de Defensa Legal, el proceso de contratación convocado por el Ministerio del Interior fue exonerado de concursos y licitaciones. Peor aún, los spots y propaganda difundidos no sirven – como antier me lo quisieron demostrar los representantes de RBC – para mejorar la seguridad ciudadana, sino para levantar la imagen del Ministro del Interior, al que la mayor parte de los peruanos quieren ver de nuevo en su curul y no en Corpac.
Finalmente, cabe recordar que no es la primera vez que este gobierno tiene problemas con la publicidad estatal. Basta que recordemos el caso Garrido Lecca – La Razón, que evidenció las intenciones de algunos Ministros para que su imagen sea puesta en alto por parte de la prensa. Y como me hizo recordar alguien hace algunas horas, la Contraloría General de la República investigó dicho caso. ¿Dónde está ese informe? Ahora que Genaro Matute está también investigando este escándalo, sería bueno saber como quedaron sus indagaciones en el supuesto antes mencionado.
Todo ello me permite concluir que, si hay un personaje en el gobierno que está quedando bastante mal parado, es, para variar, Luis Alva Castro.
LA POSICION DE MIGUEL DEL CASTILLO
Si otra persona queda mal en esta historia es el hijo del Presidente del Consejo de Ministros. Si bien él ha negado haber sido el contacto para obtener la publicidad del Estado, hay algunas cosas que me quedan poco claras.
La primera de ellas tiene que ver con su papel en RBC. Tanto él como Morey han esgrimido que se trata de un asesor de la Alta Dirección del canal. Miguel Del Castillo, en un inicio, aceptó en la entrevista con Marco Sifuentes, que cumplía funciones empresariales. Morey precisó que las mismas se circunscribían al sector privado. Pero ayer, en el programa Enemigos Intimos, el hijo del Premier dijo que “asesoraba también en los contenidos”. ¿Pueden ponerse de acuerdo en cual es la función? ¿Los contenidos también tienen que ver con el tema periodístico?
La segunda está vinculada a la compra del canal. En la entrevista a Utero.tv, Del Castillo lo aceptó. Lo mismo hizo Morey en los descargos que me envío por escrito y, en un inicio, durante la entrevista que me concedió el martes pasado. Sin embargo, una vez que el Presidente del Consejo de Ministros negó que su hijo tenga fondos para la compra, ambos directivos cambiaron su versión, indicando que buscaban a un inversionista foráneo y que podrían controlar el canal a través de otras modalidades empresariales. La impresión que todo esto me dejó es que parece haberse detenido una operación de venta en marcha o que los Jotitas del 11 parecen estar demasiado entusiasmados con su proyecto que, por momentos, pierden perspectiva.
Y en tercer lugar, está la línea editorial del canal. Por más que Morey me explicara que eran independientes y diera su posición personal sobre el actual gobierno, RBC no es crítico con el gobierno, está aliado a un diario que respalda abiertamente a Alan García y su único programa político es conducido por una abogada que es militante aprista.
Todo ello hace pensar que, si bien Miguel del Castillo tiene todo el derecho a trabajar, tal vez lo mejor sería que, durante la gestión de su padre, deje de lado los negocios en comunicaciones, a fin de afectar un proyecto en el que parece creer sinceramente.
EL PROYECTO RBC
Brevemente me referiré a este punto, que tiene que ver más con cuestiones televisivas, pero que es necesario dejar en claro.
Entiendo que los señores Morey y Del Castillo estén empeñados en vender su producto televisivo como si se tratara de una propuesta de alta calidad. Sin embargo, creo que caen en la trampa de sus propios parámetros. Ambos hablan de calidad y de términos cualitativos. Sin embargo, en ningún momento nos mencionan los términos o parámetros con los que miden su calidad o su audiencia. Tampoco nos explican porque deberían tener más publicidad teniendo menos cobertura que el resto de canales de señal abierta, la cual recién ampliarán en las próximas semanas.
Y sobre la calidad de los programas, me remito a lo dicho por Roberto Bustamante en su blog y que se puede resumir en lo siguiente: el hecho de que sus conductores sean conocidos no tiene relación directa con el producto televisivo, sino con otros factores. Creo que el ejemplo de Alfredo Gonzáles es el mejor indicador de la calidad de esta televisora.
A MODO DE CONCLUSION
Todo este escándalo nos debe hacer reflexionar sobre el rol de los medios de comunicación en una sociedad. Son formadores de opinión y vehículos de entretenimiento, pero ello lo deben hacer con calidad y con independencia del gobierno de turno.
Si los señores Morey, Belmont y Del Castillo están empeñados en ello, pues tendrán que hacer serios ajustes. Lo que pude comprobar, tanto en lo que he investigado como in situ en el propio canal 11 es que tienen mucho por recorrer y, a mi modo de ver, lo tienen que hacer con mayor transparencia y evitando las suspicacias.
En cuanto al gobierno, me queda claro que están buscando medios de comunicación dóciles, poco críticos y la publicidad estatal parece ser un método de atracción en el camino. Y no se percatan que la población no es ilusa y no va a cambiar su opinión sobre la desastrosa gestión de Alva Castro por 5,000 spots. Por lo demás, el lunes que vayan al Congreso, tanto él como Jorge del Castillo deberán darnos mejores explicaciones que las que hasta ahora han brindado, pues resultan ser insuficientes, a la luz de lo antes relatado.
