Archivo de la Categoría “Presidencia de la República”


Pocos se han acordado que, hace exactamente un año, Valentín Paniagua partió.

Tan desapercibida ha pasado la noticia que solo el recuerdo de un emotivo Raúl Vargas en RPP, un artículo de su correligionario Pedro Morales y la repetición del inmundo editorial de La Razón de hace un año han sido las únicas notas que han rescatado de la memoria de quien fuera un ilustre peruano, no exento de errores, pero quizás de los políticos más decente que haya visto en mi aun corta vida.

¿Qué rescatar del ex Presidente a un año de su partida? Pues los valores que lo hicieron querido entre la población, luego de salir de una dictadura corrupta: su prudencia en el lenguaje, el respeto institucional y la idea de que la política podía ser distinta y decente.

Y ahora, viendo hacia atrás, el modesto legado de su gobierno de transición se ve engrandecido: la creación de la CVR cuyos aportes permitieron la extradición de Fujimori por casos de derechos humanos, el impulso a la lucha contra la corrupción que ha permitido sancionar por primera vez a autoridades importantes en nuestro país, los mecanismos de transparencia electrónica en el Estado que tanta ayuda nos han dado para fiscalizar a los gobiernos siguientes y detectar corruptelas, regresar a la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para ver que las cosas se hagan bien. Ese legado de 8 meses sigue siendo, a la luz de lo que vino después, rescatable, pues quizás fue el momento en que podríamos creer que todo sería mejor.

Como varios que lo respetabamos, no voté por Paniagua en las últimas elecciones presidenciales. No porque pensaba que no fuera a ganar - de hecho mi voto tuvo poco que ver con lo táctico en primera vuelta -, sino porque percibía que, a sus cualidades, Valentín no había sumado la de la audacia, tan necesaria para gobernar al Perú en un momento diferente de la historia. Pero, con mis diferencias y distancias de algunas posiciones suyas, pienso que el Perú requiere de más personas como él, que adecenten una actividad importante para todos, pero que termina siendo, muchas veces, una cloaca.

Quizás el discreto Valentín prefería que lo recuerden en silencio y estaría complacido de que nos acordáramos que estuvieramos vivos. Aunque, para él, el mejor homenaje es que comencemos a ver a nuestro país con ojos distintos.

DE HACE UN AÑO: Adios, señor Presidente

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La semana pasada, dos hechos sintómaticos me hicieron pensar que algunas agrupaciones políticas ya vienen pensando en los preparativos hacia las elecciones de 2006. La gira Toledo 2007 (con cortina de humo incluida) y los intentos de Unidad Nacional por ampliar su plataforma - ahora que saben que no cuentan con Castañeda - van comenzando a delinear las primeras movidas hacia el 2011. A ellos se suma el aun silencioso esfuerzo del PDS por juntarse con partidos regionales.

Pero, más allá de estas primeras escaramuzas electorales, bien valdría la pena preguntarse por cuáles son las reglas que van a regir los procesos electorales para el 2011, cuestión que es tan o más importante como quienes serán los actores que se presentarán a la elección. Aunque estas reglas no tienen incidencia directa en la calidad de quienes se presenten, pueden ayudarnos a elevar la calidad del voto.

Un primer tema - propuesto desde las canteras liberales - es la instauración del voto voluntario, sobre el cual tengo mis simpatías. Los argumentos a favor de adoptar esta forma de elección se centran en el carácter del ejercicio del sufragio como un derecho, así como la posibilidad de reducir las opciones populistas y estimular la difusión de programas (lo que debe complementarse con una mayor educación ciudadana). Como aspectos en contra, se señala que los partidos más organizados serían los únicos ganadores - ¿y eso no sería mejor para el país? - y que la legitimidad de un elegido con poco porcentaje de votos sería muy baja. Sobre este último argumento debo decir que la legitimidad puede ser mayor en el caso del voto voluntario, dado que quienes eligen son quienes realmente quieren participar en política.

Un segundo punto tiene que ver con la elección presidencial. Fernando Tuesta ha planteado la eliminación de la segunda vuelta electoral, dado que la legitimidad que se tendría es artificial. La pregunta que subyace al planteamiento de Tuesta y que me genera aun mis dudas sobre esta propuesta es: ¿con qué mayoría se elige al Presidente de la República?

En lo que respecta a la elección del Congreso, hace algún tiempo di algunas propuestas sobre la materia, en el marco de una vuelta al sistema bicameral: tener la elección parlamentaria en fecha distinta a la de las elecciones, eliminar el voto preferencial, incrementar el número de parlamentarios en la Cámara Baja sobre la base de distritos electorales más pequeños y renovar el Congreso por tercios y mitades. A ello se suma la implementación de la valla electoral de 5% para las próximas elecciones.

Para que esto funcione, también es necesario hacer algunos ajustes a la Ley de Partidos Políticos. Y aquí si concuerdo con Fernando Tuesta: garantizar la realización de elecciones internas y democráticas para la elección de candidatos y sancionar a los partidos que no presentan información de gastos de campaña. A ello, yo sumaría la veda de inscripción de partidos en el año anterior a las elecciones, a fin de limitar la posibilidad de candidaturas improvisadas o de una sábana electoral como la del 2006. Y claro, ya en el aspecto extrajurídico, mejorar la capacidad de fiscalización y sanción frente al incumplimiento de los requisitos de la Ley de Partidos para considerar a estas agrupaciones como tales. Además, a pesar de lo que algunos digan, sí es importante contar con financiamiento público para los partidos.

Finalmente, debe resolverse de una vez por todas el añejo lío entre el Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE, apostando por una separación clara de funciones y una convivencia sana entre ambas instituciones.

Como lo decía al inicio, un buen sistema de elección no garantiza por sí solo la calidad de la elección, pero vaya que ayuda. Lo cierto es que esto no funcionará si es que no hay una eficiente educación ciudadana. Y de ello aún nos falta mucho por hacer.

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