Ahora se entiende porque Valle Riestra se ha convertido en caserito de La Razón, el único diario que defiende a capa, espada y con mentiras la inocencia de Fujimori, dado que es el único jurista con algo de trascendencia mediática que dice lo indecible por seguir haciendonos creer que Kenya no sabía nada de lo de Colina. Si, claro…
Valle Riestra reveló que a pedido del ex presidente, lo visitará como abogado este martes 6 a las 11.30 en su celda del penal de Barbadillo, de la misma manera como hizo anteriormente con el ex jefe del MRTA, Víctor Polay y con el líder del etnocacerismo, Antauro Humala. “Lo visitaré no como congresista, sino como abogado, pues soy miembro ejerciente del Colegio de Abogados de Lima”, dijo.
Seguidamente, remarcó que lo visitará porque no se encuentra impedido por la Constitución. “Iré en la fecha indicada, luego de que haya terminado la sesión de la Comisión de Constitución y además no hay pleno, de manera que no tengo ningún inconveniente para visitarlo”.
Probablemente, don Javier no tenga impedimentos legales para esta visita. Sin embargo, todo hace indicar que el aún congresista podría convertirse en el nuevo abogado en la sombra de Fujimori, o, tal vez, en el relevo de César Nakasaki, si es que su propuesta de renuncia al cargo es declarada legítima, dado que los congresistas no pueden ejercer otra función, salvo la de docentes.
¿Qué dirán los compañeros sobre todo esto? ¿O es que seguiremos con el silencio que parece indicar una alianza?
Si hay alguien que me sorprende los lunes, miércoles y viernes es el Dr. César Nakasaki. Desde que tengo uso de razón no había podido apreciar tanto cinismo en un abogado, que siempre tiene una respuesta para tratar de encubrir los duros reveses de su defensa. Lamentablemente, procurar hacer del juicio, ante la opinión pública, un símil de Macondo, hace que se pierdan de la realidad los detalles más importantes de lo ocurrido en los últimos días.
Ciertamente, el libro de Jara contiene algunas debilidades conceptuales y de metodología periodística. Sin embargo, fue por la pista correcta y entrevistó a las personas que podían tener conocimiento de la cadena de mando. De hecho, la Comisión de la Verdad y Reconciliación - con mayor detenimiento y precisión - confirma la tesis de la guerra de baja intensidad y de la responsabilidad penal del ex dictador. Allí está el acierto del testimonio del controvertido hombre de prensa. De allí en parte, los debates sobre la sanidad moral de un periodista cuestionado por su actuación de los noventa - y que Jara haría bien en responder a las preguntas que se le hacen sobre esta materia - no deben desviarnos de quien es el acusado: Alberto Fujimori Fujimori.
Pero otro elemento que debería intranquilizar a Nakasaki y a su defendido es la sentencia que la Primera Sala Penal Especial expidió ayer sobre el caso La Cantuta - que se ha visto dividido en varios mini juicios - y que condena al general Julio Salazar Monroe a 35 años de prisión. El ex jefe nominal del Servicio de Inteligencia del Ejército tiene el dudoso honor de ser el militar con más años de condena por violaciones a los derechos humanos.
Pero más importante que el número de años y de condenados resultan ser los fundamentos de la sentencia. Indica Perú.21:
Este fallo, calificado de histórico por los familiares de las víctimas, indica que el destacamento estaba adscrito al SIN y que dependía de la Presidencia de la República.
Señala que Colina realizaba torturas, eliminación y desaparición de personas como parte de una estrategia antisubversiva, aplicada en Lima y en provincias, en los primeros años del gobierno de Fujimori (1991-1993).
Considera, además, que Fujimori -hoy procesado en la Corte Suprema por este y otros hechos de violación de los derechos humanos- recibía los informes sobre dicho destacamento del entonces jefe del SIN, Julio Salazar Monroe, ya que el propio ex mandatario había dispuesto, ilegalmente, que fuera esa instancia la que se encargara de la lucha contra la subversión.
En otras palabras, esta sentencia termina desbaratando varios de los argumentos de Nakasaki: 1. Colina sí existío y fue parte de la estructura del Ejército Peruano. 2. Colina realizó sus acciones como parte de una política antisubversiva. 3. Fujimori tenía conocimiento de estas acciones y no hizo nada por impedirlas.
Mientras tanto, el Dr. Nakasaki nos seguirá diciendo que todo marcha bien con su defendido, esperando que alguien crea sus argumentos dignos de García Márquez.
La reciente polémica sobre la transmisión del juicio a Alberto Fujimori en Tv Perú - vean la polémica suscitada en Menos Canas al respecto - marca, a mi modo de ver, un nuevo capítulo en la discusión sobre lo que debe hacerse con los medios de comunicación del Estado.