Ambos, medios y gobierno, tienen que percatarse que la ciudadanía reclama una cosa básica: transparencia. ¿Serán capaces de afrontar ese reto?
Este mediodía conversé ampliamente con Luis Alfonso Morey, Gerente General de RBC Televisión acerca de la denuncia sobre incremento de publicidad estatal en su canal, así como sobre otros temas conexos, como la presencia de Miguel del Castillo como asesor de la gerencia, la relación del gobierno con este medio de comunicación y su salida del movimiento fujimorista.
La realización de esta entrevista no pudo ser posible sin el apoyo de Willie Vasquez, director de Prensa Peruana.com, donde también pueden ubicar esta entrevista, que pueden ver en tres partes.
Tal como lo informa el portal Perú.com, se ha interpuesto una moción multipartidaria para que el Presidente del Consejo de Ministros informe al Pleno del Congreso sobre los contratos publicitarios firmados con la televisora y la participación de su vástago en la misma.
Creo que son 5 preguntas las que el Premier debe responder:
1. ¿Cuál es el criterio que motivó la contratación de publicidad en un canal que no tiene medición de rating?
2. ¿Cuál es el rol exacto que cumple Miguel del Castillo en RBC Televisión?
3. ¿Cuál es la posición que tiene el Gobierno con relación a la austeridad en publicidad estatal, ya que son varios ministerios los que buscan levantar su imagen?
4. ¿De donde sacaría Miguel del Castillo el dinero para comprar acciones de este canal?
5. ¿El gobierno veta periodistas, tal como lo han señalado César Hildebrandt y Juan Carlos Tafur?
Y para que tengamos una idea de la televisión de calidad en la que gastan nuestros impuestos, un botón de muestra:
Vamos a ver si lo que renace es la credibilidad del Presidente del Consejo de Ministros.
Que Laura Bozzo falsea testimonios no es novedad. Para quienes vieron un reportaje de Elsa Ursula que fuera pasado por pocos medios en una televisión en ese entonces parametrada - hablamos de los estertores del fujimorato -, les quedaba claro que, a cambio de unos cuantos soles, varios peruanos eran degradados en su condición de ciudadanos y pasaban a escenificar los dramas más inverosímiles vistos en la televisión latinoamericana.
Lo peor del caso, en esa etapa de Bozzo como conductora de “reality - shows”, era la protección politica de un gobierno que le dio favores judiciales, tal como lo ha confirmado la Corte Suprema en una sentencia de 4 años de prisión suspendida por tráfico de influencias. A pesar que ahora alegue ingenuidad - obviamente, en términos más gruesos de los aquí expresados -, la “abogada de los pobres” fue funcional a un tipo de degradación moral que, en el fondo, reflejaba la del podrido régimen a cuyo jefe entrevistaba y a cuyo asesor mandaba besos por televisión.
Así, la atención del público sobre la conductora se centró, sobre todo, en sus vinculaciones con el poder político y las implicancias judiciales de esta relación. Mientras tanto, desde su relativamente cómodo arresto domiciliario en San Borja - a 4 cuadras de donde escribo este post -, la Bozzo seguía movilizando gente en buses y, probablemente, con el mismo modus operandi de sus programas en América Televisión. Aquí, la “doctora” confió demasiado en la memoria selectiva del país, en la amnesia colectiva que nos permite elegir males menores y olvidar lo ocurrido en el conflicto armado interno y en su popularidad en ciertos sectores para continuar con una forma de hacer televisión basada en comprar los derechos y los testimonios de los demás.
Afortundamente, los programas El Francotirador y Buenos Días Perú y los blogs Mala Sangre y Utero.tv han puesto nuevamente en su justo lugar a quien se sigue considerando como una estrella de televisión y no es más que una persona sentenciada por tráfico de influencias y que presenta testimonios falsos.
Pero la doctora no puede confiar que saldrá bien librada de estas acusaciones. De un lado, se ha demostrado la utilización de menores de edad para mentir, lo que puede tener implicancias judiciales. Informa El Comercio:
Para el jurista penal José Leandro Reaño, en caso emitieran este programa (en el que aparece una menor de 13 años, NdR), la producción está obligada a ocultar el rostro de la niña para no revelar la identidad de la menor de edad. “Si no lo hicieran, deberían responsabilizarse la producción y sus padres como instigadores de este daño. Esto es muy a pesar de que se emita o no en el Perú así la menor lo autorice y sus padres lo consientan. Hay un interés superior en proteger al niño y al adolescente”, señaló el especialista, quien añadió que esta denuncia sería responsabilidad del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes).
Por otro lado, la conductora Laura Bozzo está en proceso de investigación por un segundo caso, en el que se ven imágenes de una menor de edad que dijo haber sido violada por su padrastro pero que luego apareció en un programa especial dedicado al terremoto del sur del país como una supuesta damnificada. La denuncia ha llegado al Ministerio Público y estaría en proceso de investigación.
La niña ya fue ubicada por el Ministerio Público gracias a un pedido del Mimdes y podría testificar en cualquier momento.
