EL SENDERO DE RONCAGLIOLO
Escrito por: jgodoymejia en Abimael Guzmán, La Cuarta Espada, Santiago Roncagliolo, conflicto armado interno, derechos humanos, reseña de librosGesù piccino piciò, Gesù Bambino alla deriva,
se questa guerra deve proprio farsi fa che non sia cattiva.
Tu che le hai viste tutte e sai che tutto non è ancora niente,
se questa guerra deve proprio farsi fa che non la faccia la gente.
E poi perdona tutti quanti, tutti quanti tranne qualcuno,
e quando poi sarà finita fa che non la ricordi nessuno.
(Gesù Bambino, Francisco de Gregori)
Haz que la guerra no sea recordada cuando haya acabado. Así dice más o menos la última frase de esta canción italiana en la se hace un ruego a quien se supone habita en los cielos para que se olvide aquello que tanto daño nos hizo. En un ensayo al que siempre vuelvo, Alberto Vergara Paniagua nos dice que el país ha procurado asumir un silencio frente al conflicto armado interno, como si una anestesia o enterrar el dolor bajo la alfombra fuera verdadera solución a un drama de veinte años.
Les mencioné esta semana que estaba leyendo el libro de Santiago Roncagliolo sobre Sendero Luminoso y Abimael Guzmán. Y ya algunas impresiones les había dado sobre dicho ejercicio de crónica periodística. Habiendo culminado con dicha lectura, tal como les prometí, puedo señalar un juicio más preciso sobre La Cuarta Espada.
Para comenzar, habría que decirle al lector que nos encontramos ante una visión muy personal de lo que ocurrió durante aquellos años. Santiago se toma varios párrafos para contar sus sensaciones sobre varios hechos que lo tocaron directamente durante aquellos años. Ello termina enriqueciendo en parte el trabajo. De hecho, quizás el pasaje que más me conmovió es aquel en que Roncagliolo expresa su impotencia por querer hablar sobre la guerra y que nadie lo escuche. Me recuerda a mi mismo en algunos lugares y momentos.
Aunque no esperaba encontrar un ensayo de análisis tipo Carlos Iván Degregori, lo cierto es que Roncagliolo no termina de cuajar una reflexión más solida sobre su objeto de estudio. Quizás sea porque el objeto de su libro sea justamente la trastienda de lo que nos ocurrió - es decir, a los senderistas como seres humanos - se deja de lado un análisis más profundo. El gazapo de la comparación de la ideología senderista con la “Fuerza” evocada en Star Wars tal vez sea el término más grueso que se emplea en el libro, pero se dejan de lado otros componentes de lo que fue la crisis de aquellos años. Ya que hablaba de la historia de un profesor y de un puñado de personas que iniciaron una supuesta revolución desde la universidad, me preocupa que el autor no haya hecho siquiera una reflexión más profunda sobre la crisis de la educación peruana como factor que permitió a esta gente difundir una ideología tan arcaica y chata.
O que se cometan dos errores en datos que, aunque menores, reflejan que algo falló a la hora de afinar el texto. Estimado Santiago: Benedicto Jiménez no fue elegido congresista en 2006. De hecho, su falla en el intento lo hizo ser candidato a alcalde y luego en su desastrosa gestión de un mes en el INPE. Y José Carlos Mariátegui no fundó el Partido Comunista del Perú. Por el contrario, el abuelo de Aldo M se resistió hasta el final a asociarse con Moscú. Ello lo hicieron sus seguidores.
¿Y sobre Guzmán? El libro nos ayuda a saber más sobre el ser humano y a percibir que su conducta estaba marcada fuertemente por la ideología, como si fuera un producto de su época. Pero nos dice mucho sobre sus motivaciones para hacer lo que hizo. Pero ello ya no es defecto de Roncagliolo, sino de la incapacidad de Abimael para aceptar errores o darnos a conocer porque llevó al país a tener cerca de 70,000 tumbas más en los cementerios.
¿Qué de valioso tiene el libro? Para comenzar, está escrito en un lenguaje bastante agil y accesible al público y, para quien no está enterado de lo que nos ocurrió - es decir, para quienes no son peruanos - es una buena introducción de pincelada sobre un conflicto ciertamente un tanto más complejo del que se nos presenta. Aunque claro, Roncagliolo no deja de asumir lo que es la versión más tamizada sobre el conflicto: Sendero fue el principal responsable, las víctimas estuvieron dentro de la gente menos visibilizada del país y los agentes del Estado también contribuyeron a que esa cuota de sangre fuera alta.
Pero quizás el mayor valor que tenga el libro es su invitación a no olvidar. Porque muchos quieren vivir sin acordarse de lo que fueron esos años - y no los culpo porque yo también viví ese horror - pero dejando de lado que, para cientos de nuestros compatriotas, aun es necesario conocer más sobre el conflicto. Para conocer su dolor, para comenzar a reparar, para que no se repita.
Claro, quisiera que ese recuerdo se hiciera en lenguaje fácil, pero a la vez de modo más profundo. ¿Lo podrá hacer otro de nuestros escritores?
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