Archivo de la Categoría “Madre Covadonga”



Esta semana, como hemos visto, se ha caracterizado por personas renombradas puestas al descubierto en prácticas poco santas, en asesinatos de periodistas no esclarecidos y en la lucha de una Universidad por mantener su autonomía.

Por ello, de vez en cuando, es necesario sacar a la luz ejemplos de personas que hacen su tarea de la mejor manera, contribuyendo desde lo que son a hacer que este loco mundo - y, en especial, este país de sentimientos encontrados - pueda ser un lugar mejor donde vivir.

Esta semana, la Defensoría del Pueblo premió a dos personas congruentes con su fe y que han hecho grandes esfuerzos por la defensa de la vida y la dignidad humana: Gustavo Gutiérrez Merino y María Estrella Valcarcel, la Madre Covadonga.

Gutiérrez es reconocido como uno de los más importantes teólogos latinoamericanos. Los postulados de su Teología de la Liberación incidieron en tres aspectos: el cambio social como base de la construcción de lo que los católicos llamamos “el reino de Dios en la tierra”, la opción preferencial por los pobres a quienes debía dotarse de capacidades para dejar de lado su situacion de minusvalía ciudadana y la defensa de la dignidad humana.

La obra de Gutiérrez fue malinterpretada durante años, tanto por seguidores suyos como por sus detractores. Sin embargo, luego de varios años de reflexión teológica, su obra ha sido reconocida como congruente con la doctrina religiosa por la Congregación para la Doctrina de la Fe, con lo que cualquier controversia con el Vaticano - y con el actual Papa - ha quedado superada.

Gutiérrez ha sido inspiración para cientos de jóvenes en el país. Supo poner la religión al alcance de generaciones que veían con cierto recelo a la Iglesia, combinó la reflexión eclesial con una visión filosófica y una preocupación social que empataron con sus alumnos en distintas universidades.

En una de sus obras, escribìa lo siguiente sobre el conflicto armado interno:

“¿Cómo hacer teología durante Ayacucho? ¿cómo hablar del Dios de la vida cuando se asesina masiva y cruelmente en el “rincón de los muertos”? ¿Cómo anunciar el amor de Dios en medio de tan profundo desprecio por la vida humana? ¿Cómo proclamar la resurreción del Señor allí donde reina la muerte, en particular la de niños, mujeres, pobres e indígenas, la de “insignificantes” de nuestra sociedad?”
(El Dios de la Vida, pp. 222 - 223).

Por su lado, la Madre Covadonga llegó de Asturias, España, hace más de 50 años y desde hace varias décadas realiza su labor en Ayacucho.

Su trabajo se ha centrado en labores de promoción y defensa de los derechos ciudadanos de las mujeres campesinas, los desplazados y las personas con discapacidad. También se ha dedicado a dar atención y apoyo legal a los internos en las prisiones ayacuchanas.

En los últimos años, su labor se dedicó fundamentalmente a los niños y jóvenes campesinos, así como a ayudar a jóvenes de las múltiples pandillas que se formaron en Ayacucho luego del conflicto armado interno. Labor infatigable, a pesar de los 85 años a cuestas.

Sobre el trabajo de la Madre Covadonga y sus hermanas dominicas, dice el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación:

“Las misioneras dominicas, establecidas durante muchos años en Ayacucho, donde administraron por largo tiempo un colegio nacional que tenía prestigio y buen conocimiento del medio, atendían a grupos de necesitados, como en las cárceles adonde entregaron alimentos con la ayuda del obispo Richter y también medicinas. Cabe destacar aquí la labor de la madre Covadonga, religiosa domunica que prestó y presta ayuda incansablemente a la población ayacuchana”.

Dos ejemplos de adultos mayores que siguen bregando por transformar el mundo. Otros hombres que se dicen pastores, en lugar de criticarlos, deberían seguir su ejemplo, al igual que todos nosotros. Sin duda, Beatriz Merino acertó al premiar a estas dos personas que merecen nuestro reconocimiento.

Comments 2 Comentarios »