Pero los señores de Andina de Televisión, quienes actualmente emiten el espacio, tampoco pueden escudarse en una claqueta como “las historias son tomadas de la vida real, pero algunos casos son teatralizados”, como pretende hacernos creer su jefe de relaciones públicas. Todos los medios de televisión, por mandato de la Ley de Radio y Televisión, están obligados a tener y cumplir un Código de Ética. Este Código ha sido adoptado de modo standard por los miembros de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión, a la que pertenece ATV, y señala lo siguiente:
Artículo 5º: La autorregulación consiste en vigilar la calidad de la información que se brinda a través de la comunicación comercial, además de preservar y acrecentar la credibilidad de la misma. De igual forma, es tarea de la autorregulación el mantener vigentes y actuales los valores, principios fundamentales y reglas de la actividad que, para los propósitos de este documento se limitan a aquellos que rigen la relación con el público espectador y consumidor: a) Veracidad; b) Respeto a la persona humana; y c) Responsabilidad social. Todo ello dentro del marco de responsabilidad con la sociedad peruana y en atención a sus particulares circunstancias económicas, culturales y educativas.
El criterio de “doy lo que le gusta a la gente” no es válido en este caso. El rating no puede ser el único indicador para mantener un programa o no en la televisión. Nos queda claro que Laura Bozzo le miente a la gente para vender un programa que expone casos falsos y que, peor aún, compra la dignidad de los demás a cambio de unos cuantos soles. Ciudadanos degradados por la compra, ciudadanos degradados al ver el show de la miseria humana fingida. Y, en medio, un canal de televisión que no puede seguir evadiendo su responsabilidad con el televidente, más aún cuando hay derechos de menores de edad en juego.
La libertad de expresión es lo mejor que le puede pasar a la democracia y hay que mantenerla así. Pero su mal uso sí debe ser sancionado, por lo menos, cambiando de canal.
El último viernes, Fernando Vivas se despachó con una interesante columna sobre los intentos de reflotamiento de RBC Televisión. Intentos que su propietario, Ricardo Belmont Casinelli, inició con el diario Expreso, pero que culminaron luego de las abruptas cancelaciones de los programas de Beto Ortiz - hoy de nuevo en el aire - y Juan Carlos Tafur.
Ahora estos intentos tienen un intenso sabor a reciclaje y de tinte naranja.
La sinuosa trayectoria de este periodista hasta 1990 fue brillantemente descrita por Mario Vargas Llosa (El Pez en el Agua, capítulo XIV: El Intelectual Barato). la que comprendió, entre otras perlas, la creación de un diario para levantar la candidatura de Fujimori, financiado por Alan García.
Luego de ello, Thorndike escribió un apologético a la fuga de 48 presos del MRTA y se convirtió en un fujimorista militante: fue director de prensa de Frecuencia Latina en la era Winter y director de La Razón. Ultimamente, era el editor de Martín, la revista de literatura de la Universidad del Ministro de Educación.
Volviendo a la columna de Vivas, el dato más sabroso que suelta está en el último párrafo:
Hay un dato sobre Morey que debería llamarnos más la atención. Agenciaperú, La República y Caretas informaron en su momento que el nuevo gerente de RBC era uno de los socios de Canal Azul SAC, una señal fujimorista cuyos otros socios eran Vicente Silva Checa - ex propietario de CCN - y Enrique Mendoza del Solar, el padre de la actual vicepresidente Lourdes Mendoza, a la que el papá del amigo de Morey le pagaba asesores indebidamente.
Curiosamente, como apunta Vivas:
(Belmont) Acabó sin sillón y sin canal, pues lo alquiló a un grupo religioso en 1996 hasta que en 1999 encontró a gente con ganas de hacer TV: Domingo Palermo, quien tenía emisoras en el norte, y Enrique Mendoza (padre de la actual vicepresidenta, Lourdes Mendoza), quien tenía una cadena en el sur.
La pregunta es: ¿por qué Belmont dejó su fujimorismo rabioso de 1995 para aconchavarse con dos personajes bastante cercanos a la dictadura y, a la vez, al gobierno? Pues quizás sea por la misma razón por que la que se acercó a Fernando Olivera, Alejandro Toledo y Valentín Paniagua: la inestabilidad de su canal. Inestabilidad marcada por el juicio de miles de rbcistas que hasta ahora no ven ni un centavo de utilidades del canal del que también son socios.
Ojo que los gobiernos saben aprovechar este tipo de debilidades de los medios de comunicación para hacer sus presiones. Fujimori y Montesinos lo sabían. Y, como olvidarlo, nuestro actual presidente nos dijo que en política no había que ser ingenuo.
Las reacciones de los detractores de Ivcher no se han hecho esperar. En un furibundo artículo, César Hildebrandt ha demandado una investigación exhaustiva sobre un tema que, para muchos, podría tener como consecuencia un nuevo desalojo de Ivcher de la propiedad de Frecuencia Latina.
Articulo 14, b. An Israel national who is also a foreign national shall, for the purposes of Israel law, be considered an Israel national
En castellano: El israelí que tiene también una nacionalidad foránea, para la ley de dicho país, es considerado como un nacional de Israel.
