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INFORME ESPECIAL: La Iglesia Católica de Puno en problemas

El siguiente reporte presenta ante el público bloggero de manera sistemática la crisis que la Iglesia Católica tiene en Puno, a raíz de las últimas decisiones que la jerarquía eclesial de las diócesis de este país. Lo que se cuenta ha sido revelado al Tercer Piso por fuentes directas de la Iglesia Católica, con las que he tenido contacto en los últimos meses, y por información que circula en pocos círculos.

Lo que se menciona no intenta atacar a la Iglesia - de la que formo parte - ni a alguna de las personas o congregaciones puestas en cuestionamiento en este reporte. Lo que se presenta pone sobre la mesa un problema que no sólo incumbe a los creyentes, sino, dada la situación actual en el sur andino, de implicancias sociales y políticas que podrían ser perjuidiciales para todos. La advertencia está hecha.

LAS PRIMERAS ALERTAS

Hace 6 meses, a finales de agosto del año pasado, estuve en la presentación del libro Ser Iglesia en Tiempo de Violencia, editado por el Centro de Estudios y Publicaciones, la editorial católica ligada al Instituto Bartolomé de Las Casas y al ala más progresista de la Iglesia Católica peruana. La intención era ir sondeando el panorama para un futuro proyecto con ellos, para ver la relación entre la Iglesia y los Derechos Humanos en el país.

En dicha reunión, muchos de los comentarios que recogí se referían a las movidas que se comenzaban a producir en la Iglesia Católica en Puno. Habian entrado nuevos obispos de vertiente conservadora y, por lo que me contaban varias personas - entre ellas dos sacerdotes que trabajaron en Ayaviri durante los 90 - todo lo que se había hecho en temas sociales y con la comunidad durante más de cuarenta años podría tener un peligroso ritmo de retroceso.

Dos meses más tarde, tuve una reunión, por razones de trabajo, con tres sacerdotes que trabajan en la PUCP en el Departamento de Teología. Ellos me pudieron confirmar que lo dicho en la presentación antes mencionada era cierto, casi un secreto a voces en la Iglesia Católica, pero que pocos se animaban a hablar.

Hasta que hace tres semanas, un medio de comunicación de Lima se animó a hacer hablar a los protagonistas.

EL REPORTAJE DE CARETAS

En su edición del 25 de enero, Caretas publicó, bajo el título Ayaviri: Hostias con Ají, un reportaje sobre lo que venía pasando en la Iglesia del Sur Andino.

El reporte de Caretas básicamente se centró en tres casos emblemáticos.

El primero, el sacerdote francés Francisco Fritch habìa sido enviado al ostracismo, dado que en la toma de posesión del obispo de Ayaviri, Kai Schmalhausen, en abril pasado, había dicho que “el pueblo cristiano quechua, luego de 500 años de evangelización, merecía tener un obispo quechua”. Eso removió las iras santas del obispo, que luego de unas semanas lo retiró de su prelatura.

Fritch se caracterizó por su labor en favor de los derechos humanos y de las comunidades del altiplano. Anteriormente había trabajado en Chile e incluso había sido detenido en un cuartel militar en Copiapó durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.

El segundo problema fue un clamoroso caso de discriminación. El obispo de Juli, José Marìa Ortega, expulsó a un seminarista por tener un defecto físico - una ligera joroba - cuestión que defendió a la revista con inusual desparpajo. Otra denuncia señalaba que Ortega había dicho en la misa de cuerpo presente del primer sacerdote aimara, Domingo Llanque, si el prelado “estaba en el infierno o en el purgatorio”. La noticia de la expulsión del novicio tuvo rebote fue incluso en el diario chileno El Mercurio, el más importante del país del sur.

El tercer intríngulis tiene que ver con las tradiciones más ancestrales del pueblo de Macusani, en Ayaviri, donde el padre Gustavo Mordones prohibió la realizacion de celebraciones religiosas tradicionales - donde se mezclaban lo andino y lo católico - en su parroquia. Incluso las protestas tuvieron por objeto enviar al padre por donde vino. Esta denuncia fue recogida y ampliada por la Asociación Servicios Educativos Rurales (SER), bastante activa en la zona.

A ello se ha sumado la renuncia de cuatro sacerdotes a la diócesis de Ayaviri, cuyas carta de despedida podemos ver aquí.

