Archivo de la Categoría “referéndum”


Convertido en un pleito de instituciones estatales y en una pugna de abogados, el destino de los aportes al FONAVI está inmerso en una complicación jurídica que, aquí, trataremos de dilucidar para que podamos entender de que estamos hablando.

Como lo relaté en un post anterior, el Fondo Nacional de Vivienda fue creado en la dictadura de Francisco Morales Bermúdez para la construcción de casas y servicios básicos para todos los trabajadores, a quienes se les descontaba una parte de su sueldo por este motivo. Dicho descuento procedió hasta 1998, en que el FONAVI fue disuelto. Los beneficiarios de dichos programas fueron pocos y buena parte del dinero solo Dios y los gobernantes entre 1979 y 1998 saben en que se utilizaron.

Por ello, es que se fueron formando diversas Asociaciones de Fonavistas, a fin que se les devolviera los aportes dados durante años. Algunos consideran que dicha devolución puede hacerse mediante programas de vivienda y hay otros, en la expectativa de una pronta jubilación o ante un presente desempleo, que solicitan una devolución individual, para disponer de lo que consideran sería una suma importante de dinero. Este es el problema social de fondo a atender, pero que, como vemos, tiene varias complicaciones legales.

Los fonavistas, durante varios años, han reclamado la realización de un referéndum para que todos los ciudadanos podamos decidir si es que se devuelven o no dichos aportes. El Jurado Nacional de Elecciones se ha opuesto a la realización de esta consulta, debido a que considera, de acuerdo a fallos que anteriormente dio el Tribunal Constitucional, que nos encontramos ante un tributo y, tal como lo señala la Constitución que nos rige, los temas tributarios no están sujetos a referéndum. Y no lo están por una cuestión elemental: ¿quién no quiere pagar menos tributos?

Ahora bien, según nuestra Carta fundamental, hay 3 tipos de tributos: los impuestos, las contribuciones y las tasas. El impuesto se recauda y va a un fondo común que el Estado utiliza para cualquier fin que crea conveniente, la contribución se destina a un uso específico por parte del Estado y la tasa es empleada para un servicio puntual.

Muchos abogados consideran que el aporte al FONAVI es una contribución y, por tanto, no debe ser materia de un referéndum. Ello implicaría, además, que la devolución sea improcedente, a menos que el Estado decida devolver los aportes a través de programas similares al FONAVI. Es decir, no estaríamos ante un derecho, sino ante una medida de liberalidad por parte del gobierno, para solucionar un problema social generado por el mal uso de estos fondos.

Pero otros especialistas en Derecho consideran que nos encontramos ante un aporte que no reviste naturaleza tributaria. Y, por lógica, se producían dos efectos: la devolución de los aportes en forma individual y, además, si cada aporte pertenecía a quien lo hizo y, era pasible, por tanto, del derecho de propiedad privada, no podía estar sujeto a la realización de un referéndum.

¿Qué es lo que ha ocurrido entonces? Pues, para decirlo en castellano simple, el Tribunal Constitucional no ha justificado bien sus sentencias sobre este tema y el Jurado Nacional de Elecciones se olvida que los fallos judiciales de última instancia deben cumplirse, por más erróneos que estos sean.

La primera sentencia del TC señaló que estabamos ante un aporte no tributario, pero (primer error), no indicó claramente porque se apartaba de sus precedentes anteriores que si señalaban su naturaleza tributaria y, posteriormente (segundo error) convoco a un referéndum para decidir sobre los aportes, cuestión que, como hemos visto, resulta ilógica si se trata de fondos sobre los que se tiene propiedad privada.

El JNE, como sabemos, tercamente se opuso, con el apoyo de un sector del gobierno que pretende manipular al TC como le viene en gana, dado que este organismo se ha convertido en el control principal de los yerros de los Poderes Ejecutivo y Legislativo.

Pero, en un afán de quedar bien con Dios y con Satanás, al mismo tiempo, el TC ha emitido una segunda sentencia que complica más las cosas. Si bien insiste en que estamos ante un aporte no tributario, el mismo no tiene carácter individual. Por tanto, las soluciones que podrían darse serían colectivas. Es decir, olvidénse del dinero en efectivo, sino que pagaremos en bonos, acceso preferencial a programas tipo Mi Vivienda o cuestiones similares.