Leyendo Rajes del Oficio 1 y 2, la serie de buenas entrevistas a periodistas hechas por Pedro Salinas, noto que si hay una pregunta que genera discrepancias entre nuestros referentes opinantes es la referida a si el Estado debe tener o no medios de comunicación. Veamos una pequeña muestra: - Beto Ortiz, con real politik, señala que es bueno que se conozca la verdad oficial. - Rosa María Palacios cree que, en principio, no los debería tener, pero que no es dogmática sobre el tema. - Rospigliosi cree que debe ser un canal cultural con un directorio independiente. - Alvarez Rodrich dice que estos medios deben orientarse a los objetivos del Estado. - Los Vargas Llosa padre e hijo, Bayly y Tafur, como buenos liberales, le dicen definitivamente no a la idea. - Y Fernando Vivas, nuestro crítico de televisión, dice que no debieran existir, pero que es potestad del Estado tenerlos.
Y en esas mismas indecisiones también andan nuestros políticos. Tal como lo ha indicado Fernando Vivas, en los próximos días culminará un trabajo largo para la elaboración de una Ley especial para la radio y televisión estatales que permita, de una vez por todas, liberarla del máximo de sus defectos: la supeditación a los vaivenes políticos y a los intereses que cada gobierno tiene de tener “buena prensa”.
Ello implica definir el peso de las noticias, las actividades oficiales y de la “parrilla de programación” cultural dentro del canal del Estado. Esta es la razón que ha hecho que Vivas y Alvarez Rodrich propongan salidas intermedias para la transmisión del juicio a Fujimori, en el entendido que la programación propuesta por la señal televisiva debe respetarse, pero que noticias como el proceso judicial más importante de nuestra historia deben ser cubiertas de manera especial y pedagógica.
Creo yo que el Estado debe tener medios de comunicación a su cargo, pero con una visión de televisión pública. ¿Que implica ello? Que se tenga una cobertura informativa sobria y equitativa, programas de entretenimiento de calidad y un fuerte componente cultural que no deje de lado las manifestaciones y costumbres - pues de imaginarios y prácticas se compone la cultura - de todos los rincones de nuestro país. Ello implica un manejo independiente, profesional y que, en algunos casos, revista la forma de coproducciones y colaboraciones con universidades o productoras independientes. Televisión Nacional de Chile quizás sea un ejemplo donde podamos mirarnos como futuro de lo que ahora es TV Perú.
Y mientras tanto, los televidentes deben seguir reclamando para que la programación cultural se mantenga y los programas informativos no parezcan cada vez más una edición de La Tribuna. La presión pública, basada en la buena imagen que tuvo el canal del Estado durante el gobierno pasado, puede generar un cambio mientras se aprueba la legislación pertinente. Y cuando ésta se apruebe, debemos estar vigilantes para que los mecanismos de independencia se encuentren plasmados y sean respetados por un gobierno que quiere tener un tono monocorde y sin críticas en la pantalla chica.
Ojalá no tengamos que apagar la tele para informarnos de mejor manera.
La semana pasada, Santiago Martin Rivas expuso al desnudo la táctica de defensa de Alberto Fujimori: negar hasta el hartazgo la existencia del destacamento Colina, acusar a los testigos de vendidos al sistema o “colaboracionistas” - lo que en jerga militar, quiere decir, traidores (¿a qué o a quién?) - y desacreditar lo que pueden ser los testimonios y documentos más contundentes contra el ex mandatario.
Sin duda, el testimonio de Martin Rivas logró impactar en la opinión pública y, por lo menos el miércoles, logró sorprender incluso a los magistrados y a los abogados de todas las partes. Pero el viernes pasado su suerte cambió, cuando los asistentes al video y quienes lo veían por televisión podían apreciar el video que filmó el líder operativo de Colina ante el periodista Umberto Jara. Vídeo que, por cierto, no admite dudas de su certeza y frente al cual la tesis del ensayo no resiste el mayor análisis y una simple pregunta: ¿Por qué Martin ensayaría una declaración que no es compatible con su defensa judicial?
Pero otras falsedades de la declaración han sido desmentidas. El jefe de Colina llegó a desconocer a sus propios compañeros de armas y de crimen. Pero los conocía y desde algunos años antes de los crímenes. La foto que ven a continuación, presentada por el diario La República, muestra a Martin junto a varios de los personajes a los que negó conocer o a los que mencionó que solo había visto “alguna vez”.
A ello se sumó la presentación de documentos vinculados con las operaciones del Destacamento que fueron firmados por Martin. La firma fue reconocida por Jesús Sosa Saavedra, uno de los jefes de equipo de este escuadrón de la muerte y que actualmente se encuentra en la clandestinidad.
