CHAVIN DE HUANTAR: 10 AÑOS DESPUES
Escrito por: jgodoymejia en 10 años, Chavín de Huantar, MRTA, derechos humanos, rehenesUno de los acontecimientos que mayores sentimientos encontrados me suscita es la toma de la residencia del Embajador de Japón en Lima durante 126 días y su culminación en la Operación Chavín de Huantar, cuyo décimo aniversario se cumple el día de hoy.
Por un lado, el rechazo a toda acción que implique la limitación de la libertad. Lo cometido por los miembros del MRTA que capturaron a cientos de personas - quedando, al final 72 rehenes -, exponiendo la vida de los capturados, así como su accionar violento es condenable desde todo punto de vista. La violencia no es el medio para poder acceder al poder ni para conseguir nada.
Pero también existió la solidaridad. Recuerdo que durante la crisis se cancelaron, por solidaridad, varias fiestas de promoción y los festejos de Año Nuevo fueron bastante moderados. Cadenas de oración por los rehenes, invocaciones en ceremonias de diverso tipo, la cobertura noticiosa de la prensa peruana que fue bastante responsable, me hizo sentir que, de alguna manera, todos fuimos rehenes durante aquel centenar y un poco más de días.
Dentro de los rehenes se generó un espíritu de familia. Frente a la adversidad que suponía estar en cautiverio, con las condiciones básicas para vivir severamente recortadas y con poca esperanza por saber si saldrían con vida, hubo momentos para disipar tensiones, aprender los unos de los otros - a pesar de las diferencias que subsistían entre el grupo de capturados - la vida espritual e incluso varias sesiones de conferencias y clases que durante esos días se dictaron.
La operación militar de rescate fue todo un éxito. Mérito de los comandos dirigidos por el General José Williams Zapata. Y un sentido reconocimiento a Juan Valer Sandoval y Raúl Jiménez, los dos miembros del equipo que murieron en dicha operación.
Pero no dejaron de haber cosas que no fueron, sin duda, agradables.
Por un lado, el hecho de que fracasara una salida pacífica. Varia gente estuvo bregando por ella. Tengo para mi que esas lágrimas de Juan Luis Cipriani - luego de la única acción meritoria que hizo durante el conflicto armado interno - eran verdaderas. La intransigencia de los miembros del MRTA y la búsqueda del gobierno de una salida militar a como diera lugar tuvieron este desenlace. Esto lo viví de cerca. Durante esos días de cautiverio, mi familia estuvo bastante cerca a la esposa de Carlos Giusti Acuña, el único rehén que falleció. Su viuda, durante los días en que el honorable juez estaba capturado, no quería una operación militar, tal vez presintiendo que no volvería a ver a su esposo con vida. Ese 22 de abril debe haber sido de los días en que mis viejos han derramado más lágrimas. Y, diez años después, ambos siguen pensando que la salida pacífica hubiera podido evitar esa muerte lamentable.
Por otro lado, el aprovechamiento político que se le dio a este tema. El gobierno de Alberto Fujimori pretendió hacernos olvidar que fueron errores groseros de inteligencia los que permitieron que estos hechos se desarrollaran. Y luego que la operación militar deviniera en exitosa, los triunviros Fujimori, Montesinos y Hermoza terminaron disputándose los méritos de la operación: el “general victorioso” presentando un libro donde sólo él y Montesinos tenían méritos, Fujimori diciendo que el telescopio de Kenji fue clave para las operaciones, los generales desagraviando al corrupto general en público. Y, como no recordarlo, las patéticas escenas de Fujimori desfilando entre los muertos de la operación, mirándolos de reojo, friamente. Sólo faltaba la Marcha Imperial de Star Wars como fondo musical.
Finalmente, tal como lo señalaron testigos, la Comisión de la Verdad y Reconciliación e incluso periodistas que otrora fueron parte clave del aparato mediático fujimorista, existió un grupo de militares vinculados a Fujimori y Montesinos que tuvieron la misión de rematar a los terroristas muertos y ejecutar a los que capturaran vivos. El proceso judicial sobre este caso, cuya fase oral comenzará en el mes de mayo, permitirá diferenciar a los héroes de aquellos que cometieron una orden que era claramente vulneratoria de los derechos humanos, por más delincuentes que fuesen los afectados.
Termino, con unas palabras escritas por Juan Julio Wicht, sacerdote, economista, rehen voluntario y un ser humano a carta cabal:
Podemos celebrar la victoria, pero no nos engañemos con falsos triunfalismos, muy explicables pero ilusorios. No pensemos que con esta victoria se han resuelto los problemas. Queda mucho por hacer. Precisamente construir un Perú más humano, ordenado, en armonía y paz.





Entradas (RSS)