Este resquicio legal permitiría sostener a Ivcher que, para efectos de la nacionalidad peruana, renunció a la ciudadanía israelí, pero, a la vez, tenía derecho a contar con pasaporte de Israel ya que su país de origen lo seguía considerando como nacional de dicho país. Es lo que sostiene hoy el diario La República como una opción posible en el colofón de su informe sobre el tema.
Dicha interpretación, solo sería válida, sin embargo, si es que Ivcher hubiera optado por la “cláusula del retorno” (artículo 2 de la Nationality Law) que permite a los hijos de israelíes obtener la nacionalidad del estado judío, para lo cual tenía que haber sucedido este hecho una vez que fue despojado de la nacionalidad peruana. Según fuentes de la Comunidad Judía, este habría sido el caso del empresario televisivo. De todas maneras, un fuerte tufillo a leguleyada se respira en el ambiente.
¿Pronóstico? Va a venir una batalla de abogados procurando, cada uno de ellos, dar su interpretación sobre la nacionalidad y sobre si se puede anular la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la materia. Y claro, al fujimorismo defendiendo la “inocencia” de su líder en este tema.
Pero hay dos hechos objetivos que no podemos olvidar en esta historia.
El primero es que, independientemente de pasaportes y nacionalidades, el tema de la nacionalidad de Ivcher no fue más que el pretexto para los planes del fujimorismo: apoderarse de la televisión para la re-reelección. Las pruebas objetivas: Frecuencia Latina cambió de línea editorial y los hermanos Winter vendieron, con contratos de por medio, el contenido de los programas periodísticos al gobierno de Fujimori.
El segundo es que, aprovechando eso, Ivcher ha pretendido sacar mayor ventaja económica de lo que su condición le permitía. La millonaria indemnización obtenida mediante un arbitraje que no estuvo exento de presiones mediáticas al gobierno de Toledo, así como el pedido para no pagar impuestos, pone al propietario de Frecuencia Latina al nivel de aquellos que venden sus servicios en las batallas.
Si todos los que luchamos contra la dictadura tuvieramos su afan de lucro, pediríamos reparaciones del mismo calibre por lo que perdimos en el combate contra Fujimori. Así no son las cosas. Si salimos a las calles o denunciamos - en medios grandes o en nuestros pequeños círculos - las tropelías del dictador fue por una cuestión de convicción, no por salir en la foto o recibir algún pago. Desafortunadamente, algunos lo creyeron así.
Contra mis pronósticos, el tema de la entrevista a Rosa María Palacios hecha por Jaime Bayly ha sido uno de los más comentados en la historia de este blog, solo comparable a mis posts sobre la PUCP y Federico Dantón. Entre los dos posts sobre el tema (¿Quién Ganó? y Rosa María vs Bayly) hasta el momento, hay más de 30 comentarios. Hay que felicitar a todos los que han intervenido - de verdad - por el nivel que ha existido en el debate, más allá de puyas, ironías y sarcasmos. Y a Rosa María por tener la correa suficiente como para ver todos los comentarios y responder a todo lo que se ha dicho en este blog sobre el ya comentado programa del día domingo.
Como han podido notar, no he intervenido para nada en el debate. Creo que era mejor que los lectores y comentaristas habituales de este espacio expresen sus preguntas y dudas y que Rosa María responda a las punzantes preguntas - muchas de ellas, tan agudas como las que se plantean en Prensa Libre - del público, que, al fin y al cabo, también ve su programa. Por ello me he guardado este espacio para dar mi opinión respecto a la polémica que se ha armado.
Ciertamente, todos los que conocen este espacio saben que no guardo simpatía alguna por Alberto Fujimori. Por el contrario, por este blog, en sus 2 años y medio de vida, han pasado multiples comentaristas (y trolls) que me han llenado de epítetos, insultos y comentarios por tener esta posición, en la que me mantengo invariable. Y quienes me conocen en persona, saben que esto no viene de ahora, sino que desde la época del colegio (años 95, 96 y posteriores) tenía y tengo una posición clara sobre lo que consideré y considero que fue una dictadura.
Dicho esto, debo decir que tengo un reparo ético - no profesional - con las personas que ocuparon altos cargos durante el gobierno de Fujimori. Reparo que se debe, justamente, a la naturaleza de su régimen y la responsabilidad política que estos funcionarios tuvieron. Ello, claro está, comprende en mayor medida, a quienes cometieron actos de corrupción o avalaron violaciones a los derechos humanos.
Pero, así como existieron personas que trabajaron y defendieron al régimen, también existieron una serie de cuadros técnicos que, de manera honesta, laboraron allí y no se comprometieron políticamente con la dictadura. Cada uno de ellos sabrá en su conciencia interna si es que avalaban, como ciudadanos, las tropelías del régimen.
En el caso de Rosa María Palacios, como ella misma lo ha dicho, hizo una serie de consultorías para el Estado, en el tema de reforma de la administración pública. Es más, formó parte de un equipo de reforma del Estado cuando Alfonso de los Heros fue Presidente del Consejo de Ministros y renunció el 5 de abril de 1992, a raíz del golpe de Estado, junto con el Dr. de los Heros. Por tanto, creo que no puede achacarse a ella un apoyo a lo que fue un régimen dictatorial.