¿Qué fue lo primero que comenzaron a hacer como grupo? Entrenar, como es normal. Solo que aquí se incluía un entrenamiento con armamento, y había que tener más continuidad porque se supone que en cualquier momento puedes hacer operaciones. No es lo mismo que estar en oficina. Barrios Altos fue la primera operación, ¿no es cierto? Claro. ¿Quién la ordenó? Montesinos, que era el asesor del presidente Fujimori. ¿Directamente él? Sí, porque le fueron a dar parte a él, le fueron a decir ‘ya se cumplió el trabajo’. Y tú le das parte a la persona que te pide hacer el operativo. ¿Cómo fue? Al día siguiente de lo que pasó, fuimos con Martin, Pichilingüe y Rodríguez Zabalbeascoa a la oficina del SIN y en la puerta se encontraron con Montesinos y ahí le informaron. No escuché todo, pero sí que dijeron que ya se había hecho el operativo y ahí estaban los muertos. Yo estaba a cuatro metros. ¿Y en el camino hacia el SIN ellos comentaron lo que le dirían a Montesinos? Se lamentaban por la muerte del chiquillo. Ahora buscan quién lo mató, pero nadie sabe quién lo hizo. El chiquillo se metió justo cuando se estaba disparando a los terroristas que Abadía había señalado. ¿Cómo llegó la orden para Barrios Altos? Nosotros nos preparábamos, entrenando. Yo he tenido dos o tres contactos con Abadía, fui a hacer un reconocimiento al lugar donde se iba a hacer la pollada y hasta ahí yo no sabía que se iba a entrar a eliminar o sacar gente. La orden llega cuando ya se iba a ejecutar. ¿Martin Rivas les dijo que había orden de matar? No. Nosotros fuimos cerca del lugar y paramos a tres cuadras para esperar e hicimos un reconocimiento. Entonces solo pensábamos que haríamos una detención. Martin Rivas dijo: entramos, juntamos a la gente y ahí nomás les damos, nos demoraremos dos o tres minutos. ¿Al terminar la reunión con Montesinos recibieron alguna felicitación? Cuando nos regresamos, ellos (Martin Rivas, Pichilingüe y Rodríguez Zabalbeascoa) comentaron que no querían seguir trabajando para él. Dijeron: ‘ta cojudo este, nosotros somos verdes, tenemos que trabajar con el comandante general.
Sosa admite otras cosas más: la existencia del destacamento - aunque con el nombre de “Lima” -, cuyas ordenes operativas estaban a cargo de Martin Rivas. Y, con posterioridad a Barrios Altos, las órdenes de matar - pues Sosa admite los crímenes - ya vinieron del Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos. Con ello se confirma la tesis de que Colina respondió a dos tipos distintos de mando, pero que ambos tendrían como cúspide a Alberto Fujimori. Todo ello desbarata la tesis esgrimida por Martin de que Colina no existía o nunca cometio asesinatos.
Ayer jueves, se terminó de conocer el grosor de las mentiras brindadas la semana pasada en el proceso. En un artículo en Caretas, Umberto Jara contó las presiones que sobre él han caído por los famosos vídeos de Martin Rivas y como Carlos Pichilingüe ha intentado desprestigiarlo con la especie de que se plagió sus escritos. La verdad es que el ex Colina tuvo escritora a cargo y su libro no fue editado por su contenido difamatorio.
Pero Jara deja una sorpresa más: Un nuevo video de Martin Rivas. Y dos imágenes de regalo que lo muestran explicando lo mismo que dijo en el primer video, pero con cuadros, papelógrafos y demás elementos ilustrativos. Solo le faltaba el power point.
No sorprende que Martin Rivas haya esgrimido la palabra “No” tantas veces que pretendiera hacer que creamos su cinismo y sus mentiras.
Decir que la entrevista brindada a Umberto Jara fue “un ensayo de lo que iba a declarar en el Poder Judicial” resulta francamente inverosimil, sobre todo cuando en dicha “práctica pre - judicial” esgrime una autoconfesión, ante un periodista con el que se sentía cómodo, sobre las actividades del Destacamento Colina, “ensayo” que, por cierto, no ha puesto en práctica en sus declaraciones judiciales.
¿A qué está jugando Martin Rivas? Pues no esta jugando precisamente para el esclarecimiento de los hechos. De hecho, el ex procurador César Azabache explicó ayer en Prensa Libre la serie de incongruencias del testimonio del jefe operativo de Colina, así como los elementos que el tribunal debería tomar en cuenta para ponderar el testimonio de alguien que ha faltado a la verdad. Y también recomendó a todos los abogados involucrados en el proceso que hagan bien su tarea y se dediquen a convencer a quien tienen que convencer, que es a la Sala Penal Especial y no necesariamente a la opinión pública.
