Alan García: Termina un semestre complicado y le espera un mes de movilizaciones sociales. Ha acentuado sus rasgos intolerantes frente a cualquier tipo de crítica, lo que evita que los mecanismos de diálogo y concertación tengan algún tipo de éxito. No tener oposición consistente le permite gobernar sin mas contratiempos que las críticas de la prensa. El paquete de normas emitido esta semana termina siendo su reforma más importante de los dos años, pero sin consolidación institucional que exhibir, podría terminar en lo mismo que los noventa, claro, sin autoritarismo, pero con debilidad estatal.
Luis Gonzales Posada: Una de las Presidencias más grises que recuerde el Congreso en su historia. La demora en el caso Tula Benites y el papelón de la reforma constitucional frustrada han marcado a un Congreso sin agenda clara y que delegó en el Poder Ejecutivo las normas más importantes. A pesar de ello, gracias a la debilidad opositora, Javier Velásquez Quesquén tiene aun grandes opciones de ser Presidente del Congreso.
Ollanta Humala: Viene procurando conseguir la formación de un frente de izquierda que consolide su candidatura al 2011 y marcando un perfil opositor en el plano económico. El problema es que no aparece encabezando las movilizaciones sociales y, en provincias, las bases del PNP piensan más en las elecciones regionales. Por default, sigue ocupando el lugar de “cuco” de la derecha.
Lourdes Flores: Intenta volver a la escena pública con un discurso más social y menos de derecha que García. Sin embargo, su ausencia y el matrimonio tirante con Solidaridad Nacional, además de las disputas internas en el PPC, han impedido que sea este discurso el que se consolide. Mayor presencia pública en el segundo semestre podrían hacerla encabezar la oposición, pero la táctica que viene privilegiando UN es un corset demasiado grande para ello.
Luis Castañeda Lossio: Las encuestas lo siguen favoreciendo, pero viene quedando más en claro que su gestión tiene severos límites, reflejados ya no solo en una clamorosa ausencia de visión de ciudad, sino en las limitaciones de sus obras, que todos los limeños padecemos. Al igual que Alan, no se aprovecha más sus errores para capitalizar un movimiento ciudadano que procure una mejor administración municipal.
Alejandro Toledo: Entre viajes de ida y venida, no ha perdido presencia política. Busca ser el representante del sector de centro, por lo que sus críticas a AGP se han acentuado en los últimos meses. La carencia de un partido sólido sigue siendo su principal lastre.
Alberto Fujimori: Con menos margen de maniobra que hace meses. Si bien sus partidarios políticos y mediáticos lucen envalentonados y siguen blandiendo encuestas, lo cierto es que su futuro se juega en un tribunal y no en las calles o en una confrontación con el gobierno, del que se vienen desmarcando. La intención de la amnistía revela cierta resignación ante lo que puede ser un fallo judicial adverso.
El peligro: Que Alan se crea cosas como esta (ver a partir del minuto 0:40):
Y no, no es un chiste que le quita seriedad a este análisis. Todo lo contrario, refleja algo bastante peligroso para un país como este: un presidente que se crea monarca sin controles.
Por ello, la conclusión seria: necesitamos una oposición de verdad, urgente.
No es la primera vez que se evidencia un acercamiento entre los vecinos de la Plaza Mayor. De hecho, el Presidente no trata al Alcalde con el mismo rigor que a los Presidentes Regionales, a los cuales insulta cada vez que puede, sino que le ha concedido créditos para la mejora de la ciudad con miras a las cumbres que se realizarán en mayo y noviembre.
Sin duda, no es malo que existan buenas relaciones entre las autoridades y colaboración entre las mismas. En realidad, esa debería ser la relación normal en el país, a pesar de las diferencias políticas. De hecho, mucho daño le hizo a Lima la pelea que Fujimori tuvo con Ricardo Belmont y Alberto Andrade, a los que vio como potenciales rivales electorales.