Como ella misma lo recordó hace un tiempo, también hizo una consultoría cuando Alberto Pandolfi, en 1996, fue titular de la PCM, pero que no dio resultados por la falta de respaldo político que Pandolfi dio al proyecto de reforma, debido a que el gobierno ya se encontraba en planes reeleccionistas. Hasta allí, tenemos trabajos en temas técnicos, que no comprometían a la persona con el régimen, ni mucho menos, en temas dolosos, como algunos han pretendido insinuar.
(Por cierto, para quien quiera saber más sobre la frustrada reforma del Estado de los 90, lean el libro La Reforma de la Administración Pública Peruana (1990 -1997). Conflicto y estrategias divergentes en la elaboración de políticas de Juan Carlos Cortázar Velarde, que salió hace un par de meses en librerías).
El tema que mayor atención ha conscitado, sin duda, ha sido su consultoría de 10 semanas para el Plan de Gobierno municipal de Juan Carlos Hurtado Miller, a la que fue invitada a participar por Leonie Roca - esposa de Pedro Salinas, periodista contrario a la dictadura -. En este caso, sí creo que Rosa María cometió un error (no una falta, ni menos aun, un delito) en aceptar este trabajo. No por las calidades de Leonie Roca, una profesional competente, o por el trabajo en sí (un plan de gobierno municipal que seguramente fue hecho con solvencia) sino porque en 1998 sí se contaba con información suficiente para saber la naturaleza del régimen.
Ya existían elementos suficientes para saber que Vamos Vecino, la agrupación por la que postulaba Hurtado Miller, era el furgón de cola municipal del fujimorismo. Y ya en 1998 se habían producido la Ley de Amnistía, la Ley de Interpretación Auténtica, el despojo de Frecuencia Latina, la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional, las investigaciones sobre la muerte y torturas de agentes del SIE, espionaje telefónico e ingresos de Vladimiro Montesinos.
A esas alturas del partido, al margen de las discrepancias sobre el régimen económico y la naturaleza de las reformas en la economía, era claro que el gobierno fujimorista estaba ya en un curso de no retorno y de acentuación de sus calidades autocráticas. Esta es información que estaba a disposición de todo aquel que la quería conocer. No es algo que “en retrospectiva”, recien se sabe ahora (claro, recien hoy tenemos toda la magnitud de lo ocurrido, vladivideos e investigaciones posteriores mediantes), por lo que si considero que era un error aceptar un puesto de esta naturaleza, a pesar de los vínculos personales cercanos que llevaron a Palacios a tomar esta decisión.
Por lo menos, quien habla, de haber estado en su lugar, no habría aceptado dicho encargo, aunque comprendo lo difìcil que debe haber resultado dicha situación. Admitir esto, en público o en privado, no denigra a la persona, sino que habla muy bien de ella.
Por cierto, digo esto con todo el respeto y aprecio que tengo por Rosa María, una periodista y abogada competente y que estudia bastante bien sus temas, cosa que la gente que trabaja en estos temas de opinión pública deberíamos hacer.
¿Con este incidente, antes comentado, la posición actual, crítica frente a los gobiernos de turno y al fujimorismo, que tiene Rosa María Palacios carece de validez? No. Creo que este error ha sido utilizado para descalificarla con un argumento falaz. Todos quienes tenemos ya cierto recorrido vital hemos cometido errores y, más aún, quienes hemos tomado posiciones políticas o hemos estado cercanas a ellas, hemos cometido algún error de apreciación. Por tanto, descalificar a una persona o lo que dice por un error del pasado, haría que todos nosotros nos tuvieramos que quedar con la boca callada. Lamentablemente, este tipo de argumentos se presta a descalificar a alguien cuando no se tiene mayores razones para debatir o ideas que aportar.
(Paréntesis: Creo que nuestros liberales consecuentes deberían decir esto más a menudo: el hecho que se asociara economía de mercado con Fujimori le ha hecho un gran daño a la economía de mercado, dado que se aplicó de manera autoritaria y sin pensar en las consecuencias sociales de las reformas, cuestiones en las que si se fija el liberalismo político. Ese es un deslinde que, lamentablemente, no se hace frecuentemente.)
Creo, finalmente, que ha existido una saludable evolución en Rosa María Palacios. Basta ver sus entrevistas en RPP de los años finales del fujimorato para darnos cuenta que hacía preguntas punzantes a los fujimoristas, y que no era santa de la devoción de Vladimiro Montesinos. Hoy, luego de su paso por el cable y la señal abierta, veo, como televidente a una periodista más cuajada, ya no solo preocupada por los aspectos jurídicos de un tema (”deformación” que tenemos todos los abogados). Y, evidentemente - como lo muestran nuestras posiciones sobre el tema PUCP - a veces coincido con ella y otras no tanto. Ver el paso de la campaña electoral en su programa - que no satanizó a Ollanta Humala (aunque si lo criticó en los temas en los que había que señalar sus graves falencias) y en la que, para sorpresa de muchos, expresó sus simpatías por una candidata mujer que no era Lourdes Flores ni Martha Chávez - y los temas que trata en sus programas hacen que note el cambio en las preocupaciones de la abogada y periodista.