Sin embargo, el juicio si puede servir, como apunta bien Laura Arroyo Gárate, para desarmar la tesis esgrimida por los medios adictos a la dictadura de que era necesario vulnerar derechos humanos para derrotar a Sendero Luminoso - y que es la tesis que Martin Rivas esgrime en el libro de Jara - y para el mundo confirme que lo que indicó la Corte Suprema de Chile, al aprobar por unanimidad la extradición en violaciones de los derechos humanos, lo que indica que sí existen elementos claves para el procesamiento y sanción de Alberto Fujimori.
Pero creo que este proceso judicial también deberá servir para comenzar a separar la paja del trigo. Ayer, el jefe de Colina quiso arguir que las acusaciones en su contra eran una campaña contra las Fuerzas Armadas. No todos en las Fuerzas Armadas actuaron como este sujeto y su grupo de la muerte. Hubieron oficiales que defendieron al país con honor y respeto a los derechos humanos y quienes dejaron su vida por defender la democracia. ¿Pueden los familiares de estos militares honorables sentirse bien por ser confundidos con asesinos por declaraciones como estas? No lo creo. Y si bien las Fuerzas Armadas aun son reticentes a aceptar la dimensión de violaciones a los derechos humanos cometidas por sus miembros, no toleran grupos como Colina en su seno.
Seguiremos viendo más declaraciones como estas en varios dias. Y sin duda, no habrá quien se ofrezca a justificarlas. Pero, al final, serán los jueces quienes ponderen. Y para ello, la Fiscalía y los abogados de la parte civil deberán hacer bien su trabajo.
Trascurridos dos meses y medio del inicio del juicio a Alberto Fujimori, se puede hacer un balance sereno y firme de como va este proceso por violaciones a los derechos humanos que ha conscitado la atención de la prensa nacional y extranjera.
En primer lugar, debe quedar claro que, tal como ha sido planteado el proceso por ambas partes, ninguna de ellas va a ganar - por decirlo en términos prestados del box - por knock out. Cabe recordar que a Fujimori se le procesa por ser autor mediato de crimenes de lesa humanidad. En términos judiciales, ello implica que se vaya construyendo la culpabilidad del acusado a través de un cúmulo de pruebas. Es decir, olvidémonos de un Vladivideo tipo Crousillat o Schutz. Lo más cercano que tengamos a eso será el vídeo de la entrevista hecha por Umberto Jara a Martin Rivas.
Un segundo tópico tiene que ver con las estrategias de los abogados. Quien ha tenido mayor protagonismo ha sido César Nakasaki, el abogado defensor de Fujimori. Sus habilidades como abogado procesalista las ha puesto al servicio de la tesis de la confusión y está jugando en el terreno de la opinión pública más que en el campo estrictamente judicial. ¿Qué es lo que busca?
De un lado, llevar a los abogados de la parte civil y a los fiscales a un terreno pantanoso: que intenten probar la culpabilidad de Fujimori mediante la existencia de documentos oficiales. Como bien saben muchos, si bien existieron directivas y manuales contrasubversivos que contemplaban la eliminación de sospechosos de terrorismo, la creación de Colina y las órdenes por cada operativo no han quedado registrado en documentos, salvo los reportes de inteligencia que pedían cuestiones logísticas para cada una de estas matanzas. Ese tipo de órdenes no son puestas por escrito, pues son incriminatorias. Lo penoso es que, sobre todo los abogados de la parte civil, por momentos se viene cayendo en ocasiones en pisar este palito puesto por Nakasaki.
En la estrategía, digamos, “política”, los fujimoristas han corrido con cierta ventaja. El hecho de que no se difunda el juicio por Canal 7 - un grosero error que Carlos Manrique Negrón debiera corregir - y la existencia de encuestas que siguen arrojando un importante índice de aprobación a Fujimori hacen que sus seguidores y familiares sigan arrojando bravatas a la opinión pública, pretendiendo que la inocencia de Fujimori se va a definir en un mitin. Y aquí es donde nuevamente se equivocan: si Fujimori será sentenciado es en virtud de cuestiones judiciales, no de una encuesta. Al ex dictador no se le juzga por venganza o enquina, sino por la existencia de pruebas que lo comprometen en crímenes graves y que, de hecho, ya le valieron una sentencia condenatoria.
Ese error de percepción - o, más bien, estrategia para una amnistía, como ellos lo han definido claramente - es el que hace ver a Kenji Fujimori decir “están matando a mi padre de a pocos”, cuando su viejo tiene un régimen penitenciario estricto, pero que respeta sus derechos fundamentales y su celda es más grande y cómoda que cualquier instalación del mismo tipo en Castro Castro o Piedras Gordas.
¿Qué es lo que se viene? Pues las declaraciones más importantes del proceso: Umberto Jara y su investigación sobre Fujimori, Martin Rivas, Hermoza Ríos, las investigaciones de la CVR explicadas por Carlos Iván Degregori y Salomón Lerner Febres y, en términos mediáticos, el careo con Vladimiro Montesinos. Entretenimiento tendremos, cuestiones interesantes para el análisis también.