El problema de fondo es que Unidad Nacional está conformada por un partido de larga trayectoria que no ha terminado de definir su identidad política de manera clara y por una agrupación sustentada únicamente en el carisma (¿?) y obras físicas de su líder. Al no haber una unidad sobre ideas y programas, se producen estos cortos circuitos que terminan desdibujando a ambas agrupaciones y a ambos liderazgos.
Así, dos de los partidos más antiguos del país y dos de las autoridades más importantes están involucradas en una de las comedias políticas más tristes. Sobre todo, porque, al final, no terminan dando risa, sino lástima por la inconsistencia de los partidos y los liderazgos. Y ello es lo que, en buena cuenta, le causa un grave daño al Perú.
Tomo prestada esta frase de Laura Arroyo Gárate para titular este post, pues es ilustrativa de la nueva crisis que parece avecinarse en el Partido Popular Cristiano y que ha sido alertada de la manera, digamos, menos ortodoxa.
Esta historia comienza hace poco menos de un año. Ántero Flores - Araoz anunciaba sus deseos de conformar un Foro Socialcristiano con personalidades intelectuales afines, sueño que quedó en suspenso con su nombramiento como Embajador ante la OEA y su posterior partida del PPC. (insertar “Me Voy” de Julieta Venegas como música de fondo).
Este hecho me suscita algunas preguntas que intentaré responder y que quizás, con la aguda reflexión de los lectores, podamos enriquecer el diálogo.
Una primera interrogante es: ¿Por qué tanta gente se va del PPC?
Hagamos un repaso rápido y veamos la lista de quienes se fueron de allí para formar su partido propio o tener mayores posiciones de liderazgo: Además de Flores – Araoz, son los casos de Alberto Borea, Alberto Andrade y Alex Kouri, los dos últimos con relativo éxito en el campo municipal y parlamentario. Sin embargo, ninguna de las agrupaciones que se escindió del PPC ha logrado conseguir lo que tanto ansiaban: la Presidencia de la República. De hecho, en eso cargan con el estigma que ha tenido su partido madre. En realidad, hasta aquí tenemos la explicación psicológico – política de los egos demasiado grandes o el fenómeno “cabeza de ratón”.
Pero hay otra causal, sobre el cual he insistido mucho durante estos meses, a costa de ser cargoso: la indefinición programática de un partido orgulloso de ser socialcristiano. Me explico, a pesar que el PPC se ha definido como seguidor de la Doctrina Social de la Iglesia y de la Economía Social de Mercado, pues sigue padeciendo de una duda que hace quedar a Hamlet como un mero interrogador pueril: ser un grupo liberal, socialcristiano o conservador. Lo que no es poca cosa, pues ello define que programa de gobierno vas a tener y la forma de acercarte a la gente. Y creo que buena parte de los problemas de “partido limeño” que tiene el grupo liderado por Lourdes Flores radican en ello.
Y un tercer motivo tiene que ver con la imagen del PPC. Si bien de allí han salido buenos parlamentarios y alcaldes en sus 41 años de existencia, no han tenido ningún Presidente de la República, arrastrando – no se que tan justo sea esto – una imagen de partido perdedor. Y como en todos sitios, a nadie le gusta estar en el partido que no gana la elección mayor.
Una segunda pregunta: ¿Flores – Araoz tendrá éxito en sus intentos de un partido propio?
Pues primero hay que ver una paradoja. Ahora es Ántero quien quiere hacer un frente y Lourdes – y sus escuderos – los que defienden la existencia del PPC. Hasta hace unos tres años, la disputa era inversa en las posiciones. Ello nos vuelve a demostrar que subsiste la pugna sobre dos ideas que aluden a la manera como desarrollarse políticamente en un mismo espacio político. Por ese lado, el Ministro de Defensa tiene cierto espacio para maniobrar.
De hecho, un conspicuo dirigente del partido como el alcalde de San Miguel, Salvador Heresi, ha criticado a quienes prohíben reuniones con ex miembros e incluso fustigó la cena de la alta dirección de su partido en Palacio de Gobierno. Allí hay otro punto donde Flores – Araoz puede jalar la pita: entre aquellos que están cercanos a Alan y aquellos que no, dependiendo hacia donde vayan sus propias conveniencias.
