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Hay personas en la judicatura de las que debemos estar orgullosas.

Una de ellas se llama Ana Cecilia Magallanes, una de las personas más íntegras que he podido ver a lo largo de mi aun corta existencia dentro de la administración de justicia.

Durante varios años, la doctora Magallanes fue Fiscal. En su haber existen dos célebres hitos en su carrera.

En 1994, dirigió las investigaciones sobre el caso Barrios Altos. Dicha investigación fue la que permitió abrir un proceso judicial sobre este caso - que ha terminado involucrando a Alberto Fujimori - y que ocasionó que la dictadura de aquel entonces dictara la ignominosa Ley de Amnistía en 1995.

Dictada dicha norma, la doctora Magallanes hizo un dictamen fiscal recomendando inaplicar esta Ley, cuestión que la jueza Antonia Saquicuray aceptó y frente a la cual la autocracia tuvo que sacar otra norma de madrugada prohibiendo a los jueces no inaplicar la norma de la impunidad. A Magallanes la mandaron a la congeladora.

Posteriormente, caída la dictadura, la fiscal Magallanes fue encomendada para realizar las investigaciones de los casos de corrupción que involucraron a los miembros de la organización delictiva Fujimori - Montesinos: políticos, empresarios, mandos militares y el ex asesor fueron acusados por Magallanes sobre la base de pruebas suficientes y que han permitido que buena parte de la mafia se encuentre hoy purgando prisión.

Esta trayectoria le ha valido múltiples reconocimientos y el aprecio de sus compañeros en el Ministerio Público. El último reconocimiento le fue entregado ayer por Transparencia Internacional: el premio Dignidad 2006 reconoce la trayectoria de la Fiscal Magallanes en defensa de los derechos humanos y en la lucha contra la corrupción.

Hace unas semanas, tuve la oportunidad de conversar con Antonia Saquicuray sobre aquella sentencia referida a la Ley de Amnistía y allí me dijo una frase que me ha quedado grabada: “no somos heroínas, simplemente cumplimos con nuestro deber y con defender lo que creíamos correcto”.

En dicha conversación, también pude enterarme que la doctora Magallanes - quien hace unos meses dejó el Ministerio Público - viene librando quizás la batalla más importante de su vida: su propia existencia, debido a una dolorosa enfermedad. Ayer, en imágenes que OcraM pudo captar, aprecié que su estado físico no era de los mejores, pero que su espíritu no estaba quebrantado.

Hacen falta más personas en el país que, como Ana Cecilia Magallanes, simplemente cumplan con su deber y defiendan lo crean correcto.

MAS SOBRE EL TEMA:
Discurso de Ana Cecilia Magallanes al recibir el premio Integridad 2006.

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