Y al final, esperemos que sera la justicia la que se alcance.
Volvamos a ver que pasa con Fujimori. La verdad, es que no la pasa muy bien entre la seguidilla de miembros de Colina que lo involucran y que van delineando que la cadena de mando va llegando hacia a él. Nagazaki hace su chamba e intenta poner en aprietos a los miembros de este destacamento del Ejército con resultados dispares. Y cada día van disminuyendo los seguidores que van a verlo en las audiencias de Barbadillo. Claro, el Congreso apremia, tienen que justificar el sueldo y, además, ver como hacen para sobrevivir políticamente.
Pero quizás el mayor golpe para el ex dictador no ha venido de un juzgado, sino de su otra patria. Vía Correo:
Una voz importante respaldó al gobierno en su versión de negar una persecución política contra el ex presidente Alberto Fujimori. Se trató nada menos que del representante de Japón, país que dilató por varios años la extradición del ex mandatario y esbozó una discreta protección por su condición de ciudadano nipón.
No obstante, ayer el saliente embajador de Japón en el Perú, Hitohiro Ishida, desestimó la posibilidad de una persecución política contra Fujimori y señaló que su país observa con “respeto” y “serenidad” el proceso judicial que enfrenta éste.
“El Primer Ministro de acá (Jorge del Castillo) y muchas personalidades de Perú rechazan una persecución política, entonces, yo digo que no creo que haya persecución política”, dijo a la agencia Andina.
Agregó que el juicio a Fujimori es “estrictamente judicial” y que Japón observa con respeto ese proceso. “Nosotros respetamos el proceso judicial. Por supuesto que tomamos con serenidad el proceso de enjuiciamiento al señor Fujimori”, remarcó.
“Fujimori de ninguna manera se está quedando solo. Eso es algo que nunca va ocurrir, porque tiene el respaldo popular”, opinó.
“Es una posición lógica y natural y no me sorprende, pues no creo que un embajador extranjero deba definir si hay o no persecución. Nosotros hablamos de persecución en función directa de nuestra experiencia”, dijo Raffo.
Para el legislador, el representante diplomático del Japón “no conoce a fondo ni al interior qué está sucediendo con Fujimori”, pero además “no tiene por qué conocerlo porque no es su función”.
Si, claro. El embajador vive aca y sabe perfectamente como se viene llevando a cabo un proceso realmente pulcro. Y ello demuestra que en Japón ya no aprecian mucho a Fujimori, salvo los ultras de derecha que le hicieron hacer el papelón de postular al Senado de ese país.
Dentro de todas la serie de mentiras, inexactitudes e imprecisiones de las que ha hecho gala Alberto Fujimori durante el proceso que se le sigue por violaciones de los derechos humanos, la que más me ha indignado es la justificación de las leyes de amnistía dadas en 1995. Argumento que ha vuelto a repetir hoy.
El sentenciado a 6 años de prisión le dijo las siguientes barbaridades al Fiscal:
Esta ley era parte de una concepción para llevar al Perú a la pacificación. Primero se dio la Ley base de arrepentimiento. Cuando existe un clima donde la población siente que hay paz es necesario buscar una solución pacífica, luego de 14 y 15 años de guerra interna. Para mí esta guerra concluía con un acuerdo de paz, que propuso Abimael Guzmán públicamente, crear zonas desmilitarizadas para SL y el MRTA o una solución política.
La Ley de Amnistía buscaba la solución política para los que participaron en el terrorismo. Unos 20 mil del MRTA y SL se acogieron a esa ley de arrepentimiento. Por un lado, los senderistas y emerretistas y por el otro lado los militares, no solo los condenados por el caso La Cantuta sino de otros casos, a partir de 1980.
Estaba enmarcada en una solución política a la guerra interna después de 15 años, no acepté el acuerdo de paz como ha sucedido en otros países.
Un primer tema a dilucidar. Como lo dijo ayer Gustavo Gorriti en su columna en Caretas, Fujimori fluctúa entre dos estategias: la de la justificación de las atrocidades con el pretexto de la pacificación y la amnesia lindante con la demencia senil y el Alzheimer. Algo de ambas hay en esa respuesta. Fujimori ya se olvidó que la Ley de Arrepentimiento no era usada como “solución politica”, sino para obtener información. Y al usarse en un gobierno autoritario, ello fue lo que generó la inflación de inocentes en prisión. El hombre que decía ser “inflexible” frente al terrorismo ahora justifica bajo el cuento de la solución política una norma como esta.
Pero hay dos cosas más que no recuerda Fujimori.