Sin embargo, el principal problema de Flores – Araoz lo puede percibir cada vez que se ve al espejo. El carisma de Ántero es tan escaso como mi conocimiento de física cuántica, no se ha caracterizado por ser un hombre que brille por sus ideas y ha escogido mal sus caminos de proyección política. Pensar, en un país como el nuestro, que dos cargos desgastantes como un Ministerio o la Presidencia del Congreso son efectivos trampolines políticos es tener tanta agudeza mental como el cariño que el “Puma” Carranza tiene por Alianza Lima.
Interrogante final: ¿Cómo van a vigilar que estas reuniones no se produzcan? Que yo sepa, el derecho de reunión está permitido por la Constitución. Y no creo que un partido democrático como el PPC se dedique a hacer vigilancia de sus dirigentes desde que se levantan, hasta cuando se van a la playa.
Recuerdo que la última propaganda de Flores – Araoz decía algo como “No va a dormir, sino a trabajar”. Y vaya que está trabajando, pero en sus intereses. La duda que aqueja es que si ello es compatible con su ardua chamba de Ministro de Defensa – a menos que haya decidido dejar todo en manos de las Fuerzas Armadas – y con el fortalecimiento de los partidos políticos en el Perú. Dicha incertidumbre quizás no lo sea dentro de poco. Total, mi país vive en una montaña rusa, donde cualquier cosa puede pasar.
La propuesta no ha caído nada bien en el PPC. Personalidades como Felipe Osterling y la misma Lourdes Flores han rechazado dicha dicha propuesta pues, al margen de lo económico, no pueden coincidir con un grupo político que no cree en el sistema democrático y en la lucha contra la corrupción.
Y es que la propuesta de Eguren resulta ser bastante, digamos, poco feliz. En primer lugar, por seguir postulando un anti (contra Humala) que, en lugar de proponer una visión, busca simplemente anteponerse a otra que, aunque perniciosa, no puede seguir siendo derrotada por una mera oposición. Y en segundo lugar porque procura derrotar a un movimiento antisistema aliándose incluso con el grupo que menos cree en la democracia en el Perú.
Y ello me viene a recordar la eterna discusión que existe dentro de la (centro) derecha peruana: ser un grupo liberal, socialcristiano o conservador. La propuesta de Eguren apunta más hacia el conservadurismo, mientras que en otros sectores apuntan más hacia la mirada liberal. Lourdes Flores, en tanto, no termina de encarnar una definición clara en esta materia y ello se trasluce en el hecho de que su partido sigue sin tomar un rumbo claro.
Esa discusión, que en tiempos en que las ideologías parecen desvanecerse, no es bizantina. Ello define la mirada que puede tener la agrupación en temas como el modelo económico, derechos humanos, relación inversión privada - comunidades, medio ambiente, reforma del Estado, entre otros. Y es lo que finalmente plasmarían en un programa de gobierno con miras al 2011.
Como vemos, el panorama se mueve en todos los lados del espectro político. La pregunta final será: ¿hacia donde?
Durante las últimas semanas el Congreso de la República se ha visto remecido por varias denuncias que implican a el - por decir lo menos - aprovechamiento personal que lucen algunos de nuestros representantes para elegir a sus asesores.
La mayor parte de las denuncias involucran a la bancada de Unidad Nacional. Los casos más conocidos son los de Elsa Canchaya y Walter Menchola. Más recientemente, se ha presentado denuncias contra los parlamentarios Franco Carpio - por favorecer a un pariente suyo - y Rafael Yamashiro. Frente a ello, si bien en los dos primeros casos se ha respondido con cierta celeridad por parte de la bancada de Unidad Nacional, cuando han venido los siguientes, tanto Lourdes Alcorta como Javier Bedoya de Vivanco han arguido la tesis del complot para intentar sacudirse de la batahola de acusaciones.
El complot contra UN, según Alcorta y Bedoya, se debería a dos razones: la postulación del hijo del líder del PPC a la Presidencia del Congreso y las intenciones del Ministro de la Producción y ex integrante de UN, Rafael Rey, por formar una bancada propia, dado que algunos posibles accesitarios de las curules que podrían quedar vacantes por estos escándalos pertenecen a Renovación, votos que pasarían a engrosar los de las filas del oficialismo.
