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El caso que le costó la cadena perpetua a la cúpula de Sendero Luminoso

Santiago de Lucanamarca es un distrito ubivado en la provincia de Huancasancos, a 10 horas de la ciudad de Huamanga, capital del departamento de Ayacucho.

La provincia de Huancasancos fue una de las más convulsionadas por el conflicto interno durante la década los los ochenta. Sendero Luminoso aprovechó los conflictos intracomunales y de grupos de poder, así como la ausencia de protección del Estado hasta 1983.

Aunque algunos sectores de la población apoyaron inicialmente a Sendero, a medida que el carácter abusivo de su propuesta fue siendo claro para la población y afectaba la vida de las comunidades, la población se organizó para hacerles frente. En Lucanamarca, días antes de la matanza, los pobladores victimaron a un miembro de Sendero Luminoso. Ello provocó la venganza de Sendero, en una de las masacres más sangrientas y demenciales de las que se registra en el Informe Final de la CVR.

El domingo 3 de abril de 1983, setenta miembros de Sendero Luminoso, armados con hachas, machetes, cuchillos y armas de fuego, iniciaron un ataque a lo largo de un trayecto que comprendió las zonas de Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua, Muylacruz y Lucanamarca.

Esta acción fue decidida por el propio Abimael Guzmán quien, en un alarde de su cinismo, dijo lo siguiente sobre uno de los actos más cruentos de su accionar:

Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria respondimos contudentemente con una acción: Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos, clado, porque ahí vieron una respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de ochenta, eso es lo real; y lo decimos, ahí hubo exceso, como se analizara en el año 83, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro problema era un golpe contundente para sofrenarlo, para hacerles comprender que la cosa no era tan fácil; en algunas ocasiones como en ésa, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas, así ha sido (…) ahí lo principal fue hacerles entender que éramos un hueso duro de roer y que estábamos dispuestos a todo“.

Los testimonios de los sobrevivientes dan muestra del horror cometido.

Antonio Quincho, en cuya vivienda reunieron a 29 personas entre hombres, mujeres y niños para asesinarlos, dio el siguiente testimonio a la CVR de lo que encontró 2 días después en su hogar:
con las manos y los pies amarrados, hasta las trenzas salidas de las señoritas, a quienes los habían cortado con hacha, cuhillo, pico, incluso les habían echado agua caliente…encontraron a los niños quemados sus manitos, caritas, a los niños recién nacidos les habían sacado las tripas y pisado sus cabezas hasta que salgan sus sesos“.

Marcelino Casavilca fue obligado a tenderse frente a la puerta de la iglesia del pueblo. Su testimonio ante la Comisión relata con crudeza lo que ocurría en ese lugar:
Ahí realmente nos hacen agachar, diciendo “ustedes pobres miserables querían escapar” diciendo, ahora tiene qe recibir castigo acá, nos han hecho manos amarrados en el cuello ahí. Cuando estuve echado, me manda con una bala, con eso me he quedado desmayado, y aca toda esta parte del brazo está roto, en el cuello con cuchillo después me han matado, ya muerto he quedado, no me daba cuenta ya“.

Envenciona Huancauari refirió que luego de la huida de los subversivos corrió a ver a su esposo Gliserio Rojas Quincho, viendo el siguiente cuadro:
Cuando me acerqué, estaba convulsionando, aun con vida, tenía la boca partida por el hacha, parte de la masa encefálica estaba fuera del cráneo, porque su cabeza estaba partida en cuatro (…) algunos órganos del pecho habían sido retenidos en la ropa, cuando quise levantarlo de un brazo, ya no lo tenía, estaba separado del cuerpo“.

Murieron 69 víctimas. El Estado no procesó el caso hasta el año 2002. Su muerte se produjo cuando se hallaban bajo un total estado de indefensión y desventaja, en circuntancias en que les resultaba imposible defenerse o resistir y que no consituían en modo alguno amenaza a la vida o la integridad de los senderistas.

Diecocho de las víctimas fueron niños entre los seis meses y los diez años de edad. Ocho fueron adultos mayores entre los cincuenta y sesenta años. Once fueron mujeres entre los 13 y 19 años, algunas de ellas en estado de gestación.

Esta es la muestra de la insanía y el terror que vivimos los peruanos. Sendero Luminoso decía actuar “en nombre del pueblo”, pero lo que hacía era oprimirlo y matarlo. Decía defender sus intereses, pero lo que hacía era violar los derechos humanos y socavar la democracia.

Que nunca más se repita esta barbarie.

UPDATE:

Abimael Guzmán Reynoso y Elena Iparraguirre recibieron la cadena perpetua.

Laura Zambrano Padilla y María Pantoja Sánchez, integrantes de la cúpula senderista, recibieron 35 años de prisión.

Margot Liendo Gil, Osmán Morote Barrionuevo, Víctor Zavala Cataño, Martha Huatay, Margie Clavo Peralta, Angélica Salas La Cruz y Victoria Obdulia Trujillo fueron condenados a 25 años de prisión.

Oscar Ramírez Durand, el único de la cúpula que mostró algo de arrepentimiento y colaboró en el juicio, recibió 24 años de prisión.

Los abogados de Guzmán y el Procurador Guillermo Cabala apelaron la sentencia.

Los abogados de los senderistas, Manuel Fajardo y Alfredo Crespo, denostaron de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y la consideraron un “instrumento de la derecha en su contra”. Ello confirma que dicho grupo de trabajo condenó claramente a Sendero Luminoso, echando por tierra cualquier especie que las vinculaba con dicha organización político - criminal.

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