La primera es un tema estrictamente jurídico: la imposibilidad de amnistiar violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Los argumentos aplicables al Perú se pueden resumir en: - La existencia de un conjunto de derechos que no pueden ser limitados en ningún tiempo o circunstancia, al que llamamos núcleo duro de derechos, frente al cual ninguna norma interna o externa puede establecer una norma que los vulnere. ¿Què derechos encontramos allì? La vida, la integridad personal, la prohibición de la tortura, debido proceso. Todos estos derechos fueron vulnerados a través de asesinatos, desapariciones, torturas o violaciones del debido proceso. - La existencia de derechos independientes que implican el cumplimiento de la obligación estatal de investigar y sancionar violaciones de los derechos humanos. Me refiero aquí al derecho a la verdad y a las garantías judiciales de las víctimas y sus familiares. - En el caso de conflictos armados internos, como el vivido por el Perú entre 1980 y 2000, la jurisprudencia internacional ha ido sosteniendo que las vulneraciones del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra - aplicable a nuestro caso, sin que ello otorgue otro estatus jurídico a SL y al MRTA - deben ser procesadas por el Poder Judicial.
La segunda tiene que ver con lo simbólico y con un argumento que se ha repetido durante años: la necesidad de cerrar heridas a través de un perdón generalizado o de olvidar. Este argumento ha sido repetido en múltiples oportunidades para tratar de justificar los actos de impunidad más conocidos, como en Argentina y Chile. Para explicar mejor este punto, me remito a los casos de España y Sudáfrica, que muchos consideran como “ejemplos” de que dichas soluciones si habrían “funcionado”.
En el caso español, hasta tiempo reciente, la reconciliación se entendió como un olvido de lo ocurrido, a fin de poder construir instituciones sólidas e integrar de manera plena a España en la economía global. Si bien ambos objetivos se consiguieron, se difirió la solución a los reclamos de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. El resultado: más de tres décadas luego de iniciada la transición española, se sigue discutiendo que hacer para reparar en algo el daño causado a personas que vivieron mucho tiempo en el olvido y, con ello, se sigue prolongando en demasía la consolidación de la democracia, al dejar de lado a un sector de la sociedad. La reciente expedición de la Ley de Memoria Histórica ha reabierto el debate en España. De hecho, ayer estuve viendo una serie española, Cuéntame como Pasó, en la que el tema central son los últimos años del franquismo y los años de la transición española, muestra de que aun se requiere un debate exhaustivo sobre aquellos años.
De otro lado, la experiencia sudafricana optó por un perdón condicionado a cambio de proporcionar elementos que permitieran construir una verdad aceptada por toda la sociedad que ha vivido la desagradable experiencia del apartheid. La reconciliación como perdón condicionó la forma y trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Sin embargo, ninguno de los objetivos se logró: ni la sociedad – menos aún, la clase política – ha aceptado la visión de culpa compartida que en parte señaló la CVR sudafricana, ni el perdón fue garantía para reconstruir los lazos sociales y políticos, aunque puede haber tenido algún efecto en la esfera que le es propia: la interpersonal. El intento de traslado de una potestad personal a la esfera pública, sumada a los intentos de impunidad dados desde el Estado y los responsables de lo ocurrido, han configurado un escenario de transición entrampada, dónde aún las víctimas no son plenamente escuchadas.
Un entendimiento más adecuado de la reconciliación es el señalado por la CVR peruana, basado en la reconstrucción de vínculos sociales y políticos como tarea central desde el Estado, aunque sin descuidar el aspecto interpersonal, colocando al perdón en su verdadera dimensión y apostando por la verdad y la justicia en un sentido amplio.
Sin embargo, la apuesta por aceptar sus recomendaciones e implementarla sigue siendo un tema pendiente, dado que la transición democrática no tuvo como eje central de sus preocupaciones, a que el debate se centró exclusivamente en como salvar responsabilidades políticas o penales y a que persiste una “memoria de salvación” como sentido común y narrativa válida en la clase política sobre el conflicto armado interno. Ello deja el camino abierto a que opciones de olvido o perdón (e impunidad) puedan ser validadas. Y de ello se aprovecha Fujimori para seguir justificando ese tipo de iniciativas.
A diferencia de los seres humanos que pierden la memoria y no la recuperan, las naciones siempre recuperan lo ocurrido. Nunca faltan quienes quieran enterrar el pasado, pero también quienes saben que la historia no se puede borrar de un plumazo o por la voluntad de un dictador. Pues siempre habrá quienes van detrás de la verdad
Afortundamente, la memoria en el Perú - a pesar de lo que se cree - no es escasa y hay un menú diverso para las personas que quieran acordarse de lo que la política antisubversiva del fujimorismo. La real, no la que derrotó a Sendero Luminoso.
Tanto los fiscales como los abogados de la parte civil deben seguir insistiendo en la tesis de que no nos encontramos ante acciones aisladas. Estos tres hechos - a los que podría sumarse, quizás, el asesinato de Pedro Huilca - nos demuestran que estabamos ante un destacamento del Ejército que cometía acciones que correspondían a una política de Estado.