Vamos por partes.
Lo cierto es que las denuncias contra Canchaya, Menchola y Carpio son bastante concluyentes. Hay documentos de por medio, videos y demás evidencia que atestigua que los tres parlamentarios están metidos en un lío bastante grueso. Es más, los dos primeros casos ameritarían, de todas maneras, su salida del Congreso. El caso de Yamashiro, a quien se acusa de quedarse con la mitad del sueldo de un ex asesor, quien además le ayudaba en labores partidarias antes que parlamentarias, debe ser materia de mayor verificación, dado que, hasta ahora, todo se basa en un sólo testimonio. Es decir, en todos los casos presentados hay, por lo menos, algo serio que investigar, ante evidencias o indicios que apuntan hacia la comisión de delitos o, por lo menos, de serias faltas éticas.
Lo segundo es que los miembros de Unidad Nacional fueron advertidos que tenían serios cuestionamientos a su lista parlamentaria. Un reportaje de La Ventana Indiscreta recordó los antecedentes de candidatos al Congreso y Rosa María Palacios también hizo algunas notas sobre este tema. La prensa se lo dijo, pero, en uno de los errores que quizá le costó la Presidencia, Lourdes Flores Nano dio una patética conferencia de prensa en la que se dedicó a defender a los “angelitos”.
Sobre la postulación de Bedoya, ¿realmente tiene posibilidades de ganar? Y mi respuesta sobre ese punto es negativa por dos razones fundamentales: la primera, es que, ante sus pares - y buena parte de la opinión pública - Mercedes Cabanillas ha hecho una buena labor de conducción del Congreso y merecería ser reelegida (por lo menos en la opinión de estas personas); la segunda, es que Bedoya no cuenta con los votos necesarios para ganar, ni siquiera dentro de las propias filas opositoras: desde el nacionalismo, por ejemplo, se reclama que UN defina un rol “más opositor” frente al Gobierno.
Los miembros de UN no puede achacar a la prensa intenciones subalternas, por lo menos, no en el caso de los periodistas y programas que denunciaron estas malas prácticas parlamentarias.
Sin embargo, no puede negarse que beneficiados con este tema existen. El Ministro Rey sería uno de ellos. Y no cabe duda que buena parte de la información proporcionada - que luego fue contrastada por los periodistas - ha venido de dentro del Congreso, dado que estos datos no son fáciles de conseguir (pues no eran públicos hasta hace unas semanas). ¿Cabe concentrase en eso? Bueno, lo suficiente como para saber quienes están jugando su partido propio - con chuponeo de mails, como lo indicó el propio Bedoya -, pero tampoco para servir como pretexto para dejar las denuncias serias presentadas sobre la actuación de los asesores parlamentarios y para no debatir lo que debiera ser una carrera pública parlamentaria mucho más estable que los simples favores de campaña electoral.
Si Bedoya y Alcorta están tan preocupados por la imagen de su agrupación, quizás debieran ver más en como sanear lo que queda de Unidad Nacional. De los intereses subalternos que pueden existir, ellos saldrán a la luz tarde o temprano. Lo sustancial es que la política peruana se adecente, de una vez por todas.
“Me voy, que lástima pero adiós me despido de ti y me voy, que lástima pero adiós me despido de ti y me voy” (Me voy, Julieta Venegas)
La noticia política del día ha sido la partida de Antero Flores - Araoz del Partido Popular Cristiano, luego de más de dos décadas de militancia.
Este es el ¿último? capitulo de esa suerte de “Guerra de los Roses” en que se había convertido su relación con Lourdes Flores Nano, la actual presidenta de su ex partido político.
Básicamente, hemos asistido a una disputa sobre dos concepciones de poder, ambas derrotadas: Lourdes creyó que Unidad Nacional podía ser un partido político amplio y moderno, tesis que fue vencida en el congreso del PPC de 2004 y que, además, la realidad se encargó de destruir. Antero pensó, al modo del SEASAP, que “solo el PPC salvará al Perú” y también perdió, al igual que sus aspiraciones presidenciales.