Pero, además, se limitan los montos y supuestos beneficiarios. Se dice que el monto a devolver se puede reducir, pudiendo deducirse del monto aportado, los programas ejecutados por el Estado con cargo al Fondo y se excluirían a las personas que, entre otros supuestos, hubieran accedido parcial o totalmente a dicho Fondo o a aquellos que, dadas las circunstancias, hubieran concretado su derecho a la vivienda digna.

Y claro, el TC sigue insistiendo en el referéndum como mecanismo para canalizar este tema. Y, tercamente, el JNE sigue diciendo que no acatará la sentencia.

A estas alturas, me va quedando claro que, conforme pasen los días, este asunto se enredará más. Entre un gobierno que no quiere pagar, una caja fiscal que se puede ver afectada, un Tribunal Constitucional que no fundamenta bien sus fallos y un Jurado Nacional de Elecciones que quiere ser un ente sin controles, estamos asistiendo ante una comedia de equivocaciones que puede terminar con dos consecuencias claras: la dilación en la solución de un problema social que tiene varios años sin resolverse y una afectación fuerte de la institucionalidad en el Perú.

Mientras tanto, señores fonavistas, parece que van a tener que ir viendo en que banca se sientan a seguir esperando. La solución a su problema está tan lejos como nuestra clasificación al próximo mundial de fútbol. Y de ello, parece que nadie quiere hablar.

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Mirko Lauer: ¿Y si agarramos al TC por acá y le damos una vuelta por allá?
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Creo que no me iba a ir a dormir sin ver los resultados sobre la posible modificación constitucional en Venezuela. Y las sorprendentes cifras dadas hace algunos minutos por el Consejo Nacional Electoral dicen lo siguiente:

Bloque A: Reelección indefinida, más poderes presidenciales, profundización del “socialismo del siglo XXI”.

SÍ 49.29%
NO 50.70%

Bloque B: recorte de la libertad de expresión y atributos procesales en estados de excepción

SI 48.94%
NO 51.05%

Pues bien, escribo este post luego de soplarme el discurso de Chávez vía Globovisión. No le ha quedado otra que reconocer el resultado electoral, aunque con frases enigmáticas como “esto es una victoria pírrica”, “este es otro por ahora, que yo he preferido así” o “por ahora no pudimos”. El señor que maneja Venezuela más allá de los límites democráticos ahora quiere pegarla de demócrata compungido. Hasta ha dicho que hay “plena libertad de expresión”, sin acordarse de lo que hizo con RCTV hace unos meses. No lo dudo, algo trama este personaje que ahora quiere iniciar una carrera nuclear en América Latina.

Lo cierto es que el resultado comprueba dos cosas. La primera, es que Venezuela está polarizada gracias a su estrambótico Presidente, que, como hemos dicho reiteradamente, no es de izquierda, sino que encarna el peor mal de América Latina: las tiranías. Alguien que quería quedarse hasta el 2050 no puede ser sino puesto al lado de gentuza como Pinochet, Videla, Fujimori o Fidel Castro.

La segunda, es que la oposición venezolana tiene la gran oportunidad de fortalecerse y, como se hizo en el Perú, buscar una salida al autoritarismo sobre la base de los mecanismos legales existentes. Y para ello, además, tendrá que tener un programa político que pueda incorporar las demandas económicas y sociales que ya están presentes en Venezuela, como la escasez de alimentos, la desigualdad y la inflación.

Y es que el gran reto de América Latina, para poder frenar a estos autoritarismos de nuevo cuño, es demostrar a la gente que la libertad democrática es compatible con un programa económico basado en el mercado y en la inclusión social, respondiendo a las demandas de la población por Estados más eficientes, menos corruptos y más preocupados por las carencias de sus ciudadanos.

De no hacerlo, seguiremos con estos caudillos autoritarios gobernando o amenazando con gobernar países como los nuestros, con los resultados que todos conocemos: menos bienestar económico y social a mediano plazo, más corrupción, menos libertades.

Ojalá en Venezuela se cante próximamente la primera línea de nuestro himno: Somos libres, seámoslo siempre. Y que el ¡abajo cadenas! de su himno se entone en todo Caracas.

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