Cabe señalar que Schmalhausen pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana, Ortega al Opus Dei y Mordones a Lumen Dei. Estas tres agrupaciones pertenecen al sector más conservador de la Iglesia Católica peruana.

¿PLEITO TEOLOGICO O PUGNA DE PODER?

A primera vista, parecerìa que nos encontramos ante dos visiones distintas de entender la fe.

Por un lado, los sacerdotes que habìan trabajado desde hacía más de cuarenta años en sur andino - pertencientes a las congregaciones de Maryknoll, Carmelitas y Sagrados Corazones - más comprometidos con la pastoral social inspirada en el Concilio Vaticano II, las conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín y Puebla y, además, la Teología de la Liberación.

Por otro lado, una visión más conservadora de los recién llegados, cuyo trabajo eclesial se centra más en la oración y en la contemplación y que han tenido una ancestral disputa con el sector más progresista, que no ha estado exenta de golpes bajos a través de ACIPRENSA, el órgano informativo del Sodalicio de Vida Cristiana, la agupación más activa en la pelea contra los liberacionistas. Cuestión que no es nueva, pues quisieron poner a Gustavo Gutiérrez Merino como presunto candidato a una vicepresidencia por Izquierda Unida en 1984, como parte de una campaña de desprestigio dentro de la Iglesia. (Los sacerdotes sólo pueden postular a cargos políticos con permiso especial).

Sin embargo, existen dos elementos que nos hacen pensar que las cuestiones de disputa teológica se han cerrado.

El primero, es la publicación de La Koinonía Eclesial, un nuevo trabajo de Gustavo Gutierrez, el principal difusor de la Teología de la Liberaciòn. Dicho trabajo fue encargado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1996, para aclarar aquellos puntos de su trabajo que podrían prestarse a malas interpretaciones en lo que se refiere a la aplicación y formulación de este corpus, que muchos confundieron con una tendencia marxista. Quien presidía dicha Congregación hasta el 2005 era Joseph Ratzinger, quien había dado en la década de los ochenta algunas críticas desde su puesto a la obra de Gutiérrez.

Luego de varios años de trabajo y algunas correcciones, La Koinonía Eclesial fue aprobada en el año 2004, con lo que se daba por cerrado el debate entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y Gutiérrez. Esto ha sido explicado por el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Monseñor Miguel Cabrejos, en carta que pueden leer aqui.

El segundo, un off the record dado por un alto miembro de la Iglesia peruana al Tercer Piso, donde me señaló que Gutiérrez había sido invitado por Ratzinger, cuando ya era Benedicto XVI, para una audiencia privada donde zanjaron diferencias personales y reconoció el valor de la Teología de la Liberación dentro de la doctrina de la Iglesia Católica. Es más, mi fuente eclesial me menciona que Ratzinger habría garantizado a Gutiérrez el cese de toda actividad en su contra. Además de los ya señalados ataques del Sodalicio, Gutiérrez tuvo que ingresar a la Orden de los Predicadores - los Dominicos - pues su condición de sacerdote podría estar en peligro si continuaba como sacerdote diocesano. Dicha decisión la tomó en 1999, luego que Juan Luis Cipriani fuera nombrado Arzobispo de Lima y, por ende, su jefe directo. Bajo la protección de una congregación, Gutiérrez sólo tenía que responder a sus autoridades dominicas y al Papa, no a Cipriani.

Todo parece indicar que nos encontramos ante una pugna de poder dentro de la Iglesia Católica peruana, también entre ambos bandos, pero el pleito quiere mantenerse en secreto. Sino, no se explicaría el Comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana que protege a los obispos de Juli y Ayaviri de las acusaciones vertidas en Caretas. Disputa que se formó, es cierto, alrededor del debate teológico antes reseñado, pero que hoy se despoja de ese cariz y parece ser tan mundana como nuestra política nacional.

¿POR QUE EL TEMA NOS DEBERIA INTERESAR?

Más allá de los chismes eclesiales o entretelones detrás de los altares contados en esta nota, el tema nos debe llamar a reflexión, dado que puede traer consecuencias sociales imprevisibles en una zona potencialmente convulsionada como Puno.

La Iglesia del Sur Andino hizo un trabajo importante en medio de las luchas campesinas por la recuperación de las tierras en medio de la reforma agraria de los años setenta. Ese trabajo y una pastoral que respetaba las costumbres andinas, que buscaba cambios sociales y mejoras para las comunidades hizo que se creara un sentimiento de pertenencia a la Iglesia Católica entre miles de pobladores.

