
Luiz Ignacio Lula da Silva paga sus cuatro años de desgaste
Hace cuatro años, Luiz Ignacio da Silva, Lula, llegó a la Presidencia de Brasil en su cuarto intento por convertirse en el representante y mandatario de la nación más grande de América Latina.
Lula, un ex dirigente sindical y líder del Partido de los Trabajadores (PT), había morigerado su imagen radical y con poca experiencia de gobierno. Hombre de origen humilde y representando a sectores de izquierda, Lula encarnaba no sólo la esperanza de los brasileños que confiaban en él, sino que muchos vieron en su figura a alguien que encabezaría una serie de cambios sociales que morigerarían el modelo económico aplicado en los 90 en la región.
En lo económico, Lula ha sido disciplinado con las políticas anteriores, reformando el sistema tributario y controlando el déficit fiscal. Asimismo, ha tenido logros importantes en lo social con el Programa Hambre Cero (un equivalente de lo que es aquí “Juntos”). Sin embargo, durante su periodo no aumentaron los empleos en la medida que él lo propuso en la campaña, el salario mínimo sigue siendo bajo y la propuesta de reforma agraria aún es insuficiente para el movimiento “Sin Tierra”, al que Lula fue afin durante varias décadas.
Pero han sido dos hechos los que han marcado su Presidencia y sus límites como gobernante, así como rupturas graves dentro del PT.
El primero, ha sido la reforma del sistema de pensiones en Brasil. El hecho ha provocado una serie de huelgas en el sector público, así como una escisión en el PT, con la expulsión de Heloisa Helena y un grupo de disidentes en conra de dicha reforma. Estos disidentes formaron el Partido Socialista y Libertad (PSOL), que ahora se convierte en uno de los fieles de la balanza para lo que será la segunda vuelta electoral. Otro grupo de disidentes formó el Partido Democrático Trabajador (PDT), que llevó como candidato al ex Ministro de Educación Cristovam Buarque.
El segundo y, sin duda, el mediáticamente más importante, ha sido la serie de actos de corrupción denunciados durante los 4 años de estadia del PT en Brasilia. El principal fue el descubrimiento de una red de sobornos para comprar votos en el Congreso. Otro escándalo vincula al hijo de Lula con pagos que le hacía el partido para trabajos a distancia, sin que el joven haya sido titulado en Publicidad. El más reciente ha sido la implicación de su jefe de campaña en la compra de documentación falsa destinada a perjudicar a José Serra, candidato a la gobernación de Sao Paulo, y al candidato opositor Geraldo Alcklim.
La votación registrada ayer demuestra una división del país en torno al personaje que actualmente lo lidera. El norte ha votado consistentemente por Lula, lo que no es de extrañar dado que Hambre Cero y otros programas sociales se han concentrado en dicha región. El sur, la región más industrializada y rica del país ha optado por el liderazgo conservador de Alcklim así como en el cuestionamiento a los escándalos de corrupción y el acento que el candidato del PSDB puso en la seguridad ciudadana y el combate a la criminalidad.
Heloisa Helena y Buarque no han soltado prenda sobre a quien darán el voto sus respectivas agrupaciones, lo que complica más las opciones de Lula para ganar la Presidencia. Será un 10% dífícil de conquistar, dada la procedencia izquierdista del PSOL y el PDT, que tampoco estarían muy convencidos de votar por Alcklim.
Si gana en segunda vuelta, pero si tiene una mayoría parlamentaria adversa, el otrora líder sindical la tendrá bastante complicada para gobernar un país que tiene la paradoja de ser una de las economías más pujantes del mundo, pero donde campean la corrupción y la desigualdad social.
(Foto: France Presse)