Claro, con las opiniones vertidas por todos los comentaristas, me queda claro que el público televisivo es cada vez más exigente pero, a la vez, toma muy en cuenta las opiniones de los periodistas que dan la cara o hacen reportajes. Quizás esto exiga por parte de los hombres y mujeres de prensa un mayor detenimiento y una mayor reflexión sobre el tipo de labor que hacen y las expectativas y percepciones que tiene el público sobre los medios de comunicación, para que las tengan en cuenta como referencia y retroalimentación.
Esta no es una defensa de Rosa María Palacios. Por el contrario, creo que es una reflexión para la periodista sobre el camino emprendido - y algún error cometido, a mi criterio - y para los televidentes sobre el tipo de argumentos que deben emplearse en un debate público. La pluralidad de opiniones, sean de izquierda, de centro, apristas o de derecha es bienvenida y ese ejercicio ha sido el que se ha practicado ahora. Como decía al inicio, saludo las preguntas y dudas de los comentaristas del blog, así como la predisposición de Rosa María para contestarlas. A todos, siguen invitados a comentar este espacio, que se ha hecho para ello, el intercambio de ideas y de posiciones sobre cosas que, humildemente, el autor de este blog pone en bandeja.
Nada que Ver era parte del espacio Políticamente Incorrecto, una de las nuevas propuestas de Sony hechos especialmente para América Latina. En esta suerte de South Park light, los muñequitos representaban a los presidentes más conocidos de la región: Chávez, Evo, Uribe, Lula, Kirchner, Alan y Bachelet.
Pues bien, en Chile se armó un gran escándalo por la escena final del capítulo de la semana pasada: una parodia de los talk shows - conducido por Kofi Annan, el ex Secretario General de la ONU - que, para el diario Las Ultimas Noticias, era poco menos que una afrenta para la presidenta de Chile.
Como señala OcraM, cosas muchas más fuertes se han visto en televisión. Y peores parodias se han hecho a la presidenta chilena, como las que El Especial del Humor perpetró en una época con el Gordo Cassaretto a la cabeza.
Paréntesis: Por cierto, también hay una jocosa foto de los dibujos de Alan y Uribe en un cabaret.
La polémica se desató en Chile. El diputado Marcelo Forni (de la pinochetista UDI) puso el grito en el cielo y planteó una denuncia ante el Consejo Nacional de Televisión. El vicepresidente de esta entidad, Hernán Chadwick, dijo que se estaba atentando contra la dignidad de las personas. Y el Comité Pro Defensa Ciudadana había manifestado su protesta contra Forni y Chadwick, ante lo que era claramente un intento de censura.
Pero hoy todos los medios latinoamericanos destacan que los dibujos animados han sido sacados del aire, horas antes que se emitiera el tercer programa. Vía La Tercera de Chile:
En un comunicado muy al estilo “irreverente” que caracterizaba al espacio, la empresa anunció el fin de la serie animada.
“Lo hicimos de nuevo. No es la primera vez que prometemos algo, y lo cumplimos. Dijimos que haríamos la serie más irreverente e inútil jamás vista antes en televisión por cable. Parodiamos de la forma más irracional e infame a personajes insólitos en Nada que Ver. Y la gente nos vio. Pero hubo siempre una advertencia: A alguien botarían por esto. Y así fue”, explica el comunicado.
Ahora “los guionistas están en un rincón del salón. Volteados, mirando hacía la pared. Alguien los regañó, y feo. A alguien botaron por esto.Y de Nada que Ver quedará evidencia en www.canalsony.com. Seguiremos, eso sí, burlándonos del mundo los martes, en la hora PI. De eso, que no quede la menor duda. Ahora Nada que Ver, no será visto en las pantallas de Sony Entertainment Television”, concluye.
No me extraña que esto ocurra en Chile. Hasta hace pocos años, nuestro vecino del sur tenía un Consejo de Calificación Cinematográfica que tenía a su cargo un sistema de censura abierta para la exhibición de películas. Así, fueron censuradas obras como Brian’s Life (la parodia de los Monty Python sobre Jesús), Il Casanova de Federico Fellini, Missing (sobre los desaparecidos en Chile, ya se imaginan cuando fue censurada), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del Montón (el primer Almodovar) o Bilbao (del polémico Bigas Luna).
Luego de 8 años de censura, en 1996 el Consejo de Calificación Cinematográfica había autorizado su exhibición para mayores de 18 años. Inmediatamente después, 7 abogados presentaron un recurso de amparo contra dicha decisión, por y a nombre de Jesucristo (no, no es broma), la Iglesia Católica y por sí mismos, por considerar que la cinta ofendía la reputación de Cristo y de los católicos. El entonces conservador Poder Judicial chileno dio la razón a los demandantes. El caso llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que indicó, de manera clara, citando a una sentencia de su par eutopea, que la libertad de expresión no solo se aplica para las informaciones o ideas que son favorablemente favorecidas, sino para aquellas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población (¿escuchaste, Alan?). Y, sobre el caso en particular, señaló que no estaba permitida la censura previa por los motivos alegados por los demandantes, por lo que la película debió ser exhibida.