Es así que la Iglesia se convierte en uno de los actores sociales más importantes para la contención de Sendero Luminoso en Puno. Los planes de esta organización subversiva eran convertir al altiplano en un nuevo Ayacucho. Sin embargo, la unión del pueblo con su Iglesia pudo evitar que Puno se volviera un polvorín. Por ello, Sendero atacó con furia a las organizaciones eclesiales y a sacerdotes. Se impulsaron Vicarías de Solidaridad en Ayaviri, Juli y Sicuani, cuyo trabajo combinaba lo legal con la pastoral, el acompañamiento de las vìctimas de la violencia e información que los sacerdotes extranjeros podían dar a conocer en sus respectivos países para desbaratar la serie de mentiras que los senderistas daban en el exterior.

Asimismo, la Iglesia sirvió como actor de contención para que no se produjeran masacres o violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Aunque al principio no entendieron su labor y la confundieron con comunismo, poco a poco la labor pastoral en el sur andino fue entendida por los militares, quienes reconocieron en la Iglesia a aliados valiosos para el combate contra la subversión.

Resulta curioso que donde existían obispos conservadores este trabajo no se haya dado, fue el caso de Ayacucho, especialmente cuando Cipriani llegó al lugar en 1998, o en Apurímac, donde el obispo Sala pertenecía al Opus Dei y no permitió trabajos de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), el brazo social de la Iglesia peruana.

Puno es una región bastante convulsionada, con un presidente regional bastante impredecible como Hernán Fuentes, quien, recordemos, fue elegido con menos del 20% de los votos.

Como lo ha recogido recientemente Martín Tanaka en su blog:

esto no resuelve el problema de Fuentes de contar con sólo 4 consejeros favorables a él, teniendo a otros 9 de oposición, entre los que se encuentran varios de sus ex socios de Avanza País. Este hecho podría ser pasado por alto si es que no fueran ya varios los casos de alianzas entre alcaldes provinciales y consejeros, lo que podría consolidar en los siguientes meses un frente mayor de oposición al gobierno regional, especialmente cuando se discuta la distribución del presupuesto y esto evidencie lo que hasta el momento es vox populi en Puno: la inexistencia de un plan de gobierno.

Mientras tanto, en el sur, los alcaldes provinciales de El Collao-Ilave, Yunguyo y Chuchito-Juli, vienen impulsando la conformación de un grupo de burgomaestres que, a diferencia de otras experiencias de asociativismo municipal, tiene como particularidad que su principal propuesta política es la reivindicación aymara, consolidando la presencia de un discurso étnico que va teniendo más presencia cada vez.

Y como si esto fuera poco, tenemos el innegable enfrentamiento al interior de la Iglesia Católica, que con la toma de la parroquia de Macusani y las denuncias en contra de las nuevas autoridades eclesiásticas, se convierte en la cereza que corona la torta“.

Si se debilita la Iglesia Católica en Puno, no será solo un problema para los creyentes en dicha región del país, sino que podrìa conllevar un tema de debilitamiento del tejido social en el altiplano, lo que haría que está región sea más susceptible frente a embates radicales, que no podrán ser contenidos debido a que la pastoral ha cambiado de viraje y la Iglesia no se encontraría tan cercana a su pueblo como hace un par de años. Es un problema social al que no podemos ser ajenos, por más que se produzca a varios cientos de kilómetros de Lima.

Un comentario final. Al inicio de la Asamblea Anual de Obispos del Perú, Monseñor Miguel Cabrejos dio un discurso en el que se quejaba del desinterés de los creyentes y del abandono de cientos de fieles de la Iglesia Católica para pasar a los credos evangélicos. Quizás con este pequeño aporte Cabrejos pueda darse una idea de por qué se produce este fenómeno.

POST SCRIPTUM:

Al cierre de este informe tuve conocimiento que estaba circulando una carta de un sacerdote que trabaja en Ayaviri, donde hace referencia a los temas tocados en este informe. Hilario Huanca, perteneciente a la Congregación de los Sagrados Corazones, es quien dirige este desgarrador testimonio, que pueden leer aquí. Este es un último elemento de juicio que dejo para la reflexión.

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