Asimismo, sería indispensable ver si es que las cuentas bancarias de los integrantes de Colina y de la empresa de fachada que utilizaron - COPRANSA - registran depósitos de dinero por sumas elevadas y, además, las fechas en que los mismos se produjeron. Ello puede ayudar a demostrar otro tipo de apoyo logístico que fuera más allá de lo otorgado por el Ejército Peruano.
SEGUNDO MENU: LAS OTRAS VIOLACIONES COMETIDAS “EN NOMBRE DE LA PACIFICACION”
Para demostrar la existencia de una estrategia vulneratoria de los derechos humanos, también deben comprenderse otros hechos en los que Fujimori tuvo especial participación.
Dos casos, en mi opinión, son los emblemáticos. El primero es el caso de la matanza en Castro Castro, ocurrida en 1992, en la que el mismo Fujimori participó directamente en la ejecución del plan.
TERCER MENU: RECORDAR LO QUE SE DIJO EN AQUELLA EPOCA
Sin duda, los archivos periodisticos nos van a servir para desbaratar cada una de las mentiras dichas por Alberto Fujimori.
Para muestra un botón. Del interrogatorio: ¿Recuerda que cuando el Congreso realizaba esa investigación (sobre el caso La Cantuta) el general Hermoza sacó los tanques a la calle? Sí recuerdo. Me llamó la atención, llamé al ministro Malca y los tanques salieron de las calles.
Lo que no dijo Fujimori fue lo siguiente. Del libro de Fernando Rospigliosi, Montesinos y las Fuerzas Armadas (páginas 132 - 133): - El 21 de abril, blindados de la II Región Militar realizaron un inusual desfile por las calles de Lima, en lo que fue calificado como un intento de amedrentar al Congreso. Ese día, en una ceremonia castrense, el general Howard Rodríguez leyó un manifiesto en el que expresa el total respaldo del Ejército a Hermoza, y califica la invstigación como “campaña sistemáticamente orquestada con el oscuro propósito de “desprestigiar a las fuerzas armadas”. Ese mismo día el presidente Fujimori también defendió a Hermoza: “No hay derecho a que se melle la imagen de una institución que trabaja por el país”.
La valiosa investigación hecha por La Ventana Indiscreta en base al libro de Umberto Jara (partes uno y dos) va en el mismo camino, recordando cada una de las falsedades del chino. Para muestra, un botón:
Luego de ver esto, solo queda cantarle a Fujimori la de Olga Tañón: Es mentiroso ese hombre, es mentiroso.
La sala impaciente espera la tercera llamada. El actor principal está por entrar. En su camerino, ha introducido los papeles que le ayudarán a decir su parlamento de manera relativamente convincente, esperando convencer al público dentro y fuera del recinto de que lo que dice es verdad. De eso trata la actuación: que una representación de la realidad sea suficientemente verosimil para ser creible.
¿Cuándo se enteró Ud. de que Vladimiro Montesinos Torres (VMT) estaba impedido de ingresar a los cuarteles militares? No recuerdo. ¿Cuándo se enteró de que VMT había sido juzgado por el fuero privativo militar? En el año 96, 97. ¿En qué forma se entera? De los comentarios que habían.
Habían sido cuatro días de pesadilla, pero el infierno de Guayaquil pronto quedó atrás. El artículo de Oiga que contaba la versión del ex capitán Montesinos en Ecuador estaba ilustrado con varias fotográfías de un Vladimiro en mangas de camisa, sentado en una banca de la Plaza de Mayo, o caminando sonriente y relajado por el barrio de la Boca en una mañana de verano. Buenos Aires siempre había sido su ciudad preferida; desde que era teniente iba de vacaciones cuando podía. Allí permaneció casi todo el año de 1984. (Luis Jochamowitz, Vladimiro: Vida y Tiempo de un Corruptor)
Usted hace una afirmación que no es correcta. En principio, Ud. y Montesinos no vencieron al terrorismo. Esa es una falacia. (Protesta el acusado)
Apocalíptico para Sendero por sus implicaciones, la captura tomó a todo el mundo por sorpresa - inclyendo al propio Fujimori, quien se encontraba fuera de la ciudad relajándose en un viaje de pesca arriba de Iquitos en el Amazonas. Mientras tanto, casi todo su gabinete - incluidos los ministros de Defensa, Interior y Economía y Finanzas - asistía a un cóctel particularmente elegante en la residencia del embajador británico en honor de Kenneth Clarke, ministro del Interior del Reino Unido, que estaba haciendo un inusitado y rápido viaje por Colombia y Perú para ofrecer asistencia a los esfuerzos contra el narcotráfico. (Sally Bowen, El Expediente Fujimori)
“En realidad, simplemente, de tipo jerárquico, funcional, no nivel de amistad”
Señores, Vladimiro me está preguntando quién más va a hablar, así es que me lanzo al ruedo de una manera espontánea en una reunión tan significativa para nuestro amigo el doctor Vladimiro Montesinos. (20 de mayo de 1998, cumpleaños de Montesinos)
¿Cuándo se enteró de que había sido juzgado por traición a la patria? No lo sé. En todo caso, le aclaro que no cogobernaba con Alberto Fujimori.