Como vemos, los políticos chilenos suman otro papelón más a su cuota de pacatería y censura. Lástima que algunos aquí en Lima quieran seguirles los pasos.
¿Por dónde van los programas periodísticos y políticos en nuestra television?
Una pregunta que cualquier televidente se puede hacer es: ¿dónde está la política en la televisión?
Y es que nuestros espacios periodísticos parecen haberla desterrado en buena parte o tienen serias limitaciones para sacar productos de calidad o que redonden una faena completa.
Los más esforzados intentos se encuentran de lunes a viernes a las 11 de la noche, ya saben por cuales señales, pero arrastrando varios defectos.
La Ventana Indiscreta ha perdido punche y humor. Un televidente agudo se percata de que hay dos espacios separados: uno, donde hay reporteros esforzados haciendo lo mejor posible para sacar el programa adelante y poner temas más o menos interesantes (por citar tres ejemplos, la denuncia sobre la compra de patrulleros en la Policía, la masacre de Sacharaccay en Ayacucho o el olor a hediondo de la Vía Expresa chalaca construida por Alex Kouri); el otro, donde se ubica Cecilia Valenzuela haciendo una conducción excesivamente complaciente con el gobierno, decididamente respetuosa de la investidura presidencial como no lo fue con Alejandro Toledo y morigerando los acentos fiscalizadores de su equipo de Agencia Perú. El humor parece haberse restringido a La Cortina de Humo de Carlos Alvarez, en un programa que tuvo a Eliane Wars como paradigma de clave humorística de la política.
(¿Y el Dedo Medio? Bueno, mientras no hayan cambios de libreto o personaje, esa secuencia está destinada a no funcionar)
En la vereda de enfrente, Rosa María Palacios tiene las agallas para hacer las entrevistas inteligentes, incómodas y decidamente chanconas que no hace la competencia. Sin embargo, Prensa Libre no cuenta con un equipo de reporteros solvente que pueda sostener el programa más allá de los monólogos y entrevistas de la abogada. Y eso supone una limitación, dado que no todos los políticos quieren acudir al programa y los reportajes se concentran en temas policiales o de seguridad ciudadana. ¿Funciona en el rating? Quizas, pero no aporta mucho más de lo que ya se conoce sobre estos temas y, en términos televisivos, al margen del importante rol social que cumplen estos reportajes, no terminan de entregar un producto televisivo que llame la atención.
¿Y los domingos? La oferta es la siguiente:
Cuarto Poder parece no encontrar rumbo. Si bien hay reportajes que tocan amenamente temas de fondo como la reforma del Estado o los juicios pendientes al fujimontesinismo, digamos que decae el programa cuando toca “el asesinato” o “la violación” de la semana. Y el programa, peor aún, ha dejado de marcar agenda política o, siquiera, la de los periódicos del día siguiente. Claro, salvo cuando Sol Carreño y Raúl Tola transformaron su set en un talk show de exhibición de vidas privadas y la abogada Patricia Simón se convirtió en la nueva Laura Bozzo por un día.
Panorama ha mejorado. Ciertamente no es un programa opositor y el tufillo genarista de “nosotros apoyamos lo bueno para el país” y de canal de la nostalgia (ver rubro reportajes de Alamo Pérez Luna recordándo tiempos pasados) se respira por los poros y se deja ver en el pronter que lee Jessica Tapia. Pero los pocos reportajes de fondo que tienen si han logrado tocar temas escondidos, como el asesor emerretista de Evo Morales, los narco corridos peruanos o las millonarias compras de gasolina en el Ejército.
Desde el cable, Canal N ha pasado a ser un noticiero permanente de casi 24 horas, sin columnistas de peso que puedan aportar un enfoque político sólido (como lo tenía la extinta Rueda de Prensa) y un cumplidor Jaime de Althaus marca su propia agenda, más a la derecha del grupo El Comercio hoy en día. Sin Rodeos, el único espacio político que le queda al canal, se encuentra entre el bien intencionado rollo onegenil, la apuesta saludable por los temas de fondo, pero con ausencias importantes en materia de producción televisiva y una conducción que requiere un cambio a gritos.
¿Qué queda como balance? Espacios con poco presupuesto para investigar o pocas ganas de investigar. Conductores de distintas tendencias que, con la solitaria excepción de Rosa María Palacios y Hans Landolt, no parecen estar dispuestos a cuestionar demasiado al poder. Pérdida de peso político en la televisión, pérdida de un saludable debate en el medio que más personas consultan para formarse una opinión y las cada vez más sentidas ausencias de Paredes Castro, Lauer, Alvarez Rodrich, Pedraglio y, por supuesto, César Hildebrandt.
Quizás en esta etapa de vacas flacas en términos periodísticos, la televisión deba comenzar a repensar su papel como agente formador de opinión.
Augusto Ferrando es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más queridos y, a la vez, más polémicos que ha pisado un set de televisión en el Perú.