Dos hechos más o menos recientes terminaron de dinamitar la relación entre ambos: el nombramiento de Flores - Araoz como embajador del Perú ante la OEA, lo que lo convirtió en defensor de las más estrambóticas ideas sobre el sistema interamericano de derechos humanos, así como del nombramiento de Alva Castro como Ministro del Interior, y la fundación del Foro Socialcristiano, donde Antero pretendía incorporar a intelectuales y políticos afines como Carlos Blancas, Francisco Eguiguren, Javier de Belaúnde o Luis Solari de la Puente.
Ello motivó una serie de dimes y diretes entre ambos - motivados por cual debería ser el perfil del PPC frente al gobierno -, que culminó con la renuncia de Flores Araoz. Y para rematarla, luego de conocerse dicha noticia, Lourdes sólo atinó a decir: “Confirmo esa información. El capítulo está cerrado. Le deseo al embajador aprista el mejor de los éxitos“. Esa dolió.
¿Esto decantará en una definición sobre el futuro del PPC? No se pierdan los próximos capítulos.
Te vas porque yo quiero que te vayas…. (La Media Vuelta, Luis Miguel)
Desde hace varios años, oigo hablar de la tan mentada Reforma del Estado.
Durante los años noventa, esta se pensó como la racionalización de recursos del Estado, destinado fundamentalmente a achicarlo, de acuerdo con una visión que comprendía que la burocracia estatal debía ser lo más reducida posible y concentrarse fundamentalmente en servicios básicos, como administración de justicia, defensa nacional, relaciones exteriores, educación, salud y seguridad ciudadana.
La tesis del Estado mínimo fue la que primó y, sobre esa base, se hicieron los tímidos intentos de racionalización administrativa que tuvieron éxito, pero también el despido de cientos de trabajadores estatales que pasaron a engrosr las filas del subempleo o del desempleo abierto.
Esta idea ya no es compartida ni por los académicos de varios sectores - aunque un grupo se mantiene irreductible en esta idea - y por un sector de la población.
El enfoque actual enlaza los mecanismos de modernización y simplificación administrativa con metas concretas e institucionalidad democrática. Así, hablar de reforma del Estado implica hacernos las preguntas previas: ¿cuáles son las metas que queremos cumplir? ¿cómo cumplirlas? ¿cómo organizamos al Estado para ello?
Generalmente, cuando se tratan estos temas, se quiere ver sólo una parte, la de la gestión administrativa. En ella es la que se ha concentrado el gobierno para lanzar su propuesta de fusión de organismos públicos descentralizados y su convocatoria para una reunión de Consejo de Ministros en la que los miembros de la oposición participarían planteando sus propuestas.
Frente a esa propuesta, se ha respondido de diversas maneras: Humala ha dicho que irá, pero que planteará como requisito previo la entrada en vigencia de la Constitución de 1979. Lourdes duda en ir o no. Otros han dicho que la convocatoria, sin una agenda y sin conocer los planes del gobierno, no es más que fuegos artificiales. Y hay quienes han sugerido que el Acuerdo Nacional sea el espacio de debate.
Lo que pienso es que debemos ver este tema de una manera integral: - ¿Hay que ver el tema constitucional? Si, pero no sobre la Constitución de 1979, gesto simbólico e inútil. Si ya hubo un trabajo de reforma constitucional trabajado en el Congreso anterior y ya bastante avanzado, ¿por qué no culminarlo? - ¿Cómo abordar la reforma de la administración pública? Poniendo metas sector por sector para saber cuáles deben ser las fusiones a realizarse. Y tener un sentido social: ciertamente esto, como lo ha dicho Jorge del Castillo, va a acarrear despidos, pero es necesario que se tenga planes para incorporar a estas personas a nuevos mercados de trabajo. - Completar esta visión sobre la base de reformas institucionales: justicia, seguridad ciudadana, defensa nacional, educación y sistema político. - Implementar mayores mecanismos de transparencia, fiscalización y participación ciudadana y mejorar los que ya se tienen.