Son 9 años que vivo en estas instalaciones las 24 horas del día, como lo sabe el presidente Fujimori, dedicado exclusivamente a cumplir las obligaciones propias de la función. (Vladimiro Montesinos, en entrevista con Alamo Pérez Luna, 2 de mayo de 1999)
En la tercera sesión de su juicio oral realizado ayer en la sede de la Diroes, en Ate-Vitarte, el ex presidente Alberto Fujimori reiteró que no sabía de la existencia del grupo Colina y que no conocía a sus integrantes, pese a haber firmado una carta de felicitación para varios de sus miembros y un memorándum de recomendación. Aseguró que firmaba documentos sin verificar los detalles, porque “no podía detenerse a analizarlos”. Él despachaba “en el campo”. (El Comercio, 15 de diciembre de 2007)
Con fecha 25 de junio de 1991 le dirigí un Memorando en el que disponía que se consigne el reconocimiento respectivo por trabajos especiales en materia de Seguridad Nacional efectuados durante los años 1990 y lo que va del presente año, a un grupo de señores oficiales Superiores, Subalternos y Técnicos de las FF. AA. y cuya relación nominal se detallaba. A manera de estímulo y en uso de las atribuciones que me confiere la Constitución de la República, en mi condición de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, dispongo que de conformidad con el Reglamento del Decreto Ley 21148 (Ley de Ascensos para Oficiales) artículo 45 Tabla de Puntaje Nº 4.F.(2) «por trabajos individuales» se considere dicho Reconocimiento por Trabajos especiales, para el proceso de ascensos del presente año, a los señores Oficiales que se indica; toda vez que dichos miembros de las FF. AA. han participado en exitosas Operaciones Especiales de Inteligencia, que han posibilitado significativos avances en la lucha contrasubversiva. Oficiales superiores Ejército Peruano Tnte. Coronel Cab. RODRÍGUEZ ZABALBEASCOA, Fernando Tnte. Coronel Ing. PÁUCAR CARVAJAL, Alberto Tnte. Coronel Ing. CUBAS PORTAL, Luis Tnte. Coronel Art. PINTO CARDENAS, Alberto May. Com. HUAMÁN AZCURRA, Roberto Oficiales subalternos Ejército Peruano. Cap. Ing. MARTIN RIVAS, Santiago Cap. Ing. PICHILINGÜE GUEVARA, Carlos Cap. DICYT ROBLES CORDOVA, Ronald [Firmado] Sello y firma del Presidente de la República
En esos videos, se le ve a VM como un jefe de Estado, como un estadista, tomando decisiones de gobierno. ¿Usted se percató de eso? Su pregunta contiene una afirmación “verdadero jefe de Estado”. Rechazo que él asumía roles de estadista. El Jefe de Estado era yo. Si se reunía con esas personas, le afirmo que yo no he autorizado. Su función era de inteligencia. ¿Cuándo se entera Ud. de las reuniones en la salita del SIN? Me entero a través de los videos, el 2001
La señora Cuculiza Torre: Un hombre tan inteligente, que hace metido ahí. Claro, usted también se está perdiendo. Yo digo, por algo debe alabarlo Martha, refiriéndose a ustedes por las conversaciones con ella. Qué bonito es trabajar así, con ese respaldo, esa honestaida. A usted nadie le puede decir ratero, presidente, nadie. El señor Fujimori Fujimori: Porque cuidamos hasta el último centavo (Vídeos 880 y 881, 29 de abril de 1998)
Cae el sol. Has terminado tu actuación. Tu director de escena, que ha tenido que intervenir 14 veces para apoyarte en tu acto de hoy, te ha dejado más documentos por analizar. En la soledad del camerino cómodo en el que te encuentras piensas en la función del lunes. No te imaginabas que un actor aparentemente secundario te robaría la escena y haría que las escenas de hoy fueran tan poco creibles.
Mientras afuera, alguien mira desde la ventana y se percata del dolor que siente. Y es que la mitomanía no sólo hizo que su infancia fuera distinta a la de otros chicos. Recién cae en la cuenta de los efectos perversos de un mitómano en el poder. Recuerda las llaves quemadas, los tanques pasando para presionar al Congreso, el olor de las bombas lacrimógenas en las marchas. Y decide recordar que, a pesar que la mentira puede hacer mucho daño, siempre la verdad sale a la luz. Y nunca hay que tener miedo de poder enfrentarla. Porque no tienes temor a las alturas, porque escribes desde ellas.