Sinónimo de cultura popular, con críticos feroces que aun lo fustigan y con un redescubrimiento de su figura por los más jóvenes en base a los últimos espacios que la televisión le ha dedicado, Ferrando sigue despertando las mismas pasiones que llevaron a varios a repletar su velorio - ocurrido exactamente hace 8 años - y a disfrutar esa suerte de “homenaje - emboscada” de la que fuera objeto
¿Por qué sentimientos tan encontrados? Mas allá de las explicaciones que valiosos libros como “Risa y Cultura en la Televisión Peruana” de Balo Sánchez León y Luis Peirano o “En Vivo y en Directo: una historia de la Televisión Peruana” de Fernando Vivas, intentaré dar la mía propia.
La televisión peruana que surgió a finales de los 50 estuvo dirigida al sector que podía comprar los aparatos que venían importados por Philips y RCA. Por eso que es nuestras primeras estrellas fueron Pablo de Madalengoitia, Kiko Ledgard o Regina Alcover. Si bien las “grandes mentes culturales” de la época le hacían ascos al aparato, lo cierto es que la población estaba centrada básicamente en el A/B.
Los primeros programas de Ferrando encajaron en esa línea. Los gastados vídeos de los sesenta lo muestran como un animador con terno, capaz de hacer reir a la gente con buenos chistes, bromas ligeras a los concursantes de turno. El Ferrando popular estaba reservado a la Peña, el espacio donde descubriría - ahí sí - a figuras de la canción como Cecilia Barraza o Lucha Reyes, o a cómicos como Melcochita o Miguel Barraza.
Pero Ferrando - no se si de manera intuitiva o deliberada - fue descubriendo que la televisión se fue masificando rápidamente y que la sociedad limeña (y peruana) era distinta. Sin leer las tesis de Anibal Quijano sobre el proceso de cholificación o de Matos Mar sobre el desborde popular, el público de Trampolín a la Fama fue pasando de los mesocráticos Pueblo Libre y Jesús María hacia los sectores más populares y los nuevos barríos - o entonces conos - que aparecían rápidamente por la ciudad.
Así, el concurso de talentos al que hacía alusión el nombre del programa era sólo un pretexto para los cada vez más largos monólogos y batideras donde el animador iba haciendo escarnio de su “plancha nacional”, una suerte de recopilación de estereotipos que, de manera casual o voluntaria, el “descubridor” iría poniendo en pantalla sábado a sábado: un cholo parlanchín (Leonidas Carvajal), una mesocrática solterona con pretensiones de ascenso (Violeta Ferreyros), el negro bruto pero noble(Felipe Pomiano “Tribilín”) y la gringa con castellano mascado y candor de niña (Gringa Inga).
Claro, como todo estereotipo, se acentuaba una caricatura, una forma deformada de la realidad y, en el caso de Ferrando, una soterrada discriminación racial. A ello se sumó su cada vez más grueso humor y la conversión de Trampolín a la Fama en una “corte de los milagros” donde el benefector patriarcal - a la usanza de nuestros dictadores más célebres - se convertía en el que solucionaba un problema con soles en el bolsillo, una cocina Surge, un juego de muebles América o cincuenta kilos de arroz. Trampolín fue convirtiéndose en un espacio donde Calcuta o Sudán eran puestas sobre la pantalla, con risas y bromas de por medio, con pedidos estrambóticos y un Cuco negociando latas de pinturas Rocky sobre la mesa.
La leyenda negra de Ferrando fue alentada por verdades que se contaban a media voz algunas de las cuales fueron puestas en pantalla. Dos bombardeos desde el medio en el que trabajó durante 30 años fueron bastante duros: el personaje de “Fernandez” en la miniserie que Michel Gómez hizo sobre Lucha Reyes - donde Ferrando era puesto como un explotador de su elenco - y el ya comentado “homenaje emboscada” en Fuego Cruzado, ambos a principios de los noventa.
A ello se sumó sus cambiantes amores políticos. Ferrando saludó a Belaúnde en sus dos gobiernos aunque éste no compareciera en su programa, gritó “Chino contigo hasta la muerte” para Velasco, dejó que Alan García entonara “El Plebeyo”, apoyó a Vargas Llosa hasta el extremo de irse a Miami dos semanas por su derrota - aunque según MVLL Ferrando quería una compensación por dicha salida, que el escrito no aceptó - y Fujimori bailó (es un decir) un vals criollo con la Gringa Inga. El más paternalista de nuestros animadores de televisión fue el interlocutor - y, en algunos casos, el reflejo - de los caudillos que se encaramaron en Palacio de Gobierno.
Años después de su retiro y cuando ya estaba en los últimos meses de su vida, se presentó un fenómeno paradójico. La aparición de Laura Bozzo - sobrina de Ferrando - y sus excesos (sumado a su rabioso fujimorismo) hizo que muchos de los otrora críticos de Trampolín añoraran el programa. Y Magaly Medina, una de sus más feroces detractoras, cometería excesos que harían ver a Ferrando la reencarnación de Bernard Pivot, el conductor del programa cultural Apostrophes, de la televisión francesa.
Excesivo en todo, en el cariño a sus hijos, en el amor por las dos mujeres de su vida - aunque francamente la miniserie hecha hace un tiempo pone esa historia peor que telenovela venezolana -, en sus odios, en su conducta televisiva. Ese fue Ferrando, la alegría de muchos en los sábados, cuando el cable no existía (o era un lujo) y cuando el país y la televisión que hoy conocemos, comenzaban a cambiar.