En suma, lo que propongo es una visión más amplia del tema. Creo que sobre este base el trabajo se puede sostener. Lo de mañana pudo ser importante, pero creo que ni el gobierno ni la oposición tienen la agenda clara sobre este tema. Si van a hacer política, prepárense, no vayan con propuestas improvisadas.
Y a ustedes, los dejo con varios enlaces que tratan mejor de lo que lo he hecho este tema.
La relación entre empresarios y política en debate.
La semana pasada, Lourdes Flores Nano presentó su balance de los 100 primeros días de gestión del Presidente Alan García. Aunque reconoció aciertos del gobierno, la tónica general fue de crítica a las reformas que el gobierno estaría dejando de hacer, en un momento de bonanza económica y alta popularidad.
Sin embargo, las declaraciones que más llamaron la atención fueron aquellas referidas a los empresarios - entendiéndose como ellos a los agrupados en CONFIEP - y su relación con AGP: “se han echado con el gobierno”, “son mercantilistas”, fueron algunas de las expresiones utilizadas y que fueron rechazadas por representantes de los gremios empresariales.
Es ciertamente curioso que sea Lourdes Flores quien haga estas declaraciones. Después de todo, el Partido Popular Cristiano - que preside -, a pesar de su impronta socialcristiana, ha sido el mejor defensor político de los intereses empresariales. Y no olvidemos el mote de “candidata de los ricos” a los que se hizo acreedora por llevar en su plancha a Arturo Woodman, uno de los brazos derechos de Dionisio Romero, como por tener el respaldo de aquellos cuya única y sempiterna preocupación ha sido que los intereses de los grupos económicos se solidifiquen, incluso a despecho de trabajadores y del crecimiento del propio país.
Pero, a pesar de esta observación, Lourdes Flores no ha dicho una mentira. Por el contrario, que recuerde, es la primera vez que un político que no pertenece a la izquierda o haya sido zurdo haya dicho palabras como esta. Aunque, debemos decirlo, Hernando de Soto fue quien acuñó la percepción sobre el mercantilismo en su libro El Otro Sendero.
En el Perú, se ha confundido el apoyo al empresariado y a la inversión con “hagamos lo que el inversionista quiere”, “demósle prebendas no importa su productividad”, “quedemos bien con el poderoso” o “no importa que los trabajadores o las comunidades revienten, flexibilicemos las reglas laborales al máximo y no nos preocupemos del medio ambiente, papá Estado siempre defenderá la inversión”.
Esta situación nos resume nuevamente la precariedad institucional de nuestro país, donde el empresariado trata de congraciarse con el gobierno, para que éste no boicotée sus actividades o le permita trabajar como desea. Pasó en el segundo belaundismo con Ulloa y Rodríguez Pastor como representantes de los empresarios, con los 12 apóstoles de García en su primer gobierno, con los contubernios con el fujimorismo, con PPK durante casi todo el gobierno de Toledo.
Es cierto que algunos empresarios parecen haber entendido el mensaje de responsabilidad social empresarial que está en boga en el mundo contemporáneo y de no pasar por Palacio para hacer negocios. Sin embargo, un gran bloque, que parece ser aún mayoritario sigue considerando que la legislación sólo debe estar adecuada a sus intereses, que el trato directo con el gobierno es la única manera de hacer business, que el medio ambiente y el trabajador son sólo meros instrumentos del capital. Eso es contrario a la existencia de una economía social de mercado estable, sólida, con reglas claras y que permita un desarrollo sostenible.
El país necesita inversión para poder crecer. Es cierto. Pero no por ello todos los pedidos empresariales son per se saludables. Nuestros empresarios deben reflexionar en que no son una isla, ni los únicos en el país y que el desarrollo de sus actividades debe tener en cuenta su entorno, tanto dentro como fuera de la empresa.
En el país necesitamos más Wong, Añaños y Acurios, empresarios emprendedores y creativos, y menos Dionisios que sigan sacándole dádivas a un Estado siempre dispuesto a hacerles caso.